«Breve tratado sobre las personas tóxicas»

Admito haber descubierto el concepto «Personas tóxicas» de pura casualidad —ya lo afirmaba el maestro Yoda: «Desequilibrio un, en la fuerza tendrás»—, tras una experiencia personal en la que no me quise ver envuelto y de la que aún estoy intentando zafarme. Suerte que tengo este blog, y a ti al otro lado, para contar mis cuitas y descargar, a modo de catarsis, mis sentimientos, vivencias…

Como soy muy curioso por naturaleza —a veces entrometido— me ha dado por investigar un poco más sobre este término así que, por si fuera de tu interés, hoy te traigo este pequeño análisis que, a modo de resumen, viene a descifrar el concepto. Espero que puedas aportar algo más.

Se entiende por «Persona tóxica» aquella que utiliza sus relaciones interpersonales, y por lo tanto su entorno más cercano (pareja, familia, amistades…) para alimentar su propio ego a base de provocar en el otro desgaste, intimidación, cosificación, culpa, ningunéo…

Por lo que he estado leyendo —y seguro que las expertas en psicología que me siguen podrán corregirme si estoy equivocado— todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, podemos usar alguno de esos rasgos. ¡Caray!, somos humanos, cometemos errores y tenemos defectos. No hablo de eso. Me refiero a aquellas personas que habitualmente se comportan de esta manera, que ahora detallo, para su propio beneficio.

En su defensa diré que es común que muchas de esas personas no se reconozcan como tales y, por lo tanto, no sean capaces de corregir esos comportamientos.

En psiquiatría y psicología (ver DSM), las personas tóxicas son aquellas que pueden ser incluidas en los perfiles narcisistas —ya me corregirán, de nuevo, las expertas, si mantengo mi error—, ya que entre sus características y rasgos de personalidad se ve con claridad que:

  1. Tienen sentimientos de grandeza y prepotencia. Exageran sus logros y talentos. Todo lo saben.
  2. Creen que son especiales y únicas, por lo que intentan relacionarse con otras personas especiales o de alto estatus.
  3. Demuestran una permanente necesidad de admiración.
  4. Buscan privilegios y tratamientos favorables.
  5. Explotan las relaciones interpersonales, se aprovechan de los demás para sus fines.
  6. Carecen de empatía.
  7. Con frecuencia envidian a los demás o creen que éstos sienten envidia de él.
  8. Muestran comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Siempre hemos compartido espacio con personas tóxicas. Algunas las soportamos y a otras no. Todo dependerá del daño que nos hagan. Para identificarlas lo más común es que usemos otros calificativos que seguro que reconocerás más fácilmente e incluso que los asociarás a alguna persona de tu entorno, ya que todos conocemos alguna persona que sea…

  1. Envidiosa: Aquel al que le angustian los logros de los demás y lo único que le calma es descalificar. No se alegra ni comparte los éxitos de las personas de su entorno.
  2. Criticona: Normalmente personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás.
  3. Manipuladora: Utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema.
  4. Infeliz: Su modo de pensar y ser les impide vivir en paz, en armonía con los demás y su alrededor.

Tras llegar aquí comprenderás que las personas tóxicas son como «vampiros emocionales» que te chupan la energía. Para estas personas tú no eres más que una herramienta que utilizarán mientras les seas útil. Después buscarán otro «huésped» al que pegarse como un parásito.

Sin que te des cuenta, una persona tóxica se apropiará y aislará de tu entorno, se adueñará de tu autonomía, decidirá por ti, cambiará tu personalidad. Te fagocitará.

Permíteme un consejo: si te identificas, si te encuentras con personas así en tu entorno ¡¡¡HUYE!!! Igual yo soy una de ellas.

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«En memoria de Don Juan Goytisolo»

En memoria

Solo puedo escribir en su memoria, pues reconozco que mis hábitos lectores nunca me han llevado a cruzar sus letras con mis entendederas, que son más bien escasas. Como siempre he hecho en los momentos en los que uno de los considerados grandes cultivadores de letras son llevados a publicar relatos en otras latitudes no palpables en esta dimensión, jugaré con algunos de los títulos de sus obras para intentar escribir algo, que tenga pies y cabeza, con lo que lograr invitarte, a conocer como ahora lo haré yo, la gran obra que, Don Juan Goytisolo, nos deja como legado:

«Entre aquellos “Juegos de manos” comenzó el “Duelo en el paraíso” mientras que en “El circo” se comenzaban las grandes “Fiestas” que llevaban a la población a pasar, de aquella manera, “La resaca” necesaria “Para vivir aquí” en “La isla”.

El evento, como siempre, lo organizaba Doña María, conocida como “La Chanca”, que siempre imponía el “Fin de Fiesta” para todos aquellos que no mostrarán sus “Señas de identidad” como “Reivindicación del conde don Julián”.

En esas estaban cuando ocurrió que “Juan sin Tierra”, junto a su amiga “Makbara”, enseñara los “Paisajes después de la batalla” y “Las virtudes del pájaro solitario” a “La cuarentena” de personas que formaban parte de “La saga de los Marx”.

Estaban todos preparados en “El sitio de los sitios” esperando a que pasaran “Las semanas del jardín” cuando la “Carajicomedia” que siempre montaba “Don Julián” hizo que el “Telón de boca” que tejían “Los hombres cigüeña” enseñaran el “Tríptico del mal: Señas de identidad; Don Julián; Juan sin tierra” y las otras “Novelas” a todos los asistentes.

Parecía mentira pero con esa sencillez con la que sucedieron los hechos, la “Profecía, asedios y apocalipsis” hicieron que “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” terminará con la “Trilogía de Álvaro Mendiola” y cerrar, por fin, “El erial y sus islas”, volviendo, para siempre, al fondo de las letras moribundas.»

He decidido empezar a leer “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” por culpa de este artículo de El País. ¿Me acompañas?

Gracias por leerme. Gracias por dejarnos sus letras.

«Prostituirnos para vender. Una curiosidad del ser escritor»

Presentación de ANCOR en la Carpa Rafael Arozarena

Hay escritores, yo el primero, que necesitamos prostituirnos y aposentar nuestro cuerpo, colocándolo a la venta en las esquinas de las casetas, y otros, como Fernando Aramburu, que lo hacen de otra manera, al haber vendido más de 300.000 ejemplares de su obra «Patria», y que ya no necesitan demostrar nada a nadie. Su fantástica escritura habla por él.

Como bien sabes estos días he estado paseando, y prostituyendo, mi cuerpo, mente y alma por la XXIX FERIA DEL LIBRO DE SANTA CRUZ, gracias a la genial organización y gestión de DIEGO PUN EDICIONES y a la participación de las librerías colaboradoras (Agapea, Barco de papel, El Cándil e Ifara). Estoy muy contento. «Ancor» se está vendiendo muy bien y todas las personas que lo han leído nos manifiestan sus felicitaciones.

Lo que más me ha sorprendido de esta feria, y de alguna otra a la que también he asistido, es que en cada caseta había un autor o autora, a la caza del lector despistado, y claro, cada uno se vende como puede.

Muy simpático el que acude a esta cita vestido con bermudas, chaqueta y corbata, portando un casco de obra cubriendo su testa y que no se quitaba ni para descansar.

Guapísima la escritora de literatura romántica, que protegía la blanca y delicada piel de su rostro con una gran pamela color rojo bermellón.

Algo borde el compañero al que le molestó compartir mesa con nosotros y levantó su campamento en busca de mejores lindes.

Siempre simpática, activa e inigualable la gran Ana González Duque de la que siempre hay algo que aprender.

Extraño el que se acercó para intentar colocar su texto erótico, aún no nato, y del que iba mostrando una copia encuadernada en anillas por todas las casetas.

Infantil aquella que iba llamando a todo bicho viviente menor de 12 años para colocarle un sello en la mano y contarle la vida de su animal protagonista.

(…)

¡Qué gran esfuerzo han hecho! Sinceramente espero y deseo que les vaya muy bien en este difícil camino.

Como verás, hay escritores y escritoras para todos los gustos. Basta con abrir un poco los ojos y mirar a nuestro alrededor para recoger datos y ponerse a escribir.

Pedirles perdón a todos los que he nombrado y no he identificado. Con mis prisas y mis cosas solo los observé de lejos y no me quedé ni con sus nombres ni con los títulos de sus obras. Ya lo haré.

A Fernando Aramburu felicitarlo por su libro, su genialidad y su buen estar. ¡Siga así! Sin duda ya es una referencia para los que estamos tragando el polvo del camino.

A tí, que ahora me lees, gracias por compartir estos momentos conmigo, pero necesito un poco de tu ayuda: ¿Viste o conoces a alguno de los escritores que te he comentado? ¿Sabrías decirnos sus nombres o los títulos de sus obras, para así salvar mi falta de conocimiento y detalle? ¿Qué te parece su estrategia de ventas? ¿Me recomiendas alguna?

Gracias por leerme.

«Historia de una donación de sangre»

Tocó donar sangre

Desde hace mucho tiempo la donación de sangre me parece un tema realmente apasionante. Me sorprende que aún, en la época en la que vivimos, muchos de nosotros nos resistimos, quizás por ignorancia o quizás por miedo —nos imaginamos vampiros hambrientos, gladiadores bañándose en ella para coger fuerza, antaños tratamientos con sanguijuelas para liberar males…—, a pasar por el banco de sangre para permitir que nos saquen ese medio litro del rojo elemento, que tanto puede ayudar a salvar a otra persona.

El pasado martes me tocó. Hacía un par de meses que me habían rechazado, por estar terminando un proceso gripal, y lo había dejado pendiente, pero en esta ocasión no me dejaron escapar.

Los pasos a seguir son sencillos, pero sujetos a ciertos condicionantes que te recomiendo que tengas en cuenta:

  1. La amabilidad del personal. En general se puede decir que todas las personas que trabajan ahí son muy agradables. Ella lo era tanto que llegué a pensar que me tiraba los tejos: me sonreía, me ponía la mano en el hombro y la dejaba deslizarse… Pero no, al rato te das cuenta de que se lo hace a todos, es así de cariñosa. No te vengas arriba.
  2. Rellenar el cuestionario. En principio parecen preguntas sencillas, como para cubrir el expediente y recabar información básica. Según lo que pongas te descartarán o pasarás al siguiente nivel, como si del Tetris se tratara. Ojo, hay alguna pregunta trampa y otras para inteligentes. Alguna dejé en blanco.
  3. La entrevista. Tras la sonrisa y la invitación a cerrar la puerta e indicarme de que podía tomar asiento, la enfermera ojeó el cuestionario, abrió sus grandes pestañas y atacó directa a la yugular:
    —¿Mantiene usted relaciones sexuales periódicas? —Algún mundo tragué. Esto no me lo esperaba. Ahora sí tengo claro de que me tira los tejos.
    —¡Bueno mujer! —respondí amablemente y colocando mi sonrisa picarona—, ¿qué tal si primero me invitas a tomar una copa o a un «dancing» o a…? —Se descojonó.
  4. El humor. Es fundamental no perderlo nunca. Para eso es importante ir desayunado. Ella se ve que esta acostumbrada ya que tras reponerse, intentó seguir con el tema, pero no la dejé, e hice mis propias preguntas:
    —Necesito que me diga, para usted, que son relaciones sexuales periódicas: ¿Una vez a la semana? —pufffff.— ¿Al mes? —jejeje ¡ojalá!— ¿Al año? —parece que no nos parecemos mucho.
  5. La extracción. Ahora es cuando viene lo bueno. (Nota aclaratoria: para leer lo siguiente necesito que pongas voz tipo Chiquito de la Calzada) ¡Llega la tía y «zaca eze peazo de abuja»! (Nota aclaratoria: ya puedes dejar de poner esa estúpida voz)… y todavía me dice que esté tranquilo, que no es nada. Que se ve que tengo buenas venas. Y venga a bombear sangre.
  6. La recuperación. Tras sacar la cantidad de garrafón y medio de sangre, aproximadamente, parece que no tengo mareos ni nada parecido, pero la miro con ojos de cordero degollado y le digo:
    —¿Si me mareo me puedes dar la mano?
    Ella vuelve a partirse la caja de risa. Me larga un zumo de melocotón en la mano, así, a lo bruto, y antes de salir por la puerta me mira y dice:
    —Mira que eres bandido. Me has alegrado el último día de trabajo, mañana me jubilo. Te llego a coger con cuarenta años menos y…

Bromas y aventuras aparte, cuéntame: ¿Eres donante? ¿Cómo vives tú la donación? ¿Eres de los que no se atreve? Permíteme que insista en que lo hagas. Es un gesto, que no nos cuesta nada y que ayudará a mucha gente. Más info en la web del Instituto Canario de Hemodonación.

P.D.: El famoso bocadillo de choped ni lo olí, imagino que es porque así gano puntos para la próxima que me lo darán de tortilla o de pollo con todo. Sí me tomé un zumo de melocotón, a cuenta de la sangre. ¡Menudo cambio!, pero al menos he bajado de peso.

Gracias por leerme.

«El vestido ideal para una ocasión especial»

El día era especial y se había despertado como mandan los cánones, lloviendo. Se miró al espejo impaciente y noto como algo le revoloteaba dentro de su estómago. Estaba muy nerviosa.

Se acercó al vestidor y dejó hacer. Por fin tenía compañía y se les veía muy dispuestos a ayudarla para enfundarse en aquella vestimenta.

El traje era auténtico, seguro que de los más caros del mercado. Ideal para la ocasión. Lo miró de reojo admirando lo blanco y radiante que aparentaba. Por su posición no puedo contemplarlo bien, pero parecía tener adornos que colgaban por los lados y en la parte posterior. Al parecer, por los comentarios que oía del personal, le quedaba perfecto.

Estaba tan nerviosa que no podía ver la cola. Siempre había soñado con lucir una cola larga y llena de pedrerías. Sabía que allí estaba, y que aquellos que la rodeaban, con esos intensos tirones que le daban, se estaban encargando de ajustar y colocar todo en su sitio. Iba a estar radiante. Eso seguro. Deseaba que terminaran y poder mirarse en el espejo, pero debía esperar para estar perfecta.

Alguien dijo que el coche había llegado. Era el momento.

Quizás por culpa de los nervios o por lo apretada que se notaba no podía mover sus manos. Las sentía como ajustadas a su cuerpo. Ellos la empujaban. La llevaban casi en volandas.

Al pasar frente el espejo, la imagen devuelta no era la esperada. Gritó.

—¡Nooooooooooooooo!¡Yo no estoy locaaaaaaaaaaaaaaaa!

Gracias por leerme.

«Sueños y deseos por cumplir»

Editada desde mi móvil

Aunque parecía increíble, y llevaba tiempo trabajando en aquella biblioteca, Óscar veía por primera vez aquel libro. Había limpiado y ordenado varias veces la estantería «Libros extraordinarios» pero no recordaba haber visto jamás aquel ejemplar.

De duras y grandes tapas marrones se le notaba el tiempo de existencia, por lo ajado y sucio que lucía su cuerpo. Era imposible que él no lo hubiera visto antes. Oscar estaba convencido de que alguien lo había puesto allí, adrede, para que pudiera ser encontrado.

Lo asió con cuidado, pues era pesado y aparentaba delicado, llevándolo a su mesa de trabajo. Con un paño limpió de polvo la cubierta. Un magnífico grabado acabado en pintura de oro y azul imperial, adornaba las letras del título: «Sueños y deseos por cumplir».

No pudo evitar las ganas de abrirlo. El primer folio, marcado por la humedad del paso del tiempo, liberó un aroma hasta ahora nunca percibido en otro libro. Entonces se percató del extraño sonido que empezaba a llegar a sus oídos. Al pasar la segunda página una explosión de color inundó la sala. Se liberaron infinidad de sueños que, con cuerpo de mariposas de colores, significaban cada uno de los deseos que Óscar tenía atrapados en su ser. El libro estaba en blanco, pero él sabía que había encontrado permiso para escribir su propia historia.

Laura, observándolo escondida tras la sombra de una de las estanterías, sonrió y le mandó un beso volado que él nunca supo que había recibido.

Gracias por leerme

«Otra historia para “El flautista de Hamelín”»

Sacada desde mi móvil en la Calle Castillo.

¿Recuerdas la historia de «El flautista de Hamelín»?: “Cuentan que hace mucho tiempo, había un hermoso pueblo llamado Hamelín, en el que sus habitantes vivían muy felices. Un día sucedió algo muy extraño, todas las calles fueron invadidas por miles de ratones que iban arrasando con toda la comida. Ante la gravedad de la situación, los gobernantes de la ciudad, convocaron al Consejo y ofrecieron cien monedas de oro a quien nos libre de aquella plaga de ratones.

El joven se ofreció a ayudarles. Armado con su flauta mágica empezó a pasear por las calles haciendo sonar una hermosa melodía que parecía encantar a los ratones. Los ratones empezaron a salir de sus escondrijos para seguirle. El flautista se alejó de la ciudad hasta llegar a un río, donde todos los ratones perecieron ahogados...”.

El otro día paseaba por Santa Cruz cuando el sonido de una flauta me atrajo hacia ella cual ratón. El resto de los ratones, ahora convertidos en caminantes atareados en sus gestiones, sus móviles, sus prisas y sus agobios, parecían no escuchar aquella música. Todos seguían de largo. Yo, en cambio, tenía tiempo para parar cinco minutos y observar.

El personaje realmente tocaba mal aquel instrumento, pero el esfuerzo que estaba haciendo para intentar sacar unos euros, era realmente poderoso. Sus ropas, su pelo y la suciedad que lo rodeaba tampoco le ayudaba demasiado en su recolecta. Hasta que un grupo de niños, atraídos por la música, pararon para deleitarse.

El grupo de padres y madres que los acompañaba, quince o veinte metros más atrás, distraídos con sus charlas y bromas, al llegar a la altura del flautista, les alentaron para continuar la marcha. Los niños y niñas solicitaron monedas para lanzar sobre la pequeña manta que presidía el suelo, a modo de alfombrilla de entrada al hogar. Los adultos aportaron el canon. Los niños dicharacheros depositaron las más que probables pequeñas cantidades en el lugar indicado. El hombre agradeció el gesto.

El grupo continuó su camino y yo quedé con la foto para mi INSTAGRAM y la entrada para este blog, mientras pensaba que la historia de Hamelín fue otra, aunque le podemos encontrar cierto parecido y distinto final.

Gracias por leerme.

«Como si de la Cenicienta se tratara»

En esas ocasiones en las que la casa amanece como si de una leonera se tratara, me acuerdo de la buena de la Cenicienta, que siempre estaba hacendosa y no paraba de trabajar, limpiar y ordenar el hogar de su madrastra.

El pasado fin de semana, tras llegar cargado con la compra realizada en el supermercado y descargar en la cocina las cinco o seis bolsas grandes, las dos garrafas de agua, una de detergente para lavadora y otra de aceite tuve esa comentada sensación, sobre todo cuando miré para el fregadero y pude ver la pila de copas, vasos, calderos, sartenes…, fruto de la cena/baile acontecida la noche anterior en el salón de casa. que allí se acumulaban.

Como estaba solo nada mejor que poner un poco de rock en el equipo de música y comenzar la lidia.

En primer lugar colocar la compra; latas de atún, café, fruta, verduras… En mi cabeza retumbaba la musiquilla de mi época como maestro de Educación Infantil: “A recoger, a ordenar, cada cosita en su lugar…”

Como segunda tarea toca ordenar lavavajillas, como si de un “juego de Tetris” se tratara, en un vago intento de que quepan más cosas. Menos mal que lo tengo. ¡En marcha! Trabajo que me ahorro.

Copas de vino, agua y combinados tocan hacerlas a mano. Para ello nada mejor que colocar, tal y como me enseñó mi santa madre, un paño sobre el poyo de la cocina y así poder aumentar la zona de sacado sin peligro de choques y roturas.

La cuarta fase de la operación limpieza y orden, se inicia con los calderos y sartenes, que por aquello de no perder la capa de antiadherente, o por manía de viejo que empiezo a tener, prefiero limpiar también a mano. Todos colocados boca abajo.

Tras algo más de una hora, ya te dije que aquella cocina parecía otra cosa menos cocina, solo falta barrer, así que pillado infragante llegó el resto de la tribu, justo en el momento en que todo parecía estar terminado. ¡Que oportunos!, seguro que estaban esperando a que terminara.

Ahora el paisaje es otro. Así que nada más apagar la música que tanto colaboró en mantener el ritmo de trabajo y regresar a la cocina para regocijarme en el trabajo bien hecho, descubro dentro del fregadero, ¡y sin lavar! la cafetera que alguien dejó allí con clara intención, como diciendo: “Ceniciento, ya que estás, ¡toma!, no te creas que has terminado”. ¡Ya le vale a la madrastra!

Gracias por leerme.

«Con la yema de sus dedos»

Sentir tus manos en mi nuca.

Sin decir ni una sola palabra, solo con el impulso ejercido con la yema de sus dedos, me pidió que echara mi cabeza hacia detrás y me recostara. Sin oponer resistencia cerré los ojos y permití que me guiara en el recorrido. En sus manos dejé mis pensamientos y mis deseos más íntimos.

Con cierta presión, y con calculada pasión, empezó a acariciar mi cuero cabelludo, permitiéndole a mis neuronas dejar por unos instantes su imparable actividad, hasta conseguir una ficticia desconexión.

Aquella chica sabía lo que necesitaba. Sus yemas se movían en círculo, abarcando toda mi cabeza, mientras su perfume, suave y embriagador, iba calando en mi, acompasando el abandono al que estaba siendo sometido.

Los deseos de que sus manos siguieran bajando por mi cuerpo se vieron satisfechos cuando rozó mis sienes, pero la llegada de un barbudo solicitando un retoque rompió aquel momento íntimo con mi peluquera.

Gracias por leerme