«La presbicia cabalga de nuevo»

Gafas de presbicia, ¿cuál me compro?

Mi cita anual con el oftalmólogo es obligatoria. Lo es desde que era pequeño y es que, sin gafas, ¡veo menos que Rompetechos! Algunas han sido más exitosas que otras y es que, como en botica, en todos lados se cuecen habas. Una muy simpática fue está. Al que voy ahora, además de amigo, es  de lo más profesional y seria —visita su web.

Por aquello de la edad —que todo sea dicho de paso no se me nota nada—, parece que la presbicia empieza a hacer pequeños estragos. Ya llevaba tiempo ajustando la mirada cuando intentaba leer el móvil, o alejando los papeles para poder enfocar o cerrando los ojos de vez en cuando para descansarlos. Lo cierto es que sabía que mi presbicia había aumentado así que tocó revisión y con ella cambio de gafas.

Recuerdo una compañera de cole que se resistía a admitir su presbicia y sucumbir a la utilización de las gafas de presbicia, por falta de glamour. Ella afirmaba que para utilizar mejor sus órganos, hacía «lectura vaginal», colocando los papeles a esa altura para poder enfocar adecuadamente y leer, con más penas que gloria, lo que pretendía.

Yo en cambio no me imagino sin gafas, básicamente porque en el espejo no me veo con claridad. 

Lo más gracioso de todo es que ahora que me decido a cambiar mis gafas de presbicia, van los del teléfono, y sin yo decirles nada, me hacen la letra del móvil más grande. Para mi que lo han hecho por joder.

Por suerte el mundo de las ópticas ha cambiado y aquí estoy, más mareado que un yoyó, sobre todo cuando subo y bajo la cabeza con rapidez, pero estrenando nitidez y claridad, con mis nuevas gafas progresivas, especiales para presbicia, con cristal reducido, montura a juego con mis ojos, cristales antireflejantes, antioxidantes y antidepresivos —de esto no estoy muy seguro—,  wifi, bluetooth, sonido envolvente y alguna pijada más —o eso creo—, la bomba en el mundo de las gafas de presbicia. «¡Deja que te acostumbres pá que veas!» así me dijo la de la óptica. Pues oiga, que veo, así que, cuando quieras, nos vemos. Sobre todo si quieres descubrir cuál de todos los modelos que pongo en la foto elegí. 

Gracias por leerme.

«Mis propósitos literarios para este nuevo año»

Mis propósitos ya me han organizado el año, ¿o es al revés?

Sin dudarlo ni un instante, mi primer propósito es fácil de cumplir. Quiero DAR LAS GRACIAS a todas las personas que la pasada semana dedicaron un minuto de su tiempo para darle al «like» y «compartir» a la entrada de mi facebook, en la que pedía la colaboración de todos para animar a la editorial a publicar una novela que he escrito (aún no puedo contarte nada de ella, pero espero hacerlo pronto. Me muero de ganas por hacerlo. Bueno, no me aguanto, más adelante te doy una pista). Pedía veinticinco «compartir» y recibí 213; 72 comentarios y 303 «likes». Gracias de todo corazón.

Propósito conseguido. Una auténtica pasada-

Llegó el 2019 y, aunque parece mentira, esta web ya ha cumplido sus diez años de existencia, ¡y yo con estos pelos! Ha sido una década en la que he dedicado muchas horas de mis noches a mantener vivo este espíritu infantil que, desde entonces, mantengo en la cabecera; pero como siempre he dicho, gracias a esto me ahorro una pasta en psicoterapia. Te seguro que me hace falta —la pasta y la psicoterapia.

En lo que a propósitos literarios se refiere, a este año nuevo le he pedido cumplir con los siguientes deseos: 

  1. Como no puede ser de otra manera, continuar lo más activo que pueda con esta web. Es lógico. Tras diez años, con más penas que glorias, mi compromiso de cada jueves con esta esquina sigue vivo, aunque te aseguro que hay días que… Pero soy hombre de ir partido a partido, así que, ¡a por un año más!, después ya veremos.
  2. El segundo propósito ya lo has leído, ver esa novela publicada y poderla compartir contigo. Por aquello de abrir un poco el apetito, decirte que la historia cabalga entre la Segunda Guerra Mundial y la actualidad. Muchos de ustedes me han preguntado que para cuándo una aventura para adultos, pues ¡hala! si todo va bien, esta será la primera.
  3. El tercer propósito está en el horno. Nareme Melián, el ilustrador de ANCOR, ya tiene el encargo, así que, en no mucho tiempo espero empezar a darles la lata con su segunda parte: FAYNA. Te adelanto que es un personaje femenino muy potente, que se une a la pandilla con Ancor y Bentor viviendo otras aventuras, en esta ocasión mirando al mar. Con sus ojos seguiremos viviendo la historia de Canarias. Hasta ahí puedo leer. ¿Habrá tercera parte?
  4. Diego Pun Ediciones está haciendo un trabajo muy interesante recopilando cuentos, de varios autores, en una fantástica colección de leyendas canarias, de las que ya está en el mercado, y te recomiendo mucho, «Bailadero. Leyendas canarias de brujas»aquí puedes verlo—, o «Voces del malpais»aquí puedes verlo—. Yo participo, con tres relatos, en el libro que está dedicado a las viejas casonas de canarias, pero aún no puedes verlo, y no tengo su título definitivo.
  5. El quinto de mis propósitos, y probablemente el sexto también, son dos nuevas historias que se andan peleando en mi cabeza por ver cuál va a ser la primera en salir. Una de ellas es un libro de cuentos para jóvenes y adultos, relatos cortos en los que trato diversos temas que a todos nos interesan. El segundo es una novela, también para jóvenes y adultos, que empieza a coger forma de thriller, y que ahora misma parece estar a la cabeza de esta pequeña competición que llevo dentro. Ya veremos cual de las dos gana la carrera.

Así, con esta lista de propósitos he empezado el año. ¿Qué te parece? Como siempre espero tus opiniones aquí o en mis redes sociales.

Gracias por leerme.

«Poner orden al fin de año para planificar nuevos retos»

El año lo empiezo terminando y espero comenzarlo también escribiendo.

Ahora que estoy de vacaciones, y se aproxima el final del año, es hora de echar la vista atrás y reflexionar sobre las cosas que he hecho, las que he dejado de hacer y las que tengo pendientes. En esas estoy.

Hace un tiempo, en este post, comentaba, a raíz de la celebración del Día mundial de las bibliotecas, el pago de una deuda que tenía contraída. Hoy, haciendo esa autoevaluación personal, me doy cuenta de que tengo otra pendiente de comentar. 

Hace ya algún tiempo, M. —lo dejaremos en el anonimato al no tener su permiso para nombrarlo—, excompañero de trabajo y con poderes parecidos al Jefe del MI6 de la saga James Bond aquí puedes saber algo más sobre ese personaje—, me convidó a participar en el Segundo Concurso de Microrrelatos sobre diversidad y discapacidad “Sumando capacidades», que organizaba el SINPRONI (Sociedad Insular para la Promoción para las Personas con Discapacidad).

Como ya te puedes imaginar, me apunté y cedí los derechos de mi texto para que ellos lo publicaran, difundieran…

Los trabajos que se presentaron fueron muy variados y de buena calidad, cumpliendo, todos ellos, que el objetivo del concurso «Incitar a la reflexión, sobre cómo las diferencias enriquecen nuestra convivencia y nos acercan a otras realidades, que suman capacidades».

En estas fechas de, como dice al principio, ir poniendo mis cosas en orden, antes de la llegada del nuevo año, y con él nuevos retos, no podía despedir el año sin recordar mi colaboración y hacerles partícipes, de todos los relatos presentados y que la Biblioteca Social Educativa BASE, ha publicado en formato digital.

Puedes consultarlos pinchando en este enlace.

Espero que te gusten. Con esto te dejo hasta el año que viene. Disfruta mucho.

Gracias por leerme.

«Un cuento de Navidad»

Navidad esa época en la que hacemos realidad tantos sueños.

Uno, dos, tres, cuatro… Cada vez que salimos de excursión me paso la mañana contándolos. Hoy no es un día diferente, sobre todo viendo la cantidad de gente que hay en las calles al estar tan cerca la Navidad.

Todo el mundo va como loco de aquí para allá. Cargan bolsas, paquetes y regalos. Nadie parece percatarse de nuestra presencia, aunque mantenemos una fila bien hecha, pero somos lo bastante ruidosos como para que se nos oiga. Vamos charloteando, encandilados por tantas luces, tanto adorno y…, tanta gente. La primera evaluación ya termina —aquí puedes recordar algo—, así que hoy toca disfrutar de otras experiencias, de ese aroma que siempre dejan los cuentos de Navidad. 

El camino hacía el portal es corto y fácil de recorrer, pero nada más salir del colegio, los niñas y niños que me acompañan, ya preguntan los consabidos: «¿falta mucho?», «¿cuándo llegamos?». Un clásico de cada salida fuera de las paredes y el orden del día a día.

El pesebre que visitamos es modesto. En verdad tampoco nos interesa mucho, lo que vamos es a entregar las cartas a los Pajes de los Reyes Magos, que allí se encuentran esperándolas como en cada Navidad. «Seguro que son de mentira» dice uno de los chicos mientras los señala, «Claro que sí, los de verdad están muy ocupados preparándolo todo», responde una de las niñas con su tierna inocencia.

En cuanto llegamos y los vemos de cerca, los ojos se les abren como dos grandes contraventanas que saludan a los rayos del sol cada mañana. La esperanza y la ilusión les embriaga.

Uno a uno, por orden de lista, van pasando por sus regazos. Los Pajes les saludan por su nombre. Ellos se asombran. 

Ahora las voces y los comentarios que hacen empiezan a cambiar el tono y el discurso: «¡Maestro, que son los de verdad!», dice el pequeño Juan mientras agita las dos manos nervioso. «¡Sí!, ¡nos conocen!» contesta la simpática Ana. «¡Saben quién soy!», sentencia Elisa… Los demás del grupo, los que esperan su turno, emiten un suspiro de asombro mientras abren sus bocas, para ya no cerrarlas hasta el regreso al colegio. Con ganas esperan su minuto en la intimidad con los Pajes. Ahora no hablan, tiemblan, babean, se agitan. Los nervios están a flor de piel, incluso cuando les toca dejar paso al siguiente compañero. 

A veces, para que la magia de la Navidad se haga realidad basta con mantener un pequeño orden y entregar, a las manos adecuadas, una lista de nombres. ¡FELIZ NAVIDAD!

Gracias por leerme.

«Cuando los microrrelatos marcan mi biorritmo diario»

Cada día un microrrelato, usando la palabra que correponde.

Es una pena que no me sigas en Twitter. Pero no hay problema, como bien dice el dicho, «Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña». En verdad es lo más lógico, pues la mayor parte de mis seguidores los tengo en esta web y en mi Facebook.

Digo que es una lástima que no me sigas en Twitter —@gcabmoy, por si quieres hacerlo—, porque un año más he aceptado el divertido reto que organiza LITERUP —por si no los conoces solo comentarte que son un portal de literatura que sigo con asiduidad en la que, además de lecturas interesantes, se proponen juegos literarios, críticas, microrrelatos, concursos…

El reto en cuestión se llama #AdvientoLiterup2018. Consiste en un particular calendario de adviento —la imagen que tienes como cabecera de esta entrada—, que sirve de guía para escribir cada día, desde el 1 al 25 de diciembre, un microrrelato, en el que es del todo imprescindible que la palabra de ese día aparezca de manera literal en el texto

A modo de ejemplo, verás que el día 1, la palabra que debía contener el microrrelato, era «sonrisa». Te adjunto el relato que envié.

El del día 3, me gustó cómo quedó. Palabra clave: paz.

Empezaba a contarte que era una pena que no me siguieras en Twitter, ya que, para quedar finalista, la organización cuenta con los «likes», «RT».. que cada uno de los microrelatos tiene. Hubiera sido más fácil para ti, y para mí, hacerlo en facebook, pero no te preocupes, en verdad lo hago en esa red social porque la extensión, 260 caracteres —aunque en las bases del concurso se permite más—, me parece un reto fabuloso con el que, no solo mantener una rutina de escritura diaria y salir la zona de confort de escribir siempre lo mismo, mejorar la capacidad de síntesis e intentar de ser capaz de contar una historia, con su introducción, nudo y desenlace, en un espacio tan pequeño como un microrrelato, es muy difícil. Hay días que lo conseguiré y otros que…, lo seguiré intentando.

El día 5 tenía que usar «bufanda». Este fue el microrrelato con el que participo.

Ya te contaré cómo salí del entuerto, que aún me quedan muchos días por delante y, la verdad, una historia, por pequeña que sea, diariamente…

Gracias por leerme, y apoyarme si pasas por Twitter y te gusta alguno de mis microrrelatos.

«Celebrando cincuenta años de matrimonio»

¡Cincuenta años juntos!, ¿Te lo puedes creer? ¡Cincuenta años aguantándose!, porque vamos a ser sinceros, que mi madre aguante a mi padre y mi padre la aguante a ella, durante tantos años, tiene guasa. Pero ahí están, contentos y felices tras celebrar esas bodas de oro. Con su correspondiente minuto de silencio.

Toda la familia nos vimos sorprendidos con una escapada de hotel —con tabla de quesos y fruta y vino en las habitaciones—, cena —con croquetas—, desayuno —abundante, de hotel—, cervezas a media mañana —con sus frutitos secos, papitas…—, almuerzo… Como siempre, en cada una de las comidas la frase de mi madre sigue siendo «Si tienen hambre pedimos más». Con razón llevan cincuenta los juntos. Ella solo piensa en la comida y él parece una paloma, picoteando de todo…

Ya te puedes imaginar la mesa, con su griterío, sus risas, los niños correteando…. todo un lujo. La familia Adams al completo: los dos cabeza de familia, los cuatro hijos, los «piojos pegados» y por supuesto los cinco nietos, los más importantes. ¡Menudo gallinero! —casi tanto como la de aquella ocasión y que te recuerdo pinchando aquí—.

Hay días que son para el recuerdo y, sin duda, este fin de semana pasado, fue uno de ellos. No sé si el resto de huéspedes opinarían lo mismo, pero qué quieres que te diga, ¡que se rasque el que le pique!, que cincuenta años juntos, cumplir esas bodas de oro, con toda la familia unida, es un hito importantísimo del que no todas las personas pueden presumir.

Está claro de que hay que darles las felicidades por no haberse asesinado mutuamente en estos cincuenta años, un logro que hace feliz a toda la familia. Aunque sabemos que en más de un momento han estado cerca. 

Nuestro regalo. Ayudarles a cumplir un sueño —ojo, no incluye tirar por la borda al otro—, como símbolo de un nuevo comienzo y nuestros mejores deseos, ya que no hay nada más bonito que ver a las personas que uno más quiere desear hacer planes para el futuro, vivir nuevas sensaciones, seguir descubriendo el mundo…, seguir amándose.

Gracias por leerme. 

«Entre gomas anda el juego»

Las gomas como fuente de inspiración, o de locura transitoria.

Muchas veces hago como tú. Paseo por las redes sociales en busca de inspiración para mi clase. En esta ocasión, lo que encontré fue la imagen de cabecera la que me llevó a una reflexión importante y que hoy me gustaría que compartamos, ya que fuera está lloviendo y, otra vez, has decidido pasarte por esta esquina.

¿Has pensado alguna vez qué tipos de gomas hay en tu clase? Sí, lo sé, a priori parece una gilipollez de las mías, pero, yo que llevo unos días estudiando el tema, creo encontrar varias relaciones entre los tipos de gomas, que usa nuestro alumnado y la gente que nos rodea.

Permíteme que te señale la pequeña clasificación de gomas que he hecho. Al final, como otras muchas veces, te propongo algo:

1.La manchada: Está pensada para un fin, pero está tan sucia y corrompida que cada vez que se usa la mancha es mayor.

2.La novata: Aún está sin usar. Guardada para momentos mejores, esperando a que alguien se atreva a desvirgarla.

3.La explotada: Su vida laboral está siendo intensa. Le gusta lo que hace y se nota en el esfuerzo que demuestra.

4.La arte moderno: Vista de lejos parece sucia y desgarbada, pero en las distancias cortas podemos contemplar que esconde algún dibujo, una forma sugerente…

5.La redondita: Ella no soporta estar quieta en un sitio. Siempre está rodando por todos lados. ¡No hay quién la pare!

6.La Barbi: Cuerpo perfecto, maquillada, líneas marcadas…, de formas diversas, pero atractiva y reluciente. Goma al fin y al cabo, que, en cuanto escarbas un poco…, se disuelve.

7.La mordida: Su aporte proteico es nulo, de eso estoy seguro, pero al parecer, está goma, entretiene el hambre. O eso parece.

8.La empalada: Esta pobre goma siempre sufre acoso. En muchas ocasiones parece vivir en la Edad Media, atravesada una y otra vez. Es la que más pena da.

9.La orgullosa: Siempre enarbola su bandera, exige sus derechos, no se esconde, sale del armario…, moviliza a otras gomas por el bien común. Como arma arrojados tiene poderes importantes.

10.La rosquete: Difícil de definir, difícil de entender. Es más el juego que brinda que la utilidad que tiene.

¿Qué te parece? Creo que la lista podría ser algo mejor, pero son las que hoy he conseguido en mi clase. ¿Has observado alguna vez las gomas de tu clase? Colocando las imágenes debajo, ¿sabrías identificar cada una de ellas? Seguro que se te ocurre alguna otra, ¿la compartes?

Gracias por leerme.

«Una historia de mil pares de… calcetines»

Calcetines favoritos

Entre las tareas domésticas que me han tocado hoy, recoger los calcetines, emparejarlos y guardarlos, es la que se lleva la palma. Todo ello porque llegué a la conclusión, y yo solito, de que el destino me la tenía guardada por lo que decía en aquel post —aquí te dejo el enlace— en el que trataba las Leyes de Murphy. Si eres persona conocedora de las mismas, o has dedicado unos minutos a leer ese, no tan viejo post, ya te habrás imaginado, que la cuarta ley se ha cumplido. 

Cuarta Ley de Murphy: «Los pares de calcetines siempre van de dos en dos a la lavadora pero salen de uno en uno».

El hecho de que hoy tenga tres calcetines sin pareja, me ha llevado a investigar un poco este asunto, y, por supuesto, ampliar mi bolsa de calcetines únicos. Espero tener alguna tarde para intentar ver si, por casualidad, puedo emparejar algunos de su interior, mientras no se note mucho que son diferentes. O que se note del todo.

La primera de mis conclusiones a este enigmático asunto, es que creo que debe existir algún tipo de acuerdo secreto entre los fabricantes de calcetines y los de lavadoras. Piénsalo. Es muy  probable que, además, nos estén grabando, con una cámara secreta o así, para desternillarse de risa y saber qué calcetines fabricar.

En segundo lugar he descubierto que, con la sana intención de darle respuesta a este fenómeno sobrenatural, hay un estadístico y un psicólogo que se han unido para hacer una investigación que, como conclusión arrojó una fórmula que predice el riesgo de que perdamos los calcetines. ¿Que no me crees? Pues lo digo en serio. En esta web podrás leerlo con detenimiento, y, si quieres, hacer tus cábalas. ¿Estos dos no tenían otra cosa en la que entretenerse? 

Por último me ha sorprendido ver el video de como, de verdad, los calcetines desaparecen, en una especie de agujero negro que se crea dentro de la lavadora. Te dejo el enlace.

Como desaparecen los calcetines en la lavadora.

Total, que como conclusión, mañana tengo que ir a comprarme calcetines. Me gustan los de rayas, me parecen divertidos, así que… Bueno, ahí lo dejo.

¿Cuántos calcetines has perdido? ¿Cuál es la situación más embarazosa, que tenga tus calcetines como protagonista, has vivido? ¿Tienes bolsa de calcetines perdidos? ¿Cuántos hay? ¡Venga cuéntame algo!

Gracias por leerme. 

«Tonto es el que hace tonterías»

Estoy seguro de que te acuerdas de esa frase. El bueno de Forrest Gump, la puso en nuestro imaginario común. Desde entonces es imposible decirla sin acordarnos de él.

Tal y como me paso en noviembre de 2017, hoy tengo ganas de hacer un poco el tonto, de hacer una tontería. Así que pienso aplicarme la frase y espero que te atrevas a acompañarme y aceptes mi reto final.

¿Por qué hoy? Buena pregunta. Lo cierto es que no tengo respuesta. Simplemente me apetece y, como bien sabes, ya que eres de esas personas que se pasean por esta esquina todas las semanas, no estoy muy estable mentalmente hablando. O sí, y la persona inestable eres tú. Yo sé que, tal y como ya te he contado muchas veces, con esta web, y estas tonterías, entre otras, me estoy ahorrando una pasta gansa en psicoterapia.

Bueno, al tajo, que me lío. Para situarte decirte que estaba muy tranquilamente en la cocina, preparando cenas, almuerzo de mañana…, cuando caí en cuenta de que no me apetecía nada escribir. ¿Te extrañas? Tengo días así, más de los que te imaginas. Así que, uniendo uno más uno, cocina más tontería, he decidido retarte a colgar una foto loca. No es la primera vez:

  1. ¿Te acuerdas cuando me dio por los pepinos
  2. En otra ocasión, sin venir a cuento, me puse una peluca. ¡Creo que ese color de pelo me favorece. ¿Tú que opinas? (Pincha aquí para verlo)
  3. También recuerdo una noche de frío invernal que…; hasta las lágrimas y la saliva se me congelaron. Aquí puedes recordarlo.

En todas esas ocasiones, y alguna más que a lo mejor se me escapa, te reté a acompañarme.  En todas ellas hubieron fotos geniales. ¿Vas a dejarme solo con esta tontería? Pues venga, cuelga tu foto en las redes, ¡hoy puede ser tu gran noche! ¡CALDERAZO AL CANTO!

Calderazo y tontería. ¡Menuda mezcla!

Gracias por leerme.

«Un brindis por Los Finados»

NOCHE DE FINADOS, NOCHE DE HALLOWEEN. Foto sacada con mi móvil en casa de mis amigos Vanesa y Manu. 

Parece mentira que después de tanto tiempo sin hacerlo mi hermano Juan nos haya vuelto a reunir para retomar la celebración de Los Finados.

Cuando la abuela Juana vivía, como era muy amante de las tradiciones, esta cita era obligatoria. Cada año convocaba, a toda la familia, la tarde del 1 de noviembre, en el patio de su casa. Allí asábamos castañas y comíamos higos pasados, queso… Todo ello bañado con vino dulce y anís.

Juan ahora vivía en la casa de la abuela. No hacia más de un mes que se había mudado y en su mensaje, nos decía que estaba seguro de que a la vieja Juana le hubiera gustado que nos reuniéramos todos allí, justo aquel día.

No faltó nadie a la convocatoria. 

Cuando estábamos todos, los niños disfrazados por el Halloween y los mayores recordando historias de la casa, Juan hizo tintinear una copa y pidió que nos calláramos.

—¿Recuerdan cuando la abuela Juana nos reunía aquí para contarnos sus historias? —todos los hermanos asentimos a la vez que mirábamos el banco de obra en el que la vieja solía sentarse— Hoy estamos aquí por ella, por su recuerdo, y por todos los que ya no están. Ella me lo pidió.

En ese preciso momento todas la luces de la casa se apagaron. Nos sobresaltamos. Los niños gritaron y se agarraron a las faldas de sus madres. 

La única luz que quedó encendida era la que proporciona la vela que, a modo de tenebrosa decoración, Juan había colocado junto a una calavera, justo en el lugar en el  que se sentaba la vieja.

Todos vimos la sombra que proyectó. Sin duda aquella era la silueta de la abuela Juana, que, una vez más, se había acercado hasta el patio para asustar a los más pequeños. 

Lo más sorprendente fueron las palabras de mi hermano.

—Lo ves abuela. Todos aquí. Tu tradición seguirá viva mientras tú nos acompañes.—En ese momento, la luz de la casa volvió. Ninguno de los presentes supo que decir, salvo Juan, que parecía tenerlo todo preparado—. ¡Por los finados!, ¡por la abuela! Por mantener la costumbre de reunirnos este día —dijo levantando la copa, para sellar un juramento a modo de brindis. En ese instante supimos que habíamos vendido nuestra alma para siempre.

Gracias por leerme.

PD. La noche de Los Finados «Los Finaos» es una tradición muy antigua de las Islas Canarias que ahora se mezcla con el Halloween. A mi modo de ver, ni malo ni bueno, es fruto de la globalización y la hiperconectividad a la que estamos sujetos. 

Si quieres saber algo más busca en la agenda cultural hay un montón de actividades.Esta, del Museo  de Historia y Antropología, está muy bien.

Si te apetece recordar alguna de mis fiestas de Halloween, aquí te dejo un enlace, aunque si busca en esta esquina alguna más descubrirás.