«Yo soy yo y mis circunstancias»

Ya lo decía Ortega y Gasset, que de esto sabía mucho, «Yo soy yo y mis circunstancias». Según su frase más celebre, o al menos la que a mí me ha quedado grabada, las personas no solo somos lo que mostramos, sentimos, demostramos… sino que tenemos un componente externo que nos influye y condiciona. En la medida en que queramos ser nosotros debemos dominar/aceptar esas circunstancias que nos rodean y que no siempre podemos controlar.

En el momento actual mis circunstancias se apelotonan a mi alrededor y aquí estoy, intentando poner orden en aquellas en las que puedo intentar organizar, aunque no siempre lo consiga.

Entre manos tengo el cumplimiento de otro de los deseos que pedía en mi «Carta a los reyes magos y a tí» ¿te acuerdas? Pues bien, ahí vamos, lanzados de cabeza pero con la salvaguarda del buen trabajo realizado por Diego Pun Ediciones, a la batuta, y Nareme Melián Mahugo, a las ilustraciones. Espero verte por allí. Adjunto la invitación por si aún no la has visto.

Esto lleva aparejado otro listado de eventos, que te comento por si te vienen mejor , y de las que te iré informando, a modo de recordatorio, por si te vienen mejor: 24, 28 de marzo; 2 y 29 de abril; 23 y 30 de mayo

Además ando metido en otro proyecto, una revista de educación —que si te digo la verdad me está quitando más tiempo del que esperaba—, que me trae por el camino de la amargura, ya que es aquí donde veo que se están dando muchas «circunstancias» no controlables que afectan, de manera clara, poder cumplir el objetivo. en fin, intentaremos ir dando pasos cortos.

Mi nuevo libro. Sí, ¿ese que llevo por el capítulo seis, desde hace unos meses?. Bien gracias, ¿y usted? Pues nada, que más parado que en la cola de el paro. No he logrado sacar tiempo, ni fuerzas, para ocuparme de él. Pero lo tengo en la lista de buenas intenciones, apartado: muy importante. Así que espero que, como tarde, a mediados de abril, pueda retomarlo con fuerza.

Además de todo lo anterior, por supuesto, están las cosas más importantes: la familia, los amigos, el deporte… ¿Y el trabajo?, bueno ese también, pero para esta reflexión ese no cuenta ya que tiene su espacio y momento definido y no hay nada que lo perturbe, mas que el mismo, claro.

Sé que tu pregunta es, ya que yo mismo me la hago muchas veces, ¿cómo tienes tiempo para todo? Pues la respuesta creo que la tiene el propio Ortega y Gasset. mis circunstancias son mías y yo las he aceptado así que, me organizo como puedo, intentando hacer siempre primero lo importante, de esta manera pocas cosas se convierten en urgentes. Como no puedo separarme de mis circunstancias, de lo que me rodea, apechugo con humor y buen rollito.

Por favor, no me propongas nada más, que ya tengo bastante, que en un momentito me vengo arriba y me dejo liar. Aunque pensándolo bien: ¿Tienes alguna propuesta interesante que hacerme?

Gracias por leerme.

«El coñazo de los replicantes»

Replicantes

Lo siento pero son una verdadera lata. Los replicantes son aquellos «escritores/as» que, a fin de estar presentes, a toda costa, en las redes sociales, repiten una y otra vez contenidos suyos y, en muchos casos, de otros.

Como sé que no me entiendes, me explico.

Llegué a esta esquina de casualidad, con las mismas pretensiones que tengo ahora, escribir, más mal que bien, pero escribir. Porque me divierte y relaja.

Con el tiempo de presencia que llevo acumulado en las redes sociales todos los días aprendo cosas y «siguiendo» a otras personas, que según parece saben mucho sobre todo esto de la SEO, el marketing, la visibilidad…, sigo aprendiendo muchas más. Lástima que muchas de ellas son auténticas ¡FANTOCHADAS!

Según estos “escritores/as” este mundo virtual se mueve a base de tuits y retuits. Lo importante es estar siempre presente para que otros te vean, te sigan, te retuiteen…, para que así puedas hacerte algo más famoso y vender un par de libros más.

Lo cierto, por lo que he visto, es que consiguen estar presentes pero no por sus relatos, que es lo que se espera de alguien que pretende ser escritor/a, sino porque para poder hacerlo, se dedican a replicar/discutir/opinar artículos de ellos mismos o de otros.

Las técnicas que usan son varias:

  1. El truco más usado es el de repetir sus artículos, con la excusa de que aún son válidos, una y otra vez. Esto lo hacen gracias al uso de una aplicación que los escoge al azar y los vuelve a lanzar a las redes de manera automática. Ni siquiera se preocupan de elegirlos.
  2. Siguen a mucha gente y gracias a ello son seguidos. Pero no saben ni quiénes son, ni qué hacen. No nos engañemos, tampoco les importa. Aquí lo importante es que los sigan a ellos. Acumular seguidores, me gusta y retuits… para intentar vender.
  3. La envidia les corroe por dentro. Si @menganita propone un juego, o un concurso, o un grupo de Facebook, @fulano lo hace también. Que @ciclanito regala un libro,@marujo una foto; que escribiremos 300 palabras a la semana, pues conmigo escribirás durante 30 minutos…
  4. Son tan buenos escritores que se dedican a dar consejos sobre qué, cómo, cuándo… escribir. Pero no creas que saben tanto. Igual que antes se copian unos a otros. Que @pepinillo habla de los personajes principales pues @lechuguina versará sobre los secundarios…
  5. Cuando no saben qué hacer retuitean las artículos de sus allegados, se nombran y se dan palmaditas en la espalda unos a otros, se felicitan…
  6. Defienden la autopublicación. Es decir ponen la pasta para publicar y van a una imprenta, porque no han conseguido que ninguna editorial les publique. Muy bien, sin duda es una opción.
  7. Aprovechan el entusiasmo de las personas que quieren empezar a escribir, para venderles conocimientos en formas de píldoras informativas, pequeños tutoriales, cursos… Pero lo único que quieren es cobrar y parecer grandes personajillos de la farándula de las letras y los teclados.

Y a todas estás ¿qué escriben? ¿Cuentos? ¿Terror? ¿Novela histórica, erótica de aventuras,…? ellos y ellas se reconocen como de un género o de otro, pero lo cierto es que no muestran nada.

Como verás, el caso es estar presente de cualquier modo en las redes sociales. Muchos dicen que son escritores, pues me alegro, oiga.
Lo siento pero lo voy a decir claro: ESTA GENTE ME CANSA. Son un coñazo.

Entro en mis redes (Twiter, Facebook, Instagram…) y veo lo mismo una y otra vez. Así que he decidido dejar de seguirles, sobre todo porque hacen mucho ruido y tengo la sensación de que, entre sus tuits, retuits y fantochadas, me estoy perdiendo lo importante.

Un consejo: si quieres escribir, ESCRIBE Y LEE, pero sigas a esta panda de replantes o perderás el tiempo.

Gracias por leerme.

«El hombre de las nieves»

Entre los misterios y leyendas que se oyen en las montañas, es sabida la que narra la existencia de un bípedo gigante conocido, entre otros nombres, por el de «El hombre de las nieves».

Según viajes a un sitio u a otro, el misterioso ser recibe diferentes denominaciones: Yeti, Bigfoot, abominable hombre de las nieves…

Como bien sabes —y si no lo haces ahora— estos pasados carnavales los pasé, como suelo hacer en los últimos diecitantos años, en la nieve.

El otro día, perdido por esas montañas penínsulares, estaba esperando en el punto de reunión, a que llegara la monitora de la pequeña de la casa cuando mi hija me hace fijarme en el ser que se aproximaba hacia nosotros. Me llamó mucho la atención. Su presencia me hizo asemejarlo a ese extraño personaje.

El que yo he encontrado por esos lares, no tiene mucho que ver con los otros bípedos que he comentado, salvo por la cantidad de nieve que, a modo de experiencia, tiene acumuladas entre los pliegues de las arrugas, este, sin duda, es humano.

Por lo que me pude imaginar era un señor que debía acosar los ochenta inviernos. Con pelos y arrugas del mismo color del manto que tenemos bajo nuestros pies.
Iba todo vestido de negro, con botas impermeables de alta gama, abrigo, gorro de montañero, mochila a la espalda y dos bastones sobre los que sostenerse.

Su paso lento, muy lento. Parece que luchaba contra una ventisca inexistente, más que en su propio cuerpo, que no le deja avanzar más rápido. Pero ahí va, paso a paso sobre la nieve, seguro.

Lo vemos acercarse poco a poco, casi en cámara lenta, pero de una manera decidida y sin levantar los ojos del suelo. Sin duda disfruta del paseo, de ver a la juventud, de la nieve, del momento… Mi hija aprieta mi mano.

Los esquiadores pasan por su lado a toda velocidad, lo rodean, él no les hace caso y sigue en su avance sin importarle nada.

Al llegar a nuestro lado Sara dice que le da pena verlo así. Él, como si la hubiera oído, gira la cabeza para sonreírle. No se para, sigue caminando. Pero yo, lo tengo decidido, cuando sea mayor quiero ser como él. Quiero convertirme en un hombre de las nieves.

Gracias por leerme

«Telepatía mientras escribo»

Telepatía

Hace unos días, por pura casualidad o por una fuerza superior, en forma de tuit, descubrí un libro, del que jamás había oído hablar, «Mientras escribo», del gran maestro del suspense Stephen King. Lo devoré en un par de días. Solo comentarte de que, fuera de la temática de misterio o terror a la que nos tiene acostumbrado, éste es un relato biográfico en el que nos cuenta su proceso escritor. Aprendí muchísimo.

Una de las ideas que define con mucha claridad es la relación existente entre el escritor y el lector. Para él, ese vínculo, se basa en la telepatía, ya que, lo que escribo eres capaz de verlo en tu cabeza, mientras lo lees.

De esta manera, para que te hagas una idea aproximada de cuál es mi situación actual, bastará con contarte que, mientras el resto de la casa ya está en silencio, yo estoy encerrado en el cuarto en el que escribo. Todas las luces están encendidas, pero las que de verdad alumbran este momento están conectadas en mi cabeza ordenando rápidos movimientos a unos torpes dedos, que se equivocan con cierta frecuencia, en el traqueteo sobre los blancos botones de mi teclado. Ya con el pijama puesto y sentado frente a la pantalla de mi ordenador, transcribo este momento para que tú, que estás al otro lado, recibas este mensaje y dibujes en tu mente, gracias a esa telepatía que decía Stephen King, mi situación.

Pero creo que el gran autor, pese a tener toda la razón, en el momento en el que escribió el libro, desconocía la capacidad actual que tenemos los que escribimos —iba a decir escritores, pero se me hace grande— de estar en dos sitios a la vez.

Sí, además de la telepatía, tenemos el poder de la bilocación, que como sabes es la capacidad para estar en dos sitios a la vez. ¿Me imaginaste escribiendo este post? Pues si me conoces sabrás donde me encuentro estos días y te confieso que, gracias a la tecnología, puedo jugar contigo, con mis escritos y teletransportarme a otro lugar algo más frío y blanco que mi teclado. Lastima que no estés aquí.

Gracias por leerme

«ANCOR»

En mi pasada carta a los Reyes Magos y a ti, entre otras cosas, te contaba que una de mis sueños para este nuevo año era ver publicado mi cuento. Pues bien. Este es el momento en que el quiero anunciarte —los suscriptores de este blog ya lo saben desde hace un par de semanas, pues lo recibieron como primicia— que «ANCOR» ya está aquí.

En primer lugar decirte que es la reedición de mi primera historia, pero esta vez publicada por Diego Pun Ediciones e ilustrada de manera exquisita por Nareme Melian Mahugo.

Se trata de un cuento para ser leído a niños y niñas de 0 a 99 años en el que aprenderemos la historia de un pueblo narrada desde los ojos y las vivencias de un niño.

Sí, narra la vida de Los Guanches, esa raza de hombres y mujeres «primitivos» que habitaron en las Islas Canarias antes de su conquista por los castellanos en 1496, y que tenían una organizada sociedad, con sus variantes según isla o territorio, con una gran riqueza en cuanto a cultura, costumbres, lengua, tradiciones…, que han llegado hasta nuestro días con muchas dificultades.

Como maestro, siempre he tenido la sana obsesión de transmitir a mi alumnado la ilusión por la lectura y la chispa de la curiosidad por descubrir nuestro entorno, nuestra historia y el amor a la naturaleza que nos rodea.

Me animé a escribir esta historia, fusión de esas ideas anteriores, al descubrir que mis alumnos y alumnas desconocían muchas cosas de Los Guanches, y que, para engancharles, necesitaba enseñarles un mundo mágico, lleno de aventuras y emociones que les atrajera y así llevarles al conocimiento de parte de nuestra historia, que para mí era importante transmitirles.

Con «ANCOR» viajaremos a través del tiempo y aprenderemos una serie de palabras y costumbres de la época a la vez que disfrutamos de sus aventuras.

De la misma manera, con el afán de hacer la lectura atractiva para niñas y niños, reconozco que no todas las partes de esta historia son necesariamente reales, aunque sí lo son muchas de las situaciones, nombres de los Menceyes, lugares… Dejo a elección del lector o lectora decidir cuáles.

Como ya he dicho, este cuento está escrito pensando en niños y niñas, pero seguro que, aunque seas algo mayor, en cuanto empieces a leer y conectes con tu infantil interior, descubrirás que esta historia te va a atrapar desde el comienzo. Te aseguro que disfrutas hasta el último capítulo y sobre todo, desearás que no acabe.

Pronto te contaré dónde la presentaremos —esto es también una sorpresa que los suscriptores de este blog recibirán en primer lugar— y dónde adquirirlo. Mientras me quedo repasándola un poco.

Gracias por leerme.

«Consejos para un día de fiesta»

Parecerá broma pero a nuestra edad ya tenemos que empezar a vigilar las cosas que hacemos cuando salimos de marcha todo un día, después de mucho tiempo sin hacerlo. Hoy me ha dado por hacer un primer listado de cosas a tener en cuenta, de manera preventiva, después de lo que pudo haber ocurrido en mi última salida.

  1. Cuidado con quién sales: Lo sé, después de tanto tiempo tiempo sin salir y recogido en casa, aceptas hasta “pulpo como animal de compañía” y claro, te arrimas a cualquiera que te propone una noche desenfrenada. El problema está en que hay algunos que dicha promesa es verídica. Y la culpa es tuya, que lo sabes y formas parte de esa panda.

  2. No mezcles: Parece mentira pero a nuestra edad no todo nos sienta bien y, desde luego, no tenemos el ritmo al beber, ni el aguante que teníamos hace unos años. No es conveniente tomar cañas, vinos, gintonics y rones, mezclado todo ello con la medicación del resfriado. Sobre todo por el resacón del día siguiente y lo que se “lengua la traba” ese día. Nota: El agua de los floreros suele tener el mismo sabor que los gintonics —será por tanto aderezo de estos últimos—, pero sabe peor y no sienta nada bien.

  3. No te tatúes: Aunque en el momento pueda parecer divertido, ya que sin duda se hace en el momento álgido de la exaltación de la amistad, te puedo asegurar que tener todos el mismo tatuaje, en el mismo sitio, es hasta grotesco, y más si es el pequeño conejito de “Playboy”. Eso sí, seguro que el tatuador se lo ha pasado pipa, además de hacer la semana con ustedes.

  4. Lleva tu coche: Tienes una edad y sabes, más por viejo que por diablo, que una retirada a tiempo es una victoria. No puedes verte tirado en la calle, sin la cartera, olvidada en tu coche y sin coche, porque te dejaste convencer para ir con otro y así no ir solos, encontrar más aparcamientos…

  5. Ojo con los agentes de la ley: ¡A ver! ¿cómo te lo explico? Las mujeres policías, por muy buenas que estén, y por muy bien que le quede el uniforme, tienen muy mala leche. Así que deja de ponerte en plan gracioso con ellas, mantén las distancias, que después pasa lo que pasa.

  6. Mantén el secreto y niega todo lo ocurrido: Para ello es fundamental no hacer videos. Así que intenta controlar ese afán de protagonismo por salir en la tele y no dejen huella de lo ocurrido. Ni lo envíen por “guasap” aunque alguno quede muy bien y favorecido.

Evidentemente estos consejos son por si algún día se te ocurre hacer algo de esto. No es que a mi me haya pasado. Todo es fruto de mi calenturienta imaginación.

Gracias por leerme.

«Escribiendo con Virus»

Hoy creo que no soy buena compañía. Escribo este post sin muchas ideas, medio adormilado por la fiebre y con el cuerpo magullado por una paliza invisible que me ha dado un virus, cinturón negro primer dan de kárate, que tengo viviendo en mi cuerpo.

Parece increíble cómo este bichejo puede afectar tanto a cuerpo y mente. En un día normal, en una hora normal, de escritura puedo escribir unas quinientas palabras pero hoy, que ya llevo sentado frente a la pantalla más de treinta minutos, apenas ochenta y ocho —cuéntalas si quieres. Justo hasta el guión—. De la misma manera, en una hora normal de escritura, habría desechado muchas palabras. Hoy no me atrevo ni a eso. Lo que sí que he desechado es la pila de pañuelos que tengo sobre la mesa. ¡No hay por donde cogerlos!, como a mí.

Pero si hay algo que me preocupa es pasarte el virus. Sí, lo digo en serio. Sin querer he estornudado varías veces, al no contar con tiempo suficiente para taparme la boca con el antebrazo, que así es como nos enseñaron tras la primera alarma de la gripe A, cayendo todo sobre la pantalla. Así que, por si acaso este virus sea capaz de transmutarse y convertirse en virus informático, te recomiendo dejar un breve comentario y cerrar esta esquina hasta que lleguen tiempos e historias mejores. Espero que eso sea el próximo jueves. Mientras sigo con mi paracetamol, el antiestamínico, el jengibre…, solo me falta el sudorcito de pecho contra pecho (jejeje).

Gracias por leerme.

«Por un mensaje»

CARTEL DE LA AUTOPISTA

Hecha con mi móvil. CARTEL DE LA AUTOPISTA. 

Le había bastado ver la foto que él había mandado por WhatsApp, con el mensaje que aquella semana lucia el cartel de la autopista, para imaginar qué quería hacer nada más verlo. ¿Se atrevería? Sabía que él la había compartido como una broma, como una de tantas, pero ella no quería perder aquella oportunidad y, por primera vez, ser la que diera el primer paso.
Habían quedado para salir. Él pasaría a recogerla. El acuerdo era verse debajo de la puerta de su casa. Nada más llegar hizo una llamada perdida, según lo pactado, y espero. Al instante, con la excusa de ir con retraso, un mensaje de texto lo invitaba a subir.
Cuando la puerta del piso se abrió ella no se cortó. Lo miró directamente a los ojos despojándose del albornoz que cubría su cuerpo. La cara de él fue todo un poema, era para haberla grabado. Se había quedado parado. Jamás se hubiera esperado aquello. Ella tragó en seco. Jamás pensó que se atrevería ha hacer una cosa así. Con una voz tenue rompió el hielo:
—Me dijiste que si te necesitaba que…
Él no espero a que terminara la frase. Con una de sus manos la atrajo hacia sí para besarla, mientras que con la otra cerraba la puerta tras de sí. Y es que hay historias que nacen por un mensaje.
Gracias por leerme.

 

«La elección del día»

Foto sacada con mi móvil.

Llevaba un buen rato con el grifo abierto, las manos posadas sobre los laterales del lavamanos y la mirada perdida en el interior de su propio ser, ahora reflejado en el espejo del cuarto de baño.
Cuando volvió en sí se percató de que su mente hacia rato que se hacía las mismas preguntas, sin encontrar las ansiadas respuestas.
Con calma y regocijo, utilizando las dos manos, se lavó la cara en un intento de despejar alma y mente. Con cautela, se secó la cara, recreándose en el detalle de cada arruga, con la misma delicadeza con la que se limpia un jarrón de quebradiza porcelana china.
Cuando por fin terminó la operación, cerró el grifo y con él el escape de remordimientos y negros pensamientos que manaba de su cabeza.
Su mirada volvió a chocar con la imagen que le reflejaba el espejo. Giró su cuerpo y del perchero eligió la cara con la que iba a pasar el día. Volvió a elegir la de hipócrita.
Y tú, ¿qué cara llevas hoy?
Gracias por leerme.

«Deseo cumplido»

Uno de mis deseos alza el vuelo

¿Te acuerdas cuando compartí contigo mi carta a los Reyes Magos y a ti —por si acaso no lo leíste, lo tienes en este post—? Seguro que te acuerdas, ya que es verdad que hace poco tiempo, no quiero que pienses que creo que estás perdiendo la memoria. En ella te adelantaba una lista de deseos. Pues bien, uno de ellos ya está a medio cumplir —solo falta mejorarlo—, listo para ser enseñado y esperando que aportes ese granito de arena que te pedía en ese post anteriormente citado.

Lo que hoy te traigo es la presentación oficial de mi nueva web «laesquinadeguille.com» que, como verás, guarda mucha similitud con el anterior blog —al menos la esencia—, en la que podrás releer todas las entradas anteriores y a mi me va a permitir algo más de juego en cuanto a la publicación de todas esas historias, aventuras, desventuras y resto de gilipolleces, que te cuento cada semana.

Reconozco que aún está por mejorar. Todavía estoy aprendiendo a usar esta plataforma, así que me queda mucho camino por recorrer. Es este el momento en el que puedes intervenir.

Como te decía al principio, espero que aportes tus sugerencias y recomendaciones en cuanto al formato, estilo o en el tema o temas que consideres sobre el que tengo que escribir. Te advierto que ya son muchas las personas que me piden algo más de erotismo, así que…

Para tu comodidad, y a fin de que no te pierdas nada, recuerda que puedes suscribirte, y así te llegará a tu buzón de correo electrónico, todas las entradas, para que no te pierdas nada, además de alguna sorpresa solo pensada por y para suscriptores.

Espero verte por esta mi nueva esquina. Que la misma sea de tu agrado y que cada vez que pases por ella, que es la tuya, dejes tu huella, a modo de comentario.

Gracias por leerme.