«Tu escote apresa mi mirada»

«Tu escote apresa mi mirada»
Hay escotes pensados para…

La llamada de la directora del colegio de mi hijo me extrañó mucho. Me citaba en su despacho para, según dejó dicho en el buzón de voz, `tratar asuntos relacionados con su educación´. ¿Qué habría ocurrido? Jamás me había llamado para una reunión así, aunque sí que, en muchas ocasiones, me había reunido con ella, ya que tengo la costumbre de colaborar con el cole en diversas actividades, nos habíamos tomado algún café en el bar de la esquina, compartido unas bromas en el hall de la entrada…

La reunión era para aquella misma tarde. Por supuesto, aplacé todas las citas que tenía y acudí.

La puerta de acceso estaba cerrada. La aporreé con los nudillos. Al momento apareció su silueta tras la puerta acristalada. No pude evitar fijarme en su escote por el que, sin duda, me gustaría perderme. `Que bien le queda ese vestido de flores´, pensé.

Abrió la puerta con una amplia sonrisa.

—Perdona, estoy sola en el cole y…, bueno, me da miedo tener la puerta abierta. 

Su saludo vino acompañado de dos besos y un agradable abrazo.

—Pasa, que ganas tenía de verte —dijo mientras volvía a girar la llave para cerrar la puerta.

Aquella frase hizo que un cosquilleo recorriera todo mi cuerpo erizándome los vellos. 

—Pues si te digo la verdad, yo también, además me parece muy erótico esto de que la directora del cole me llame a su despacho —contesté mientras giré para mirarla a la cara. Mis ojos volvieron a su escote—, y más si eres tú.

Se quedó parada. Ella no esperaba aquella respuesta. Yo tampoco. Simplemente salió de mi boca. Mis manos también fueron por su cuenta. La cogieron por la cintura. Ella no apartó ni un solo momento sus ojos. Facilitó el acercamiento. 

El primer beso fue despacio, dubitativo, con ternura, apenas un leve roce de labios. Nada que ver con los siguientes. La pasión nos llevó a golpearnos de pared en pared mientras ella nos dirigía, a trompicones, hacia el sofá de la sala de espera. Nuestras manos no daban a basto para recorrer cada centímetro del cuerpo contrario al que, con tanto ánimo, nos habíamos aferrado. Su boca era ardiente, su lengua húmeda, su escote… Por fin me perdí en él.

Gracias por leerme. 

«Breve tratado: Las rutinas diarias, hilo de estabilidad»

«Breve tratado: Las rutinas diarias, hilo de estabilidad»
Mis listas forman parte de mis rutinas.

Siempre se ha dicho que los seres humanos somos animales de costumbres. Cierto. Las rutinas forman parte de nuestra naturaleza dando estabilidad, o procurando desequilibrios, según el carácter de las mismas. Es por ello que las rutinas tienen una importancia vital en nuestras vidas. Gracias a ellas podemos provocar los siguientes beneficios:

  1. Generar un ambiente tranquilo y estable en el que nos sentimos seguros.
  2. Nos aporta puntos de regularidad, constancia y perseverancia que son muy útiles en nuestra vida diaria.
  3. Nos dan la seguridad de saber realizar con certeza aquello que vamos a realizar, llevándolo a cabo en orden y minimizando el estrés.
  4. Es probable que incluso hagamos las mismas rutinas, en los mismos horarios, interiorizando  así las distintas acciones.
  5. Ahorramos energía mental, ya que tenemos las respuestas automatizadas y conocidas, de esta manera las rutinas nos ahorran trabajo.
  6. Mantenemos la concentración al ya tener asignado el orden en el que hacemos las distintas tareas, evitando así la dispersión.
  7. Son además una buena herramienta para manejar la impulsividad y los cambios de humor en niños y niñas que sufren trastorno negativista desafiante, comportamientos hostiles y desobediente.

En este periodo de confinamiento creo que lo que más nos costó al principio fue cambiar las rutinas que hacíamos: ir a tomar café a tal bar, quedar con «nosequiencito», pasear por el parque, ir a la playa o a la piscina…, pero con el paso del tiempo que ya llevamos en casa hemos puesto en marcha otras nuevas que nos han ayudado a superar estos momentos. 

En resumen, debemos recordar que las rutinas mantienen nuestra mente enfocada, mejora nuestra productividad y nos ayuda a generar autocontrol y estabilidad. En este sentido, debemos intentar repetir las actividades que nos gustan y la manera en que las hacemos, de forma que podamos perpetuar el bienestar que nos aporta, manteniéndonos física y mentalmente saludables.

Y sobre todo, y más importante es no olvidarnos de incluir entre nuestras rutinas: el deporte, la diversión, una cervecita o vino con amigos, una buena parranda… Sabes que son indispensables para nuestro buen estado de ánimo.

Entre mis rutinas, ya sabes, está esta publicación, de todos los jueves, mis lecturas, mis listas de tareas…, y, sobre todo esas ganas locas de verte. ¿Cuáles son las tuyas?, ¿alguna inconfesable?

Gracias por leerme.

«Distancia social o de cómo separarnos en el espacio»

«Distancia social o de cómo separarnos en el espacio»
Parece aquel bolero: Debemos separarnos, no me preguntes más…

Desde pequeño siempre escuché el concepto de distancia. Del primero que tengo recuerdos, aunque muy probablemente no lo entendí, es que la distancia entre dos puntos equivale a la longitud del segmento de recta que los une, expresado numéricamente. Distancia entre dos puntos. Dados dos puntos cualesquiera A(x1,y1), B(x2,y2), definimos la distancia entre ellos, d(A,B), como la longitud del segmento que los separa.

Ya pasados los dieciocho años, aprendí el significado de la distancia de seguridad entre vehículos en el sentido de considerarla como una separación protectora vital para evitar una colisión por alcance. ¿Te acuerdas? En esas clases nos indicaban que para evitar un accidente por alcance son necesarios, al menos, dos segundos de diferencia entre vehículos. Para calcular esa distancia necesaria de separación nos bastaba con aplicar una fórmula que consistía en ir pronunciando ‘1101, 1102…’ respecto a un punto fijo en la vía. Pero había que tener mucho cuidado pues dos segundos pueden ser insuficientes ante frenadas muy fuertes, con mal tiempo o con el asfalto mojado. Otra distancia que es difícil de calcular.

En estos días, nos toca volver a aprender de distancias. En este caso de distancia social, entendiendo por esta la que nos separa físicamente, a fin de evitar, en la medida de lo posible, el contagio por COVID´19. 

¡Vaya!, por lo que entiendo, en esta ocasión, en realidad no se habla de una medida física, una distancia entre dos puntos, se hace más hincapié en un alejamiento corpóreo de unos con otros.

Aunque nos dicen de dos metros de separación, lo que en realidad, nos están pidiendo, al menos en esta fase, que no nos toquemos, que evitemos abrazarnos, que no nos besemos…,, con lo que nos gusta. 

Pues en esa estamos, respetando la distancia social a la espera de poder darte ese achuchón que tanto te he prometido y del que tantas ganas tengo. ¿En qué fase podemos?

Gracias por leerme. 

«Mi indiscreta ventana»

«Mi indiscreta ventana»
¿O era una ventana indiscreta?

Corría el año 1954 cuando el genial Alfred Hitchcock presentaba «La ventana indiscreta», protagonizada, entre otros, por James StewartGrace Kelly

En mi opinión es una obra magnífica, que seguro habrás visto. Si no es así es el momento. A modo de resumen, muy resumido te comento que nos narra la historia de un fotógrafo profesional que está sentado en una silla de ruedas y con una pierna enyesada. Desde este privilegiado mirador espía a los vecinos convirtiéndose en testigo de un asesinato. Para darle un poco de intriga, que al fin y al cabo es lo que más le gustaba al director, solo te adelanto de que es descubierto.

Puedo confesar que hoy me siento un poco así, sentado tras mi ventana, protegido por mis persianas que impiden que ver de fuera para adentro, y observando al vecindario.

Esta ventana es desde la que escribo, desde la que observo sin ser visto, a los vecinos que hacen gimnasia en su salón, a la que toca el acordeón, a la que toma el sol en su balcón en toples, al que canta en la ducha, a todos los que salen a aplaudir, a la que cotillea lo que hacen los que viven en el bajo… O a aquellos hombres de gris, que hace tiempo pasearon mi calle, y que al final no eran lo que parecían ser. Ninguno de ellos, salvo los citados caballeros, o al menos eso creo yo, pueden imaginarse cómo sus vidas están siendo observadas.

En la película, como en la vida misma, la ventana es un interesante símil sobre aquello que queremos ver, aquello que nos gustaría alcanzar…, que se encuentra más allá de nuestro cristal, que a la vez de ser impedimento es protección, y que al final no podemos alcanzar, a no ser que hagamos algo para conseguirlo. 

Debes ver la película. Sin duda es una de las mejores en la que ahora me siento bastante identificado, sobre todo con una de las frases: «Nos hemos convertido en un raza de mirones». Debes observar por la ventana. Desde aquí veo al vecindario. Todos se observan, aunque no lo sepan. Unos se señalan y otros, como yo, callan protegidos por sus persianas. Espero no ver algo que no deba.

Gracias por leerme.

«Volverte a ver»

23 de abril. DÍA DEL LIBRO

«Volverte a ver»
Volverte a ver, ese deseo, acompaña el confinamiento.

Mientras escribía sonaba de fondo, por los altavoces de su ordenador, la inconfundible voz de Juanes y su tema «Volverte a ver»

Las letras del texto que estaba creando poco a poco se fueron fundiendo con las de la música, para viajar más allá de las fronteras que delimitaban su despacho.

«(…) Volverte a ver es todo lo que quiero hacer.

Volverte a ver para poderme reponer.

Porque sin ti mi vida yo no soy feliz.

Porque sin ti mi vida no tiene raíz (…)»

La historia cambió. Comenzó a rememorar las grandes aventuras ya escritas por otros autores; los asombrosos amores vividos por otros protagonistas; los crímenes resueltos por detectives, reales o imaginarios, que cobraban vida en la cálida fusión que formaban la sangre y la tinta con la que fueron descritos…

Escuchar la letra de la canción mientras se escribe es descubrir las ganas por volverte a ver, sentirte cerca aunque no estés, como lo hace la lectura, que acompaña estos momentos convirtiéndose en lo que siempre ha sido un pasaporte para viajar a otros mundos, a otras vidas, a otras historias, a otros mejores momentos de la existencia humana. 

«(…) Ni una razón para vivir.

Lo único que quiero es poder regresar.

Poder todas las balas esquivar y sobrevivir.

Tu amor es mi esperanza y tu mi munición.

Por eso regresar a ti es mi única misión (…)»

Y en esas estamos. Escribiendo encerrado entre los muros, pero viajando más allá de toda frontera posible y en ocasiones también imposible. Deseando que esto pase, pero que tus ganas de leer aumenten y que conserves tus ganas de encontrarnos.

Gracias por leerme. 

«Microrrelatos para escapar de las cuatro paredes»

Pues seguimos en esto de los retos, los desafíos y la realización de distintas actividades para poder ir matando el tiempo que estamos recluidos.

En este caso me he apuntado a uno de escritura de microrelatos que plantea La Esfera Cultural, en su canal de Twitter (@LaEsferaCultural).

Tal y como ellos mismos describen la idea es bastante simple. Bueno eso a primera vista. Te aseguro que escribir un microrrelato en un solo tuit, 280 caracteres —sí, en esa cuenta se incluyen los espacios, las comas, los puntos…—, no es nada fácil, sobre todo teniendo en cuenta que un microrrelato, como cualquier historia, tiene que tener una presentación, nudo y desenlace. Además, este último, para que surta efecto, deber ser del todo imprevisto. No siempre lo consigo.

¿Un ejemplo? 

«— Papá, ¿te acuerdas el cuento de la gallina de los huevos de oro? Dijiste que el granjero la puso en una cama de paja y todos los días le ponía un huevo de oro, pero como el hombre quería más, la mató, la abrió y vio que no tenía mas huevos. Pues este es gallo y yo tengo hambre.»

La organización es sencilla. Cada día publican una imagen y, a partir de ella, hay que inventar su historia. 

Microrrelato publicado el día 11 de abril
Microrrelato publicado el día 11 de abril

Al final de todo eso, los mejores microrrelatos formarán parte de un libro en papel con el que podemos recordar este confinamiento como algo productivo.

Microrrelato publicado el día 10 de abril
Microrrelato publicado el día 10 de abril

Yo agradezco la iniciativa, pues es un buen ejercicio para mantener la mente activa y la imaginación fuera de estas cuatro paredes.

Microrrelato publicado el día 9 de abril
Microrrelato publicado el día 9 de abril

Si te apetece leer alguno más, o todos los que llevo publicados hasta el día de hoy, puedes entrar, participar, apoyar la iniciativa compartiendo… Quizás escriba un microrrelato pensando en ti, porque no sé hasta cuando duraremos de esta manera. Pero mientras me entretenga…

Gracias por leerme.

«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»

«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»
A Noé no solo le faltaron dinosaurios.

Quizás el Arca de Noé tiene cierto parecido a nuestras casas y escuelas durante este confinamiento. 

En estos días que tanto se habla de cómo debe evaluarse al alumnado, o de si es conveniente avanzar o no en el temario, o de si volverán las alegres carreras y el griterío de nuestro alumnado por los pasillos de los colegios, o de si el profesorado está adaptado a la docencia online… —hubo hasta quien se atrevió a nombrar a alguno de ellos como dinosaurio—, se demuestra que, como en el Arca animales, hay gente para todos los gustos y todos los colores. 

Aunque en dicho navío no había ningún dinosaurio, en esta profesión, como en todas, aún queda mucho animal de este tipo. Lo siento, igual no te gusta escucharlo, pero sabes que es cierto, Todos conocemos o hemos compartido curso con algún ejemplar.

Pues como iba diciendo, el foco alumbró ese calificativo, sobre todo por la persona que se atrevió a usarlo y que, aunque creo que tiene razón, parece políticamente incorrecto que le de uso, sobre todo por el puesto que ocupa, desviándose la mirada en otros casos que creo también es conveniente citar.

Estoy muy orgulloso de mi Claustro y de compañeros y compañeras de otros centros. Les dedico parte de mi aplauso de cada tarde a las 19:00 horas. Me consta que se están dejando la piel e invirtiendo mucha energía y horas en esto de intentar mantener a nuestro alumnado activo, pese a las grandes dificultades que nos encontramos, sobradamente conocidas por todos y que no entraré a detallar —la brecha digital, la falta de compromiso, la escasa formación implicación de unas pocas familias…—. Para nada dinosaurios que hacen todo lo que pueden y aún intentan más cosas.

Veo día a día como hay maestros y maestras que además son padres/madres, que nunca han necesitado tener más de un ordenador en su casa, pues se organizaban divinamente, haciendo grandes esfuerzos para atender a todo. Ahora se les pide que manden tareas, que realicen videoconferencias, que contacten con su alumnado, que se coordinen con los demás…, que ayuden a sus hijos e hijas en casa con sus tareas —¿con qué ordenador?—, que atiendan a sus mayores…, que se atiendan ellas…, ¿con qué fuerzas? ¿Cómo lo hacen? 

Otra compañera me decía que su teléfono móvil es de prepago. Tiene los minutos de llamadas que necesita para su día a día. En lo que llevamos de mes ya se los comió, creo que con papas, para contactar con las familias de su alumnado. ¿Qué tiene que hacer ahora?

Cuando un camarero tiene que llevar un uniforme a trabajar, la empresa se lo da. Si te conviertes en miembro del Congreso, este te da un artilugio digital —o dos—, para que puedas trabajar desde casa o jugar con tranquilidad al Candy Crush, en tu puesto y en horario de trabajo. Si un sanitario necesita una mascarilla, o guantes, o visera protectora… ¡Ups! mal ejemplo. Ellos también se buscan, y además arriesgan, la vida. Por eso la mayor parte de nuestros aplausos de la tarde.

Soy como soy y no me importa echarle horas a todo esto. Pongo mi ordenador, mi tablet, mi teléfono, mi wi-fi y lo poco que se informáticamente hablando, al servicio de mi centro, de mis compañeros, de mi alumnado y de sus familias, pero ¿porqué tengo que hacerlo? ¡Vale lo hago!, pero lo lógico es que si una empresa quiere que se haga un trabajo, pone los medios a sus profesionales para que puedan hacerlo.

En defensa de todos diré que reconozco que Noé tuvo tiempo para preparar su Arca, para avisar a todos los que debían subirse. Por el contrario, este confinamiento nos cogió con el pie cambiado, o los pantalones bajados, como prefieras, dejando a la luz muchos problemas, bien conocidos desde hace años, a los que no se les había dado respuesta.

En un esfuerzo titánico nos estamos poniendo las pilas, con o sin recursos, con o sin formación, dinosaurios y maestros de a pie…, lo que me lleva a pensar que saldremos de esta más fortalecidos y con la esperanza de que los que cobran, para dedicarse a eso de la gestión, aprendan algo y empiecen a darse cuenta de quién tiene la culpa de que existan dinosaurios. Para ello nada mas fácil que coger ejemplo de Noé, que no dejó subir a los dos «Icos», o al menos eso dice la canción

Gracias por leerme. 

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»
El reto de la barba.

Una reunión. Dos horas, o casi, de cháchara. Tres amigos reunidos. Cuatro cervezas cada uno… Hay cosas que no cambian, aunque estemos en pleno confinamiento. Bueno sí, una sola, el cónclave es por videollamada. Las tonterías de las que hablan, y las que hacen, suelen ser las mismas que hacían hace algo más de veinte años.

—Venga, ¿a ver quién la tiene más larga?

—¡Qué necesidad!

—Es buen momento. Total nadie nos va a ver.

(Hay que avisar al lector que, cuando cuatro colgados se reúnen en una videollamada, sin nadie más que los observe, y con la confianza de los años, delante de las cámaras puede pasar cualquier cosa.)

—Pues yo ya llevo un par de días sin…, así que estoy con ventaja.

(De fondo se oyen aullidos.)

—Sí, pero…, para la mierda que tienes.

(De fondo se oyen risas.)

….

La historia fue más o menos así. En un momentito, los cuatro tontos se vinieron arriba, probablemente fruto del aburrimiento, no de las cuatro cervezas, y el estúpido reto quedó firmado con un brindis virtual. 

Así que en esas estamos. Con el reto más que aceptado. Esperando a ver quién aguanta más, quién la tiene más larga después de este confinamiento.

Si te digo la verdad hace días que me pica. No tengo por costumbre hacer estás cosas, más bien lo contrario pero, un reto es un reto, y en época de aburriendo, y con las cervezas encima, aquello parecía buena idea. Ahora empiezo a dudarlo, pero aquí me tienes, sin afeitar desde hace ya una semana, esperando a ver quién tiene la barba más larga. 

Como es natural para poder ganar este reto hay que aguantar sin pasarse la maquinilla, así que, ahora mismo, estoy a medio camino entre: Pierce Brosnan, en el rodaje de Spinning man —por lo canositos que asoman los pelos—, Tom Hanks, en el Náufrago —porque empiezo a hablar con Wilson—, y el oso Yogi, ¡hey, hey, hey!

Se de otras personas que ya están retándose para hacerse un mismo tatuaje; ir caminando a la Virgen de no se dónde; organizar una fiesta, de esas que hacen historia… ¿Has pensado en algún reto? ¿A qué me retarías? ¿Cómo llevas tu barba?

Gracias por leerme.

«Breve tratado: Hoy me quedo en chandal»

«Breve tratado: Hoy me quedo en chandal»
El chandal da mucho juego

Lo bueno que tiene esta esquina por la que ahora andas es que, al ser virtual, siempre te puedes dar un paseo para  cotillear y compartir estos pequeños momentos. 

¿Cómo llevas el encierro? Yo, en general muy bien. Aún no me estoy subiendo por las paredes ni tengo ganas locas y desenfrenadas de salir y, como además de teletrabajando, siempre estoy haciendo cosas, que me mantienen ocupado y entretenido, parece que el tiempo pasa más o menos rápido. Esto también puede ser debido a la comodidad con la que me siento. Nunca he pasado tanto tiempo en chandal como en estos estos días. 

Espero no equivocarme si digo que creo que a ti te pasa lo mismo, salvo que seas profe de Educación física. Estos juegan en otra liga, y lo extraño es verlos «vestidos de persona».

Esta prenda, en principio deportiva, tiene una historia curiosa. En este enlace te la dejo, por si te entra curiosidad. Pero un chandal, uno de esos de estar en casa, no es un chandal cualquiera. Mejor dicho, lo que vale es cualquiera, evidentemente con excepciones.

A priori puedo distinguir los siguientes tipos:

  1. Chandal desparejado. Este es el más típico para estar en casa. Da igual el color del pantalón y de su chaqueta. Puede ser de distinto tipo, marca, modelo o forma. Estar desteñido, agujereado, descosido, roto…, todo eso da igual. La única condición, que se cumple en todos los casos, es: el elástico no puede apretar.
  2. Chandal sudadera y pantalón. Aunque también suelen no corresponder, puesto que ambas piezas se compran por separado y de manera independiente, quien lo usa en casa lo hace combinando los colores y, por supuesto, cien por cien algodón, ya que la premisa sigue siendo la comodidad. Es común que la sudadera se cambie por un polar. Con este modelo, `se puede recibir´.
  3. Chandal de marca. De todo hay en la viña del Señor y para estar con comodidad en casa hay quien no lo concibe si no es con un chandal de marca y, por supuesto, bien emparejado. No se puede perder el glamour ni en casa. ¿y si viene alguien? ¿y si te ve el vecindario?…,`¡vamos ni loco!´.
  4. Chandal «me la trae del todo floja». Este modelo es muy difícil de definir. Se parece mucho al primer caso pero, en esta ocasión, el abandono supera la comodidad. El pantalón suele ser de una o dos tallas más, por aquello de que la cruz no apriete los correspondientes `arcos del triunfo´. La chaqueta no solo es de otra marca, año y modelo, incluso suele ser de otra persona u otra época ya pasada. Su uso se defiende bajo la frase `es que con el puesto estoy tan…´.
  5. Chandal tatuado. Este modelo ya no tiene parangón con ningún otro modelo. Es el mismo chandal que te regalaron cuando cumpliste los catorce años y todavía te sirve. Es el que usas desde entonces, el que lo miras poniéndole ojitos y dices `Pues me queda genial´ y `aún no está viejo´. Ya es parte de ti. Lo llevas pegado a tu piel.

Como hago en ocasiones ahora es tu turno de compartir tus pensamientos. ¿Qué chandal usas en casa? Dinos la verdad, desde que empezó esta cuarentena ¿te lo has cambiado alguna vez? ¿Con qué modelo te identificas más? ¿Qué otro modelo propondrías?

Gracias por leerme.

«Con la esperanza de recordarte»

«Con la esperanza de recordarte»
Historia escrita

Aquellas hojas, que ahora volaban hacía un lugar desconocido, eran el fiel reflejo de toda su vida.  Contaban su historia.

Llevaba tiempo acariciándolas, alimentándolas palabra a palabra, mimándolas frase a frase, construyéndolas una a una. Eran su proyecto final. Una pomposa despedida que, sin duda, darían mucho que hablar, pues serían el recuerdo perpetuo de un trabajo bien hecho.

Había pasado muchas horas en vela componiendo cada párrafo, cada recuerdo, antes de que estos se desvanecieran por culpa de la enfermedad que hacía tiempo le rondaba. O por los efectos secundarios de los potentes fármacos que tomaba.

Quería terminar aquel último libro con la narración de un gran amor, una historia inacabada. Pero la poderosa niebla de la enfermedad ya bloqueaba su conciencia. 

Sus hijos siempre le habían recomendado abandonar el páramo, volver a la civilización, donde seguro encontraría el apoyo y la ayuda de los seres queridos.

Él, ermitaño convencido, se había negado. Necesitaba pasar a solas, escribiendo sus memorias, aquella historia en concreto, y cuidando del huerto, aquellos últimos meses que le habían dado antes de… 

Trastabilló de la manera más tonta. Había olvidado atarse los zapatos, aquella nubes grises que se formaban en su mente, le hacían olvidar muchas cosas.

Los folios impresos con toda la historia escrita, volaron por los aires.

El golpe contra la piedra fue sonoro. Se mantuvo un rato consciente en el suelo, impávido, viendo volar las páginas, imaginándolas libres.

Antes de cerrar los ojos para siempre, recordó su aroma, el suave tacto de su piel, la delicadeza de su voz,  su preciosa sonrisa, sus hermosos ojos…, lo que sentía por ella.

Esperanza, esa era la palabra que faltaba para concluir la historia y que ya no encontraría. El nombre selló sus ojos para siempre.

Gracias por leerme.