«Modo tío sufridor activado»

Modo tío activado, pero no soporto los llanto

El modo «tío sufridor» es una aplicación gratuita que he tenido que descargarme recientemente. A modo de resumen te comento que consiste en permitir que tu hermana y cuñado te la metan doblada, haciéndote creer que eres la persona ideal para quedarte con sus hijos de uno y cuatro años, durante un fin de semana, ¡sí!, durante todo un fin de semana (viernes, sábado y domingo), para ellos poderse ir de farra a una boda.

Desde el primer momento tuve que haber sospechado que aquello era un malware. Sobre todo cuando te dicen: «¡Tranquilo!, yo te preparo las cosas, te las meto en mi coche y ya te quedas con él, y de fondo, como de música ambiente, se escucha una suave risa.»

No veas como iba el coche. Parecía un carromato de los que salían rumbo al oeste americano: dos sillas de retención infantil, una sillita de paseo, mochila para transporte a cuestas de niño, bolso de ella, bolso de él —no te cuento lo que llevaban los bolsos porque me quedo sin espacio— , patineta para ella…

Una vez montados en el burro, ¿qué haces? Pues nada, ¡arre burro! Le di al play de la app y todo para delante, que ya saldrá el sol por algún lado. La citada aplicación comenzó entonces su cuenta particular.

Minuto 1: Cuando los niños se dan cuenta de que soy yo el que conduce y que su madre escabulle el bulto, a la sordina, comienza el llanto. ¿Tengo que pasar así 36 kilómetros? —se oyen risas— suerte que están recién salidos del cole, agotados, y que no hayan dormido siesta ayuda. Se duermen.

30 minutos más tarde: Llegamos a casa. Se despiertan. Llanto. El pequeñajo se calla si está en brazos. Amen ¿quieres brazos? ¡toma brazos!, pero no llores. ¡A ver cómo bajo todo esto y no me quedo baldado! Escucho unas risas. 

Esa tarde: Nos vamos de paseo. En el coche llanto. Paseando por la calle se calla. ¡Venga hoy haremos kilómetros! Las risas vuelven a sonar.

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. —Risas? ¿Quién ríe?— Me habían avisado de que el pequeño se despertaba a las 3:00 para tomarse el biberón —que resulta repetir el ciclo: vómito = llanto = brazos = más risas (esto empieza a preocuparme ¿de verdad las escucho?— pero no que la niña tenía el síndrome “mamá te echo de menos y por eso llora a cada hora para recordarlo”.

Sábado: Amanecida. 6:00 y ya en la tele sentado. Llanto, brazos, biberón, brazos, vómito, risas, llanto, brazos, risas, brasos, brazos, brazos… kilómetros, kilómetros… Así todo el día, para qué cansarte. Lo de las risas se vuelve preocupante. ¿Soy el único que las escucha?

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. Las risas siguen. El biberón se adelanta es la 1:00. Vómito = llanto = brazos = más que risas ya es descojono. A las 3:00 se repite todo, no me extraña el pobre no ha comido. Preparo el biberón —vómito = llanto = brazos = más risas ¡Ahora sí!, miro el móvil, creo que la aplicación es la que emite esas risas. ¿Se ríe de mí?— La niña sigue recordando a sus padres a cada hora: las dos, las tres, las cuatro… Las risas van acorde.

Domingo: “Sí mi amor, mamá y papá vienen hoy.” Ahora el que se ríe soy yo. Para evitar los llantos ya lo tengo claro, brazos, brazos, brazos… Los vómitos también los evito, ¡Hoy a dieta! Según Aena el avión llega a las 15:30. A las 15:00 recibo un mensaje de mi hermana: “El vuelo se ha adelantado, cosa rara. Ya estoy en el aeropuerto. Te esperamos.”. Mi respuesta es clara: “Yo también estoy en el Aeropuerto”.

En menos de lo que sale un vómito, entrego niña, niño y pertrechos a sus desconsolados propietarios. Aún no se han montado en el coche cuando nosotros ya estamos en la autopista camino de casa. Esa tarde ninguno de los cuatro dijo uno sola palabra. Silencio total.

A día de hoy, todos somos felices. Me he borrado la aplicación del móvil y tengo una orden judicial que me libera durante, al menos, diez años y un día, de volver a quedarme con mis sobrinos, a no ser que el pago sea sustancioso. Las voces desaparecieron, llegué a la conclusión de que, o era una enfermedad mental transitoria, o mi propia estampa la que se reía de mi y de lo gilipollas que soy. El niño, el pobre que no tiene culpa de nada, fue a su pediatra y de ahí a un especialista y le han diagnosticado una enfermedad celíaca, que decidió debutar en mi casa, por aquello de descojonarse del mundo. A día hoy está en fase de recuperación y los vómitos han remitido.

Gracias por leerme.

PD. Enano, nada de esto importa, te queremos.

«Secando la mojama»

La mojama es una delicatessen culinaria hecha con lomos de atún, en salazón y secada al sol, que bien vale la pena una parada en nuestras ajetreadas vidas para disfrutarla (Aquí tienes alguna receta).

Tras el verano, además de poder degustarla acompañada con un par de cañas, me asombra ver por la calle la cantidad de personas que aprovechando las recomendaciones para la elaboración de tan preciado alimento, o han querido parecerse a él plenamente conscientes o se han disparatado y no saben lo que tienen entre manos.

Yo, que en la playa tiendo a pasar las horas a la sombra de la sombrilla o de los pinos, me asombra ver a esas personas que, como digo, aprovechando que son conocedores del proceso de elaboración de la mojama, exponen al sol sus suculentos lomos, como si de los del atún se tratara, los lavan en las saladas aguas de nuestros mares, a fin de cubrirlos de sal, para posteriormente prensarlos bien contra la suavidad de las toallas tendidas sobre la arena o la tumbona de turno.

Me asombra mucho ver como así, de esa guisa, se pasan no solo horas, sino varios días depende del tamaño de las piezas y de las vacaciones, tostando y secando al sol, sus lomos. Cuando la cosa empieza a oler a chamusquina se vuelven a lavar y vuelta a dejar secar, enviando documentos gráficos (exóticas piernas depiladas o peludas, bellos dedos gordos, exóticos lunares…) por las redes sociales del momento.

Durante este proceso, tanto las piezas de atún como las carnes humanas, cambian de color, pasando del tono natural al rojo, denotando así la pérdida de agua e iniciándose el proceso ue hace que la carne se encoja y arrugue.

Y por ahí van. Caminando con la cabeza alta, aunque no puedan ni pestañear a causa del escozor que les produce su actual estado, mientras otros, desde los privilegiados miradores en los que convertimos las terrazas de los chiringuitos, disfrutamos de un buen aperitivo.

¿Eres de dejarte hacer mojama o de sombrita? ¿Has probado la mojama pregunto por la del atún, mente sucia?

Gracias por leerme.

«¿Quién manosea mis toallas?»

¿Quién es esta toalla?

Lo más sorprendente de decirle a mis amistades y conocidos que en las pasadas vacaciones he estado de crucero es que todo el mundo me pregunta lo mismo «¿Qué animales te hicieron con las toallas?». Así que todo el muno parece conocer que con un par de toallas de baño, o de manos, los incansables tripulantes asignados a los camarotes son capaces de representar una serie de animales, como si de pobladores del arca de Noé se tratara.

Al parecer es una tradición del todo extendida en este tipo de vacaciones, ya que personas que han viajado con distintas navieras relatan el mismo acontecimiento. Por si no lo sabes, la cosa es que, normalmente a tu regreso al camarote tras la cena, el espectáculo, la visita al casino, el paso por el pub y las copas tomadas, sobre tu cama te sorprende la representación de un animal.

El encuentro puede ser bastante guasón. Todos, los adultos primero, nos lanzamos a la caza y captura de la foto del susodicho espécimen antes de que se desarme por completo. Por norma general puedes encontrar todo tipo de animales: cangrejos, elefantes cisnes…, y un largo etcétera que te sorprenderá (si tienes más curiosidad aquí te dejo el enlace a un video de cómo hacer alguno de esos bichos).

Sí, no negaré que es curioso, pero lo que más me sorprende es la aparente amabilidad con la que los asistentes de camarotes, aún con la práctica que tienen por la fuerza de la costumbre, realizan tal adorno, ya que les lleva tiempo e imagino que hartura, sobre todo cuando tienes tantos camarotes que limpiar y ordenar, por la mañana, para volver a preparar para la noche; «perder el tiempo» en hacer esos animalejos, con el fin de caer bien, sorprender al inquilino en cuestión para poder ganarse una propina no debe resultar tan gracioso como nos parece a nosotros encontrarlo.

En fin, que como de todo se aprende, veo que las toallas, además de su parecido con las calculadoras —¿no conoces el chiste de en qué se parecen una calculadora y una toalla?, ¡ups! pincha aquí, pero te aviso que es muy basto—, sirven para más cosas, aunque estas sean entretener a unos míseros cruceristas, que además ya viajan con las propinas pagadas.

¿Has hecho algún crucero? ¿Conocías esto de las toallas? ¿Qué animales te hicieron? ¿Qué te parece esta «tradición»?…

P.D. Las toallas manoseadas no son las mismas con las que te secas. Lo digo para conocimiento de las personas escrupulosas que pasean por esta esquina. :)

Gracias por leerme.

«Un estuche cargado de ilusión»

Estuche

No hace falta que te lo recuerde. Lo sé. Pero no puedo resistirme. Ya casi llevas una semana en el cole y dentro de pocos días llegarán, cargados de energía, entre otras cosas, tus verdaderos compañeros de viaje.

Sé que has cumplido algunas de las recomendaciones que escribí para el verano (puedes repasarlas en este post) pero ahora, que ya tienes la clase limpia y ordenada, empiezas a ver de cerca la cruda realidad, has de plantearte que debes enfrentarte a todo un curso escolar. Para ello nada mejor que cargar tu estuche con los mejores materiales escolares que puedas encontrar:

  1. UNA TIJERA: para poder recortar todos los malos rollos y entrar en clase feliz y contento. En buena medida de eso dependerá tu existencia.

  2. CUADERNO DE NOTAS: donde puedas tener todo registrado. Empiezas a tener una edad en la que más vale tener maña que falta de memoria.

  3. BOLÍGRAFO VERDE: para reforzar lo positivo frente a lo negativo. Si no conoces la “Técnica del bolígrafo verde” puedes consultarla aquí.

  4. ROTULADORES (al menos 24 colores): para llenar la clase de colorido, alegría y entusiasmo, en todas las tareas y proyectos que acometas.

  5. PLASTILINA DE COLORES: que te ayude a modelar confianza.

  6. REGLA: todo tu alumnado es genial. Trátalos iguales, con el mismo rasero.

  7. AFILADOR CON DEPÓSITO: para sacar la mejor punta a todo lo que hagas y no desperdiciar nada.

  8. LÁPICES DE COLORES: para ayudar a colorear la mejor de las sonrisas entre todos los docentes con los que compartes tantas cosas maravillosas.

  9. SOBRES: que abran vías de comunicación con la familia. Son una parte esencial de tu trabajo y sin ellas no puedes existir.

  10. CERAS DE COLORES, PEGAMENTO DE BARRA, BLOC DE MANUALIDADES y BLOC CARTULINAS: Con los que animar a tu alumnado a realizar grandes creaciones llenas de emociones positivas, sueños e ilusión.

La lista continúa. De eso estoy seguro. Ayúdame a hacerlo. ¿De qué me olvidado? ¿Cuál sería tu imprescindible? ¿Qué aportarías? Espero tus respuestas.

FELIZ CURSO 2017/2018.

Gracias por leerme.