«La segunda vida de un disco de vinilo»

Uno de mis vinilos preferidos.

Es increíble como hay días en los que pequeños detalles de la vida, como un viejo disco de vinilo,  regalan una sorpresa, una sonrisa y ofrecen una segunda oportunidad.

Uno de los protagonistas de la serie a la que estamos enganchados —ya comenté hace tiempo algo sobre las series en este post«Suits», un abogado de éxito de Manhattan, luce en su despacho una enorme estantería con una fabulosa colección de discos de vinilo y, como ya te puedes imaginar, mi pequeña colección de discos y la batalla siguiente han salido a relucir. 

Recuerdo perfectamente aquel viaje de fin de curso. Madrid, Toledo, Aranjuez… El típico trayecto que se hacía, a principio de los ochenta, con un grupo de niños y niñas de octavo de E.G.B.

Una de aquellas tardes paseábamos por los grandes almacenes de la capital del reino y allí lo encontré «Joe Coker live», ¡alucina! todo un doble LP que, sin saber muy bien cómo, me enganchó y consiguió que me gastara las dos mil pesetas que llevaba en el bolsillo, para comprarme algo de recuerdo de aquel viaje.

Un comentario de mi hijo hace unos días me dio la idea, así que, la tarde de ayer, me la pasé rebuscando en el trastero hasta encontrarla. 

La vieja caja perfectamente cerrada, tal y como la embalé hace años, estaba allí, guardando aquel precioso tesoro olvidado. La búsqueda vino acompañada por la carrera por conseguir un «tocadiscos», ya que el mío se rompió también hace años y nunca lo arreglé.

Hoy, después de tantos años, esa pequeña colección volverá a cobrar vida, pero ya no en mis manos, sino en las de una de las personas que más quiero en esta vida y que hoy celebra su diecisiete cumpleaños. 

A él le gusta la música, sigue con entusiasmo la serie, le asombra la colección de discos que luce Harvery Specter y creo que le hemos sorprendido con el que espero sea un hermoso principio para una colección con la que darle esa segunda oportunidad que todos nos merecemos y más, los discos de vinilo.

Gracias por leerme y ¡feliz cumpleaños!

PD: ¿Guardas tus discos de vinilo? ¿Los has vuelto a escuchar? ¿Cuál es tu favorito?

«Un día de pesca muy especial»

¿Has ido alguna vez de pesca?

Con los pies a remojo, mientras pescaban, continuaban hablando de sus cosas, a la vez que intercalaban miradas, sonrisas y saludos con los transeúntes que se paraban para observarles con curiosidad. 

Los tímidos peces se acercaban para olisquear el engodo y, poco a poco, irlo mordisqueando. Ellos movían con suavidad sus anzuelos.

—¿Tú estás seguro de que esto se hace así?

—Pero por supuesto, llevo años pescando en río y no puede haber mucha diferencia.

—¿Y porqué la gente nos mira y se ríe?

—Imagino que la envidia debe corroerlos. ¡Ya verás!, ¡no les hagas caso!, debemos mantener la calma para no asustar a los peces. Tu sonríe y que sigan su camino. ¡Pedazo guiso haremos con éstos pequeñines una vez los cojamos a todos!

—Buenos días caballeros —dijo una voz femenina que se les acercó—, soy la encargada del negocio, ¿saben ustedes que esto es un establecimiento de pedicura? 

Gracias por leerme.

«Motivos dudosos de un insomnio»

¿Duermes bien?

Pese a la época del año en la que estaba, Ana aún pasaba frío por las noches. Tapaba su cuerpo no solo con las sábanas «abrigaditas» que tanto le gustaban, sino que además aún mantenía el edredón nórdico y el pijama de franela. Pero no le era suficiente. Le costaba conciliar el sueño y, cuando lo hacía, este solo duraba hasta la media noche, después se desvelaba y comenzaba su periplo nocturno.

En ocasiones veía llegar el amanecer sin volver a pegar ojo. Otras noches, superada por la incomodidad que le proporcionaban sus ronroneantes ideas y la propia cama, se atrevía a levantarse e ir a la cocina, sin hacer ruido para no despertar a su marido, y así calentar, como pócima casera, un vaso de leche con el que recomponer su interior e intentar volver a conciliar el sueño. Este solía ser el mejor remedio, aunque había noches, como aquella, en la que eso no le era suficiente.

Sus ojeras, el cansancio, el mal humor y el rictus de su cara empezaban a trasladarse a su corazón. Apenas hablaba y rara vez sonreía. Había llevado a entrar en un círculo vicioso.

Según había leído, en una de esas revistas que ojeaba en la peluquería, los motivos del insomnio dependían de la hora en la que se producía. Así, podía deberse a distintas causas:

  • De 23:00 a 1:00: Por culpa de una decepción emocional.

  • De 1:00 a 3:00: Relacionado con la ira.

  • De 3:00 a 5:00: Asociado con la tristeza.

  • De 5:00 a 7:00: Por un bloqueo emocional.

Recordó aquellos datos y el nerviosismo se volvió a apoderar de ella, haciéndola dar un giro más en la cama. Debía plantarle cara a aquel insomnio. Quizás su caso fuera de difícil solución, pues su falta de sueño lo sufría a todas horas. Quizás debería pedir ayuda. Quizás debería cambiar de vida. Quizás debería buscar más besos y abrazos, y menos recriminaciones y explicaciones. Quizás su caso fuera de más fácil solución, pues quien podía ayudarle yacía a su lado sin saber lo que le estaba ocurriendo. Quizás solo tenía que hablarle.

Gracias por leerme.

PD: ¿Duermes bien? ¿Cómo lo haces? ¿Qué ronronea tus sueños?

«Un, dos, tres, ¡al agua patos!»

Foto sacada, sin filtros, con móvil.

Acabo de darme cuenta de que no te he narrado la última aventura en la que me he involucrado. He comenzado a nadar. Pero será mejor que empiece por el principio.

Antes de terminar el pasado verano tuve una lesión que me separó de la cancha de padel y del gimnasio. En cuando corría un poco, la cadera me molestaba y no me encontraba con fuerza, ni con ganas de hacer nada. Después del periodo lógico de descanso y recuperación, con fisioterapia, aullidos a la luna y vinoterapia incluidos, llegó el momento de intentar volver a estar en forma.

Aprovechando la reapertura de una piscina cubierta y que mis hijos van a nadar allí, que los horarios son fantásticos y que el Pisuerga pasa por Valladolid, me llené de valor y ¡hala!, ¡al agua patos! (Nota: Yo voy con entrenador pero, por si te animas, aquí te dejo este plan para empezar)

Los primeros días los pasé con más penas que gloria. Llegaba al borde del agua perfectamente pertrechado con mi gorro de flores, mi bañador ajustado, las gafas de nadador último modelo y mucha ilusión. El flotador con forma de pato, las zapatillas, el albornoz, los manguitos y la dignidad, los dejaba por fuera. Ya había hecho el ridículo en esta otra actividad.

Tras algo más de un mes de actividad me encuentro genial. He mejorado bastante y cada día que pasa noto que nado con más ritmo y mejor estilo. El ánimo también ha mejorado, sobre todo cuando mis hijos —nadadores de otro nivel— me premian con comentarios positivos y motivantes del tipo:

—¿Cuánto hiciste hoy?

—Pues creo que cuarenta piscinas —para tu información la susodicha bañera es de 25 m. por lo que nadé un total de mil metros.

—¡Bien papá, bien!, vas mejorando —el comentario viene acompañado por unas palmaditas de ánimo en la espalda y una sonrisita sarcástica en la comisura de los labios, que me hace sospechar—; yo hice cinco mil metros.

No digo lo que pensé porque está feo pero…, él se fue descojonado al coche.

Gracias por leerme.