«Mi indiscreta ventana»

«Mi indiscreta ventana»
¿O era una ventana indiscreta?

Corría el año 1954 cuando el genial Alfred Hitchcock presentaba «La ventana indiscreta», protagonizada, entre otros, por James StewartGrace Kelly

En mi opinión es una obra magnífica, que seguro habrás visto. Si no es así es el momento. A modo de resumen, muy resumido te comento que nos narra la historia de un fotógrafo profesional que está sentado en una silla de ruedas y con una pierna enyesada. Desde este privilegiado mirador espía a los vecinos convirtiéndose en testigo de un asesinato. Para darle un poco de intriga, que al fin y al cabo es lo que más le gustaba al director, solo te adelanto de que es descubierto.

Puedo confesar que hoy me siento un poco así, sentado tras mi ventana, protegido por mis persianas que impiden que ver de fuera para adentro, y observando al vecindario.

Esta ventana es desde la que escribo, desde la que observo sin ser visto, a los vecinos que hacen gimnasia en su salón, a la que toca el acordeón, a la que toma el sol en su balcón en toples, al que canta en la ducha, a todos los que salen a aplaudir, a la que cotillea lo que hacen los que viven en el bajo… O a aquellos hombres de gris, que hace tiempo pasearon mi calle, y que al final no eran lo que parecían ser. Ninguno de ellos, salvo los citados caballeros, o al menos eso creo yo, pueden imaginarse cómo sus vidas están siendo observadas.

En la película, como en la vida misma, la ventana es un interesante símil sobre aquello que queremos ver, aquello que nos gustaría alcanzar…, que se encuentra más allá de nuestro cristal, que a la vez de ser impedimento es protección, y que al final no podemos alcanzar, a no ser que hagamos algo para conseguirlo. 

Debes ver la película. Sin duda es una de las mejores en la que ahora me siento bastante identificado, sobre todo con una de las frases: «Nos hemos convertido en un raza de mirones». Debes observar por la ventana. Desde aquí veo al vecindario. Todos se observan, aunque no lo sepan. Unos se señalan y otros, como yo, callan protegidos por sus persianas. Espero no ver algo que no deba.

Gracias por leerme.

«Volverte a ver»

23 de abril. DÍA DEL LIBRO

«Volverte a ver»
Volverte a ver, ese deseo, acompaña el confinamiento.

Mientras escribía sonaba de fondo, por los altavoces de su ordenador, la inconfundible voz de Juanes y su tema «Volverte a ver»

Las letras del texto que estaba creando poco a poco se fueron fundiendo con las de la música, para viajar más allá de las fronteras que delimitaban su despacho.

«(…) Volverte a ver es todo lo que quiero hacer.

Volverte a ver para poderme reponer.

Porque sin ti mi vida yo no soy feliz.

Porque sin ti mi vida no tiene raíz (…)»

La historia cambió. Comenzó a rememorar las grandes aventuras ya escritas por otros autores; los asombrosos amores vividos por otros protagonistas; los crímenes resueltos por detectives, reales o imaginarios, que cobraban vida en la cálida fusión que formaban la sangre y la tinta con la que fueron descritos…

Escuchar la letra de la canción mientras se escribe es descubrir las ganas por volverte a ver, sentirte cerca aunque no estés, como lo hace la lectura, que acompaña estos momentos convirtiéndose en lo que siempre ha sido un pasaporte para viajar a otros mundos, a otras vidas, a otras historias, a otros mejores momentos de la existencia humana. 

«(…) Ni una razón para vivir.

Lo único que quiero es poder regresar.

Poder todas las balas esquivar y sobrevivir.

Tu amor es mi esperanza y tu mi munición.

Por eso regresar a ti es mi única misión (…)»

Y en esas estamos. Escribiendo encerrado entre los muros, pero viajando más allá de toda frontera posible y en ocasiones también imposible. Deseando que esto pase, pero que tus ganas de leer aumenten y que conserves tus ganas de encontrarnos.

Gracias por leerme. 

«Microrrelatos para escapar de las cuatro paredes»

Pues seguimos en esto de los retos, los desafíos y la realización de distintas actividades para poder ir matando el tiempo que estamos recluidos.

En este caso me he apuntado a uno de escritura de microrelatos que plantea La Esfera Cultural, en su canal de Twitter (@LaEsferaCultural).

Tal y como ellos mismos describen la idea es bastante simple. Bueno eso a primera vista. Te aseguro que escribir un microrrelato en un solo tuit, 280 caracteres —sí, en esa cuenta se incluyen los espacios, las comas, los puntos…—, no es nada fácil, sobre todo teniendo en cuenta que un microrrelato, como cualquier historia, tiene que tener una presentación, nudo y desenlace. Además, este último, para que surta efecto, deber ser del todo imprevisto. No siempre lo consigo.

¿Un ejemplo? 

«— Papá, ¿te acuerdas el cuento de la gallina de los huevos de oro? Dijiste que el granjero la puso en una cama de paja y todos los días le ponía un huevo de oro, pero como el hombre quería más, la mató, la abrió y vio que no tenía mas huevos. Pues este es gallo y yo tengo hambre.»

La organización es sencilla. Cada día publican una imagen y, a partir de ella, hay que inventar su historia. 

Microrrelato publicado el día 11 de abril
Microrrelato publicado el día 11 de abril

Al final de todo eso, los mejores microrrelatos formarán parte de un libro en papel con el que podemos recordar este confinamiento como algo productivo.

Microrrelato publicado el día 10 de abril
Microrrelato publicado el día 10 de abril

Yo agradezco la iniciativa, pues es un buen ejercicio para mantener la mente activa y la imaginación fuera de estas cuatro paredes.

Microrrelato publicado el día 9 de abril
Microrrelato publicado el día 9 de abril

Si te apetece leer alguno más, o todos los que llevo publicados hasta el día de hoy, puedes entrar, participar, apoyar la iniciativa compartiendo… Quizás escriba un microrrelato pensando en ti, porque no sé hasta cuando duraremos de esta manera. Pero mientras me entretenga…

Gracias por leerme.

«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»

«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»
A Noé no solo le faltaron dinosaurios.

Quizás el Arca de Noé tiene cierto parecido a nuestras casas y escuelas durante este confinamiento. 

En estos días que tanto se habla de cómo debe evaluarse al alumnado, o de si es conveniente avanzar o no en el temario, o de si volverán las alegres carreras y el griterío de nuestro alumnado por los pasillos de los colegios, o de si el profesorado está adaptado a la docencia online… —hubo hasta quien se atrevió a nombrar a alguno de ellos como dinosaurio—, se demuestra que, como en el Arca animales, hay gente para todos los gustos y todos los colores. 

Aunque en dicho navío no había ningún dinosaurio, en esta profesión, como en todas, aún queda mucho animal de este tipo. Lo siento, igual no te gusta escucharlo, pero sabes que es cierto, Todos conocemos o hemos compartido curso con algún ejemplar.

Pues como iba diciendo, el foco alumbró ese calificativo, sobre todo por la persona que se atrevió a usarlo y que, aunque creo que tiene razón, parece políticamente incorrecto que le de uso, sobre todo por el puesto que ocupa, desviándose la mirada en otros casos que creo también es conveniente citar.

Estoy muy orgulloso de mi Claustro y de compañeros y compañeras de otros centros. Les dedico parte de mi aplauso de cada tarde a las 19:00 horas. Me consta que se están dejando la piel e invirtiendo mucha energía y horas en esto de intentar mantener a nuestro alumnado activo, pese a las grandes dificultades que nos encontramos, sobradamente conocidas por todos y que no entraré a detallar —la brecha digital, la falta de compromiso, la escasa formación implicación de unas pocas familias…—. Para nada dinosaurios que hacen todo lo que pueden y aún intentan más cosas.

Veo día a día como hay maestros y maestras que además son padres/madres, que nunca han necesitado tener más de un ordenador en su casa, pues se organizaban divinamente, haciendo grandes esfuerzos para atender a todo. Ahora se les pide que manden tareas, que realicen videoconferencias, que contacten con su alumnado, que se coordinen con los demás…, que ayuden a sus hijos e hijas en casa con sus tareas —¿con qué ordenador?—, que atiendan a sus mayores…, que se atiendan ellas…, ¿con qué fuerzas? ¿Cómo lo hacen? 

Otra compañera me decía que su teléfono móvil es de prepago. Tiene los minutos de llamadas que necesita para su día a día. En lo que llevamos de mes ya se los comió, creo que con papas, para contactar con las familias de su alumnado. ¿Qué tiene que hacer ahora?

Cuando un camarero tiene que llevar un uniforme a trabajar, la empresa se lo da. Si te conviertes en miembro del Congreso, este te da un artilugio digital —o dos—, para que puedas trabajar desde casa o jugar con tranquilidad al Candy Crush, en tu puesto y en horario de trabajo. Si un sanitario necesita una mascarilla, o guantes, o visera protectora… ¡Ups! mal ejemplo. Ellos también se buscan, y además arriesgan, la vida. Por eso la mayor parte de nuestros aplausos de la tarde.

Soy como soy y no me importa echarle horas a todo esto. Pongo mi ordenador, mi tablet, mi teléfono, mi wi-fi y lo poco que se informáticamente hablando, al servicio de mi centro, de mis compañeros, de mi alumnado y de sus familias, pero ¿porqué tengo que hacerlo? ¡Vale lo hago!, pero lo lógico es que si una empresa quiere que se haga un trabajo, pone los medios a sus profesionales para que puedan hacerlo.

En defensa de todos diré que reconozco que Noé tuvo tiempo para preparar su Arca, para avisar a todos los que debían subirse. Por el contrario, este confinamiento nos cogió con el pie cambiado, o los pantalones bajados, como prefieras, dejando a la luz muchos problemas, bien conocidos desde hace años, a los que no se les había dado respuesta.

En un esfuerzo titánico nos estamos poniendo las pilas, con o sin recursos, con o sin formación, dinosaurios y maestros de a pie…, lo que me lleva a pensar que saldremos de esta más fortalecidos y con la esperanza de que los que cobran, para dedicarse a eso de la gestión, aprendan algo y empiecen a darse cuenta de quién tiene la culpa de que existan dinosaurios. Para ello nada mas fácil que coger ejemplo de Noé, que no dejó subir a los dos «Icos», o al menos eso dice la canción

Gracias por leerme. 

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»
El reto de la barba.

Una reunión. Dos horas, o casi, de cháchara. Tres amigos reunidos. Cuatro cervezas cada uno… Hay cosas que no cambian, aunque estemos en pleno confinamiento. Bueno sí, una sola, el cónclave es por videollamada. Las tonterías de las que hablan, y las que hacen, suelen ser las mismas que hacían hace algo más de veinte años.

—Venga, ¿a ver quién la tiene más larga?

—¡Qué necesidad!

—Es buen momento. Total nadie nos va a ver.

(Hay que avisar al lector que, cuando cuatro colgados se reúnen en una videollamada, sin nadie más que los observe, y con la confianza de los años, delante de las cámaras puede pasar cualquier cosa.)

—Pues yo ya llevo un par de días sin…, así que estoy con ventaja.

(De fondo se oyen aullidos.)

—Sí, pero…, para la mierda que tienes.

(De fondo se oyen risas.)

….

La historia fue más o menos así. En un momentito, los cuatro tontos se vinieron arriba, probablemente fruto del aburrimiento, no de las cuatro cervezas, y el estúpido reto quedó firmado con un brindis virtual. 

Así que en esas estamos. Con el reto más que aceptado. Esperando a ver quién aguanta más, quién la tiene más larga después de este confinamiento.

Si te digo la verdad hace días que me pica. No tengo por costumbre hacer estás cosas, más bien lo contrario pero, un reto es un reto, y en época de aburriendo, y con las cervezas encima, aquello parecía buena idea. Ahora empiezo a dudarlo, pero aquí me tienes, sin afeitar desde hace ya una semana, esperando a ver quién tiene la barba más larga. 

Como es natural para poder ganar este reto hay que aguantar sin pasarse la maquinilla, así que, ahora mismo, estoy a medio camino entre: Pierce Brosnan, en el rodaje de Spinning man —por lo canositos que asoman los pelos—, Tom Hanks, en el Náufrago —porque empiezo a hablar con Wilson—, y el oso Yogi, ¡hey, hey, hey!

Se de otras personas que ya están retándose para hacerse un mismo tatuaje; ir caminando a la Virgen de no se dónde; organizar una fiesta, de esas que hacen historia… ¿Has pensado en algún reto? ¿A qué me retarías? ¿Cómo llevas tu barba?

Gracias por leerme.