«Con tres palabras»

«Con tres palabras»
Hay gestos o palabras que pueden cambiarlo todo.

Él pensaba que no había momento más especial que aquel. Tres gestos, tres palabras, lo cambiaron todo. 

La tenía a su lado, mirándola profundamente, deseando besarla con pasión. Ella no se lo permitía. 

La conversación era fluida, privada y cómplice siendo estos los factores que hacían que aquellos momentos fueran únicos. 

Ella dio un paso. Estiró su mano derecha para acariciar suavemente la cabeza de él. Mientras lo hacía continuó hablando. El ronroneó como un gato.

De nuevo ella tomó la iniciativa. Lo atrajo hacia su lado hasta lograr situar su boca junto a la oreja.  Sus labios susurraron anhelos, mientras la lengua húmeda le erizaba todo el vello al deslizarse por los pliegues. Él se dejó hacer. 

La mano derecha de la chica continuó empeñada en la caricia perpetua del pelo, mientras, la otra, comenzó un suave recorrido hacia la entrepierna. Ahora sí que el viaje, a lo más profundo del deseo, estaba iniciado. 

Los jadeos de ambos se entremezclaron. La excitación fue en aumento. Las manos del chico, que hasta el momento temblaban al no esperar aquella reacción, comenzaron su propia búsqueda. 

El cuerpo de ella comenzó a dejarse tocar. Las manos de él, ahora algo más firmes, encontraron el suave tacto de la seda que conformaba la ropa interior.

Ella seguía jugando con su lengua y él correspondía de igual manera. Ahora los dos cuerpos palpitaban al unísono, con espasmos que buscaban el placer.

Las manos continuaron su trabajo, soltaron botones, corchetes, eliminaron sedas y camisas… Al fin las dos bocas se encontraron y, por fin, sus lenguas pudieron explorar los cuerpos que hasta ese momento habían quedados vetados por la amenaza de la llegada del amanecer que siempre les devolvía a sus distintas realidades.

La historia estaba ahí, escrita para ella, leída para él, con el claro compromiso del respeto mutuo y de repetirla.

Cuando pudieran, y este ya es otro sueño, sería en un hotel, con cama grande y sábanas blancas y, quien sabe, quizás con algo de champán extra con el que poder engañar momentáneamente las vidas paralelas y la salida del sol.

Gracias por leerme.

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

Una de las mayores ilusiones que recuerdo de cuando era niño, a la hora de empezar el colegio, era el olor a nuevo que tenían los libros de texto. Otra era la posibilidad de estrenar la caja de lápices de colores. Francamente me fascinaba ver todas aquellas puntas perfectamente ordenadas por tonalidades y tan bien afiladas que habían dejado un puntito de su color grabado en el interior de la solapa de la caja.

Los claustros de los colegios, son como esas cajas de lápices de colores. Dentro de ellos hay personas que representan toda la gama de colores y, según sean, aportan. Siempre aportan. Ahí estriba, y se esconde, la gran fuerza de un centro y su verdadero potencial.

Visto así hay que descubrir qué color es cada uno y, en su medida, darles momentos para pintar y completar a todos los demás.

Las personas que representan el rojo, son intensas, captan fácilmente la atención, provocan fuertes sinergias, por lo que también hay que moderarlas.

Aquellas que se asemejan al naranja son las que marcan, en gran medida, la creatividad y el éxito, fijando un punto de equilibrio.

Las que se identifican con el amarillo provocan positivismo y sentimientos de felicidad. Combinan muy fácilmente con los anteriores y, al ser uno de los colores primarios, sirven de puente y conexión entre unas personas y otras.

El verde es generosidad y naturaleza, frescor y armonía. Sin duda darán aliento y energías positivas al grupo.

Los que se acercan al azul son aquellas que dan estabilidad, seguridad y armonía, aspectos todos ellos importantes cuando hay tantas personas en un mismo espacio, con necesidades e inquietudes que pueden ser diferentes, aunque busquen un mismo fin.

Todas las personas que se identifican con el violeta están marcadas por un aura de sabiduría, de espiritualidad, que les ayuda a ser escuchados por los demás dando sentido y estabilidad al grupo.

Necesitamos tener personas en el color blanco, pues con ellas marcaremos el fondo de todo lo que programemos, con bondad y limpieza; al igual que las que señalan el negro como preferido, que darán elegancia y seriedad, complementando así los trabajos.

¿Qué te parece? ¿Puedes identificar a tus compañeros y compañeras de Claustro? ¿Qué color eres tú? Recuerda siempre aportas. Hazlo en positivo.

Gracias por leerme. 

«Tras la fina niebla»

«Tras la fina niebla»
Despejar su niebla es tarea de cada cual-

Los días de verano, al menos en este valle del norte, se levantan con la fina presencia de la niebla que, a modo de sábana, cubre los sueños de todos los lugareños.

El calor que desprende el suelo, la suave brisa de las montañas y el mar, hace que todo el amanecer se vea cubierto de esta delicada capa. Tras ella, a lo lejos, hay una primera luz. 

Los vecinos comienzan a desperezarse. Abren sus ventanas y dan los buenos días a estas funestas mañanas, sabedores que, en apenas un par de cortas horas, el sol calentará el aire. En ese momento el velo que cubre la visión se despejará y las luces comenzarán a desaparecer con la sensación de haber cumplido su trabajo.

Los humanos intentaran superar un día más, algunos con remordimientos, otros buscando esa luz que no llega.

Ahora toca que cada cual supere sus propias nieblas.

Gracias por leerme.

«Volver con la frente marchita»

Una esquina a la que volver
Una esquina a la que volver

No es la primera vez que recurro a una canción para anunciar mi regreso a esta esquina (aquí puedes encontrar otra de ellas). Espero volver a contar con tu compañía y, sobre todo, tus comentarios aquí o en las redes sociales que habitualmente utilizo para hacerte llegar mis escritos.

Para acompasar este regreso he elegido el que me parece el tango más bonito que he escuchado nunca y, por supuesto, de la voz del mas grande en esos cantares, Carlos Gardel (te dejo el enlace por si te apetece hacer como yo y ponerlo de fondo).

«Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron

con sus pálidos reflejos

hondas horas de dolor»

Este regreso viene marcado por, como no, la desinfección de esta esquina. Limpiar cosas de mi cabeza y preparar otras para intentar cumplir con mi compromiso, para conmigo mismo, de publicar unas lineas cada jueves. Y en esas estamos.

«Volver con la frente marchita

las nieves del tiempo platearon mi sien

sentir que es un soplo la vida

que veinte años no es nada.

Que febril la mirada, errante en las sombras

te busca y te nombra

vivir con el alma aferrada.

A un dulce recuerdo

Que lloro otra vez»

Los días de descanso ya quedaron atrás y ahora toca recuperar la rutina, en la medida que podamos. Hacerlo a ritmo de melancólico tango me parece una buena opción y esperar, como dice la canción:

«Pero el viajero que huye

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido, que todo destruye

haya matado mi vieja ilusión

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón»

Esperar a contar contigo, a que me leas, a que me digas ven, a sacar del corazón esa esperanza guardada de recuperarte tras leer estas lineas.

Gracias por leerme.