«Mi propio epitafio»

«Mi propio epitafio»
Escribiendo mi propio epitafio no se si podré descansar en paz.

Hace ya unos días anunciaba, en mi cuenta de Twitter, que me apuntaba en otro de esos curiosos retos que inventa la gente deLa Esfera Cultural

En esta ocasión el juego consistía en escribir mi propio «Epitafio Literario» en este enlace podrás leer las bases del concurso—, en tan solo cincuenta palabras. Este que sigue es el texto que presenté:

«La tierra del camino siempre ha llenado mi mochila y botas de experiencias, oportunidades, vivencias y personas interesantes. 

Ahora, convertido en polvo, espero reunirlas a todas ellas alrededor de un fuego, para contar viejas historias, inventar otras nuevas, cantar y echarnos unas risas. Si hay whisky, del bueno, pues mejor.»

Por lo que parece no fue un buen momento para este «singular» concurso. El jurado decidió declararlo desierto, por la escasez de originales presentados y por considerar que los que, como el mío, sí se habían enviado, no tenían la calidad suficiente.

Te contaré un secreto. Me costó mucho escribir ese pequeño texto. No quedó mal del todo, pero sin duda, es un género, si es que puede considerarse así, bastante complicado. Hay que tener en cuenta que, en unas pocas palabras, hay que resumir toda una vida. 

Una vez más agradezco a La Esfera Cultural el esfuerzo que hacen por estas iniciativas. Espero que en el próximo reto tengan mejor fortuna. Este ya descansa en paz. 

Yo, aprovecho para liberar el texto en esta esquina, ya que, al fin y al cabo, estas actividades me ayudan a mantener la llama de la escritura activa y pasar un rato, cuando menos entretenido, aunque sea leyendo lo que he escrito para mi propia tumba. 

Y ya que estamos…, ¿qué te parece si me cuentas qué dirías en mi entierro? ¿De qué te acordarías? ¿Qué añadirías a ese epitafio?

Espero tu participación.

Gracias por leerme. 

«En diagonales opuestas»

«En diagonales opuestas»
Como piezas de un juego de ajedrez.

Como si de piezas de un juego de ajedrez se trataran, siempre aparecen erguidos, orgullos de su ser. Están colocados justo al lado de la realeza y claro, esto les hace entender que tienen una distinción de las que no gozan el resto de los miembros de la corte. 

Cada vez que tienen una oportunidad se miran en el espejo e intentan distinguirse de los demás con su altiva personalidad. Pero ambos, tanto él como ella, tienen las mismas circunstancias y el mismo problema.

Hace ya mucho tiempo que el Rey, cansado de esas actitudes, de los chismes, cuchicheos y cuentos de la corte, que ambos iban derramando por todas las esquinas, les separó sus vidas eternamente. A su Majestad le importó poco que fueran almas gemelas, que tuvieran movimientos parecidos, que estuvieran enamorados.

Ella sería la dueña del Blanco, mientras él se convertiría el señor del Negro. La condena sería eterna, inapelable.

En cumplimiento de esa sentencia mientras una se mueve, el otro tiene que esperar. No pueden verse, no pueden rozarse, da igual si sus movimientos son rápidos o lentos, distantes o cercanos, sus vidas jamás volverían a cruzarse. Aunque me consta que de reojo, siempre se observan.

Así es la vida de los alfiles, jamás se tocan, pues sus vidas son diagonalmente distintas, en diferentes colores. Como nuestra propia vida hay personas que, sabiendo que están ahí, jamás volvemos a tropezarnos con ellas. Esto es, tanto para la bueno, como para lo malo.

Gracias por leerme. 

«Si tuviera la lámpara de Aladino»

Lámpara maravillosa
Con lo fácil que sería tener una lámpara maravillosa, frotar y pedir un deseo.

Cuando Aladino encontró la lámpara maravillosa consiguió tres deseos. Con ellos quería mejorar su vida. En verdad esto no fue así. Los tres deseos le llevaban a intentar conseguir el amor de la bella hija del Sultán. «¡Qué fácil sería todo con una lámpara de esas!». pensó Alberto mientras se dirigía a los vestuarios de su gimnasio.

Nada más coger su bolso miró el teléfono. No había ningún mensaje. Recordó lo que había escrito. 

A ultima hora de la mañana había mandado un mensaje —un poco como lo hacía Aladino, pero en versión moderna—, en el que describía su deseo y ganas de volver a ver, a aquella chica que lo traía de cabeza. 

En muchas ocasiones se encontraban de casualidad, así que, en esta ocasión, y como hacía ya días que no se veían, intentó ayudar un poco al azar, contándole por dónde iba a estar, la hora a la que terminaba… No recibió un no cerrado, o quizás él no quiso entenderlo así. Toda la tarde la paso deseando que llegara el momento.

Lejos de pensar que la falta de mensaje era que se encontraría solo, en la ducha fantaseaba con que, seguramente, ella lo estaría esperando, para sorprenderlo, apoyada sobre su coche. Muchas eran las películas que había visto en las que esto sucedía así. ¿Porqué no iba a pasarle él?

Mientras caminaba hacía la salida, intentó quitarse aquella estúpida idea de la cabeza. 

Recordaba perfectamente el mensaje que había escrito. Le había dicho que pediría a las estrellas que aquel deseo de verla se le cumpliera esa misma noche.

Antes de atravesar la puerta de salida, volvió a consultar su teléfono móvil. Nada. En el fondo sabía que tras superar aquella puerta seguiría igual, solo, y tendría que marcharse a casa con las ganas de volver a verla. 

La noche despejada le ayudó a ver las estrellas. En su mente recuperó la idea que todo el día le había rondado la cabeza y pensó en la posibilidad de frotar alguna de ellas, tal y como lo haría Aladino, para conseguir su deseo.

Su coche estaba enfrente. Esperó unos minutos. «Igual se le había hecho algo tarde», pensó iluso. Nada. Volvió a mirar el móvil. Nada. Se marchó a casa. 

Desde entonces no sabe nada de ella. Nada. Quizás no deseó con la suficiente fuerza su propio deseo, o quizás eso solo funciones con una lámpara como la de Aladino.

Gracias por leerme.

«¿Una de viajes o una de soñadores?»

«¿Una de viajes o una de soñadores?»
Atrapar sueños. Qué bonito deseo.

No se si es por culpa de esta situación, o es algo que se repite en todos los grupos de amistades, pero, en mi caso, ya viene siendo habitual que cuando la peña se reúne, en torno a una mesa, un par de botellas de vino y las copas para hacer la digestión, solemos terminar, con cierta facilidad, organizando un montón de eventos.

En esa conversación de sobremesa del pasado fin de semana la historia se nos fue un poco de las manos y terminamos haciendo una lista para todo el año entrante. Por lo menos que la ilusión no nos la quiten. 

Así quedó la cosa:

  • Enero: Excursión en barco. Playa de Antequera.
  • Febrero: Ruta en bici.
  • Marzo: Viaje de esqui. Aprovechando la Semana Santa. ¿Austria, Suiza…?
  • Abril: Fin de semana en La Gomera. Toca ir de pateo.
  • Mayo: Fin de semana en hotel, todo incluido.
  • Junio: Volvemos a montar en Kayak.
  • Julio: Subida al Teide.
  • Agosto: Viaje a Navarra. Multiaventura y ruta gastronómica. 
  • Septiembre: La graciosa, que muchos no hemos estado y hay ganas de sol.
  • Octubre: Ruta del vino Ribera del Duero. Solo adultos.
  • Noviembre: Curso de cata de vino, como ya hemos probado lo bueno…
  • Diciembre: Madrid, por aquello de ver la iluminación navideña, las compras…

¡Menudo planazo! Seguro que te da envidia. Ya te digo que no hay nada como sentarse en torno a una mesa, con un buen grupo de gente soñadora y con ganas de disfrutar de la vida. Ya veremos qué logramos hacer, pero por soñar…

Venga es tu turno. Ya sabes que interactuar en las redes sociales ayuda a que esto se mueva un poco. ¿Eres de esas personas que cada vez que se reúnen proponen grandes aventuras? ¿Dónde te irías de viaje? ¿A dónde vendrías conmigo? ¿Te atreves a lanzarme una propuesta? Igual la acepto.

Gracias por leerme.