«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

A la fecha en la que estamos ya he decidido convertirme en un aprendiz de agricultor e imitar las artes y labores que por esta época hay que acometer.

En aquellos pagos en los que se cultiva cereal, durante todo el verano se cuida del campo. Los agricultores quitan, a mano, una a una, las malas hierbas; observan hojas y brotes, para evitar plagas, enfermedades…; y, como no, adoran al sol, que les dará el calor que sus plantas y cultivos necesitan para crecer y madurar sanos y fuertes, a fin de que todo transcurra convenientemente, durante este periodo estival, para que en septiembre se pueda dar comienzo a una nueva época de cosecha.

Como te decía, y en contra de lo que pueda pensar o hacer la mismísima señora Cifuentes, yo necesito tomarme unas vacaciones y dedicar mi tiempo a las labores, citadas anteriormente, de mantenimiento y cuidado de esta finca. Imagino que tú también necesitas descansar de mis desvaríos y locuras, aunque sin duda tu solución tiene mas fácil remedio. Yo me he encabezonado a seguir con este página y salga el sol por donde salga, lo seguiré intentando, hasta que me canse o se me ocurra alguna otra idiotez en la que invertir las noches de los jueves.

Me marcho hasta septiembre. Te dejo con la promesa de traer nuevas historias, algunos proyectos y muchas ganas volver a verte pasear y detenerte un rato en esta esquina.

¿Planes de verano? Como ya te medio conté en este post, entre mis tareas para el verano, ya tengo varias actividades decididas que, sin duda, serán una buena fuente de alimentación para esta surtida esquina. Otros planes menos importantes simplemente dejaré que surjan y espero que muchos, atractivos y divertidos, me vayan sorprendiendo por el camino.

Lo dicho, disfruta mucho tú también y nos vemos el 7 de septiembre, que es el primer jueves del mes, al que acudiré sin falta a nuestra cita. XOXOXOX

GRACIAS POR LEERME.

«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

Este pasado fin de semana, por fin, tuve tiempo para empezar a organizar lo que será una de mis aficiones para cuando me jubile.

Llámame loco. No pasa nada, ya sé que lo estoy. Seguro que dirás que soy un exagerado y que aún me queda mucho tiempo, tampoco pasa nada, pero es que estoy convencido de que los buenos planes hay que irlos construyendo con tiempo y cariño.

Tengo una gran lista de cosas que hacer en mi tiempo libre (montañismo, escribir, hacer deporte…, las otras locuras que ya conoces) y lo que quiero es irlas perfeccionándolas y organizándolas poco a poco para que, cuando llegue el momento, tenga tiempo para todo y no se me quede ningún sueño por cumplir. Así que, ¿por qué no empezar ahora?

Si me conoces lo suficiente, y si no te voy a revelar uno de mis secretos, soy un fanático de los Playmóbil, aunque no llego a rozar es estatus de friki. Sí, de esos maravillosos y pequeños muñequitos semiarticulados que rememoran profesiones, deportes, momentos de la historia… De hecho llevo siempre uno colgado en mi mochila, ¿no te habías dado cuenta?

Me crié con ellos, solo jugaba con ellos. Tenía cientos y como me gustan mucho, cuando fui padre seguí comprando alguno más para mis hijos. Ahora que ya ellos se hacen mayores las cajas se están apilando en una esquina llenándose de polvo.

Unido a todo ello, hace un par de meses, mi madre, que como todas las madres es casi perfecta, sabedora de mi devoción, descubrió en casa una bolsa que guardaba, como quien atesora una reliquia familiar, una bolsa con algunos de ellos. Cuando abrí aquel empaque mis ojos se pusieron como platos y a mí volvieron recuerdos de la infancia, momentos de luchas y batallas vividas con aquellos pequeños esbirros. Todos recuerdos y momentos muy felices. En ese momento decidí cual iba a ser el futuro de esos pequeños supervivientes.

Por fin tengo la vitrina y por fin, e empezado a limpiarlos, armarlos y colocarlos en el lugar de honor que, por historia y cariño, les corresponde en mi salón.

Por ahora será solo una colección discreta de los mejores, los más originales, los que encuentre de colección, los que pueda ir tuneando, pero, en un futuro no muy lejano, cuando me jubile, se convertirán en auténticos dioramas que representen momentos de la historia…

Ahora, cuando me siento en el sofá y miro para aquella esquina, mi cara se ilumina, me sonrío yo solo. El niño que está atrapado en el reflejo de esa vitrina disfruta de lo que ve y, con ese sentimiento, mi camino del día a día se hace más feliz y agradable. Hoy toca compartirlo contigo.

Gracias por leerme

«Los docentes y sus tareas de verano»

Lista de tareas veraniegas para docentes.

Ahora que los docentes han —ahora mismo no puedo incluirme entre ellos— terminado el curso escolar 2016/2017, quiero en estas líneas reivindicar la gran labor que hacen mis compañeras y compañeros de profesión.

Son muchos los que dedican gran esfuerzo en dar lo mejor de sí, son muchas las que pierden horas de sueño para preparar clases innovadoras y atrayentes para su alumnado, son muchos los que se desviven por solucionar los conflictos que surgen en las aulas, son muchas las que colaboran con las familias para que los niños y niñas, que habitan sus aulas, sean felices… Todos estos docentes se merecen una buena lista de tareas para este verano, rememorando aquellas que envío un profesor italiano a su alumnado, hace ya algún tiempo, y que deberían ser de obligado cumplimiento:

1. Levántate sonriéndole a la vida, toma algo y sal a dar una caminata (en mi caso del despacho al bar, a la cafetería, a los grandes almacenes…). El aire fresco y el ejercicio reactiva las neuronas. Te ayudará a ser feliz.

2. Estudia algo. Esta profesión es vocacional y está cambiando rápidamente, no podemos seguir siendo profesionales manteniendo estilos propios del SXIX. Tenemos que actualizarnos, renovar nuestra manera de dar clase. Utiliza para ello todas las opciones que las redes sociales (estoy enganchado al Twitter, Facebook, Instagram, Flipboard…) nos facilita. ¡Verás qué cosas tan increíbles hacen en otras escuelas, institutos…, e incluso en nuestro propio centro!

3.- Sal de tu casa. Organiza todas las excursiones, visitas y viajes que puedas (jejeje en esto sí que tengo un grado). A nuestro alrededor, no hace falta irnos muy lejos, hay lugares mágicos que merecen ser conocidos.

4. Lee tanto como puedas. El verano tiene mucho tiempo y da para todo. Dedícale un rato a vivir aventuras y sueños entre las letras escritas por otros (la pila en mi mesita de noche se tambalea de libros en cola), para que tu mente y alma se llene de nuevas vivencias.

5.- Sal con tus amigos y amigas. Con los nuevos, con los de siempre y con los de antes. Dedícale un poco de tu tiempo a ponerte y ponerlos al día y así vivirás momentos felices rodeado de la gente interesante, no interesada, que te quiere por lo que eres.

6.- Ríe, baila, canta y disfruta. No tengas vergüenza (¿Cuidado que te escucho, ¿sinvergüenza yo? ¡que va!). El verano puede ser muy divertido y está lleno de oportunidades para pasarlo bien.

7.- Haz una locura (o dos). Por pequeña que sea. Una de esas cosas que siempre has pensado que no podrías hacer (cambiar el color del pelo, raparte, tirarte en parapente, una fiesta loca, escalada…). ¡Llegó el momento!

8.- Evita las cosas, situaciones y personas que no te gusten, y, por el contrario, busca cosas agradables (las rebajas es buen momento), situaciones estimulantes (quizás una aventura) y la compañía de otras personas (o solo, que a veces es mejor que estar mal acompañado)

9.- Escribe. Quizás es buen momento para empezar a plasmar por escrito, aunque sea como terapia (ya te he comentado lo que me ahorro en psicoterapia con este blog), todos esos sentimientos maravillosos, nuevas ideas y preguntas sin respuestas que agitan tu corazón y tu mente.

10.- Sueña con un nuevo curso. Tenemos una gran profesión que nos llena y nos hace felices, plantéate y programa nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas locuras que hacer (¿me dejas que te cuente un secreto? Ya estoy pensando en regresar a mi aula). Crea una actitud positiva y mantén vivo el entusiasmo por nuestra vocación.

¿Qué te parecen estas tareas? ¿Las harías? ¿Propondrías alguna otra? ¿Te atreverías a compartir conmigo alguna de ellas?

Gracias por leerme

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

Llega un momento en el que, aunque no queramos, tenemos que hacer la revisión completa, tanto de los bajos como de los interiores.

La idea de este post me la dio una amiga —no voy a decir quién, puesto que no le he perdido permiso para hacerlo y seguro que le colapso la página de visitas con tanto «culichichi» que pasa por esta esquina— que hace unos días colgó en facebook una foto suya, justo delante de la ITV a la que lleva su coche. Como pie de la imagen había puesto algo así como «esperando la revisión» y yo le bromeé con la «revisión de los bajos», refiriéndome a los del coche claro, pero jugando un poquito para activar las mentes sucias —las de los demás, la mía no, ¡que vaaaaa! (jejeje)— que nos rodean.

Pues bien, notando a nivel personal, ciertos temblores, ruidos y malestares, sobre todo en los bajos, decidí que no podía retrasarlo más y hacer lo propio. Así que el lunes tocó pasar por revisión y comprobar el estado de las piezas fundamentales, sobre todo pensando en la cantidad de kilómetros que tengo aún por recorrer y así poder hacerlos en las mejores condiciones de seguridad.

Tras la anamnesis inicial, el especialista llegó a la conclusión de que, con los dos discos dañados no voy a ir muy lejos. Así que toca cambiarlos. Vamos lo que se dice pasar por el aro para que el mecánico sustituya unos por otros. De la misma manera, las pastillas que descansan sobre ellos también debían ser sustituidas por otras nuevas, y, como a esta gente le gusta mucho el «poyaqueestamos», tras meter bien la mano en las partes bajas, descubren que hay reemplazar las dos delanteras.

Total, que la broma me salió por unos cuatrocientos euracos y eso que el taller es de confianza, el coche seminuevo y yo iba recomendado. El día que vaya al urólogo, espero que no pase lo mismo, que también es amigo. ¿O habías pensado otra cosa?

Gracias por leerme.

«Breve tratado sobre las personas tóxicas»

Admito haber descubierto el concepto «Personas tóxicas» de pura casualidad —ya lo afirmaba el maestro Yoda: «Desequilibrio un, en la fuerza tendrás»—, tras una experiencia personal en la que no me quise ver envuelto y de la que aún estoy intentando zafarme. Suerte que tengo este blog, y a ti al otro lado, para contar mis cuitas y descargar, a modo de catarsis, mis sentimientos, vivencias…

Como soy muy curioso por naturaleza —a veces entrometido— me ha dado por investigar un poco más sobre este término así que, por si fuera de tu interés, hoy te traigo este pequeño análisis que, a modo de resumen, viene a descifrar el concepto. Espero que puedas aportar algo más.

Se entiende por «Persona tóxica» aquella que utiliza sus relaciones interpersonales, y por lo tanto su entorno más cercano (pareja, familia, amistades…) para alimentar su propio ego a base de provocar en el otro desgaste, intimidación, cosificación, culpa, ningunéo…

Por lo que he estado leyendo —y seguro que las expertas en psicología que me siguen podrán corregirme si estoy equivocado— todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, podemos usar alguno de esos rasgos. ¡Caray!, somos humanos, cometemos errores y tenemos defectos. No hablo de eso. Me refiero a aquellas personas que habitualmente se comportan de esta manera, que ahora detallo, para su propio beneficio.

En su defensa diré que es común que muchas de esas personas no se reconozcan como tales y, por lo tanto, no sean capaces de corregir esos comportamientos.

En psiquiatría y psicología (ver DSM), las personas tóxicas son aquellas que pueden ser incluidas en los perfiles narcisistas —ya me corregirán, de nuevo, las expertas, si mantengo mi error—, ya que entre sus características y rasgos de personalidad se ve con claridad que:

  1. Tienen sentimientos de grandeza y prepotencia. Exageran sus logros y talentos. Todo lo saben.
  2. Creen que son especiales y únicas, por lo que intentan relacionarse con otras personas especiales o de alto estatus.
  3. Demuestran una permanente necesidad de admiración.
  4. Buscan privilegios y tratamientos favorables.
  5. Explotan las relaciones interpersonales, se aprovechan de los demás para sus fines.
  6. Carecen de empatía.
  7. Con frecuencia envidian a los demás o creen que éstos sienten envidia de él.
  8. Muestran comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Siempre hemos compartido espacio con personas tóxicas. Algunas las soportamos y a otras no. Todo dependerá del daño que nos hagan. Para identificarlas lo más común es que usemos otros calificativos que seguro que reconocerás más fácilmente e incluso que los asociarás a alguna persona de tu entorno, ya que todos conocemos alguna persona que sea…

  1. Envidiosa: Aquel al que le angustian los logros de los demás y lo único que le calma es descalificar. No se alegra ni comparte los éxitos de las personas de su entorno.
  2. Criticona: Normalmente personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás.
  3. Manipuladora: Utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema.
  4. Infeliz: Su modo de pensar y ser les impide vivir en paz, en armonía con los demás y su alrededor.

Tras llegar aquí comprenderás que las personas tóxicas son como «vampiros emocionales» que te chupan la energía. Para estas personas tú no eres más que una herramienta que utilizarán mientras les seas útil. Después buscarán otro «huésped» al que pegarse como un parásito.

Sin que te des cuenta, una persona tóxica se apropiará y aislará de tu entorno, se adueñará de tu autonomía, decidirá por ti, cambiará tu personalidad. Te fagocitará.

Permíteme un consejo: si te identificas, si te encuentras con personas así en tu entorno ¡¡¡HUYE!!! Igual yo soy una de ellas.

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«En memoria de Don Juan Goytisolo»

En memoria

Solo puedo escribir en su memoria, pues reconozco que mis hábitos lectores nunca me han llevado a cruzar sus letras con mis entendederas, que son más bien escasas. Como siempre he hecho en los momentos en los que uno de los considerados grandes cultivadores de letras son llevados a publicar relatos en otras latitudes no palpables en esta dimensión, jugaré con algunos de los títulos de sus obras para intentar escribir algo, que tenga pies y cabeza, con lo que lograr invitarte, a conocer como ahora lo haré yo, la gran obra que, Don Juan Goytisolo, nos deja como legado:

«Entre aquellos “Juegos de manos” comenzó el “Duelo en el paraíso” mientras que en “El circo” se comenzaban las grandes “Fiestas” que llevaban a la población a pasar, de aquella manera, “La resaca” necesaria “Para vivir aquí” en “La isla”.

El evento, como siempre, lo organizaba Doña María, conocida como “La Chanca”, que siempre imponía el “Fin de Fiesta” para todos aquellos que no mostrarán sus “Señas de identidad” como “Reivindicación del conde don Julián”.

En esas estaban cuando ocurrió que “Juan sin Tierra”, junto a su amiga “Makbara”, enseñara los “Paisajes después de la batalla” y “Las virtudes del pájaro solitario” a “La cuarentena” de personas que formaban parte de “La saga de los Marx”.

Estaban todos preparados en “El sitio de los sitios” esperando a que pasaran “Las semanas del jardín” cuando la “Carajicomedia” que siempre montaba “Don Julián” hizo que el “Telón de boca” que tejían “Los hombres cigüeña” enseñaran el “Tríptico del mal: Señas de identidad; Don Julián; Juan sin tierra” y las otras “Novelas” a todos los asistentes.

Parecía mentira pero con esa sencillez con la que sucedieron los hechos, la “Profecía, asedios y apocalipsis” hicieron que “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” terminará con la “Trilogía de Álvaro Mendiola” y cerrar, por fin, “El erial y sus islas”, volviendo, para siempre, al fondo de las letras moribundas.»

He decidido empezar a leer “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” por culpa de este artículo de El País. ¿Me acompañas?

Gracias por leerme. Gracias por dejarnos sus letras.

«Prostituirnos para vender. Una curiosidad del ser escritor»

Presentación de ANCOR en la Carpa Rafael Arozarena

Hay escritores, yo el primero, que necesitamos prostituirnos y aposentar nuestro cuerpo, colocándolo a la venta en las esquinas de las casetas, y otros, como Fernando Aramburu, que lo hacen de otra manera, al haber vendido más de 300.000 ejemplares de su obra «Patria», y que ya no necesitan demostrar nada a nadie. Su fantástica escritura habla por él.

Como bien sabes estos días he estado paseando, y prostituyendo, mi cuerpo, mente y alma por la XXIX FERIA DEL LIBRO DE SANTA CRUZ, gracias a la genial organización y gestión de DIEGO PUN EDICIONES y a la participación de las librerías colaboradoras (Agapea, Barco de papel, El Cándil e Ifara). Estoy muy contento. «Ancor» se está vendiendo muy bien y todas las personas que lo han leído nos manifiestan sus felicitaciones.

Lo que más me ha sorprendido de esta feria, y de alguna otra a la que también he asistido, es que en cada caseta había un autor o autora, a la caza del lector despistado, y claro, cada uno se vende como puede.

Muy simpático el que acude a esta cita vestido con bermudas, chaqueta y corbata, portando un casco de obra cubriendo su testa y que no se quitaba ni para descansar.

Guapísima la escritora de literatura romántica, que protegía la blanca y delicada piel de su rostro con una gran pamela color rojo bermellón.

Algo borde el compañero al que le molestó compartir mesa con nosotros y levantó su campamento en busca de mejores lindes.

Siempre simpática, activa e inigualable la gran Ana González Duque de la que siempre hay algo que aprender.

Extraño el que se acercó para intentar colocar su texto erótico, aún no nato, y del que iba mostrando una copia encuadernada en anillas por todas las casetas.

Infantil aquella que iba llamando a todo bicho viviente menor de 12 años para colocarle un sello en la mano y contarle la vida de su animal protagonista.

(…)

¡Qué gran esfuerzo han hecho! Sinceramente espero y deseo que les vaya muy bien en este difícil camino.

Como verás, hay escritores y escritoras para todos los gustos. Basta con abrir un poco los ojos y mirar a nuestro alrededor para recoger datos y ponerse a escribir.

Pedirles perdón a todos los que he nombrado y no he identificado. Con mis prisas y mis cosas solo los observé de lejos y no me quedé ni con sus nombres ni con los títulos de sus obras. Ya lo haré.

A Fernando Aramburu felicitarlo por su libro, su genialidad y su buen estar. ¡Siga así! Sin duda ya es una referencia para los que estamos tragando el polvo del camino.

A tí, que ahora me lees, gracias por compartir estos momentos conmigo, pero necesito un poco de tu ayuda: ¿Viste o conoces a alguno de los escritores que te he comentado? ¿Sabrías decirnos sus nombres o los títulos de sus obras, para así salvar mi falta de conocimiento y detalle? ¿Qué te parece su estrategia de ventas? ¿Me recomiendas alguna?

Gracias por leerme.

«Historia de una donación de sangre»

Tocó donar sangre

Desde hace mucho tiempo la donación de sangre me parece un tema realmente apasionante. Me sorprende que aún, en la época en la que vivimos, muchos de nosotros nos resistimos, quizás por ignorancia o quizás por miedo —nos imaginamos vampiros hambrientos, gladiadores bañándose en ella para coger fuerza, antaños tratamientos con sanguijuelas para liberar males…—, a pasar por el banco de sangre para permitir que nos saquen ese medio litro del rojo elemento, que tanto puede ayudar a salvar a otra persona.

El pasado martes me tocó. Hacía un par de meses que me habían rechazado, por estar terminando un proceso gripal, y lo había dejado pendiente, pero en esta ocasión no me dejaron escapar.

Los pasos a seguir son sencillos, pero sujetos a ciertos condicionantes que te recomiendo que tengas en cuenta:

  1. La amabilidad del personal. En general se puede decir que todas las personas que trabajan ahí son muy agradables. Ella lo era tanto que llegué a pensar que me tiraba los tejos: me sonreía, me ponía la mano en el hombro y la dejaba deslizarse… Pero no, al rato te das cuenta de que se lo hace a todos, es así de cariñosa. No te vengas arriba.
  2. Rellenar el cuestionario. En principio parecen preguntas sencillas, como para cubrir el expediente y recabar información básica. Según lo que pongas te descartarán o pasarás al siguiente nivel, como si del Tetris se tratara. Ojo, hay alguna pregunta trampa y otras para inteligentes. Alguna dejé en blanco.
  3. La entrevista. Tras la sonrisa y la invitación a cerrar la puerta e indicarme de que podía tomar asiento, la enfermera ojeó el cuestionario, abrió sus grandes pestañas y atacó directa a la yugular:
    —¿Mantiene usted relaciones sexuales periódicas? —Algún mundo tragué. Esto no me lo esperaba. Ahora sí tengo claro de que me tira los tejos.
    —¡Bueno mujer! —respondí amablemente y colocando mi sonrisa picarona—, ¿qué tal si primero me invitas a tomar una copa o a un «dancing» o a…? —Se descojonó.
  4. El humor. Es fundamental no perderlo nunca. Para eso es importante ir desayunado. Ella se ve que esta acostumbrada ya que tras reponerse, intentó seguir con el tema, pero no la dejé, e hice mis propias preguntas:
    —Necesito que me diga, para usted, que son relaciones sexuales periódicas: ¿Una vez a la semana? —pufffff.— ¿Al mes? —jejeje ¡ojalá!— ¿Al año? —parece que no nos parecemos mucho.
  5. La extracción. Ahora es cuando viene lo bueno. (Nota aclaratoria: para leer lo siguiente necesito que pongas voz tipo Chiquito de la Calzada) ¡Llega la tía y «zaca eze peazo de abuja»! (Nota aclaratoria: ya puedes dejar de poner esa estúpida voz)… y todavía me dice que esté tranquilo, que no es nada. Que se ve que tengo buenas venas. Y venga a bombear sangre.
  6. La recuperación. Tras sacar la cantidad de garrafón y medio de sangre, aproximadamente, parece que no tengo mareos ni nada parecido, pero la miro con ojos de cordero degollado y le digo:
    —¿Si me mareo me puedes dar la mano?
    Ella vuelve a partirse la caja de risa. Me larga un zumo de melocotón en la mano, así, a lo bruto, y antes de salir por la puerta me mira y dice:
    —Mira que eres bandido. Me has alegrado el último día de trabajo, mañana me jubilo. Te llego a coger con cuarenta años menos y…

Bromas y aventuras aparte, cuéntame: ¿Eres donante? ¿Cómo vives tú la donación? ¿Eres de los que no se atreve? Permíteme que insista en que lo hagas. Es un gesto, que no nos cuesta nada y que ayudará a mucha gente. Más info en la web del Instituto Canario de Hemodonación.

P.D.: El famoso bocadillo de choped ni lo olí, imagino que es porque así gano puntos para la próxima que me lo darán de tortilla o de pollo con todo. Sí me tomé un zumo de melocotón, a cuenta de la sangre. ¡Menudo cambio!, pero al menos he bajado de peso.

Gracias por leerme.

«El vestido ideal para una ocasión especial»

El día era especial y se había despertado como mandan los cánones, lloviendo. Se miró al espejo impaciente y noto como algo le revoloteaba dentro de su estómago. Estaba muy nerviosa.

Se acercó al vestidor y dejó hacer. Por fin tenía compañía y se les veía muy dispuestos a ayudarla para enfundarse en aquella vestimenta.

El traje era auténtico, seguro que de los más caros del mercado. Ideal para la ocasión. Lo miró de reojo admirando lo blanco y radiante que aparentaba. Por su posición no puedo contemplarlo bien, pero parecía tener adornos que colgaban por los lados y en la parte posterior. Al parecer, por los comentarios que oía del personal, le quedaba perfecto.

Estaba tan nerviosa que no podía ver la cola. Siempre había soñado con lucir una cola larga y llena de pedrerías. Sabía que allí estaba, y que aquellos que la rodeaban, con esos intensos tirones que le daban, se estaban encargando de ajustar y colocar todo en su sitio. Iba a estar radiante. Eso seguro. Deseaba que terminaran y poder mirarse en el espejo, pero debía esperar para estar perfecta.

Alguien dijo que el coche había llegado. Era el momento.

Quizás por culpa de los nervios o por lo apretada que se notaba no podía mover sus manos. Las sentía como ajustadas a su cuerpo. Ellos la empujaban. La llevaban casi en volandas.

Al pasar frente el espejo, la imagen devuelta no era la esperada. Gritó.

—¡Nooooooooooooooo!¡Yo no estoy locaaaaaaaaaaaaaaaa!

Gracias por leerme.