«De cacería»

Los centros escolares son lugares increíbles donde, en ocasiones, suceden acontecimientos insospechados.
Anteayer estábamos reunidos en mi despacho cuando mi interlocutora observa que algo extraño ocurre en Educación Infantil: había un señor, alto, flaco, con ojos desorbitados y porteador de un palo largo, cual lanza quijotesca, asomado a la puerta de una de las aulas.
Rápidamente nos personamos en el lugar. La imagen no tenía desperdicio. El señor de la lanza había entrado. Ahora se encontraba a escasos dos metros míos, vigilaba la esquina de la entrada, justo a mi izquierda. El alumnado, veinticinco churumbeles, y una maestra, sentados, cual balsa de salvación, sobre los otrora pupitres.
Detrás de mi se acercaban más hombres y más palos. Una vez analizado la situación dirijo mi vista hacia la palera. Tras ella, agazapada, temerosa… ¡una rata!, ¡la leche!, ¡un pedazo de roedor!
Entendiendo que no era yo el líder adecuado para aquella situación solicito al expectante público y la aguerrida maestra que no abandonen su posición. Retrocedo para ponerme a cubierto y cedo el mando a los jardineros, que ya en número de cuatro habían tomado posiciones para abatir a tan infame enemigo.
Tras la señal de ataque, dos o tres golpes bastaron para que «la susodicha» falleciera en el patio. Uno de los valientes, guante en mano, la asió por la cola y la izó victorioso. ¡Con un par más de ellas hacemos una barbacoa! –afirmó−. Los demás lo festejaron.
Al entrar al aula, el alumnado y la profe, seguían en su lugar, pálidos y desencajados. Una broma, un aplauso y un breve obituario bastaron para hacer cambiar el color de sus caras, la sonrisa a sus labios y volver a la normalidad.
El bicho terminó sin estudios, en la basura, tiesa. RIP.

8 comentarios en “«De cacería»

  1. ¿Qué te queda por pasar?, las tuyas son de cuatro patas y cola, las mías vienen con traje de etiqueta y oliendo a mil perfumes…

    ¡Anónimo, totááá!

  2. LYDIA: Pues juntos hemos pasado una buena tanda de aventuras.

    SANDRA: y espero que nos falte mucho por pasar.

    MYRIAM: uffff si las paredes o las sillas hablaran…

    ANÓNIMO TOTÁÁÁ: pues creo que prefiero las mias.

    CUÑI: Nos puedes contar las tuyas con las arañas jajaja

  3. Tenía que haber imaginado que lo ibas a contar, aunque la verdad es que la cosa es para contarla. K pena no haber tenido el iphone a mano pa inmortalizar el momento, pero me pilló demasiado lejos de la mesa en la que estaba subida esperando a que aquella gente sacara la rata de mi clase. Besitosssss Cati

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