«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»

«El Arca de Noé y los dinosaurios escolares»
A Noé no solo le faltaron dinosaurios.

Quizás el Arca de Noé tiene cierto parecido a nuestras casas y escuelas durante este confinamiento. 

En estos días que tanto se habla de cómo debe evaluarse al alumnado, o de si es conveniente avanzar o no en el temario, o de si volverán las alegres carreras y el griterío de nuestro alumnado por los pasillos de los colegios, o de si el profesorado está adaptado a la docencia online… —hubo hasta quien se atrevió a nombrar a alguno de ellos como dinosaurio—, se demuestra que, como en el Arca animales, hay gente para todos los gustos y todos los colores. 

Aunque en dicho navío no había ningún dinosaurio, en esta profesión, como en todas, aún queda mucho animal de este tipo. Lo siento, igual no te gusta escucharlo, pero sabes que es cierto, Todos conocemos o hemos compartido curso con algún ejemplar.

Pues como iba diciendo, el foco alumbró ese calificativo, sobre todo por la persona que se atrevió a usarlo y que, aunque creo que tiene razón, parece políticamente incorrecto que le de uso, sobre todo por el puesto que ocupa, desviándose la mirada en otros casos que creo también es conveniente citar.

Estoy muy orgulloso de mi Claustro y de compañeros y compañeras de otros centros. Les dedico parte de mi aplauso de cada tarde a las 19:00 horas. Me consta que se están dejando la piel e invirtiendo mucha energía y horas en esto de intentar mantener a nuestro alumnado activo, pese a las grandes dificultades que nos encontramos, sobradamente conocidas por todos y que no entraré a detallar —la brecha digital, la falta de compromiso, la escasa formación implicación de unas pocas familias…—. Para nada dinosaurios que hacen todo lo que pueden y aún intentan más cosas.

Veo día a día como hay maestros y maestras que además son padres/madres, que nunca han necesitado tener más de un ordenador en su casa, pues se organizaban divinamente, haciendo grandes esfuerzos para atender a todo. Ahora se les pide que manden tareas, que realicen videoconferencias, que contacten con su alumnado, que se coordinen con los demás…, que ayuden a sus hijos e hijas en casa con sus tareas —¿con qué ordenador?—, que atiendan a sus mayores…, que se atiendan ellas…, ¿con qué fuerzas? ¿Cómo lo hacen? 

Otra compañera me decía que su teléfono móvil es de prepago. Tiene los minutos de llamadas que necesita para su día a día. En lo que llevamos de mes ya se los comió, creo que con papas, para contactar con las familias de su alumnado. ¿Qué tiene que hacer ahora?

Cuando un camarero tiene que llevar un uniforme a trabajar, la empresa se lo da. Si te conviertes en miembro del Congreso, este te da un artilugio digital —o dos—, para que puedas trabajar desde casa o jugar con tranquilidad al Candy Crush, en tu puesto y en horario de trabajo. Si un sanitario necesita una mascarilla, o guantes, o visera protectora… ¡Ups! mal ejemplo. Ellos también se buscan, y además arriesgan, la vida. Por eso la mayor parte de nuestros aplausos de la tarde.

Soy como soy y no me importa echarle horas a todo esto. Pongo mi ordenador, mi tablet, mi teléfono, mi wi-fi y lo poco que se informáticamente hablando, al servicio de mi centro, de mis compañeros, de mi alumnado y de sus familias, pero ¿porqué tengo que hacerlo? ¡Vale lo hago!, pero lo lógico es que si una empresa quiere que se haga un trabajo, pone los medios a sus profesionales para que puedan hacerlo.

En defensa de todos diré que reconozco que Noé tuvo tiempo para preparar su Arca, para avisar a todos los que debían subirse. Por el contrario, este confinamiento nos cogió con el pie cambiado, o los pantalones bajados, como prefieras, dejando a la luz muchos problemas, bien conocidos desde hace años, a los que no se les había dado respuesta.

En un esfuerzo titánico nos estamos poniendo las pilas, con o sin recursos, con o sin formación, dinosaurios y maestros de a pie…, lo que me lleva a pensar que saldremos de esta más fortalecidos y con la esperanza de que los que cobran, para dedicarse a eso de la gestión, aprendan algo y empiecen a darse cuenta de quién tiene la culpa de que existan dinosaurios. Para ello nada mas fácil que coger ejemplo de Noé, que no dejó subir a los dos «Icos», o al menos eso dice la canción

Gracias por leerme. 

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