«El caballito de mar»

«El caballito de mar»
Escondido, solo para tus ojos está el caballito de mar.

Me gusta surfear las olas. Hace que me sienta libre. Sentir el calor del sol sobre los hombros mientras los pies permanecen fríos, son un binomio de sensaciones que no a todas las personas nos gusta sentir.

Tú te relajas en la arena, leyendo, escuchando música, sobre la ajada toalla que siempre llevamos en el coche. No importa el tiempo que haga. Disfrutas de la tranquilidad de la tarde, del calor del sol o del fresco de la tarde, mientras a mi me dejas cabalgar sobre la espuma blanca. Tu caballito de mar me llamas.

Ya hace frío. El gemelo derecho empieza a darme avisos de que es hora de retirarme, si no quiero sufrir uno de esos dolorosos calambres que tanto perjudican dentro del agua.

Desde la distancia del mar te miro. Andas paseando en la playa. Me buscas de soslayo. Imagino que también tienes ganas de marcharte. No hay tiempo que perder, yo también tengo ganas de ir a buscarte. Sin esperarlo viene una serie perfecta para dejar un buen sabor de boca y cerrar el día. Cabalgo esa última ola que me llevará hasta tu lado.

Me esperas como lo haces siempre, con la toalla abierta y tus brazos dispuestos para recibirme con un fuerte apretón que me recompensa del esfuerzo hecho. Eres genial. Tu cuerpo hace que vuelva a sentir el calor dentro de mi. Una vez más susurras con sumo cariño ese apodo que me has puesto “mi caballito de mar”, mientras retiras mi melena para ayudarme a quitar el traje de neopreno. 

En tu muñeca veo el tatoo que nos une. Como siempre, espero a que tus manos me sequen y tu dedo busque el roce de mi tatuaje, escondido bajo mi bikini. Ese que solo ves tú.

Gracias por leerme. 

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