«El conejo»

─¡Tachán! ─Gritó tras sacar con su mano derecha lo que llevaba escondido en la chistera.
La actitud de los presentes le desarmó. Los niños miraban extrañados. Algunos padres reían a carcajadas y, sobre todo las abuelas, tapaban los ojos a los más pequeños, mientras gritaban improperios.
Con mucho sigilo volteó su cabeza para poder dirigir una mirada al conejo recién salido. ¡Oh mi god! ¡Se había equivocado! 
Tras la necesidad de antes de la actuación, metió la muñeca hinchable en el sombrero en vez del animal.
Su credibilidad se fue entre los flashes de la prensa. Pero… ¿Dónde está el conejo?

4 comentarios en “«El conejo»

  1. Seguro que el conejo se fue al bareto de la esquina, harto de que la muñeca se la pegase con el mago… y… entre el humo de un cigarro que no es cigarro y el vapor de unos rones… casi que trasnochados…, decidió irse a hacer las Américas… ¡o igual no! que se vino a Esquinzo a vender hamacas y hacerse unos eurillos… ¡en fin!, no me enrollo más…

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