«En el cuarto trastero»

«En el cuarto trastero»
Hay esquinas que guardan secretos.

Sabía que ella había acudido a una reunión, así que hice lo posible para poder coincidir en la escalera. Tras el abrazo inicial, y dado que no paraba de pasar gente que nos interrumpía con saludos, comentarios…, le ofrecí que me siguiera para que pudiéramos hablar más tranquilamente. 

En un primer momento nos arrimamos a la pared, alejados del paso de la gente y, en cuanto vi que ya no venía nadie, saqué la llave del trastero, que llevaba preparada en el bolsillo, y la incité a seguirme sin que otros ojos nos vieran. Ella no lo pensó y me siguió. 

—Pero bueno, ¡¿dónde me has traído?! —dijo mostrando una falsa extrañeza.

—A nuestro trastero, como podrás ver un lugar encantador —comenté levantando las manos para presentar el espacio—. ¿No querías que habláramos con tranquilidad?

—Sí, pero ¿y si viene alguien?

Con la típica sonrisa picarona que suelo poner, pasé el cerrojo interior de la puerta y mostré el llavero. Contesté a su comentario. 

—Esta es la única llave que está al alcance del personal. Nadie puede entrar. 

Ella sonrió y me dio la espalda. 

Con paso lento recorrió el habitáculo paseando las yemas de sus dedos sobre la gran mesa que tenemos colocada en el centro de la habitación. No tardó en girarse y tentarme.

—Así que aquí estaremos tranquilos. 

—Claro —contesté mientras empecé a recorrer los escasos tres pasos que nos separaban—. Ya te digo que nadie puede entrar. 

Me senté sobre la mesa mientras la miraba. Ella volvió a alejarse y se acercó a la ventana. La abrió ligeramente

—¿Hace mucho calor o me lo parece? —dijo mientras volvía hacia mi posición manteniendo su mirada. 

—Creo que la temperatura está aumentando —contesté asiéndola por la cintura y atrayéndola.

—Entonces queríamos estar a solas para… —susurró sobre mi lado izquierdo mientras acariciaba  mi pelo y su lengua recorría el lóbulo de mi oreja.

No lo pensé. La besé con todas las ganas que llevaba acumulada mientras le desprendía aquel traje.

Gracias por leerme.

Un pensamiento en “«En el cuarto trastero»

  1. Recuerdo que en mi casa no había trasteros y de los únicos lugares apartados que había, la única poseedora de la tal llave era mamá. Posibilidades cero.
    Nunca me encontré con la suerte de una muchachita en tales alrededores.
    ¡Qué suerte tienen algunos, mardito roedó!

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