«Un aplauso a la superación»

Hay historias y sentimientos que hacen falta que alguien nos los enseñen.

(NOTA ACLARATORIA: El presente texto es presentado al Concurso historias de superación”, que con motivo de la celebración, del Día Mundial contra el Cáncer, el día 4 de febrero, es organizado por Iberdrola España, S.A.U. “@Iberdrola”, en colaboración con la página web www.zendalibros.com@zendalibros”. Por medio del presente, si el texto fuera elegido como ganador o finalista de dicho concurso, me comprometo a donar el importe económico del premio, a la “Asociación Niños con cáncer Pequeño Valiente” (@APUPeqValiente ‏). Creo que tus “Me gusta”, “Comentarios”, “tweets”,“retuits” y “…”, ayudarán. Puedes hacerlo usando el hashtag #historiasdesuperación).

Habían pasado muchas semanas desde que su padre no iba al colegio a recogerlo. Verlo aquella tarde allí, sin esperarlo, apoyado contra al muro, hablando con el resto de familiares, fue una grata sorpresa para él.

Salió corriendo para abrazarlo, sin mirar atrás, sin escuchar los comentarios de sus compañeros. Su madre, lo contuvo para que no se abalanzara a lo loco sobre él y lo quebrará. Acababan de darle el alta en el hospital y aún estaba muy débil.

A la mañana siguiente, más sonriente que nunca, Carlos entró por el patio del colegio. No entendía muy bien lo que pasaba, pero el resto de sus compañeros de clase, lo miraban y señalaban. Comenzaron a hacerle burlas.

—¡¿Qué pasa palillo?! —le dijo uno.

—¡Hola calvorotas! —saludó otro.

—Si viene un viento, seguro que tu padre sale volando —indicó un tercero.

Aquellas palabras eran cortantes. Se metían con él utilizando la profunda huella que la larga enfermedad había dejado en su padre. Cuando lo comprendió, salió corriendo hasta refugiarse en el cuarto de baño.

Uno de los profesores lo vio todo. Acudió en su ayuda y se sentó, para hablar con él, al otro lado de la cerrada puerta del servicio de chicos.

—¿Sabes que mi padre también pasó por la misma enfermedad que el tuyo? —le dijo para poder empezar a levantarle el ánimo—. Los niños son muy crueles. También lo fueron conmigo, Pero lo que en realidad pasa es que no saben lo que ocurre. Hablar de ello te ayudará y, lo que es más importante, ayudará a tu padre —aquellas palabras hizo que Carlos se sorprendiera— ¡Sal!, ya verás, te tengo una sorpresa.

El timbre que daba comienzo a las clases sonó en ese preciso instante y, sin saber muy bien porqué, Carlos hizo caso al docente que, ofreciéndole su mano, lo acompañó hasta el pequeño salón de actos del colegio.

Allí estaban reunidos todos sus compañeros y profesorado. No sabía qué estaba pasando, pues nadie se lo había dicho, pero su padre destacaba, con su reluciente y brillante calva —como a él le gustaba calificarla—, fruto de los efectos de la quimioterápia, presidiendo la mesa situada en lo alto del escenario.

La luz ya estaba apagada. Nadie lo vio entrar. Se sentó donde el profesor le dijo.

La charla duró cerca de una hora. Su padre narró cómo fue el proceso de su enfermedad desde que se le detectó, acompañando su exposición con infinidad de fotos.

El silencio reinante en la sala era abrumador. Carlos observaba las caras. Muchos lloraban, otros no podían ni pestañear, algunos mantenían la boca abierta sin poder tragar saliva.

Cuando terminó el salón parecía un erial. Todos los presentes mantenían el silencio. Ninguno se atrevía a moverse. El solitario aplauso de uno de los asistentes rompió el mutismo reinante en la sala. Pronto se le unió otro, y otro…, hasta que todos se pusieron en pie ofreciendo su reconocimiento con una gran ovación.

El maestro, que en todo momento había permanecido al lado de Carlos, lo empujó para que acudiera al lado de su padre. Sus compañeros, al verlo subir las escaleras al escenario, volvieron a estallar alentándolo entre vítores y piropos. Nunca más volvería a bajar la cabeza.

Gracias por leerme.

«Una historia sin adjetivos»

(NOTA ACLARATORIA: El presente relato corresponde a la semana número 4 de los «52 retos de escritura para el 2018» planteado por LITERUP, que puedes seguir en las redes sociales con el #52RetosLiterup. En este caso la condición que debe cumplir el texto es: «Crea un relato sin adjetivos.» Podrás leer el resto de los relatos que he escrito si pinchas aquí).

La palabras son como las personas, necesitan: nacer, crecer, nutrirse, relacionarse, reproducirse y morir. Se parecen tanto a nosotros que, de la misma manera, las hay de todo tipo: sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios…

Hace tiempo me tropecé con una de ellas. Era un adjetivo, sin género ni número. Eso sí que la diferencia de la humanidad.

Yo iba a la compra y ella paseaba, como buscando algo. Me explicó que se había perdido, pues su función principal en esta vida era la de acompañar al sustantivo para denotar sus cualidades, propiedades y relaciones de diversa naturaleza,. No encontraba a ninguno con el que formar pareja. Esto también la asemeja a la humanidad.

Me compadecí de ella, así que la metí en mi mochila y la he traído a casa. No molesta. Apenas hace ruido y no ensucia. La tengo colocada sobre una estantería de mi despacho, apoyada contra el diccionario y un par de libros de escritura que consulto habitualmente.

Desde allí, mientras escribo, ella me mira y, aún sabiendo que no está cumpliendo con su verdadera función, sonríe, ya que sabe que me hace compañía. Yo, a ratos, le hablo y le recuerdo que abusar de su uso no es adecuado y que, tarde o temprano, encontraremos su sustantivo, a la que la uniré para siempre, hasta que, como la humanidad, pueda morir en paz.

Gracias por leerme.

«En el día de Reyes»

Hay fechas muy señaladas. El 5 de enero es una de ellas.

Para Mario, igual que para otros muchos, el cinco de enero es el día más especial del año. No solo por ser la Noche de Reyes, sino porque también es el aniversario de la muerte de su padre.

Cada año, regresa al sitio del accidente y recuerda, casi a la perfección, lo que ocurrió aquel día.

Con añoranza rememora como, el niño que era entonces, se había quedado en casa con su madre, mientras su padre iba al supermercado. Eso le habían dicho. Esperaba ansioso su retorno, con el aliento pegado al cristal, pues sabía que, nada más llegar él, irían a ver la Cabalgata de los Reyes Magos.

De lejos lo vio acercarse con paso ligero, cargado de bolsas, apurado como siempre iba. No miró al cruzar y, Mario, testigo tras el cristal, contempló como una furgoneta lo arroyó.

Cree que chilló, no está seguro, pero sabe que sin demora salió corriendo escaleras abajo y pudo compartir con su padre sus últimas palabras.

—No te preocupes cariño —recuerda que le dijo el moribundo—, algún día, los Reyes Magos, te traerán ese soldado de plomo tan especial que pediste en tu carta.

Treinta años después, como cada año, Mario vuelve, a la misma hora en la que ocurrió aquello, a la misma esquina de su antiguo barrio. Cumple con su tradición.

A su espalda, un brillo, en una tienda de cosas de segunda mano, llama su atención. Cuando se acerca y mira por el escaparate. Una mezcla de sentimientos y recuerdos bombardean su cabeza al reflejar su imagen en el cristal. Acaba de verse de niño, arrodillado frente a su padre; las cajas, paquetes, regalos…, todo tirado por el suelo; su madre llorando abalanzándose sobre su marido muerto, los vecinos… En un suspiro vuelve en sí.

Sin motivo alguno entra en la tienda y va directo a la estantería de la que parecía provenir el brillo. Bajo un espejo descubre una pequeña caja de madera. La recuerda, aquella tarde estaba tirada a los pies de su padre.

Nada más abrirla descubre un amarillento y bien doblado papel, que, como si de una manta se tratara, da cobijo a una réplica en plomo del General Custer.

No logra entenderlo. Esa era su carta a los Reyes Magos y aquel su regalo más preciado. Por fin, su padre, cumplió la palabra dada y la magia de la noche de reyes vuelve a repetirse.

Gracias por leerme.

«Verdades divinas»

Hay charlas con el Supremo que, quizás, es mejor no tener.

(Semana 1. «52 retos de escritura para el 2018» #52RetosLiterup)

Dios me puso en el paraíso y me acompañó de Eva. Nunca he tenido muy claro las razones de esto. Quizás no quería verme solo; quizás asombrado de lo bien que me hizo, quiso repetir su éxito; quizás fue para darme más sabiduría; quizás…

—¿Qué andas farfullando Adán?

—Hola Dios, no sabía que podías escuchar mis pensamientos.

—Hijo mío, yo lo lo puedo todo, aunque a veces Adán, a veces pienso que… Bueno, dime.

—¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Por qué hiciste a Eva tan agradable?

— Es evidente, para que te sintieras a gusto a su lado.

—¿Porqué la hiciste tan habladora?

—Para que sus palabras te hicieran compañía.

—Y, y…y, ¿por qué la hiciste tan sexy?

—Es evidente Adán, para que te enamoraras de ella.

—Dios, ¿Por qué parece tan tonta?

—¡Parece tonta dice!, ¡parece tonta!, ¡ja, ja, ja! ya te enterarás ya, ¡ja, ja, ja!…

—Dios no te marches, ¿Dios?, ¿Dios? ¿Porque ríes de esa manera? ¡Me estás asustando! ¡Diossssssssss!

Gracias por leerme.

«Como una puñetera cabra»

Como una puñetera cabra. Lo sé.

Semana 0 #52RetosLiterup

Siempre me lo has dicho, ¡estás como una puñetera cabra!, lo sé. en esta ocasión ya te estoy dando la razón.

Resulta que con esto del año nuevo me he venido arriba y he decidido apuntarme al reto literario «52 retos literarios para el 2018», que proponen los de LITERUP. A partir de ahora cada martes tendrás una nueva entrada en el blog. Ni que decir tiene que tus comentarios, «likes», «RT» y… son de agradecer.

La cosa va mas o menos así: Ellos proponen 52 temas o condiciones que cada semana debe cumplir el texto así que cada uno de ellos deberá cumplirlo. Además deberán estar identificados con el #52RetosLiterup.

Este post lo utilizaré a modo de índice —por eso aparece como semana 0—, colocando al lado de cada una de las propuestas semanales, un enlace para que puedas acceder a todos ellos sin necesidad de volverte tan majareta como yo.

Condiciones de los textos:

1. El argumento de tu relato es tu chiste preferido. (Aquí lo tienes)
2. ¿Recuerdas tu peor noche? Cuéntala desde el final hasta el principio.(Aquí lo tienes)
3. Piensa en tu libro favorito e imagina un fanfic, pero con animales. (Aquí lo tienes)
4. Crea un relato sin adjetivos. (Aquí lo tienes)
5. Te toca escribir un relato de fantasía épica. (Aquí lo tienes)
6. Vete a tu diario (papel o digital) favorito y busca una noticia rara. Escribe el relato como si fueras uno de los protagonistas.
7. Haz un relato ASMR para que tu lector se relaje leyéndolo. Suelen desarrollarse en entornos naturales, con cuentas atrás, descripciones muy detalladas y mucha sinestesia. Si estás un poco en blanco te recomiendo que entres en algún canal de ASMR como el de Luna Cántor para entender qué es.
8. Desarrolla un relato en el frente, en la Primera Guerra Mundial en concreto.
9. Tienes prohibido utilizar la palabra “locura” (y cualquiera de su familia). Tu relato se desarrollará en un manicomio.
10. Describe una pesadilla que hayas tenido, pero en tercera persona. Y sin expresar sentimientos. Ah, se me olvidaba: es de terror.
11. Esta semana tienes tema libre pero sin descripciones: solo diálogo (y acotaciones).
12. Esta semana toca un relato con una canción o poema como tema central de tu texto.
13. Alguien le deja anónimos a un profesor de primaria. Aparece el cadáver de un niño en el patio. Narra qué ha pasado.
14. Tu texto empieza con “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” dicho a un policía.
15. Escribe un relato en que tres personajes mitológicos (no importa la cultura) son los protagonistas.
16. ¿Cuál es el personaje que más odias de la literatura? Narra una cita con él/ella en la que acabas muy enamorado/a.
17. Busca “objeto” en Google Imágenes. La penúltima foto te presentará al protagonista de tu relato.
18. Imagina pasar un día con la persona a la que más admiras del mundo.
19. Piensa en tu personaje de la infancia favorito (Anastasia, Ariel, Vaca y Pollo..) y haz que haya cometido un asesinato. Describe cómo ha llegado a matar.
20. Un relato que acabe con “Yo por mi hija MA-TO”.
21. Te damos una frase como punto de partida y lo demás lo añades tú:”¿¡Qué hay en la caja!?”
22. Un/a anciano/a tiene que rescatar a su nieto y solamente puede contactar con el secuestrador con un iPad. Nárralo en clave de humor.
23. Ponte un poco escatológico y cuenta un nacimiento.
24. Te han secuestrado y eres ciego. Tienes una hora para salir o estás muerto.
25. Piensa en tus tres novelas favoritas. Coge al protagonista de la uno y la dos y crea una historia con ellos en el universo de la tres.
26. ¿Qué pasaría si un dictador de tu elección fuera en realidad el bueno? Intenta ofrecer un relato irónico (por favor) sobre cómo se defendería ante el mundo.
27. Abre un diccionario (o un libro común en su defecto) y la primera palabra que te aparezca será el arma de Chèjov de tu relato.
28. Un relato que comienza en clave romántica, pero desde el punto de vista de un/a maltratador/a. Empieza “engañando” al lector y ve poco a poco creando esa atmósfera de acoso.
29. Mata al chico. Literal o figuradamente, mata a esa figura infantil que habita cerca de ti, Jon Nieve.
30. Enhorabuena, esta semana el tema es libre, pero sin utilizar una sola vez la “e”.
31. Escribe una escena de sexo, pero narrada por un mirón.
32. Un relato en que aparezcan las siguientes palabras: longevo, galeón, Whatsapp y uña.
33. Mata (en el papel) al profesor que más odiaste en tu vida estudiantil.
34. Tu protagonista tiene que ser una guerrera.
35. Imagina que eres un personaje histórico relevante y describe el día de tu muerte con su filosofía.
36. El aclamado apocalipsis zombi ha llegado. ¿A quién salvarás: tu madre, tu pareja o tu mascota? Solo puede quedar vivo uno.
37. Un asesino anda suelto por tu ciudad y tienes que ayudar a la policía a atraparle.
38. ¿Sabes lo que es la sinestesia? En tu texto tendrás que describir cambiando los receptores de los sentidos.
39. Pon la oreja en una conversación en la calle. Escríbela en forma de relato llenando los huecos.
40. Escribe en primera persona del plural en presente de indicativo un relato con tres tristes tigres como protagonistas. Puedes empezar con “Nosotros comemos trigo en un trigal…”
41. Lo siento, pero vas a tener que acabar un relato con “un sueño de Resines“.
42. Escribe el relato de una persona invisible que se cuela en su lugar favorito del mundo.
43. Toca un relato en clave de thriller redactado en segunda persona.
44. Escribe La Odisea, pero con un perro de protagonista. O cualquier otro animal, escoge sin miedo. Total, es tu cuento.
45. ¿Qué pasaría si uno de tus padres matase al otro? Escríbelo en futuro.
46. Imagina que fuera el último día de tu vida. Comienza en clave de humor, pero tienes que acabar provocando una lagrimita.
47. Relato de tema libre pero descriptivo, sin un solo diálogo.
48. Tu texto es el día a día de una persona atrapada en el cuerpo de otra. Lo sabe desde hace años y lo asume como algo normal, pero no olvida su vida de antes. Puedes darle un tono filosófico, psicológico, de terror, fantasía…, como quieras.
49. Para esta semana toca un cuento de piratas.
50. ¿Sabes lo que es la prosa poética? Pues será tu forma de narrar esta semana.
51. Reescribe el final de la última película que has visto.
52. Has matado a alguien y tienes que deshacerte del cadáver la noche del 31 de diciembre.

Como ves la oferta es muuuuuuuy variada. La locura en la que me veré envuelto está servida. Esta noche comienzo. Vamos a ver qué pasa.

¿Seré capaz de cumplir el reto? ¿Estaré a la altura de las circunstancias o me he meado fuera del tiesto? ¿Apoyarás esta locura mía?

Gracias por leerme.

 

 

 

«¡Oh capitán!, ¡mi capitán!»

Foto sacada con mi móvil a principio s de mes en SETUBAL-Portugal.

«¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!,
nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos…»

Entre los versos de Walt Whitman se esconde la escena del capitán que tras superar grandes problemas, es traído por su hijo a su tierra para morir.

Este viejo marino que en la foto canta feliz en nuestra compañía me recordó ese poema tan famoso por la escena final de la película «El club de los poetas muertos».

Nuestro amigo, escondido tras el cristal de las empañadas copas de cerveza y ron, que sin orden ni mesura mezcla y alterna, esconde su talento en una potente garganta que, por culpa de los excesos, ahora se le anuda en torno a la lengua, impidiéndole casi el habla.

En los momentos en los que nuestras voces e instrumentos ganan el silencio, él grita a los siete vientos los nombres de mares y puertos que ha visitado, los nombres de barcos que hacía tiempo pilotaba, o el de las mujeres que había deshonrado y el de las cicatrices que en su cuerpo había bautizado.

Según parece su vida está unida a la vieja piratería, al contrabando y el trapicheo. Una historia llena de aventuras vividas en ultramar, entre las antiguas colonias y que ahora, en un vago intento de ahogar sus recuerdos en el alcohol, estos le salen a relucir, pues saben nadar.

Las viejas trovas que cantamos le hacen llorar y emocionarse, hasta que en un momento, acompañado del fiel escudero, que a ritmo de pandereta celebra sus gritos y hazañas, se pone en pie sobre la mesa iniciando el recitado del célebre poema, cual reclamo de honores, anunciando así su retirada a la espera de tiempos mejores.

Foto sacada con mi móvil a principio s de mes en SETUBAL-Portugal.

«¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las campanas;
 levántate —por ti la enseña ondea— por ti suena el clarín;
por ti son las guirnaldas y festones —por ti se apiñan gentes en la orilla;
por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa.»

Gracias por leerme.

«Sueños y deseos por cumplir»

Editada desde mi móvil

Aunque parecía increíble, y llevaba tiempo trabajando en aquella biblioteca, Óscar veía por primera vez aquel libro. Había limpiado y ordenado varias veces la estantería «Libros extraordinarios» pero no recordaba haber visto jamás aquel ejemplar.

De duras y grandes tapas marrones se le notaba el tiempo de existencia, por lo ajado y sucio que lucía su cuerpo. Era imposible que él no lo hubiera visto antes. Oscar estaba convencido de que alguien lo había puesto allí, adrede, para que pudiera ser encontrado.

Lo asió con cuidado, pues era pesado y aparentaba delicado, llevándolo a su mesa de trabajo. Con un paño limpió de polvo la cubierta. Un magnífico grabado acabado en pintura de oro y azul imperial, adornaba las letras del título: «Sueños y deseos por cumplir».

No pudo evitar las ganas de abrirlo. El primer folio, marcado por la humedad del paso del tiempo, liberó un aroma hasta ahora nunca percibido en otro libro. Entonces se percató del extraño sonido que empezaba a llegar a sus oídos. Al pasar la segunda página una explosión de color inundó la sala. Se liberaron infinidad de sueños que, con cuerpo de mariposas de colores, significaban cada uno de los deseos que Óscar tenía atrapados en su ser. El libro estaba en blanco, pero él sabía que había encontrado permiso para escribir su propia historia.

Laura, observándolo escondida tras la sombra de una de las estanterías, sonrió y le mandó un beso volado que él nunca supo que había recibido.

Gracias por leerme

«Otra historia para “El flautista de Hamelín”»

Sacada desde mi móvil en la Calle Castillo.

¿Recuerdas la historia de «El flautista de Hamelín»?: “Cuentan que hace mucho tiempo, había un hermoso pueblo llamado Hamelín, en el que sus habitantes vivían muy felices. Un día sucedió algo muy extraño, todas las calles fueron invadidas por miles de ratones que iban arrasando con toda la comida. Ante la gravedad de la situación, los gobernantes de la ciudad, convocaron al Consejo y ofrecieron cien monedas de oro a quien nos libre de aquella plaga de ratones.

El joven se ofreció a ayudarles. Armado con su flauta mágica empezó a pasear por las calles haciendo sonar una hermosa melodía que parecía encantar a los ratones. Los ratones empezaron a salir de sus escondrijos para seguirle. El flautista se alejó de la ciudad hasta llegar a un río, donde todos los ratones perecieron ahogados...”.

El otro día paseaba por Santa Cruz cuando el sonido de una flauta me atrajo hacia ella cual ratón. El resto de los ratones, ahora convertidos en caminantes atareados en sus gestiones, sus móviles, sus prisas y sus agobios, parecían no escuchar aquella música. Todos seguían de largo. Yo, en cambio, tenía tiempo para parar cinco minutos y observar.

El personaje realmente tocaba mal aquel instrumento, pero el esfuerzo que estaba haciendo para intentar sacar unos euros, era realmente poderoso. Sus ropas, su pelo y la suciedad que lo rodeaba tampoco le ayudaba demasiado en su recolecta. Hasta que un grupo de niños, atraídos por la música, pararon para deleitarse.

El grupo de padres y madres que los acompañaba, quince o veinte metros más atrás, distraídos con sus charlas y bromas, al llegar a la altura del flautista, les alentaron para continuar la marcha. Los niños y niñas solicitaron monedas para lanzar sobre la pequeña manta que presidía el suelo, a modo de alfombrilla de entrada al hogar. Los adultos aportaron el canon. Los niños dicharacheros depositaron las más que probables pequeñas cantidades en el lugar indicado. El hombre agradeció el gesto.

El grupo continuó su camino y yo quedé con la foto para mi INSTAGRAM y la entrada para este blog, mientras pensaba que la historia de Hamelín fue otra, aunque le podemos encontrar cierto parecido y distinto final.

Gracias por leerme.

«El hombre de las nieves»

Entre los misterios y leyendas que se oyen en las montañas, es sabida la que narra la existencia de un bípedo gigante conocido, entre otros nombres, por el de «El hombre de las nieves».

Según viajes a un sitio u a otro, el misterioso ser recibe diferentes denominaciones: Yeti, Bigfoot, abominable hombre de las nieves…

Como bien sabes —y si no lo haces ahora— estos pasados carnavales los pasé, como suelo hacer en los últimos diecitantos años, en la nieve.

El otro día, perdido por esas montañas penínsulares, estaba esperando en el punto de reunión, a que llegara la monitora de la pequeña de la casa cuando mi hija me hace fijarme en el ser que se aproximaba hacia nosotros. Me llamó mucho la atención. Su presencia me hizo asemejarlo a ese extraño personaje.

El que yo he encontrado por esos lares, no tiene mucho que ver con los otros bípedos que he comentado, salvo por la cantidad de nieve que, a modo de experiencia, tiene acumuladas entre los pliegues de las arrugas, este, sin duda, es humano.

Por lo que me pude imaginar era un señor que debía acosar los ochenta inviernos. Con pelos y arrugas del mismo color del manto que tenemos bajo nuestros pies.
Iba todo vestido de negro, con botas impermeables de alta gama, abrigo, gorro de montañero, mochila a la espalda y dos bastones sobre los que sostenerse.

Su paso lento, muy lento. Parece que luchaba contra una ventisca inexistente, más que en su propio cuerpo, que no le deja avanzar más rápido. Pero ahí va, paso a paso sobre la nieve, seguro.

Lo vemos acercarse poco a poco, casi en cámara lenta, pero de una manera decidida y sin levantar los ojos del suelo. Sin duda disfruta del paseo, de ver a la juventud, de la nieve, del momento… Mi hija aprieta mi mano.

Los esquiadores pasan por su lado a toda velocidad, lo rodean, él no les hace caso y sigue en su avance sin importarle nada.

Al llegar a nuestro lado Sara dice que le da pena verlo así. Él, como si la hubiera oído, gira la cabeza para sonreírle. No se para, sigue caminando. Pero yo, lo tengo decidido, cuando sea mayor quiero ser como él. Quiero convertirme en un hombre de las nieves.

Gracias por leerme

«ANCOR»

En mi pasada carta a los Reyes Magos y a ti, entre otras cosas, te contaba que una de mis sueños para este nuevo año era ver publicado mi cuento. Pues bien. Este es el momento en que el quiero anunciarte —los suscriptores de este blog ya lo saben desde hace un par de semanas, pues lo recibieron como primicia— que «ANCOR» ya está aquí.

En primer lugar decirte que es la reedición de mi primera historia, pero esta vez publicada por Diego Pun Ediciones e ilustrada de manera exquisita por Nareme Melian Mahugo.

Se trata de un cuento para ser leído a niños y niñas de 0 a 99 años en el que aprenderemos la historia de un pueblo narrada desde los ojos y las vivencias de un niño.

Sí, narra la vida de Los Guanches, esa raza de hombres y mujeres «primitivos» que habitaron en las Islas Canarias antes de su conquista por los castellanos en 1496, y que tenían una organizada sociedad, con sus variantes según isla o territorio, con una gran riqueza en cuanto a cultura, costumbres, lengua, tradiciones…, que han llegado hasta nuestro días con muchas dificultades.

Como maestro, siempre he tenido la sana obsesión de transmitir a mi alumnado la ilusión por la lectura y la chispa de la curiosidad por descubrir nuestro entorno, nuestra historia y el amor a la naturaleza que nos rodea.

Me animé a escribir esta historia, fusión de esas ideas anteriores, al descubrir que mis alumnos y alumnas desconocían muchas cosas de Los Guanches, y que, para engancharles, necesitaba enseñarles un mundo mágico, lleno de aventuras y emociones que les atrajera y así llevarles al conocimiento de parte de nuestra historia, que para mí era importante transmitirles.

Con «ANCOR» viajaremos a través del tiempo y aprenderemos una serie de palabras y costumbres de la época a la vez que disfrutamos de sus aventuras.

De la misma manera, con el afán de hacer la lectura atractiva para niñas y niños, reconozco que no todas las partes de esta historia son necesariamente reales, aunque sí lo son muchas de las situaciones, nombres de los Menceyes, lugares… Dejo a elección del lector o lectora decidir cuáles.

Como ya he dicho, este cuento está escrito pensando en niños y niñas, pero seguro que, aunque seas algo mayor, en cuanto empieces a leer y conectes con tu infantil interior, descubrirás que esta historia te va a atrapar desde el comienzo. Te aseguro que disfrutas hasta el último capítulo y sobre todo, desearás que no acabe.

Pronto te contaré dónde la presentaremos —esto es también una sorpresa que los suscriptores de este blog recibirán en primer lugar— y dónde adquirirlo. Mientras me quedo repasándola un poco.

Gracias por leerme.