«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

Llega un momento en el que, aunque no queramos, tenemos que hacer la revisión completa, tanto de los bajos como de los interiores.

La idea de este post me la dio una amiga —no voy a decir quién, puesto que no le he perdido permiso para hacerlo y seguro que le colapso la página de visitas con tanto «culichichi» que pasa por esta esquina— que hace unos días colgó en facebook una foto suya, justo delante de la ITV a la que lleva su coche. Como pie de la imagen había puesto algo así como «esperando la revisión» y yo le bromeé con la «revisión de los bajos», refiriéndome a los del coche claro, pero jugando un poquito para activar las mentes sucias —las de los demás, la mía no, ¡que vaaaaa! (jejeje)— que nos rodean.

Pues bien, notando a nivel personal, ciertos temblores, ruidos y malestares, sobre todo en los bajos, decidí que no podía retrasarlo más y hacer lo propio. Así que el lunes tocó pasar por revisión y comprobar el estado de las piezas fundamentales, sobre todo pensando en la cantidad de kilómetros que tengo aún por recorrer y así poder hacerlos en las mejores condiciones de seguridad.

Tras la anamnesis inicial, el especialista llegó a la conclusión de que, con los dos discos dañados no voy a ir muy lejos. Así que toca cambiarlos. Vamos lo que se dice pasar por el aro para que el mecánico sustituya unos por otros. De la misma manera, las pastillas que descansan sobre ellos también debían ser sustituidas por otras nuevas, y, como a esta gente le gusta mucho el «poyaqueestamos», tras meter bien la mano en las partes bajas, descubren que hay reemplazar las dos delanteras.

Total, que la broma me salió por unos cuatrocientos euracos y eso que el taller es de confianza, el coche seminuevo y yo iba recomendado. El día que vaya al urólogo, espero que no pase lo mismo, que también es amigo. ¿O habías pensado otra cosa?

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«El vestido ideal para una ocasión especial»

El día era especial y se había despertado como mandan los cánones, lloviendo. Se miró al espejo impaciente y noto como algo le revoloteaba dentro de su estómago. Estaba muy nerviosa.

Se acercó al vestidor y dejó hacer. Por fin tenía compañía y se les veía muy dispuestos a ayudarla para enfundarse en aquella vestimenta.

El traje era auténtico, seguro que de los más caros del mercado. Ideal para la ocasión. Lo miró de reojo admirando lo blanco y radiante que aparentaba. Por su posición no puedo contemplarlo bien, pero parecía tener adornos que colgaban por los lados y en la parte posterior. Al parecer, por los comentarios que oía del personal, le quedaba perfecto.

Estaba tan nerviosa que no podía ver la cola. Siempre había soñado con lucir una cola larga y llena de pedrerías. Sabía que allí estaba, y que aquellos que la rodeaban, con esos intensos tirones que le daban, se estaban encargando de ajustar y colocar todo en su sitio. Iba a estar radiante. Eso seguro. Deseaba que terminaran y poder mirarse en el espejo, pero debía esperar para estar perfecta.

Alguien dijo que el coche había llegado. Era el momento.

Quizás por culpa de los nervios o por lo apretada que se notaba no podía mover sus manos. Las sentía como ajustadas a su cuerpo. Ellos la empujaban. La llevaban casi en volandas.

Al pasar frente el espejo, la imagen devuelta no era la esperada. Gritó.

—¡Nooooooooooooooo!¡Yo no estoy locaaaaaaaaaaaaaaaa!

Gracias por leerme.

«Yo soy yo y mis circunstancias»

Ya lo decía Ortega y Gasset, que de esto sabía mucho, «Yo soy yo y mis circunstancias». Según su frase más celebre, o al menos la que a mí me ha quedado grabada, las personas no solo somos lo que mostramos, sentimos, demostramos… sino que tenemos un componente externo que nos influye y condiciona. En la medida en que queramos ser nosotros debemos dominar/aceptar esas circunstancias que nos rodean y que no siempre podemos controlar.

En el momento actual mis circunstancias se apelotonan a mi alrededor y aquí estoy, intentando poner orden en aquellas en las que puedo intentar organizar, aunque no siempre lo consiga.

Entre manos tengo el cumplimiento de otro de los deseos que pedía en mi «Carta a los reyes magos y a tí» ¿te acuerdas? Pues bien, ahí vamos, lanzados de cabeza pero con la salvaguarda del buen trabajo realizado por Diego Pun Ediciones, a la batuta, y Nareme Melián Mahugo, a las ilustraciones. Espero verte por allí. Adjunto la invitación por si aún no la has visto.

Esto lleva aparejado otro listado de eventos, que te comento por si te vienen mejor , y de las que te iré informando, a modo de recordatorio, por si te vienen mejor: 24, 28 de marzo; 2 y 29 de abril; 23 y 30 de mayo

Además ando metido en otro proyecto, una revista de educación —que si te digo la verdad me está quitando más tiempo del que esperaba—, que me trae por el camino de la amargura, ya que es aquí donde veo que se están dando muchas «circunstancias» no controlables que afectan, de manera clara, poder cumplir el objetivo. en fin, intentaremos ir dando pasos cortos.

Mi nuevo libro. Sí, ¿ese que llevo por el capítulo seis, desde hace unos meses?. Bien gracias, ¿y usted? Pues nada, que más parado que en la cola de el paro. No he logrado sacar tiempo, ni fuerzas, para ocuparme de él. Pero lo tengo en la lista de buenas intenciones, apartado: muy importante. Así que espero que, como tarde, a mediados de abril, pueda retomarlo con fuerza.

Además de todo lo anterior, por supuesto, están las cosas más importantes: la familia, los amigos, el deporte… ¿Y el trabajo?, bueno ese también, pero para esta reflexión ese no cuenta ya que tiene su espacio y momento definido y no hay nada que lo perturbe, mas que el mismo, claro.

Sé que tu pregunta es, ya que yo mismo me la hago muchas veces, ¿cómo tienes tiempo para todo? Pues la respuesta creo que la tiene el propio Ortega y Gasset. mis circunstancias son mías y yo las he aceptado así que, me organizo como puedo, intentando hacer siempre primero lo importante, de esta manera pocas cosas se convierten en urgentes. Como no puedo separarme de mis circunstancias, de lo que me rodea, apechugo con humor y buen rollito.

Por favor, no me propongas nada más, que ya tengo bastante, que en un momentito me vengo arriba y me dejo liar. Aunque pensándolo bien: ¿Tienes alguna propuesta interesante que hacerme?

Gracias por leerme.

«Carta a los Reyes Magos y a tí»

 

Queridos Reyes Magos:
Este año como me he portado bien —me refiero que en mi línea, como siempre—, he decidido compartir mi lista de deseos con toda la panda de paseantes de esta esquina, por si alguno de ellos —pero sobre tú, que sé que me estás leyendo—, pudiera colaborar o aportar un granito de arena, en el cumplimiento de la misma:
1.- Lo que más deseo, y por eso lo pongo en primer lugar, es seguir riéndome y aprendiendo de la vida. Es algo que no me gusta hacer solo así que ya sabes, espero que me acompañes.
2.- Vivir nuevas experiencias. Hay muchas cosas que me quedan por probar y otras que me gustaría repetir. Han sido testigos de muchas de ellas, ¿se animan a acompañarme?
3.- Seguir encontrando tiempo para todo. ¡Puf! qué difícil es esto. Ir sin reloj en la muñeca me ayuda a organizarme y priorizo bien mis necesidades y la de los míos.
4.- Pasar más tiempo junto a ti. Siempre he sido «amigo de mis amigos» y me gusta cumplir y estar con todos ellos, en los momentos buenos, pero más en los difíciles. Espero que nos sigamos reuniendo por mucho tiempo.
5.- Terminar mi nueva novela y ver publicado mi cuento. La primera ya la llevo encaminada pero me hace falta algo más de energía y tranquilidad para centrarme en ella. El cuento está en camino, pronto recibirás la feliz noticia y podrás acompañarme en su presentación. ¿Ya has comprado/leído/regalado los libros anteriores? (Ahora hablo bajito para que nadie nos escuche: Si eres maestr@ te sorprenderemos con otro proyecto que en forma de revista ya está cogiendo cuerpo).
6.- Este blog necesita un lavado de cara. También estoy en ello. Espero que, en breve, puedas ver el cambio y darme tu opinión.
7.- Seguir haciendo kilómetros. ¿Correr? ¡Ni de coña! Me cansa y hacerlo solo es un rollo, que además machaca mis rodillas. Hablo de viajar. Programado el verano que viene,  ya tengo un par de ideas para después. ¿Te apuntas?
Esta noche me iré pronto a la cama, después de la cena con la familia y las copas con mis hermanas. Espero que mis deseos sean algo más que soñarte y podamos compartirlos.
Gracias por leerme.

 

«Visto uno, vistos todos»

Cumpliendo con la tradición hoy tocó asistir al Festival de Navidad que organiza el colegio de mis hijos. Si es verdad la aseveración que utilizo como título, lo que cuento ocurrirá igual en el colegio de los tuyos.

Primero tengo que resaltar el gran trabajo y esfuerzo que realizan los compañeros y compañeros que, con tanta ilusión alientan a sus chicos y chicas para que la cosa salga bien.
Lo que ya no es para tanto agradecimiento son las increíbles actitudes de los familiares que acudimos a verlos. Y hablo de manera general, que hay de todo, como en botica.
Por un lado están los papás, que se tiran toda la actuación hablando con otros papás, pasando de todo, excepto del «guasap» y de la merienda, a base de bocadillo de chorizo y refresco, que alguno de los asistentes sacó de su bolsa a mitad del espectáculo, como si de un partido de fútbol se tratara.
Muy divertidas son las mamás y abuelas, que alegremente se pasan las dos o tres horas que dura el evento hablando con la de delante, con la de al lado, fijándose en el escote de la de más allá, del maquillaje excesivo de la otra, y atenta, igualmente, al «guasap». O todo a la vez, excepto cuando le toca actuar a su niña o niño que se vuelve como posesa, absorta, mirando a su vástago por la pantalla de su móvil mientras lo graba, y mandando a callar a la de al lado, a la de delante, a la del escote…
Al final todo el mundo, con la lengua caliente de tanto usarla y el culo plano de la incómoda silla, se marcha corriendo para evitar el atasco, desconociendo el gran esfuerzo de organización y gestión que se ha realizado en el centro educativo, pero contentos por lo más o menos bien que ha salido todo y, sobre todo, orgullosos de lo bien que lo han hecho «los de su curso».
Nada más llegar a casa toca reenviar los vídeos por «guasap» para que todas puedan ver lo guapos que estaban y bla, bla, bla… vuelve a empezar el critiquen y ampliar la imagen para ver bien el escote.
Reconozco que estos espectáculos, siendo la mayoría un coñazo, me gustan y se, de primera mano, lo difíciles que son de organizar. Lástima que los adultos no sepamos comportarnos.
Gracias por leerme

«La gran serpiente roja»

Todas las mañanas sale de caza. Su cuerpo se arrastra despacio, zigzagueante, devorando lo que llega a sus fauces. Cuando te pilla no tienes escapatoria, da igual lo rápido o audaz que seas. Ella, desde su privilegiada posición te observa, te estudia y, en cuanto siente tu presencia a su lado, te engulle.
Una vez que te encuentras dentro de su tracto digestivo, notas como sus paredes te aprietan, se mueven a tu alrededor, con gestos nada armónicos, trasladándote a veces hacia el lado derecho y otras contra el izquierdo. Comienza el proceso digestivo y, por ende, la destrucción de tu ser. En ese preciso instante lo peor es sentir como la energía matutina de tu ser se va degradando. Aceptas que es muy difícil escapar, aún así lo intentas. Sabes que el tiempo que tienes es limitado y que según lo inviertas podrás actuar a la hora de la salida.

 

Hay ocasiones, las menos, en las que por la tarde también sale de caza y es que la serpiente de luces rojas, en las que se ha convertido nuestra autopista, es una verdadera depredadora de tiempos y energía.
Gracias por leerme,—lástima que el Cabildo no lo haga.

«El calentón del caballero»

El puñetero ojo de la cerradura estaba bloqueado y no permitía abrir el cierre. El caballero había probado a forzarla con todo lo que tenía al alcance de sus manos: introduciendo la punta de un palo, haciendo palanca con un viejo y oxidado hierro… Rompió su mejor daga, e incluso había intentado meter la punta de su verga por el pequeño agujero. Todo ello mientras ella, su amada esposa, gritaba desesperada.
Pero nada, no había suerte. Era una verdadera lastima que la llave, que siempre llevaba colgada al cuello, desde el mismo día que saliera a las cruzadas, la perdiera en un inmundo burdel, de más allá de las fronteras del reino.
Tendría que llamar al herrero, para que forzara aquel cinturón de castidad y con él, el honor de su joven y virgen esposa.
Al enterarse, el técnico acudió raudo. Tras el cruce de miradas y disimuladas sonrisas, comprendió que debía esconder la copia que él utilizaba, para hacer imposible el encargo. Cosas de la historia.

 

Gracias por leerme.

«Pelayo»

¿Los héroes nacen o se hacen? Es la típica pregunta, como tantas otras que llevan, en todo lugar en el que se lance, que lleva a singular debate. Sabemos que toda región, país o lugar que se precie tiene el suyo propio: Inglaterra al Rey Ricardo, Corazón de León, Francia a Napoleón, la antigua Roma a… España tiene muchos, pero hoy me quedo con Don Pelayo. Para aquellas almas cuyos recuerdos de la Historia estudiada en la E.G.B. o la Secundaria, recordar brevemente que este personaje derrotó a las huestes musulmanas, allá por el año 737 d.c., en la famosa Batalla de Covadonga, reconociéndose este acontecimiento, como el inicio de la llamada «reconquista» —termino que ya si eso, otro día, podemos discutir.
¿A qué viene todo este royo? Pues contarte que el pasado lunes, nació —y ya nos encargaremos nosotros de convertirlo en héroe— nuestro particular Pelayo. Hermosa criatura de casi 3.900 gr., hijo de mi hermana, la pequeña, y de mi «cuñaoooooo», el gochu asturiano —de ahí el nombre, que sabemos que no es muy normal por estos pagos.
Como no podía ser de otra manera solo quería desearle lo mejor de la vida, porque antes de tenerlo ya lo estábamos queriendo. ¡¡Así que imagínate ahora!!

Gracias por leerme.

«Mucho ruido, pocas nueces»

El
verano terminó así que toca volver al tajo. Hay a quien, en esto de
las redes sociales y la escritura, le gusta hacerlo por todo lo alto,
con mucho ruido, regalando ejemplares, organizando concursos,
intentando impulsar su imagen… Yo prefiero comenzar más
tranquilamente, así que poco a poco iré desvelando las nuevas ideas
y concluyendo los viejos proyectos. Recuerda que en este post,
escrito a la vuelta de las Navidades, te anunciaba que esperaba
sacarme, a lo largo de este año, una vieja espina clavada. Pues la
cosa marcha, ya queda muy poquito para poder compartirlo.
Como
resumen del verano, sin duda, hubo un momento en estas vacaciones que
lo han marcado de manera notable en el que, y en contra de cómo
empezaba el presente, sí que hice mucho ruido, o más bien lo
hicieron ustedes en las redes sociales al enterarse de mi salto en
parapente. ¡Qué espectacular!, ¡que experiencia más increíble!
Ella sola se merecerá un post, como también se lo merece el viaje a
Fuerteventura –recordatorio de una historia pasada-; o la clase de
surf –inicio de un deseo pendiente-; o los pequeños hechos y
grandes sentimientos vividos, que hacen despertar mi imaginación
para empezar a unir palabras –primeros borradores de posibles
textos-…

Mi
cabeza vuelve a activarse, esta esquina vuelve a tener gente paseando
por ella, así que espero tenerte como compañía, que te pares para
saludarme, para intercambiar un comentario y que me ayudes a
conseguir esas pocas nueces que tanto ruido hacen. 
Gracias por
leerme.