«Desayuno compartido en un gallinero»

DESAYUNO COMPARTIDO EN UN GALLINERO

El desayuno compartido, al igual que el resto de las comidas que se toman a bordo, es uno de los momentos considerados por las agencias de viajes, como una fabulosa oportunidad que se les brinda a los cruceristas para conocer a otras personas —en este post encontrarás más de mi cruceroPersonaje novelero que soy, no me lo iba a perder, así que decidí que quería vivir que se siente, sentado en una mesa con totales desconocidos.

Como soy madrugador, una de esas mañanas de navegación, acudí al comedor compartido. Muy amable el maître me dio los buenos días, me preguntó si estaba solo y me acompañó a una de esas mesas compartidas.

Fui el último en llegar, por lo que todas las miradas y saludos se dirigieron a mi persona. «Hello guys» Acerté a decir con mi oxidado inglés madrugador y de medianías. ¡Ups! quizás no fue del todo apropiado echando un primer ojo a mis compañeros de mantel.

Empezando por mi derecha las cuatro clásicas señoras de color, made in USA, con sus pelucas, sus grandes senos, su kilo y medio por centímetro cuadrado de maquillaje…, que me sonrieron muy amablemente, mientras me escrutaban de arriba a abajo. No pararon de cotorrear y de comer ingentes cantidades de todo.

A su lado, una cacatúa con pinta de ricachona viuda y ojos lascivos, que enseguida se lanzó a tenderme la mano para presentarse, o enseñarme sus grandes anillos y reloj de oro, y sacarme hasta el número del DNI desde el primer asalto «Hello, my name´s… I´m from Utah. Where do you from?». Y yo sin tomar café, que va. Contesté como pude, antes de sentarme. Esta comía en plan sanote: fruta, avena, zanahoria cruda…

Los siguientes eran una pareja de gays, de los que vivieron la movida de los 80 a tope en San Francisco, se les notaba el casque de sus cuerpos, con sus plumas al cuello y todo. El tembleque de sus manos apenas les dejaba comer. Hasta que se lanzaron el tercer Bloody Mary, a partir de ahí se convirtieron en otra cosa. No veas como me reí. Hasta bailaron y cantaron a duo.

Por último una pareja, española ella con acento de película del oeste, y de Dallas el, con sombrero vaquero y todo, que les dio por bendecir la mesa. Imagínate la cara de todos los demás, ya con la fruta —bueno la viuda la tenía entre los labios operados, mientras me miraba, para mí que… (esa puede ser otra historia)—, o los huevos, o los pancakes, o todo junto en la boca, como las cuatro chicas de oro. Que va…

Total que me pido un típico desayuno yankie, con mantequilla de cacahuete y todo, y allí estaba yo. intentando desayunar mientras que el personal intentaba sonsacarme el porqué desayunaba solo, cómo era posible que un canario estuviera en aquel barco, qué había visitado, qué iba a visitar… y yo sin tomar café. Que va…

Tras más de hora y media en aquella mesa, la barriguita llena, pero la cabeza como un bombo, no esperé a que el resto terminara. Esto de conocer gente debe de hacerse de otra manera, o yo no estoy preparado para tanta novelería. Necesitaba despejarme y relajarme así que me fui a la barra del bar a tomarme un café solo, doble y repensar que esto de compartir manteles con tanto gallinero puede ser, más que aconsejable, un verdadero suplicio del que no tengo necesidad. Paso del café, tráigame dos bloody Mary.

Gracias por leerme.Desayuno

«Modo tío sufridor activado»

Modo tío activado, pero no soporto los llanto

El modo «tío sufridor» es una aplicación gratuita que he tenido que descargarme recientemente. A modo de resumen te comento que consiste en permitir que tu hermana y cuñado te la metan doblada, haciéndote creer que eres la persona ideal para quedarte con sus hijos de uno y cuatro años, durante un fin de semana, ¡sí!, durante todo un fin de semana (viernes, sábado y domingo), para ellos poderse ir de farra a una boda.

Desde el primer momento tuve que haber sospechado que aquello era un malware. Sobre todo cuando te dicen: «¡Tranquilo!, yo te preparo las cosas, te las meto en mi coche y ya te quedas con él, y de fondo, como de música ambiente, se escucha una suave risa.»

No veas como iba el coche. Parecía un carromato de los que salían rumbo al oeste americano: dos sillas de retención infantil, una sillita de paseo, mochila para transporte a cuestas de niño, bolso de ella, bolso de él —no te cuento lo que llevaban los bolsos porque me quedo sin espacio— , patineta para ella…

Una vez montados en el burro, ¿qué haces? Pues nada, ¡arre burro! Le di al play de la app y todo para delante, que ya saldrá el sol por algún lado. La citada aplicación comenzó entonces su cuenta particular.

Minuto 1: Cuando los niños se dan cuenta de que soy yo el que conduce y que su madre escabulle el bulto, a la sordina, comienza el llanto. ¿Tengo que pasar así 36 kilómetros? —se oyen risas— suerte que están recién salidos del cole, agotados, y que no hayan dormido siesta ayuda. Se duermen.

30 minutos más tarde: Llegamos a casa. Se despiertan. Llanto. El pequeñajo se calla si está en brazos. Amen ¿quieres brazos? ¡toma brazos!, pero no llores. ¡A ver cómo bajo todo esto y no me quedo baldado! Escucho unas risas. 

Esa tarde: Nos vamos de paseo. En el coche llanto. Paseando por la calle se calla. ¡Venga hoy haremos kilómetros! Las risas vuelven a sonar.

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. —Risas? ¿Quién ríe?— Me habían avisado de que el pequeño se despertaba a las 3:00 para tomarse el biberón —que resulta repetir el ciclo: vómito = llanto = brazos = más risas (esto empieza a preocuparme ¿de verdad las escucho?— pero no que la niña tenía el síndrome “mamá te echo de menos y por eso llora a cada hora para recordarlo”.

Sábado: Amanecida. 6:00 y ya en la tele sentado. Llanto, brazos, biberón, brazos, vómito, risas, llanto, brazos, risas, brasos, brazos, brazos… kilómetros, kilómetros… Así todo el día, para qué cansarte. Lo de las risas se vuelve preocupante. ¿Soy el único que las escucha?

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. Las risas siguen. El biberón se adelanta es la 1:00. Vómito = llanto = brazos = más que risas ya es descojono. A las 3:00 se repite todo, no me extraña el pobre no ha comido. Preparo el biberón —vómito = llanto = brazos = más risas ¡Ahora sí!, miro el móvil, creo que la aplicación es la que emite esas risas. ¿Se ríe de mí?— La niña sigue recordando a sus padres a cada hora: las dos, las tres, las cuatro… Las risas van acorde.

Domingo: “Sí mi amor, mamá y papá vienen hoy.” Ahora el que se ríe soy yo. Para evitar los llantos ya lo tengo claro, brazos, brazos, brazos… Los vómitos también los evito, ¡Hoy a dieta! Según Aena el avión llega a las 15:30. A las 15:00 recibo un mensaje de mi hermana: “El vuelo se ha adelantado, cosa rara. Ya estoy en el aeropuerto. Te esperamos.”. Mi respuesta es clara: “Yo también estoy en el Aeropuerto”.

En menos de lo que sale un vómito, entrego niña, niño y pertrechos a sus desconsolados propietarios. Aún no se han montado en el coche cuando nosotros ya estamos en la autopista camino de casa. Esa tarde ninguno de los cuatro dijo uno sola palabra. Silencio total.

A día de hoy, todos somos felices. Me he borrado la aplicación del móvil y tengo una orden judicial que me libera durante, al menos, diez años y un día, de volver a quedarme con mis sobrinos, a no ser que el pago sea sustancioso. Las voces desaparecieron, llegué a la conclusión de que, o era una enfermedad mental transitoria, o mi propia estampa la que se reía de mi y de lo gilipollas que soy. El niño, el pobre que no tiene culpa de nada, fue a su pediatra y de ahí a un especialista y le han diagnosticado una enfermedad celíaca, que decidió debutar en mi casa, por aquello de descojonarse del mundo. A día hoy está en fase de recuperación y los vómitos han remitido.

Gracias por leerme.

PD. Enano, nada de esto importa, te queremos.

«Secando la mojama»

La mojama es una delicatessen culinaria hecha con lomos de atún, en salazón y secada al sol, que bien vale la pena una parada en nuestras ajetreadas vidas para disfrutarla (Aquí tienes alguna receta).

Tras el verano, además de poder degustarla acompañada con un par de cañas, me asombra ver por la calle la cantidad de personas que aprovechando las recomendaciones para la elaboración de tan preciado alimento, o han querido parecerse a él plenamente conscientes o se han disparatado y no saben lo que tienen entre manos.

Yo, que en la playa tiendo a pasar las horas a la sombra de la sombrilla o de los pinos, me asombra ver a esas personas que, como digo, aprovechando que son conocedores del proceso de elaboración de la mojama, exponen al sol sus suculentos lomos, como si de los del atún se tratara, los lavan en las saladas aguas de nuestros mares, a fin de cubrirlos de sal, para posteriormente prensarlos bien contra la suavidad de las toallas tendidas sobre la arena o la tumbona de turno.

Me asombra mucho ver como así, de esa guisa, se pasan no solo horas, sino varios días depende del tamaño de las piezas y de las vacaciones, tostando y secando al sol, sus lomos. Cuando la cosa empieza a oler a chamusquina se vuelven a lavar y vuelta a dejar secar, enviando documentos gráficos (exóticas piernas depiladas o peludas, bellos dedos gordos, exóticos lunares…) por las redes sociales del momento.

Durante este proceso, tanto las piezas de atún como las carnes humanas, cambian de color, pasando del tono natural al rojo, denotando así la pérdida de agua e iniciándose el proceso ue hace que la carne se encoja y arrugue.

Y por ahí van. Caminando con la cabeza alta, aunque no puedan ni pestañear a causa del escozor que les produce su actual estado, mientras otros, desde los privilegiados miradores en los que convertimos las terrazas de los chiringuitos, disfrutamos de un buen aperitivo.

¿Eres de dejarte hacer mojama o de sombrita? ¿Has probado la mojama pregunto por la del atún, mente sucia?

Gracias por leerme.

«Un estuche cargado de ilusión»

Estuche

No hace falta que te lo recuerde. Lo sé. Pero no puedo resistirme. Ya casi llevas una semana en el cole y dentro de pocos días llegarán, cargados de energía, entre otras cosas, tus verdaderos compañeros de viaje.

Sé que has cumplido algunas de las recomendaciones que escribí para el verano (puedes repasarlas en este post) pero ahora, que ya tienes la clase limpia y ordenada, empiezas a ver de cerca la cruda realidad, has de plantearte que debes enfrentarte a todo un curso escolar. Para ello nada mejor que cargar tu estuche con los mejores materiales escolares que puedas encontrar:

  1. UNA TIJERA: para poder recortar todos los malos rollos y entrar en clase feliz y contento. En buena medida de eso dependerá tu existencia.

  2. CUADERNO DE NOTAS: donde puedas tener todo registrado. Empiezas a tener una edad en la que más vale tener maña que falta de memoria.

  3. BOLÍGRAFO VERDE: para reforzar lo positivo frente a lo negativo. Si no conoces la “Técnica del bolígrafo verde” puedes consultarla aquí.

  4. ROTULADORES (al menos 24 colores): para llenar la clase de colorido, alegría y entusiasmo, en todas las tareas y proyectos que acometas.

  5. PLASTILINA DE COLORES: que te ayude a modelar confianza.

  6. REGLA: todo tu alumnado es genial. Trátalos iguales, con el mismo rasero.

  7. AFILADOR CON DEPÓSITO: para sacar la mejor punta a todo lo que hagas y no desperdiciar nada.

  8. LÁPICES DE COLORES: para ayudar a colorear la mejor de las sonrisas entre todos los docentes con los que compartes tantas cosas maravillosas.

  9. SOBRES: que abran vías de comunicación con la familia. Son una parte esencial de tu trabajo y sin ellas no puedes existir.

  10. CERAS DE COLORES, PEGAMENTO DE BARRA, BLOC DE MANUALIDADES y BLOC CARTULINAS: Con los que animar a tu alumnado a realizar grandes creaciones llenas de emociones positivas, sueños e ilusión.

La lista continúa. De eso estoy seguro. Ayúdame a hacerlo. ¿De qué me olvidado? ¿Cuál sería tu imprescindible? ¿Qué aportarías? Espero tus respuestas.

FELIZ CURSO 2017/2018.

Gracias por leerme.

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

Llega un momento en el que, aunque no queramos, tenemos que hacer la revisión completa, tanto de los bajos como de los interiores.

La idea de este post me la dio una amiga —no voy a decir quién, puesto que no le he perdido permiso para hacerlo y seguro que le colapso la página de visitas con tanto «culichichi» que pasa por esta esquina— que hace unos días colgó en facebook una foto suya, justo delante de la ITV a la que lleva su coche. Como pie de la imagen había puesto algo así como «esperando la revisión» y yo le bromeé con la «revisión de los bajos», refiriéndome a los del coche claro, pero jugando un poquito para activar las mentes sucias —las de los demás, la mía no, ¡que vaaaaa! (jejeje)— que nos rodean.

Pues bien, notando a nivel personal, ciertos temblores, ruidos y malestares, sobre todo en los bajos, decidí que no podía retrasarlo más y hacer lo propio. Así que el lunes tocó pasar por revisión y comprobar el estado de las piezas fundamentales, sobre todo pensando en la cantidad de kilómetros que tengo aún por recorrer y así poder hacerlos en las mejores condiciones de seguridad.

Tras la anamnesis inicial, el especialista llegó a la conclusión de que, con los dos discos dañados no voy a ir muy lejos. Así que toca cambiarlos. Vamos lo que se dice pasar por el aro para que el mecánico sustituya unos por otros. De la misma manera, las pastillas que descansan sobre ellos también debían ser sustituidas por otras nuevas, y, como a esta gente le gusta mucho el «poyaqueestamos», tras meter bien la mano en las partes bajas, descubren que hay reemplazar las dos delanteras.

Total, que la broma me salió por unos cuatrocientos euracos y eso que el taller es de confianza, el coche seminuevo y yo iba recomendado. El día que vaya al urólogo, espero que no pase lo mismo, que también es amigo. ¿O habías pensado otra cosa?

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«El vestido ideal para una ocasión especial»

El día era especial y se había despertado como mandan los cánones, lloviendo. Se miró al espejo impaciente y noto como algo le revoloteaba dentro de su estómago. Estaba muy nerviosa.

Se acercó al vestidor y dejó hacer. Por fin tenía compañía y se les veía muy dispuestos a ayudarla para enfundarse en aquella vestimenta.

El traje era auténtico, seguro que de los más caros del mercado. Ideal para la ocasión. Lo miró de reojo admirando lo blanco y radiante que aparentaba. Por su posición no puedo contemplarlo bien, pero parecía tener adornos que colgaban por los lados y en la parte posterior. Al parecer, por los comentarios que oía del personal, le quedaba perfecto.

Estaba tan nerviosa que no podía ver la cola. Siempre había soñado con lucir una cola larga y llena de pedrerías. Sabía que allí estaba, y que aquellos que la rodeaban, con esos intensos tirones que le daban, se estaban encargando de ajustar y colocar todo en su sitio. Iba a estar radiante. Eso seguro. Deseaba que terminaran y poder mirarse en el espejo, pero debía esperar para estar perfecta.

Alguien dijo que el coche había llegado. Era el momento.

Quizás por culpa de los nervios o por lo apretada que se notaba no podía mover sus manos. Las sentía como ajustadas a su cuerpo. Ellos la empujaban. La llevaban casi en volandas.

Al pasar frente el espejo, la imagen devuelta no era la esperada. Gritó.

—¡Nooooooooooooooo!¡Yo no estoy locaaaaaaaaaaaaaaaa!

Gracias por leerme.

«Yo soy yo y mis circunstancias»

Ya lo decía Ortega y Gasset, que de esto sabía mucho, «Yo soy yo y mis circunstancias». Según su frase más celebre, o al menos la que a mí me ha quedado grabada, las personas no solo somos lo que mostramos, sentimos, demostramos… sino que tenemos un componente externo que nos influye y condiciona. En la medida en que queramos ser nosotros debemos dominar/aceptar esas circunstancias que nos rodean y que no siempre podemos controlar.

En el momento actual mis circunstancias se apelotonan a mi alrededor y aquí estoy, intentando poner orden en aquellas en las que puedo intentar organizar, aunque no siempre lo consiga.

Entre manos tengo el cumplimiento de otro de los deseos que pedía en mi «Carta a los reyes magos y a tí» ¿te acuerdas? Pues bien, ahí vamos, lanzados de cabeza pero con la salvaguarda del buen trabajo realizado por Diego Pun Ediciones, a la batuta, y Nareme Melián Mahugo, a las ilustraciones. Espero verte por allí. Adjunto la invitación por si aún no la has visto.

Esto lleva aparejado otro listado de eventos, que te comento por si te vienen mejor , y de las que te iré informando, a modo de recordatorio, por si te vienen mejor: 24, 28 de marzo; 2 y 29 de abril; 23 y 30 de mayo

Además ando metido en otro proyecto, una revista de educación —que si te digo la verdad me está quitando más tiempo del que esperaba—, que me trae por el camino de la amargura, ya que es aquí donde veo que se están dando muchas «circunstancias» no controlables que afectan, de manera clara, poder cumplir el objetivo. en fin, intentaremos ir dando pasos cortos.

Mi nuevo libro. Sí, ¿ese que llevo por el capítulo seis, desde hace unos meses?. Bien gracias, ¿y usted? Pues nada, que más parado que en la cola de el paro. No he logrado sacar tiempo, ni fuerzas, para ocuparme de él. Pero lo tengo en la lista de buenas intenciones, apartado: muy importante. Así que espero que, como tarde, a mediados de abril, pueda retomarlo con fuerza.

Además de todo lo anterior, por supuesto, están las cosas más importantes: la familia, los amigos, el deporte… ¿Y el trabajo?, bueno ese también, pero para esta reflexión ese no cuenta ya que tiene su espacio y momento definido y no hay nada que lo perturbe, mas que el mismo, claro.

Sé que tu pregunta es, ya que yo mismo me la hago muchas veces, ¿cómo tienes tiempo para todo? Pues la respuesta creo que la tiene el propio Ortega y Gasset. mis circunstancias son mías y yo las he aceptado así que, me organizo como puedo, intentando hacer siempre primero lo importante, de esta manera pocas cosas se convierten en urgentes. Como no puedo separarme de mis circunstancias, de lo que me rodea, apechugo con humor y buen rollito.

Por favor, no me propongas nada más, que ya tengo bastante, que en un momentito me vengo arriba y me dejo liar. Aunque pensándolo bien: ¿Tienes alguna propuesta interesante que hacerme?

Gracias por leerme.

«Carta a los Reyes Magos y a tí»

 

Queridos Reyes Magos:
Este año como me he portado bien —me refiero que en mi línea, como siempre—, he decidido compartir mi lista de deseos con toda la panda de paseantes de esta esquina, por si alguno de ellos —pero sobre tú, que sé que me estás leyendo—, pudiera colaborar o aportar un granito de arena, en el cumplimiento de la misma:
1.- Lo que más deseo, y por eso lo pongo en primer lugar, es seguir riéndome y aprendiendo de la vida. Es algo que no me gusta hacer solo así que ya sabes, espero que me acompañes.
2.- Vivir nuevas experiencias. Hay muchas cosas que me quedan por probar y otras que me gustaría repetir. Han sido testigos de muchas de ellas, ¿se animan a acompañarme?
3.- Seguir encontrando tiempo para todo. ¡Puf! qué difícil es esto. Ir sin reloj en la muñeca me ayuda a organizarme y priorizo bien mis necesidades y la de los míos.
4.- Pasar más tiempo junto a ti. Siempre he sido «amigo de mis amigos» y me gusta cumplir y estar con todos ellos, en los momentos buenos, pero más en los difíciles. Espero que nos sigamos reuniendo por mucho tiempo.
5.- Terminar mi nueva novela y ver publicado mi cuento. La primera ya la llevo encaminada pero me hace falta algo más de energía y tranquilidad para centrarme en ella. El cuento está en camino, pronto recibirás la feliz noticia y podrás acompañarme en su presentación. ¿Ya has comprado/leído/regalado los libros anteriores? (Ahora hablo bajito para que nadie nos escuche: Si eres maestr@ te sorprenderemos con otro proyecto que en forma de revista ya está cogiendo cuerpo).
6.- Este blog necesita un lavado de cara. También estoy en ello. Espero que, en breve, puedas ver el cambio y darme tu opinión.
7.- Seguir haciendo kilómetros. ¿Correr? ¡Ni de coña! Me cansa y hacerlo solo es un rollo, que además machaca mis rodillas. Hablo de viajar. Programado el verano que viene,  ya tengo un par de ideas para después. ¿Te apuntas?
Esta noche me iré pronto a la cama, después de la cena con la familia y las copas con mis hermanas. Espero que mis deseos sean algo más que soñarte y podamos compartirlos.
Gracias por leerme.

 

«Visto uno, vistos todos»

Cumpliendo con la tradición hoy tocó asistir al Festival de Navidad que organiza el colegio de mis hijos. Si es verdad la aseveración que utilizo como título, lo que cuento ocurrirá igual en el colegio de los tuyos.

Primero tengo que resaltar el gran trabajo y esfuerzo que realizan los compañeros y compañeros que, con tanta ilusión alientan a sus chicos y chicas para que la cosa salga bien.
Lo que ya no es para tanto agradecimiento son las increíbles actitudes de los familiares que acudimos a verlos. Y hablo de manera general, que hay de todo, como en botica.
Por un lado están los papás, que se tiran toda la actuación hablando con otros papás, pasando de todo, excepto del «guasap» y de la merienda, a base de bocadillo de chorizo y refresco, que alguno de los asistentes sacó de su bolsa a mitad del espectáculo, como si de un partido de fútbol se tratara.
Muy divertidas son las mamás y abuelas, que alegremente se pasan las dos o tres horas que dura el evento hablando con la de delante, con la de al lado, fijándose en el escote de la de más allá, del maquillaje excesivo de la otra, y atenta, igualmente, al «guasap». O todo a la vez, excepto cuando le toca actuar a su niña o niño que se vuelve como posesa, absorta, mirando a su vástago por la pantalla de su móvil mientras lo graba, y mandando a callar a la de al lado, a la de delante, a la del escote…
Al final todo el mundo, con la lengua caliente de tanto usarla y el culo plano de la incómoda silla, se marcha corriendo para evitar el atasco, desconociendo el gran esfuerzo de organización y gestión que se ha realizado en el centro educativo, pero contentos por lo más o menos bien que ha salido todo y, sobre todo, orgullosos de lo bien que lo han hecho «los de su curso».
Nada más llegar a casa toca reenviar los vídeos por «guasap» para que todas puedan ver lo guapos que estaban y bla, bla, bla… vuelve a empezar el critiquen y ampliar la imagen para ver bien el escote.
Reconozco que estos espectáculos, siendo la mayoría un coñazo, me gustan y se, de primera mano, lo difíciles que son de organizar. Lástima que los adultos no sepamos comportarnos.
Gracias por leerme