«La gran serpiente roja»

Todas las mañanas sale de caza. Su cuerpo se arrastra despacio, zigzagueante, devorando lo que llega a sus fauces. Cuando te pilla no tienes escapatoria, da igual lo rápido o audaz que seas. Ella, desde su privilegiada posición te observa, te estudia y, en cuanto siente tu presencia a su lado, te engulle.
Una vez que te encuentras dentro de su tracto digestivo, notas como sus paredes te aprietan, se mueven a tu alrededor, con gestos nada armónicos, trasladándote a veces hacia el lado derecho y otras contra el izquierdo. Comienza el proceso digestivo y, por ende, la destrucción de tu ser. En ese preciso instante lo peor es sentir como la energía matutina de tu ser se va degradando. Aceptas que es muy difícil escapar, aún así lo intentas. Sabes que el tiempo que tienes es limitado y que según lo inviertas podrás actuar a la hora de la salida.

 

Hay ocasiones, las menos, en las que por la tarde también sale de caza y es que la serpiente de luces rojas, en las que se ha convertido nuestra autopista, es una verdadera depredadora de tiempos y energía.
Gracias por leerme,—lástima que el Cabildo no lo haga.

«El calentón del caballero»

El puñetero ojo de la cerradura estaba bloqueado y no permitía abrir el cierre. El caballero había probado a forzarla con todo lo que tenía al alcance de sus manos: introduciendo la punta de un palo, haciendo palanca con un viejo y oxidado hierro… Rompió su mejor daga, e incluso había intentado meter la punta de su verga por el pequeño agujero. Todo ello mientras ella, su amada esposa, gritaba desesperada.
Pero nada, no había suerte. Era una verdadera lastima que la llave, que siempre llevaba colgada al cuello, desde el mismo día que saliera a las cruzadas, la perdiera en un inmundo burdel, de más allá de las fronteras del reino.
Tendría que llamar al herrero, para que forzara aquel cinturón de castidad y con él, el honor de su joven y virgen esposa.
Al enterarse, el técnico acudió raudo. Tras el cruce de miradas y disimuladas sonrisas, comprendió que debía esconder la copia que él utilizaba, para hacer imposible el encargo. Cosas de la historia.

 

Gracias por leerme.

«Pelayo»

¿Los héroes nacen o se hacen? Es la típica pregunta, como tantas otras que llevan, en todo lugar en el que se lance, que lleva a singular debate. Sabemos que toda región, país o lugar que se precie tiene el suyo propio: Inglaterra al Rey Ricardo, Corazón de León, Francia a Napoleón, la antigua Roma a… España tiene muchos, pero hoy me quedo con Don Pelayo. Para aquellas almas cuyos recuerdos de la Historia estudiada en la E.G.B. o la Secundaria, recordar brevemente que este personaje derrotó a las huestes musulmanas, allá por el año 737 d.c., en la famosa Batalla de Covadonga, reconociéndose este acontecimiento, como el inicio de la llamada «reconquista» —termino que ya si eso, otro día, podemos discutir.
¿A qué viene todo este royo? Pues contarte que el pasado lunes, nació —y ya nos encargaremos nosotros de convertirlo en héroe— nuestro particular Pelayo. Hermosa criatura de casi 3.900 gr., hijo de mi hermana, la pequeña, y de mi «cuñaoooooo», el gochu asturiano —de ahí el nombre, que sabemos que no es muy normal por estos pagos.
Como no podía ser de otra manera solo quería desearle lo mejor de la vida, porque antes de tenerlo ya lo estábamos queriendo. ¡¡Así que imagínate ahora!!

Gracias por leerme.

«Mucho ruido, pocas nueces»

El
verano terminó así que toca volver al tajo. Hay a quien, en esto de
las redes sociales y la escritura, le gusta hacerlo por todo lo alto,
con mucho ruido, regalando ejemplares, organizando concursos,
intentando impulsar su imagen… Yo prefiero comenzar más
tranquilamente, así que poco a poco iré desvelando las nuevas ideas
y concluyendo los viejos proyectos. Recuerda que en este post,
escrito a la vuelta de las Navidades, te anunciaba que esperaba
sacarme, a lo largo de este año, una vieja espina clavada. Pues la
cosa marcha, ya queda muy poquito para poder compartirlo.
Como
resumen del verano, sin duda, hubo un momento en estas vacaciones que
lo han marcado de manera notable en el que, y en contra de cómo
empezaba el presente, sí que hice mucho ruido, o más bien lo
hicieron ustedes en las redes sociales al enterarse de mi salto en
parapente. ¡Qué espectacular!, ¡que experiencia más increíble!
Ella sola se merecerá un post, como también se lo merece el viaje a
Fuerteventura –recordatorio de una historia pasada-; o la clase de
surf –inicio de un deseo pendiente-; o los pequeños hechos y
grandes sentimientos vividos, que hacen despertar mi imaginación
para empezar a unir palabras –primeros borradores de posibles
textos-…

Mi
cabeza vuelve a activarse, esta esquina vuelve a tener gente paseando
por ella, así que espero tenerte como compañía, que te pares para
saludarme, para intercambiar un comentario y que me ayudes a
conseguir esas pocas nueces que tanto ruido hacen. 
Gracias por
leerme.

«Mensaje de amor»

Hace diez minutos que te has conectado y no me has escrito. Imagino que no has sabido qué decirme. Así que me he armado de valor y he decidido hablar de mis emociones.

Quería que supieras que llevo toda la tarde esperando un mensaje tuyo, una tontería, un emoticono, una broma, una luz. Saber que ya no te tengo, como te tenía hasta ayer, me tiene roto. 

Quiero recibir un mensaje para sentirte a mi lado, saber que puedo mandarte una bobería o un piropo o un deseo de besarte. Ahora no sé qué hacer.

Miro tu foto y todo me late. Siento tus ojos clavados en mi deseando corresponderme y la fuerza de tu preciosa personalidad aguantando tu honra y la mía. 

No me gusta que hayamos vuelto a fase 0. Quiero que me escribas, que me llames, que juegues conmigo, que me seduzcas. ¡QUIERO MÁS! Quiero volver a nuestro mirador y cumplir el sueño de tenerte.

Así no me gusta soñarte, pero lo haré, no queda otra. Una noche más, pero ahora sin esperanza de hacerlo real. Ojalá me acompañaras en esta locura. ¡Muero por un beso!

Gracias por leerme.

«Verde que te quiero verde»

El verde, además de ser el color de la esperanza, también es el usado para hablar mal de alguien o poner a parir al prójimo. Nos ponemos verdes de envidia o de enfado. A muchos nos pone verde que los políticos sigan verdes en sus posiciones y mantengan  su inmovilismo, demostrando su propio fracaso en hacer política, a la vez que los ponemos verdes por hacerlo. Muy verdes nos quedamos tras la eliminación de la selección española de fútbol…
Pero de lo que realmente quería hablar es de los nuevos batidos verdes. Resulta que se ha puesto de moda, al menos en mi casa, tomar «green smoothies» ―palabrejas extranjeras que ponen verde a los expertos lingüistas—, que no es otra cosa que un zumo o batido, de los de toda la vida, pero mezclando tres tipos de ingredientes: Una verdura, una fruta y un superalimento (cúrcuma, jengibre, moringa…).
Esta claro que es una fantástica manera de tomar vitaminas, minerales y proteínas con las que ayudar a nuestro cuerpo a estar activo y saludable. Ya lo decía Popeye con sus famosas espinacas. Así que ahora, de media mañana o de merienda un zumo de estos y no veas, cuando voy al baño “a dar del cuerpo” —expresión muy canaria que se estudia hasta en medicina— ya no me quedo verde, pero sí que me acuerdo de unos cuantos que ya nombré antes.
Gracias por leerme.

«Contando días de vacaciones»

Cuando uno ejerce de maestro, las vacaciones son las que son y vienen cuando vienen. 
Hay una confusión en cuanto a este tema que está muy extendida entre los viandantes. Para aclarar las cosas decir que en verano no tenemos tres meses. Cierto es que el alumnado de Educación Infantil y Primaria empieza sus vacaciones en torno al 20 o 21 de junio y se reincorporan a los centros sobre el 8 de septiembre, pero no así sus maestras y maestros, que terminan más tarde y retoman la actividad el 1 de septiembre. Son dos meses en verano (aunque esto dependerá de sí eres o no miembro del equipo directivo, de si tienes terminada  toda la documentación, el aula recogida… En todo caso, hasta el momento, durante el mes de julio estamos a disposición de la Consejeria, por lo que, si no te llaman para nada, tienen dos meses.
Sé que te has fijado en que he dicho tienen. Yo ya no las tengo. Es lo que tiene ser maestro y no estar ejerciendo como tal, sino dedicado a labores de engranaje, mantenimiento, remendado… dentro de la compleja maquinaria que hace caminar nuestro sistema educativo.
En estos días me encuentro delante del calendario contando y colocando mis días de vacaciones, los de asuntos propios, los de compensación…; hago recuento y distribuyo de manera concienzuda —¡que gran palabra!—, con la esperanza de poder coger casi todo agosto -para poder disfrutar con la familia-, una semana para octubre o noviembre —por aquello de que es temporada baja y ahora sí que puedo elegir cuándo viajar— y todas las navidades —que me encantan. 
Como ves, esto de no tener las vacaciones de un maestro tiene sus inconvenientes —sobre todo en número de días— pero también sus ventajas —esa semana fuera de temporada— así que mi mente ya está tramando alguna escapada. Pero quién sabe, a lo mejor no falta mucho para volver a tener tantos días. 
¿Ya has programado tu viaje? ¿Adónde vas? ¿Te apetece contarlo?

Gracias por leerme 

«Los amigos y algo de beber»

¿Has tenido a alguien de tu entorno más inmediato sin poder moverse? ¿Verdad que es muy gratificante cuando llaman por teléfono o vienen los amigos, la familia, los vecinos…, de visita? Sin  duda es uno de los actos que distingue a las verdaderas amistades de las otras que solo se ofrecen para los buenos momentos. 
Hay ratos del día que son relajados. Viene una pareja, a eso de las cinco de la tarde y claro, hay que ofrecer algo «¿Café?». Al cabo de unos minutos aparece una de las chicas del gimnasio, que como el café, aunque sea cortado, le irrita el estómago prefiere un té «¿Verde?» —que pregunta más estúpida la mía. Claro que verde que es diurético, retrasa el envejecimiento, cuida la piel y bla, bla, bla. 
Nada más servir el preciado líquido, aparece «el Luis y la Pepi» —estos tienen otro ritmo de vida— «¿De beber? ¡Cerveza!» Pues nada. Toca bajar a la nevera del garaje, que aquí ya no me quedan y no me había dado cuenta de reponer. El café y el té fue servido con unas galletitas danesas pero las cervezas tendré que acompañarlas de ganchitos o algo salado.
El bullicio del salón ya se va notando, La primera pareja, cuando suena de nuevo el timbre, decide marcharse, aprovechando el momento. Son reemplazados por otra pareja de amigos que, al salir los niños del cole, tenían un momentito libre y aprovecharon. Los niños también vienen. Zumos de melocotón para los más pequeños, cortado para él —tengo que poner otra cafetera al fuego— y rooibo para ella —es que el café y la teína le quitan el sueño; y ya la hora que es. Hay que calentar más agua. Los niños, al salir del cole no llevaban merienda —dice la madre que se les olvidó— así que asaltan la caja de galletas, las almendras, los ganchillos y los pistachos. Menos mal que ayer mi madre hizo una tarta de las suyas. La saco. También otro par de cervezas que Luis y Pepi que venían sedientos. No esperaba tanta visita así que una papas fritas me quedan.
Vuelve a sonar el timbre. «¡Qué bien! ¡Las chicas!» Sí, las cuatro amigas han venido juntas «¿Será la primera vez que vienen y les dará vergüenza?» Tras los besos, los abrazos, derramar un vaso de agua, los saltitos, empapar las servilletas, tirar todas las migas por el suelo, la emoción y no sé que más, deciden lo que van a beber: vino blanco, cerveza, Rooibo —más agua a calentar— y un gin tonic «deesostanricosquetúsabeshacer» 
—¿Qué sabes hacer gin tonics? —Pregunta Pepi.
—Los mejores que he probado —afirma una de las chicas
—Pues me apunto —afirma Luis.
—Y yo. 
—Pues si insisten. —La otra.
—¡¡Gintonics pa toos!! ¡Que un día es un día!, y mañana no hay cole.—Sentencia una voz mientras mis ojos y mi menta se queda a cuadros con la que se está montando. Sin problema. Gintonics para todos. 
Si me descuido sirvo gintonic hasta a los niños, que se conformaron con un San Francisco y un par de pizzas. Que ya la hora que es habrá que comer algo.

Y ya ves. Así es mi vida. En un momentito he tenido que preparar cinco o seis litros de infusiones varias, tres cafeteras, cuatro cervezas y… ¡se me han bebido las dos botellas de ginebra que tenía! Nos pasamos al ron. Y es que no hay nada como que los amigos demuestren su verdadera amistad en los momentos difíciles. Gracias por leerme. 

«El viejo del aparcamiento»

Una de las
leyendas urbanas más famosa y conocida, con temática de terror, es, sin duda,
“La niña de la curva”. A modo de resumen rápido, recordarte que se trata de la
presencia de una autoestopista que al ser recogida y tras un rato sin conseguir
conversación, misteriosamente desaparece del interior del coche, tras alertar
al conductor de un tramo o curva peligrosa, en la que supuestamente la
susodicha falleció.
            El otro día, en el interior del
garaje de un gran centro comercial, me visitó «el viejo del  aparcamiento» que, salvando las distancias,
me resultó algo similar. Te cuento lo ocurrido:
            Avanzo por mi carril y, al superar
un coche que estaba parado en doble fila a la derecha, sin luces ni
intermitentes, recorro más de una treintena de metros en busca de un lugar para
estacionar. Uno de los coches aparcados a la izquierda arranca, enciende sus
luces e inicia la marcha para abandonar el lugar. Yo coloco mi intermitente y
espero a que salga.
Nada más iniciar mi camino marcha atrás, de la nada, aparece un hombre
mayor que, junto a mi ventana cerrada me habla. No lo entiendo. “Cuidado jefe”
le digo. Él con aspavientos protesta. Cuando vuelvo a mirar por el espejo
retrovisor veo una columna a la izquierda, como moviéndose en dirección a mi
coche. El hombre sigue protestando. ¿Me avisaba del golpe y de ahí su parecido
con la niña de la curva?
Pues no. Al parecer era él el que estaba en el interior del coche parado
en doble fila. Esperaba un sitio y yo se lo quité. Según él yo tenía que
adivinarlo, que conocer cuáles eran sus intenciones. Al parecer tengo poderes y
yo que pensaba que el fantasma era él.

Gracias por leerme.

«Una cuestión de regusto»

¿Qué te deja buen sabor de boca?

La primera respuesta es fácil: un buen vino acompañado de un exquisito jamón serrano, un café de tierras lejanas, un queso de… Pero no, no quiero que me contestes eso. La pregunta de hoy va un poco más allá. Me gustaría que profundizaras en tu día a día y que buscaras una o dos acciones, sentimientos o situaciones que al hacerlas, o terminarlas, te dejan un sabor de boca especial. Si quieres empiezo yo. Tengo dos.
1.- La siesta de los fines de semana (aclaro que es sábados y domingos, porque entre semana no hay tiempo para ese reposo). Me encanta acostarme en la cama, apenas tapado con una colcha, poner la tele, e ir dejando que la baba caiga por la comisura de la boca mientras los ojos van cayendo en el vacío, casi sin darme cuenta, hasta despertarme, un rato después, con la misma película, con la sensación de estar viéndola pero sin saber qué o cómo ha ocurrido. El sabor en la boca toda la tarde, el regusto, que dirían los aficionados al vino, es lo que me llena y me da verdadero placer.
2.- Mismo sabor y misma sensación en la boca, es la disfruto cuando he logrado, tras una o dos horas de trabajo, escribir algo coherente y avanzar en la historia en la que invierto algunas de mis horas nocturnas. Es una revelación parar, releer lo escrito y llegar a la conclusión de que lo hecho es medianamente aceptable. Otra cosa es lo que a ti te resulte al leerlo.
Pero ahora te toca a ti. ¿Contestas a pregunta? ¿Qué te deja buen sabor de boca?
Gracias por leerme.