«Preparando la adoración de Don Carnal»

¿Vas a salir algún día? ¿Tienes preparado tu disfraz?

Hace tanto que no salgo en los carnavales de Santa Cruzesta es la última vez que te lo conté—que no sé si estaré preparado para este fin de semana. Sí, amenazo con salir, y disfrazado, aunque primero necesito hacer un pequeño repaso a mis ideas.

Por lo que recuerdo de la tradición Don Carnal tenía fama de juerguista —esto ya me va sonando — y de gustarle la buena vida. Doña Cuaresma, por el contrario, era una mujer seria y muy religiosa, que odiaba los bailes y las celebraciones, por lo que el enfrentamiento entre ambos fue algo irremediable.

Según parece, Don Carnal resultó triunfador en la contienda y, tras la celebración de la victoria, Doña Cuaresma aprovechando un momento de debilidad, que imagino sería por culpa de la borrachera, para encerrarlo durante cuarenta días, hasta la llegada de la Semana Santa.

Durante el Carnaval, según parece, todo está permitido —esto no sé si lo recuerdo—, no existen los tabúes y hay libertad de acto y pensamiento. Así se celebra esta fiesta por todo el mundo, con disfraces y máscaras, alegría y desenfreno. Y en esas estoy, mentalizándome.

¿Me ayudas a revisar la lista de cosas que necesito?:

  • Disfraz (falda, camiseta, bolso, guantes y gorro). ✔️

  • Peluca.✔️

  • Maquillaje.

  • Colegas.✔️

  • Reserva para la cena.✔️

  • Bebidas.

Necesito tu ayuda que seguro que tienes mucha más experiencia que yo, o, al menos, la mantienes activada: ¿Me falta algo? ¿Algún imprescindible que notes que me falta? ¿Vas a salir? ¿Qué disfraz es el que crees que sería mi ideal? ¿y el tuyo?

Ya te contaré el resultado.

Gracias por leerme.

«Un aplauso a la superación»

Hay historias y sentimientos que hacen falta que alguien nos los enseñen.

(NOTA ACLARATORIA: El presente texto es presentado al Concurso historias de superación”, que con motivo de la celebración, del Día Mundial contra el Cáncer, el día 4 de febrero, es organizado por Iberdrola España, S.A.U. “@Iberdrola”, en colaboración con la página web www.zendalibros.com@zendalibros”. Por medio del presente, si el texto fuera elegido como ganador o finalista de dicho concurso, me comprometo a donar el importe económico del premio, a la “Asociación Niños con cáncer Pequeño Valiente” (@APUPeqValiente ‏). Creo que tus “Me gusta”, “Comentarios”, “tweets”,“retuits” y “…”, ayudarán. Puedes hacerlo usando el hashtag #historiasdesuperación).

Habían pasado muchas semanas desde que su padre no iba al colegio a recogerlo. Verlo aquella tarde allí, sin esperarlo, apoyado contra al muro, hablando con el resto de familiares, fue una grata sorpresa para él.

Salió corriendo para abrazarlo, sin mirar atrás, sin escuchar los comentarios de sus compañeros. Su madre, lo contuvo para que no se abalanzara a lo loco sobre él y lo quebrará. Acababan de darle el alta en el hospital y aún estaba muy débil.

A la mañana siguiente, más sonriente que nunca, Carlos entró por el patio del colegio. No entendía muy bien lo que pasaba, pero el resto de sus compañeros de clase, lo miraban y señalaban. Comenzaron a hacerle burlas.

—¡¿Qué pasa palillo?! —le dijo uno.

—¡Hola calvorotas! —saludó otro.

—Si viene un viento, seguro que tu padre sale volando —indicó un tercero.

Aquellas palabras eran cortantes. Se metían con él utilizando la profunda huella que la larga enfermedad había dejado en su padre. Cuando lo comprendió, salió corriendo hasta refugiarse en el cuarto de baño.

Uno de los profesores lo vio todo. Acudió en su ayuda y se sentó, para hablar con él, al otro lado de la cerrada puerta del servicio de chicos.

—¿Sabes que mi padre también pasó por la misma enfermedad que el tuyo? —le dijo para poder empezar a levantarle el ánimo—. Los niños son muy crueles. También lo fueron conmigo, Pero lo que en realidad pasa es que no saben lo que ocurre. Hablar de ello te ayudará y, lo que es más importante, ayudará a tu padre —aquellas palabras hizo que Carlos se sorprendiera— ¡Sal!, ya verás, te tengo una sorpresa.

El timbre que daba comienzo a las clases sonó en ese preciso instante y, sin saber muy bien porqué, Carlos hizo caso al docente que, ofreciéndole su mano, lo acompañó hasta el pequeño salón de actos del colegio.

Allí estaban reunidos todos sus compañeros y profesorado. No sabía qué estaba pasando, pues nadie se lo había dicho, pero su padre destacaba, con su reluciente y brillante calva —como a él le gustaba calificarla—, fruto de los efectos de la quimioterápia, presidiendo la mesa situada en lo alto del escenario.

La luz ya estaba apagada. Nadie lo vio entrar. Se sentó donde el profesor le dijo.

La charla duró cerca de una hora. Su padre narró cómo fue el proceso de su enfermedad desde que se le detectó, acompañando su exposición con infinidad de fotos.

El silencio reinante en la sala era abrumador. Carlos observaba las caras. Muchos lloraban, otros no podían ni pestañear, algunos mantenían la boca abierta sin poder tragar saliva.

Cuando terminó el salón parecía un erial. Todos los presentes mantenían el silencio. Ninguno se atrevía a moverse. El solitario aplauso de uno de los asistentes rompió el mutismo reinante en la sala. Pronto se le unió otro, y otro…, hasta que todos se pusieron en pie ofreciendo su reconocimiento con una gran ovación.

El maestro, que en todo momento había permanecido al lado de Carlos, lo empujó para que acudiera al lado de su padre. Sus compañeros, al verlo subir las escaleras al escenario, volvieron a estallar alentándolo entre vítores y piropos. Nunca más volvería a bajar la cabeza.

Gracias por leerme.

«Breve tratado sobre los efectos de la Luna»

¿Te afecta la luna de alguna manera? ¿Cómo?

Desde siempre, imagino que por su carácter enigmático y misterioso, la Luna ha estado presente en todas las culturas. En la mayoría de los casos con la creencia aparejada de que afecta a nuestro ánimo, comportamientos… y estados de locura transitoria. Si buscamos la palabra “lunático-a”, en el diccionario de la RAE, nos la define como «que padece locura, no continua, sino por intervalos». ¡Que casualidad! ¿Serán esos intervalos los mismos que las fases por las que pasa la Luna? ¿En qué intervalo estaré hoy? ¿Has leído el resto de mis breve tratados (aquí los tienes)?

Como bien sabemos, por lo menos los que estudiamos en la antigua EGB, la Luna tiene un ciclo de 28 días, al igual que los ciclos menstruales de las mujeres. Quizás venga de ahí la creencia de ese influjo que ya he comentado.

Puede que se me escape alguna, pero creo que la Luna nos afecta en:

  1. La Luna es un potente agente del romanticismo, continuamente es fuente de inspiración. Su cuerpo o su reflejo aparece reflejado y presente en historias, cuentos, poemas y canciones. Recuerdo parte de un poema, parte de una vivencia personal, de D. Miguel de Unamuno, que decía:

    «(…)Toda cabellos tranquilos,

    la Luna, tranquila y sola,

    acariciaba a la Tierra

    con sus cabellos de rosa

    silvestre, blanca, escondida (…)»

  2. Según nos cuentan las matronas, y la tradición de nuestras madres, la Luna también ejerce su influjo sobre las parturientas. Seguro que has dicho o escuchado, muchas veces, la frase: «Hoy hay luna, hoy te pones de parto».

  3. Bien conocida, quizás por ser hijo de marino, es la influencia que tiene sobre Las mareas, por la fuerza de atracción que ejerce la Luna sobre la Tierra. Esto sí es un hecho probado científicamente. (Aquí se describe bien el proceso).

  4. Según las creencias populares, la Luna, también afecta al clima, aunque no sé si esto está probado. Dos refranes me se al respecto: «La luna roja barrunta viento; la blanca sereno y se tiene jaldía, vientón de infierno» «Niebla en Lunada, por la tarde y no por la mañana».

  5. Con la Luna Llena siempre me acuerdo de mi abuela. Según me contaba siendo yo niño, atraía la buena suerte y el dinero, así que nos asomábamos a la ventana y, alzando una moneda, con una mano y sosteniendo, en la otra, un monedero abierto, recitábamos tres veces, el siguiente verso: «Luna lunera, cáscabelera, que tan llena como tu estás, llena me vea». Al terminar dejábamos caer la moneda dentro del monedero y lo cerrábamos rápidamente.

  6. Por supuesto no me puedo olvidar de relacionar a la Luna con la celebración de aquelarres, misas satánicas o la aparición de bestias antropomorfas: el hombre lobo, el hombre del saco…

  7. Con respecto a esto último, se piensa que en función de la fase en la que esté la luna, nos crecerá más rápido el pelo, al igual que en otras fases se nos caerá más. De ahí el mito del hombre lobo.

Por último concluir que, la Luna llena provoca euforia y alegría, la Luna menguante es tiempo de depuración y limpieza, la Luna nueva momento de inestabilidad e incertidumbre y la Luna creciente da lugar al crecimiento y ascenso.

Así que, asómate a la ventana y dime: ¿Cómo está la Luna? ¿En qué fase estamos hoy? ¿Como te encuentras anímicamente? ¿Te afecta la luna de alguna manera? ¿Cómo? ¿Qué tal vas de pelo?

Gracias por leerme.

«Hace un frío de mil pares de…»

¿Pelete? Pues no sé porqué lo dices.

Hoy, que acabo de llegar del dentista, y con el frío que hace, no estoy para muchas invenciones, así que, como sé que te gustan mis locuras y pequeños disparates te traigo un nuevo reto, en la línea del que hacíamos hace ya algún tiempo, a partir de una peluca o el que hicimos, mucho más atrás, con un pepino. ¿Los recuerdas? ¿Te atreves a jugar, de nuevo, conmigo?

Pues imagínate, tras estar un buen rato soportando todos esos artilugios, hurgando en mi dentadura, estoy con la boca hinchada y con bastantes molestias. Como todos sabemos, el frío es bueno para bajar las inflamaciones, así que decidí salir un rato a la terraza para ver si el aire fresco me ayudaba un poco y le aliviaba mis dolores.

Al ver cómo quedé, por culpa del «pelete» que hace, que hasta las lágrimas se congelan, se me ocurrió esta tontería.

El juego que hoy te propongo es sencillo. Cuelga una foto tuya aquí, o en Facebook, o en Twiter, en la que el hielo, junto a tu singular personalidad, sea el protagonista. No es difícil y según cómo te lo montes puede ser muy divertido, sobre todo si los demás hacemos comentarios y aportaciones, igual de estúpidas que este juego. ¿Te atreves? Estoy esperando.

PD: Ya que saqué la hielera del congelador, aprovecho y me sirvo un gin-tónic. Mejor dos. ¿Quieres?

Gracias por leerme, y jugar conmigo.

«¿Te encerrarías conmigo en un ascensor?»

Solo mirar este ascensor, tiemblo.

¿Sientes claustrofobia? ¿Alguna vez te has quedado encerrado o encerrada en un ascensor? ¿Qué es lo que te pasa en una situación así? ¿Te encerrarías conmigo en un ascensor?

Te confieso que tengo pánico a quedarme encerrado en uno. En situaciones normales subo y bajo las escaleras, las veces que hagan falta y los pisos que hagan falta, no me importa.

Como en todo, siempre hay una excepción. A primera hora de la mañana, cuando llego al trabajo y aparcamos el coche, en la planta menos dos, como reconozco que no tengo fuerzas para subir andando hasta la zona en la que tenemos el fichaje, me monto en él, eso sí, miro de reojo las luces del tablero de mando. Después sí que subo hasta la cuarta planta, a pata.

Intentar describir lo que siento en una crisis de claustrofobia no es fácil. Veamos:
«Cuando me he quedado encerrado mi cuerpo empieza a sentir un pequeño sudor, que va mojando mi frente. La respiración empieza a entrecortarse y parece que se me cierra la garganta, impidiendo la entrada de aire. El sudor continua espalda abajo y eriza mi vello. Mi mente se obnubila y soy incapaz de razonar. Las contracciones musculares se hacen visibles y no puedo parar de moverme. La respiración se acelera. El corazón cada vez palpita con más ritmo. Al principio, poco a poco, intentando mantener la compostura, me quito la chaqueta, me remango las mangas de la camisa…; después, con avidez, desabrocho los botones que me oprimen y el jadeo empieza a hacer su presencia. Mis manos no paran de tocar. Me descontrolo. Recuerdo chillar, aullar, gemir y, por último…».

¡Ups! yo quería hablar de las sensaciones de la claustrofobia, pero al parecer, las mentes sucias que están leyendo esto, despacio y en voz alta, están pensando en otra cosa.

Gracias por leerme.

«Como una puñetera cabra»

Como una puñetera cabra. Lo sé.

Semana 0 #52RetosLiterup

Siempre me lo has dicho, ¡estás como una puñetera cabra!, lo sé. en esta ocasión ya te estoy dando la razón.

Resulta que con esto del año nuevo me he venido arriba y he decidido apuntarme al reto literario «52 retos literarios para el 2018», que proponen los de LITERUP. A partir de ahora cada martes tendrás una nueva entrada en el blog. Ni que decir tiene que tus comentarios, «likes», «RT» y… son de agradecer.

La cosa va mas o menos así: Ellos proponen 52 temas o condiciones que cada semana debe cumplir el texto así que cada uno de ellos deberá cumplirlo. Además deberán estar identificados con el #52RetosLiterup.

Este post lo utilizaré a modo de índice —por eso aparece como semana 0—, colocando al lado de cada una de las propuestas semanales, un enlace para que puedas acceder a todos ellos sin necesidad de volverte tan majareta como yo.

Condiciones de los textos:

1. El argumento de tu relato es tu chiste preferido. (Aquí lo tienes)
2. ¿Recuerdas tu peor noche? Cuéntala desde el final hasta el principio.(Aquí lo tienes)
3. Piensa en tu libro favorito e imagina un fanfic, pero con animales. (Aquí lo tienes)
4. Crea un relato sin adjetivos. (Aquí lo tienes)
5. Te toca escribir un relato de fantasía épica. (Aquí lo tienes)
6. Vete a tu diario (papel o digital) favorito y busca una noticia rara. Escribe el relato como si fueras uno de los protagonistas.
7. Haz un relato ASMR para que tu lector se relaje leyéndolo. Suelen desarrollarse en entornos naturales, con cuentas atrás, descripciones muy detalladas y mucha sinestesia. Si estás un poco en blanco te recomiendo que entres en algún canal de ASMR como el de Luna Cántor para entender qué es.
8. Desarrolla un relato en el frente, en la Primera Guerra Mundial en concreto.
9. Tienes prohibido utilizar la palabra “locura” (y cualquiera de su familia). Tu relato se desarrollará en un manicomio.
10. Describe una pesadilla que hayas tenido, pero en tercera persona. Y sin expresar sentimientos. Ah, se me olvidaba: es de terror.
11. Esta semana tienes tema libre pero sin descripciones: solo diálogo (y acotaciones).
12. Esta semana toca un relato con una canción o poema como tema central de tu texto.
13. Alguien le deja anónimos a un profesor de primaria. Aparece el cadáver de un niño en el patio. Narra qué ha pasado.
14. Tu texto empieza con “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” dicho a un policía.
15. Escribe un relato en que tres personajes mitológicos (no importa la cultura) son los protagonistas.
16. ¿Cuál es el personaje que más odias de la literatura? Narra una cita con él/ella en la que acabas muy enamorado/a.
17. Busca “objeto” en Google Imágenes. La penúltima foto te presentará al protagonista de tu relato.
18. Imagina pasar un día con la persona a la que más admiras del mundo.
19. Piensa en tu personaje de la infancia favorito (Anastasia, Ariel, Vaca y Pollo..) y haz que haya cometido un asesinato. Describe cómo ha llegado a matar.
20. Un relato que acabe con “Yo por mi hija MA-TO”.
21. Te damos una frase como punto de partida y lo demás lo añades tú:”¿¡Qué hay en la caja!?”
22. Un/a anciano/a tiene que rescatar a su nieto y solamente puede contactar con el secuestrador con un iPad. Nárralo en clave de humor.
23. Ponte un poco escatológico y cuenta un nacimiento.
24. Te han secuestrado y eres ciego. Tienes una hora para salir o estás muerto.
25. Piensa en tus tres novelas favoritas. Coge al protagonista de la uno y la dos y crea una historia con ellos en el universo de la tres.
26. ¿Qué pasaría si un dictador de tu elección fuera en realidad el bueno? Intenta ofrecer un relato irónico (por favor) sobre cómo se defendería ante el mundo.
27. Abre un diccionario (o un libro común en su defecto) y la primera palabra que te aparezca será el arma de Chèjov de tu relato.
28. Un relato que comienza en clave romántica, pero desde el punto de vista de un/a maltratador/a. Empieza “engañando” al lector y ve poco a poco creando esa atmósfera de acoso.
29. Mata al chico. Literal o figuradamente, mata a esa figura infantil que habita cerca de ti, Jon Nieve.
30. Enhorabuena, esta semana el tema es libre, pero sin utilizar una sola vez la “e”.
31. Escribe una escena de sexo, pero narrada por un mirón.
32. Un relato en que aparezcan las siguientes palabras: longevo, galeón, Whatsapp y uña.
33. Mata (en el papel) al profesor que más odiaste en tu vida estudiantil.
34. Tu protagonista tiene que ser una guerrera.
35. Imagina que eres un personaje histórico relevante y describe el día de tu muerte con su filosofía.
36. El aclamado apocalipsis zombi ha llegado. ¿A quién salvarás: tu madre, tu pareja o tu mascota? Solo puede quedar vivo uno.
37. Un asesino anda suelto por tu ciudad y tienes que ayudar a la policía a atraparle.
38. ¿Sabes lo que es la sinestesia? En tu texto tendrás que describir cambiando los receptores de los sentidos.
39. Pon la oreja en una conversación en la calle. Escríbela en forma de relato llenando los huecos.
40. Escribe en primera persona del plural en presente de indicativo un relato con tres tristes tigres como protagonistas. Puedes empezar con “Nosotros comemos trigo en un trigal…”
41. Lo siento, pero vas a tener que acabar un relato con “un sueño de Resines“.
42. Escribe el relato de una persona invisible que se cuela en su lugar favorito del mundo.
43. Toca un relato en clave de thriller redactado en segunda persona.
44. Escribe La Odisea, pero con un perro de protagonista. O cualquier otro animal, escoge sin miedo. Total, es tu cuento.
45. ¿Qué pasaría si uno de tus padres matase al otro? Escríbelo en futuro.
46. Imagina que fuera el último día de tu vida. Comienza en clave de humor, pero tienes que acabar provocando una lagrimita.
47. Relato de tema libre pero descriptivo, sin un solo diálogo.
48. Tu texto es el día a día de una persona atrapada en el cuerpo de otra. Lo sabe desde hace años y lo asume como algo normal, pero no olvida su vida de antes. Puedes darle un tono filosófico, psicológico, de terror, fantasía…, como quieras.
49. Para esta semana toca un cuento de piratas.
50. ¿Sabes lo que es la prosa poética? Pues será tu forma de narrar esta semana.
51. Reescribe el final de la última película que has visto.
52. Has matado a alguien y tienes que deshacerte del cadáver la noche del 31 de diciembre.

Como ves la oferta es muuuuuuuy variada. La locura en la que me veré envuelto está servida. Esta noche comienzo. Vamos a ver qué pasa.

¿Seré capaz de cumplir el reto? ¿Estaré a la altura de las circunstancias o me he meado fuera del tiesto? ¿Apoyarás esta locura mía?

Gracias por leerme.

 

 

 

«Aquella acertada decisión»

Hay veces en que parece que no sabemos si ir o ir. Yo que tú iría. Ya dirás adónde.

¿De qué decisión no te has arrepentido nunca?

Como sé que te gustan mis batallitas, hoy te voy a contar una, pero me gustaría que, a cambio, compartieras una de las tuyas.

El septiembre pasado hizo veinte años que pertenezco al glorioso Cuerpo de maestros —sí ya sabes, esos gladiadores de los que te hablaba en este post—. Saqué mis oposiciones tras trabajar durante un par de cursos en la enseñanza privada. Buenos años aquellos, pese al horario, al poco sueldo, la masificación del aula, la fiscalización constante que hacía el propietario del centro… Muchas cosas aprendí que, sin duda, me ayudaron a aprobar esas oposiciones a maestro.

Lo mejor de todo es cómo tomé la decisión de presentarme a los exámenes, que también explica porqué te traigo hoy está historia.

Recuerdo una cena que se organizó con el profesorado del colegio para celebrar el Día del Maestro —ahora diríamos Día del docente. Aunque hoy no es el día, el de verdad, es el que se usa para su celebración oficial, por eso tienes a tus hijos sin cole, y por eso te traigo a colación esta historia—. Como te decía, la cena se prolongó lo suficiente como para terminar tomando unas copas en un bar de La Laguna —ya cerrado y famoso por las parrandas que allí se montaban—.

Como te podrás imaginar, entre el vino consumido durante la comida, los licores para hacer la digestión y los cubatas que nos bebimos en el citado local, a algunos de los presentes se les aflojó bastante la lengua.

Uno de esos, con lengua de estropajo, resultó ser uno de los jefes. En un momento, de lo que yo pensé que era de «exaltación de la amistad», me cogió por banda y comenzó a darme la murga con lo importante que era el trabajo en equipo, lo contentos que estaban conmigo, la importancia de mantener en el espíritu del centro vivo, y bla, bla, bla. Pero cometí un error de concepto, aquel era otro momento, el que se conoce como la «sinceridad del borracho». El fulano me dejo de piedra cuando, después de tanto halago, me confesó que, pese a todo, me tendría como personal eventual tanto tiempo como le fuera posible. «¡Qué cabrón!» pensé en ese instante. En un periquete se me bajó el lote y el destrozó la noche. Pero aquel comentario, sin él pretenderlo ni yo saberlo, me enseñó mucho, colaborando a tomar una de las mejores decisiones de mi vida.

A la mañana siguiente, una vez pasada la resaca —en aquella época, como estaba entrenado en salidas nocturnas, la cosa no iba más allá de las 11:00 o 12:00 de la mañana—y con aquella sinceridad del borracho ya digerida, me fui a una academia y me matriculé, para empezar la preparación de las oposiciones, ese mismo lunes.

Cuando se convocaron las plazas una de mis compañeras más veteranas, que había sido testigo de aquella conversación con el jefe, cada vez que tenía oportunidad, por lo bajini, me repetía «Preséntate a las oposiciones. No hagas como nosotras, pero no se lo digas a nadie.». Yo la miraba, sonreía y decía: «Deja ver, deja ver, que entre el trabajo, la objeción de conciencia, la casa…». Siempre la dejaba hablar y yo, como un zorro, me callaba.

Cuando a los meses le dije que había aprobado y le di las gracias, su abrazo fue enorme uno de los más sinceros que recuerdo —también, por lo bajito me llamo cabronazo jejeje.

Pues aquí estoy, veinte años después, con aquellos «delitos» ya prescritos y recordando que, gracias a la borrachera de uno y a las palabras de la otra, esa fue una de las mejores decisiones de toda mi vida. Hay otras, pero esas las dejamos para otro ratito.

Ahora te toca a ti. ¿Me cuentas una batalla de las tuyas?

Gracias por leerme.

«¡Oh capitán!, ¡mi capitán!»

Foto sacada con mi móvil a principio s de mes en SETUBAL-Portugal.

«¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!,
nuestro terrible viaje ha terminado,
el barco ha sobrevivido a todos los escollos…»

Entre los versos de Walt Whitman se esconde la escena del capitán que tras superar grandes problemas, es traído por su hijo a su tierra para morir.

Este viejo marino que en la foto canta feliz en nuestra compañía me recordó ese poema tan famoso por la escena final de la película «El club de los poetas muertos».

Nuestro amigo, escondido tras el cristal de las empañadas copas de cerveza y ron, que sin orden ni mesura mezcla y alterna, esconde su talento en una potente garganta que, por culpa de los excesos, ahora se le anuda en torno a la lengua, impidiéndole casi el habla.

En los momentos en los que nuestras voces e instrumentos ganan el silencio, él grita a los siete vientos los nombres de mares y puertos que ha visitado, los nombres de barcos que hacía tiempo pilotaba, o el de las mujeres que había deshonrado y el de las cicatrices que en su cuerpo había bautizado.

Según parece su vida está unida a la vieja piratería, al contrabando y el trapicheo. Una historia llena de aventuras vividas en ultramar, entre las antiguas colonias y que ahora, en un vago intento de ahogar sus recuerdos en el alcohol, estos le salen a relucir, pues saben nadar.

Las viejas trovas que cantamos le hacen llorar y emocionarse, hasta que en un momento, acompañado del fiel escudero, que a ritmo de pandereta celebra sus gritos y hazañas, se pone en pie sobre la mesa iniciando el recitado del célebre poema, cual reclamo de honores, anunciando así su retirada a la espera de tiempos mejores.

Foto sacada con mi móvil a principio s de mes en SETUBAL-Portugal.

«¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las campanas;
 levántate —por ti la enseña ondea— por ti suena el clarín;
por ti son las guirnaldas y festones —por ti se apiñan gentes en la orilla;
por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa.»

Gracias por leerme.

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

Sí, estoy hasta los mismísimos de las colas mañaneras. Y lo digo así de claro, pero pidiéndote perdón porque al fin y al cabo tu no eres responsable del asunto y, además hoy, me he sentado un poco protestón.

Hace justo un año, publiqué en este misma esquina un post —aquí te dejo el enlace—, una pequeña historia en la que trataba de comparar una serpiente con lo que ocurre en la autopista del norte todas las mañanas —dicen que en la del sur es peor, lo lamento—. Mis compañeros de coche me acusan de que en aquella ocasión fui blando. Tienen razón.

Desde hace unos días hemos tenido que adelantar la hora de salida desde La Orotava. Pese a tener cierta flexibilidad horaria, nos gusta fichar a las 7:00, por varios motivos:

  1. De esta manera salimos a las 14:30 y llegamos a casa sobre las 15:00 (si el tráfico lo permite).
  2. Compartimos coche. Somos cuatro, con el mismo horario y el compromiso de salir a nuestra hora, por lo que solo conducimos una semana al mes. Las ventajas que esto supone te las puedes imaginar (ahorro, compañía…).
  3. Tenemos aparcamiento en el edificio. Si llegamos a la hora claro, los días de mucha cola… no te digo.
  4. Al entrar tan temprano podemos preparar el día, responder correos, sacar tareas atrasadas…, tomar café con los compañeros (esto también es trabajo, aunque a veces no lo creas).

En el argot del trasporte somos lo que se denomina un Vehículo de Alta Ocupación (VAO).

El problema está en que, para poder llegar a las 7:00 debemos salir a las 6:10, para hacer un trayecto de no más de 30 minutos, como mucho. Pero intentamos ser felices los cuatro, como en la canción.

Otra vez, te comenté que nos da por hacer cosas —aquí te dejo el enlace— para no aburrirnos. Hemos hecho una estadística, que de fiable tiene lo que yo de peludo. La conclusión del estudio, sobre el número de pasajeros a esa hora de la mañana, es que: «EN EL 80% DE LOS COCHES VA UNA SOLA PERSONA». Así no hay manera de mejorar la situación.

El cabildo habla de premiar a los VAO. ¡GENIAL! —por fin nos toca algo bueno—. Según parece y cito textualmente parte del artículo que aquí te dejo: «(…) se les abonará dinero por kilómetro recorrido en el monedero electrónico de la tarjeta ‘tenmás’, que después se podrá intercambiar por otros transportes o servicios de la corporación (…)». ¡FUERTE CAPULLADA! Espera que ahora te lo explico.

Otro estudio que hemos hecho, es que a esas horas de la mañana, NO HAY NI UNA SOLA GUAGUA en la autopista. ¡¿Para qué coño quiero yo dinero en un monedero virtual a usar en un medio de transporte?! Seguro que ya entendiste la capullada.

Nos hablan de un carril especial, de un tren, de cambiar horarios… Osea AÑOS PARA QUE SE ARREGLE este problema, que es de ahora y que está empeorando por momentos. Un pequeño inciso, lo siento, pero me alegro de que los examinadores del carnet de conducir estén en huelga. Esto disminuye el tráfico.

¿Alguien ha pensado que igual es más fácil, más barato, más ecológico, genial para disminuir el paro, menos accidentes…, hacer cómo en las grandes urbes de medio mundo y PONER GUAGUAS?

De verdad que deberían estudiarlo. Si de cada municipio del norte salieran guaguas DIRECTAS, sin paradas, cada 10 o 15 minutos, rumbo a Santa Cruz o a La Laguna, la autopista sería otra cosa. así sí que se podrían plantear tarjetas de dinero virtual, para usarlas en el transporte público. Seguro que el número de coches disminuirían, y el estrés, y los accidentes, y la contaminación… Por experiencia sé que no hay nada más cómodo que viajar acompañado, sentado tranquilamente, con tu música, tu lectura…, y saber que llegas a tiempo al trabajo, a tu cita médica, a recoger a tus hijos… No nos importaría hacerlo en guagua. Seguro que así tampoco.

Bueno, para terminar, solo hacer un pequeño inciso. Si eres político, o de los que trabaja para el Cabildo o para el Gobierno de Canarias, o tienes algo que ver con las carreteras, olvídate de mis disculpas y ponte a trabajar ¡ya!, que somos muchos los que estamos sufriendo esta lacra.

Si estás conmigo, haz que este post circule sin atascos. También puedes firmar esta petición que anda circulando por www.chage.org.

Gracias por leerme—lástima que el Cabildo de Tenerife no lo haga.

«No hablaré del process, prefiero el fútbol»

Prefiero hablar de fútbol antes que del process

En otro momento hablaría del gobierno, o del process, o de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI)…, pero como estos temas está lo suficientemente caldeados, y seguro que tú también estás un poco hasta los cullons, he decidido que hoy hablaré de fútbol, que me gusta menos, pero que creo que es bastante acertado.

En un partido del deporte rey de este país, en el que se enfrentan dos clubes rivales, la mayoría de las luchas no está en el campo de juego, sigo que se acomete en las gradas. Ambas aficiones exhiben su poderío con sus peñas de aficionados, sus cánticos, banderas…

En toda casa en la que hay forofos, las discusiones en las reuniones terminan por prohibirse, ya que el uno siempre pretende imponer su voluntad o forma de ver las cosas, sobre el otro. En todas ellas todos los afectados conocen y discuten el reglamento, que es el mismo para todos, aunque cada uno lo interprete de forma distinta.

En todos los partidos los árbitros y jueces, de linea, tienen la obligación de hacer cumplir la norma e interpretarla. Si, por ejemplo, se saca una tarjeta amarilla, las protestas —del público, de los jugadores y del banquillo— suelen ser sonoras, pero la misma queda registrada. Si hay una tarjeta roja, la expulsión es inmediata, se protestará, se discutirá…, pero en ese momento, la decisión arbitral, se acata. Lo mismo ocurre si hay faltas, se lanzan; si hay penaltis, se tiran; si hay fuera de juego, se anulan los goles…

Los árbitros, en estas situaciones pueden equivocarse, ¡claro que sí!, pero en ese momento se hace lo que ellos dicen, ya que son la autoridad competente en el campo, y si no se está de acuerdo se eleva la protesta a los organismos superiores, los que, con el reglamento en la mano y estudiando cada caso, solventan las diferencias. Agotadas las vías la norma se cumple. En los bares, los gimnasios, las casas, los clubes, la televisión… se seguirá protestando, pero la liga sigue y al final siempre llega la copa.

La pena es que el fútbol es solo deporte, que si lo pudiéramos extrapolar…, como decían los grandes Tip y Coll, «otro día hablaremos del gobierno». ¿Te apetece?

Gracias por leerme