«El coñazo de los replicantes»

Replicantes

Lo siento pero son una verdadera lata. Los replicantes son aquellos «escritores/as» que, a fin de estar presentes, a toda costa, en las redes sociales, repiten una y otra vez contenidos suyos y, en muchos casos, de otros.

Como sé que no me entiendes, me explico.

Llegué a esta esquina de casualidad, con las mismas pretensiones que tengo ahora, escribir, más mal que bien, pero escribir. Porque me divierte y relaja.

Con el tiempo de presencia que llevo acumulado en las redes sociales todos los días aprendo cosas y «siguiendo» a otras personas, que según parece saben mucho sobre todo esto de la SEO, el marketing, la visibilidad…, sigo aprendiendo muchas más. Lástima que muchas de ellas son auténticas ¡FANTOCHADAS!

Según estos “escritores/as” este mundo virtual se mueve a base de tuits y retuits. Lo importante es estar siempre presente para que otros te vean, te sigan, te retuiteen…, para que así puedas hacerte algo más famoso y vender un par de libros más.

Lo cierto, por lo que he visto, es que consiguen estar presentes pero no por sus relatos, que es lo que se espera de alguien que pretende ser escritor/a, sino porque para poder hacerlo, se dedican a replicar/discutir/opinar artículos de ellos mismos o de otros.

Las técnicas que usan son varias:

  1. El truco más usado es el de repetir sus artículos, con la excusa de que aún son válidos, una y otra vez. Esto lo hacen gracias al uso de una aplicación que los escoge al azar y los vuelve a lanzar a las redes de manera automática. Ni siquiera se preocupan de elegirlos.
  2. Siguen a mucha gente y gracias a ello son seguidos. Pero no saben ni quiénes son, ni qué hacen. No nos engañemos, tampoco les importa. Aquí lo importante es que los sigan a ellos. Acumular seguidores, me gusta y retuits… para intentar vender.
  3. La envidia les corroe por dentro. Si @menganita propone un juego, o un concurso, o un grupo de Facebook, @fulano lo hace también. Que @ciclanito regala un libro,@marujo una foto; que escribiremos 300 palabras a la semana, pues conmigo escribirás durante 30 minutos…
  4. Son tan buenos escritores que se dedican a dar consejos sobre qué, cómo, cuándo… escribir. Pero no creas que saben tanto. Igual que antes se copian unos a otros. Que @pepinillo habla de los personajes principales pues @lechuguina versará sobre los secundarios…
  5. Cuando no saben qué hacer retuitean las artículos de sus allegados, se nombran y se dan palmaditas en la espalda unos a otros, se felicitan…
  6. Defienden la autopublicación. Es decir ponen la pasta para publicar y van a una imprenta, porque no han conseguido que ninguna editorial les publique. Muy bien, sin duda es una opción.
  7. Aprovechan el entusiasmo de las personas que quieren empezar a escribir, para venderles conocimientos en formas de píldoras informativas, pequeños tutoriales, cursos… Pero lo único que quieren es cobrar y parecer grandes personajillos de la farándula de las letras y los teclados.

Y a todas estás ¿qué escriben? ¿Cuentos? ¿Terror? ¿Novela histórica, erótica de aventuras,…? ellos y ellas se reconocen como de un género o de otro, pero lo cierto es que no muestran nada.

Como verás, el caso es estar presente de cualquier modo en las redes sociales. Muchos dicen que son escritores, pues me alegro, oiga.
Lo siento pero lo voy a decir claro: ESTA GENTE ME CANSA. Son un coñazo.

Entro en mis redes (Twiter, Facebook, Instagram…) y veo lo mismo una y otra vez. Así que he decidido dejar de seguirles, sobre todo porque hacen mucho ruido y tengo la sensación de que, entre sus tuits, retuits y fantochadas, me estoy perdiendo lo importante.

Un consejo: si quieres escribir, ESCRIBE Y LEE, pero sigas a esta panda de replantes o perderás el tiempo.

Gracias por leerme.

«Telepatía mientras escribo»

Telepatía

Hace unos días, por pura casualidad o por una fuerza superior, en forma de tuit, descubrí un libro, del que jamás había oído hablar, «Mientras escribo», del gran maestro del suspense Stephen King. Lo devoré en un par de días. Solo comentarte de que, fuera de la temática de misterio o terror a la que nos tiene acostumbrado, éste es un relato biográfico en el que nos cuenta su proceso escritor. Aprendí muchísimo.

Una de las ideas que define con mucha claridad es la relación existente entre el escritor y el lector. Para él, ese vínculo, se basa en la telepatía, ya que, lo que escribo eres capaz de verlo en tu cabeza, mientras lo lees.

De esta manera, para que te hagas una idea aproximada de cuál es mi situación actual, bastará con contarte que, mientras el resto de la casa ya está en silencio, yo estoy encerrado en el cuarto en el que escribo. Todas las luces están encendidas, pero las que de verdad alumbran este momento están conectadas en mi cabeza ordenando rápidos movimientos a unos torpes dedos, que se equivocan con cierta frecuencia, en el traqueteo sobre los blancos botones de mi teclado. Ya con el pijama puesto y sentado frente a la pantalla de mi ordenador, transcribo este momento para que tú, que estás al otro lado, recibas este mensaje y dibujes en tu mente, gracias a esa telepatía que decía Stephen King, mi situación.

Pero creo que el gran autor, pese a tener toda la razón, en el momento en el que escribió el libro, desconocía la capacidad actual que tenemos los que escribimos —iba a decir escritores, pero se me hace grande— de estar en dos sitios a la vez.

Sí, además de la telepatía, tenemos el poder de la bilocación, que como sabes es la capacidad para estar en dos sitios a la vez. ¿Me imaginaste escribiendo este post? Pues si me conoces sabrás donde me encuentro estos días y te confieso que, gracias a la tecnología, puedo jugar contigo, con mis escritos y teletransportarme a otro lugar algo más frío y blanco que mi teclado. Lastima que no estés aquí.

Gracias por leerme

«La elección del día»

Foto sacada con mi móvil.

Llevaba un buen rato con el grifo abierto, las manos posadas sobre los laterales del lavamanos y la mirada perdida en el interior de su propio ser, ahora reflejado en el espejo del cuarto de baño.
Cuando volvió en sí se percató de que su mente hacia rato que se hacía las mismas preguntas, sin encontrar las ansiadas respuestas.
Con calma y regocijo, utilizando las dos manos, se lavó la cara en un intento de despejar alma y mente. Con cautela, se secó la cara, recreándose en el detalle de cada arruga, con la misma delicadeza con la que se limpia un jarrón de quebradiza porcelana china.
Cuando por fin terminó la operación, cerró el grifo y con él el escape de remordimientos y negros pensamientos que manaba de su cabeza.
Su mirada volvió a chocar con la imagen que le reflejaba el espejo. Giró su cuerpo y del perchero eligió la cara con la que iba a pasar el día. Volvió a elegir la de hipócrita.
Y tú, ¿qué cara llevas hoy?
Gracias por leerme.