«Un cuento de Navidad»

Navidad esa época en la que hacemos realidad tantos sueños.

Uno, dos, tres, cuatro… Cada vez que salimos de excursión me paso la mañana contándolos. Hoy no es un día diferente, sobre todo viendo la cantidad de gente que hay en las calles al estar tan cerca la Navidad.

Todo el mundo va como loco de aquí para allá. Cargan bolsas, paquetes y regalos. Nadie parece percatarse de nuestra presencia, aunque mantenemos una fila bien hecha, pero somos lo bastante ruidosos como para que se nos oiga. Vamos charloteando, encandilados por tantas luces, tanto adorno y…, tanta gente. La primera evaluación ya termina —aquí puedes recordar algo—, así que hoy toca disfrutar de otras experiencias, de ese aroma que siempre dejan los cuentos de Navidad. 

El camino hacía el portal es corto y fácil de recorrer, pero nada más salir del colegio, los niñas y niños que me acompañan, ya preguntan los consabidos: «¿falta mucho?», «¿cuándo llegamos?». Un clásico de cada salida fuera de las paredes y el orden del día a día.

El pesebre que visitamos es modesto. En verdad tampoco nos interesa mucho, lo que vamos es a entregar las cartas a los Pajes de los Reyes Magos, que allí se encuentran esperándolas como en cada Navidad. «Seguro que son de mentira» dice uno de los chicos mientras los señala, «Claro que sí, los de verdad están muy ocupados preparándolo todo», responde una de las niñas con su tierna inocencia.

En cuanto llegamos y los vemos de cerca, los ojos se les abren como dos grandes contraventanas que saludan a los rayos del sol cada mañana. La esperanza y la ilusión les embriaga.

Uno a uno, por orden de lista, van pasando por sus regazos. Los Pajes les saludan por su nombre. Ellos se asombran. 

Ahora las voces y los comentarios que hacen empiezan a cambiar el tono y el discurso: «¡Maestro, que son los de verdad!», dice el pequeño Juan mientras agita las dos manos nervioso. «¡Sí!, ¡nos conocen!» contesta la simpática Ana. «¡Saben quién soy!», sentencia Elisa… Los demás del grupo, los que esperan su turno, emiten un suspiro de asombro mientras abren sus bocas, para ya no cerrarlas hasta el regreso al colegio. Con ganas esperan su minuto en la intimidad con los Pajes. Ahora no hablan, tiemblan, babean, se agitan. Los nervios están a flor de piel, incluso cuando les toca dejar paso al siguiente compañero. 

A veces, para que la magia de la Navidad se haga realidad basta con mantener un pequeño orden y entregar, a las manos adecuadas, una lista de nombres. ¡FELIZ NAVIDAD!

Gracias por leerme.

«Una historia de mil pares de… calcetines»

Calcetines favoritos

Entre las tareas domésticas que me han tocado hoy, recoger los calcetines, emparejarlos y guardarlos, es la que se lleva la palma. Todo ello porque llegué a la conclusión, y yo solito, de que el destino me la tenía guardada por lo que decía en aquel post —aquí te dejo el enlace— en el que trataba las Leyes de Murphy. Si eres persona conocedora de las mismas, o has dedicado unos minutos a leer ese, no tan viejo post, ya te habrás imaginado, que la cuarta ley se ha cumplido. 

Cuarta Ley de Murphy: «Los pares de calcetines siempre van de dos en dos a la lavadora pero salen de uno en uno».

El hecho de que hoy tenga tres calcetines sin pareja, me ha llevado a investigar un poco este asunto, y, por supuesto, ampliar mi bolsa de calcetines únicos. Espero tener alguna tarde para intentar ver si, por casualidad, puedo emparejar algunos de su interior, mientras no se note mucho que son diferentes. O que se note del todo.

La primera de mis conclusiones a este enigmático asunto, es que creo que debe existir algún tipo de acuerdo secreto entre los fabricantes de calcetines y los de lavadoras. Piénsalo. Es muy  probable que, además, nos estén grabando, con una cámara secreta o así, para desternillarse de risa y saber qué calcetines fabricar.

En segundo lugar he descubierto que, con la sana intención de darle respuesta a este fenómeno sobrenatural, hay un estadístico y un psicólogo que se han unido para hacer una investigación que, como conclusión arrojó una fórmula que predice el riesgo de que perdamos los calcetines. ¿Que no me crees? Pues lo digo en serio. En esta web podrás leerlo con detenimiento, y, si quieres, hacer tus cábalas. ¿Estos dos no tenían otra cosa en la que entretenerse? 

Por último me ha sorprendido ver el video de como, de verdad, los calcetines desaparecen, en una especie de agujero negro que se crea dentro de la lavadora. Te dejo el enlace.

Como desaparecen los calcetines en la lavadora.

Total, que como conclusión, mañana tengo que ir a comprarme calcetines. Me gustan los de rayas, me parecen divertidos, así que… Bueno, ahí lo dejo.

¿Cuántos calcetines has perdido? ¿Cuál es la situación más embarazosa, que tenga tus calcetines como protagonista, has vivido? ¿Tienes bolsa de calcetines perdidos? ¿Cuántos hay? ¡Venga cuéntame algo!

Gracias por leerme.