«La vuelta al cole de un maestro ¿asustado?»

Los maestros… menos mal que tenemos humor.

Como maestro, ayer me reí mucho con el «meme» que he puesto de cabecera de este post. Para serte sincero, llevo a carcajada limpia desde el mismo día que empecé de nuevo el cole. ¿Cómo?, ¿que aún no te has enterado?, perdona pero no me lo creo. Ya te lo había adelantado en este post.

Como un niño bueno, decidí, allá por el mes de mayo, regresar a mi aula y terminar con ese «Kit-kat» que estaba haciendo. En resumen he de confesar que fueron cinco cursos —en principio me había ido por uno—, de mucho trabajo, esfuerzo, dedicación…, que se vieron recompensados con mucho aprendizaje —una consejería tan grande como la de Educación es una especie de cacharrería con un elefante dentro. Moverle una pata, o una oreja, no solo cuesta mucho, sino que se hace mucho ruido, por lo que aprender es inevitable—, buenas personas —hecho de menos a mis compis del curro, sobre todo a los del Café a las 7:30 y a los del VAO, con los que compartí mucho sufrimiento— y un buen sabor de boca al estar totalmente seguro que me marché con la certeza de haber hecho todo lo que estaba en mi mano por ayudar y aportar algo más que un granito de arena.

Como digo he vuelto al cole. Quizás ese maestro del que habla la imagen sea yo. Reconozco que llego despistado, pero con muchas ganas e ilusión por retomar una de mis grandes pasiones, mi aula.

Ahora que paro un rato por esta esquina, dejando descansar un poco las programaciones de aula, los carteles, las fichas, artículos, preparar clases…, veo que de nuevo, la vida me devuelve la posibilidad de seguir aprendiendo, un claustro lleno de buenas personas y un buen sabor de boca.

Estoy seguro que este curso escolar será memorable, pues llego con las pilas cargadas, en parte gracias a haber tenido el tiempo suficiente para hacer aquellas tareas de verano, que en su momento te recomendé y programar una serie de pequeñas locuras (ya te contaré lo de mi escenario de aula, la historia de las pelotas…) que me han ayudado a generar la fuerza necesaria para que esa carita asustada, cada día se note menos.

¿Y tú?, ¿cómo llevas la vuelta al cole? Que sepas que vale contar la tuya o la de los tuyos, de igual. Seguro que hay algo interesante que quieres compartir. Yo estoy deseoso de que comentes y me sorprendas con tus cosas.

Gracias por leerme.

«El que avisa no es traidor. Calentando motores»

Un traidor no avisa del encendido de la máquina.

Ya lo sé. Muchas de las personas que se pasean de manera habitual por esta esquina me han dicho algo parecido a lo que ahora estás pensando: «Te fuiste y nos dejaste tirados!, «Pero chico, ¿qué te pasó?», «¡Ñosssss!, te largaste a la francesa»… Todas esas personas, y tú más, tienen razón.  Dejé mi cita de los jueves contigo, sin previo aviso, pero como tengo una explicación. ¿Recuerdas cuando en el telediario avisan de que va a venir una lluvia y, de repente, cae una tormenta? Pues pasó más o menos eso. Si me das una oportunidad, en las próximas semanas te iré contando todo lo vivido en detalle. Hoy vengo a pedirte disculpas y a comprobar el engranaje de la máquina.

Para ir abriendo boca, y así poder cumplir con el título de este post, aunque como ya he dicho te iré contando con detalle todas mis venturas, decirte que durante este verano han pasado muchas cosas y casi todas de calado. Por enumerar algunos ejemplos:

1.- Por el mes de mayo decidí volver a mi aula. Esto puede que ya lo sepas. Lo cierto es que lo he ido pregonando a los cuatro vientos de lo contento y motivado que estoy. Así que la semana que viene me vuelvo a vestir con mi traje de… ¿maestro loco? ¡Uf!, que nervios.

2.- Nos hemos mudado. Seguro que también lo sabías. Después de casi un año de obras ya estamos en la casa nueva, llenos de cajas y cosas por colocar. Supermegachuli.

3.- La pequeña de la casa es una aventurera. Fue capaz de ir, y sobre todo volver de una pieza, de Irlanda. ¡Y ella solita!, que para eso se está haciendo una mujer superfuerte e inteligente.

4.- He viajado a Finlandia. Tras muchos artículos, programas de televisión, charlas de cafetería y bares…, surgió la oportunidad de ver, en vivo y en directo, como funciona el «Sistema educativo finlandés». Un curso genial, una experiencia de crecimiento personal increíble y unos  compañeros maravillosos. De todo ello te hablaré con detalle.

Como verás este verano no he saltado en parapente, como en aquella ocasión, pero sí he llenado las pilas para contarte un montón de cosas. Así que, si te apetece, paso a desempolvar esta esquina y nos vemos el jueves que viene. Como ya te dije al principio este pequeño escrito de hoy, «sin chicha ni limoná» era solo para ir abriendo boca, avisarte de que estoy de vuelta y recuperar el engranaje del teclado.

Gracias por leerme.

«A por mi equipo de nadador»

Buenos, está bien, no soy yo. Pero casi.

Ya hace un par de meses que compartía contigo, en este enlace, mi nueva experiencia como aprendiz de nadador. Según parece, y por lo que me dicen mis monitores, voy mejorando. A las pruebas me remito. En aquella ocasión salía del agua, colorado, asfixiado y reventado. Ahora solo salgo del agua, colorado, asfixiado y reventado. ¡Ups!, parece que no hay muchos cambios. La explicación es simple, de los mil metros por sesión que por aquel entonces presumía, he pasado a rozar los dos mil. Así que estoy más feliz que unas castañuelas.

Con ese afán de seguir mejorando, por insistencia de mi torturador, he ido a comprarme los artilugios que pueden ayudarme en el avance: aletas y palas. La conversación con el dependiente fue más o menos así:

—¿Aletas? Sí claro, allí —indicó con el dedo a un lugar impresiso del fondo del establecimiento.

—¿Allí o allí? —dije señalando de igual manera, hacía dos lugares indeterminados en la misma dirección.

En el fondo, el chico, no parecía tonto. Entendió mi sarcasmo.

—Acompáñeme —dijo refunfuñando y de manera apática.

Tras recorrer un par de pasillos, y rebuscar en las estanterías, llegamos allí. Con algo de desprecio me brindó unas cosas color coral, que colocó en mis manos, con mucho parecudo a las extremidades de un ornitorrinco. ¿Cuántos de esos bichos habré visto en mi vida? Creo que uno, en un documental de la 2, mientras hacía la siesta. Pero no tenía dudas.

—Estas son las de Michael Phelps —estoy seguro que mi estupor quedó más que patente por el gesto de mi cara, pues nada más mirarlo, el chico intentó arreglarlo—. Es lo mejor del mercado —para más info.pincha aquí.

Lo siento por él, pero mi respuesta fue cortante. No entiendo que intenten colocar a diestro y siniestro cualquier cosa.

—¿Tú me ves pinta de hombre anfibio, sirena o nadador de élite? ¿Tu sabes quien fue Johnny Weissmüller? Pues casi familia que somos. ¿Aletas normales tienes?

Ante la negativa del dependiente y tras recorrer sin éxito cuatro establecimientos, de esos que llaman «pequeños comerciantes», terminé en la superficie de material deportivo más grande del mercado. Por fin aletas normales y la sonrisa de una encantadora joven dispuesta a ayudarme, imagino que para no perder su trabajo, aunque por un momento pensé que…

Gracias por leerme.

«La vieja flipada del garaje»

Imagina un garaje tenebroso y una voz que…

Es increíble descubrir como, hasta en un simple garaje, habitan seres del inframundo dignos de ser mencionados en unas pocas líneas. Porque gente rara habemos, yo el primero, pero hay otros que…

Imagina recibir una llamada de la presidenta de tu comunidad de vecinos: «¿Fulano?, que sepas que Mengana te quiere llamar para hablar algo contigo del garaje. ¿Le puedo dar tu número?». Uno, como es muy educado y curioso, no pone impedimentos, alabando incluso la seriedad demostrada, en cuanto al cumplimiento de la Ley de Protección de Datos, por la señora presidenta. No pasan dos minutos y Mengana llama.

—Buenas tardes, ¿usted es Fulano? —El tono ya denota cierto estado de posesión infernal.

—Sí señora, ¿qué necesita?

—¡Mira bonito! Tú a mí no me conoces —las orejas empiezan a tornarse de un rojo pasión nada despreciable, a la vez que el tono de Mengana se vuelve agrio y amenazante—, pero que sepas que tengo alquilada la plaza número 6 y no estoy nada de acuerdo con que tú tengas la 1.

—Bueno señora, yo lo lamento. Es la que el antiguo propietario me ofreció y es la que compré.

— Sí, pero es que yo no puedo maniobrar, y tu coche es muy grande; y además soy viuda; y tengo fibromialgia; y la rampa de salida…; y la curva es muy estrecha…; y…

—Perdone, perdone —interrumpo para intentar encauzar la charla— ¿me está diciendo que le molesta mi coche? 

—¡Claro mi niño! ¡Pareces guanajo! Hasta que tu compraste la plaza de garaje ese sitio estaba libre y me servía para maniobrar, que estoy enferma, y soy viuda, y…, y claro, ahora no puedo, y…

—Perdone que le vuelva a interrumpir Doña Mengana, ¿qué quiere que yo haga?

—Pues hombre está claro, antes de comprar la plaza de garaje tenías que haber informado del coche que tenias, y…

—¿Pero mi coche se sale de la plaza?

—No, pero no puedo maniobrar en este estrecho garaje, que estoy enferma, y soy viuda, y…, y claro, ahora no puedo, y…; tienes que buscarme una solución. Te doy hasta final de mes —la señora acaba de colgar el teléfono.

Fulano, según me cuenta, se quedó mirando el auricular del todo estupefacto. Inmediatamente manda mensaje al «guasap» familiar y ¡hala! comienza el pitorreo.

Buscamos consejo para el tal Fulano: ¿Tú que harías? ¿cederías? ¿Mandarías a la buena de la señora: a) A la porra. b) Al carajo. c) A la autoescuela. ¿Cederías al chantaje? ¿Qué crees que esconde la amenaza de: «Te doy hasta fin de mes»?

Gracias por leerme.

«La segunda vida de un disco de vinilo»

Uno de mis vinilos preferidos.

Es increíble como hay días en los que pequeños detalles de la vida, como un viejo disco de vinilo,  regalan una sorpresa, una sonrisa y ofrecen una segunda oportunidad.

Uno de los protagonistas de la serie a la que estamos enganchados —ya comenté hace tiempo algo sobre las series en este post«Suits», un abogado de éxito de Manhattan, luce en su despacho una enorme estantería con una fabulosa colección de discos de vinilo y, como ya te puedes imaginar, mi pequeña colección de discos y la batalla siguiente han salido a relucir. 

Recuerdo perfectamente aquel viaje de fin de curso. Madrid, Toledo, Aranjuez… El típico trayecto que se hacía, a principio de los ochenta, con un grupo de niños y niñas de octavo de E.G.B.

Una de aquellas tardes paseábamos por los grandes almacenes de la capital del reino y allí lo encontré «Joe Coker live», ¡alucina! todo un doble LP que, sin saber muy bien cómo, me enganchó y consiguió que me gastara las dos mil pesetas que llevaba en el bolsillo, para comprarme algo de recuerdo de aquel viaje.

Un comentario de mi hijo hace unos días me dio la idea, así que, la tarde de ayer, me la pasé rebuscando en el trastero hasta encontrarla. 

La vieja caja perfectamente cerrada, tal y como la embalé hace años, estaba allí, guardando aquel precioso tesoro olvidado. La búsqueda vino acompañada por la carrera por conseguir un «tocadiscos», ya que el mío se rompió también hace años y nunca lo arreglé.

Hoy, después de tantos años, esa pequeña colección volverá a cobrar vida, pero ya no en mis manos, sino en las de una de las personas que más quiero en esta vida y que hoy celebra su diecisiete cumpleaños. 

A él le gusta la música, sigue con entusiasmo la serie, le asombra la colección de discos que luce Harvery Specter y creo que le hemos sorprendido con el que espero sea un hermoso principio para una colección con la que darle esa segunda oportunidad que todos nos merecemos y más, los discos de vinilo.

Gracias por leerme y ¡feliz cumpleaños!

PD: ¿Guardas tus discos de vinilo? ¿Los has vuelto a escuchar? ¿Cuál es tu favorito?

«Motivos dudosos de un insomnio»

¿Duermes bien?

Pese a la época del año en la que estaba, Ana aún pasaba frío por las noches. Tapaba su cuerpo no solo con las sábanas «abrigaditas» que tanto le gustaban, sino que además aún mantenía el edredón nórdico y el pijama de franela. Pero no le era suficiente. Le costaba conciliar el sueño y, cuando lo hacía, este solo duraba hasta la media noche, después se desvelaba y comenzaba su periplo nocturno.

En ocasiones veía llegar el amanecer sin volver a pegar ojo. Otras noches, superada por la incomodidad que le proporcionaban sus ronroneantes ideas y la propia cama, se atrevía a levantarse e ir a la cocina, sin hacer ruido para no despertar a su marido, y así calentar, como pócima casera, un vaso de leche con el que recomponer su interior e intentar volver a conciliar el sueño. Este solía ser el mejor remedio, aunque había noches, como aquella, en la que eso no le era suficiente.

Sus ojeras, el cansancio, el mal humor y el rictus de su cara empezaban a trasladarse a su corazón. Apenas hablaba y rara vez sonreía. Había llevado a entrar en un círculo vicioso.

Según había leído, en una de esas revistas que ojeaba en la peluquería, los motivos del insomnio dependían de la hora en la que se producía. Así, podía deberse a distintas causas:

  • De 23:00 a 1:00: Por culpa de una decepción emocional.

  • De 1:00 a 3:00: Relacionado con la ira.

  • De 3:00 a 5:00: Asociado con la tristeza.

  • De 5:00 a 7:00: Por un bloqueo emocional.

Recordó aquellos datos y el nerviosismo se volvió a apoderar de ella, haciéndola dar un giro más en la cama. Debía plantarle cara a aquel insomnio. Quizás su caso fuera de difícil solución, pues su falta de sueño lo sufría a todas horas. Quizás debería pedir ayuda. Quizás debería cambiar de vida. Quizás debería buscar más besos y abrazos, y menos recriminaciones y explicaciones. Quizás su caso fuera de más fácil solución, pues quien podía ayudarle yacía a su lado sin saber lo que le estaba ocurriendo. Quizás solo tenía que hablarle.

Gracias por leerme.

PD: ¿Duermes bien? ¿Cómo lo haces? ¿Qué ronronea tus sueños?

«Por el color de la igualdad»

Un día para recordar que todas las personas somos iguales.

Parece mentira que tras toda una eternidad de existencia de esta humanidad, todavía hoy en día, y quizás este año con más fuerza que nunca, haya que dedicar ríos de tinta, esfuerzos y gritos a luchar por la igualdad de la mujer ante los hombres.

La vida de cada uno de nosotros, sin importar que seamos hombres o mujeres, siempre ha estado guiada y rodeada de mujeres. Aún así, nuestra casposa sociedad, es incapaz de establecer normas y leyes que, por otro lado no deberían ser necesarias, nos igualen como personas.

Nada más nacer necesité del abrazo, del pecho y del calor de mi madre para sobrevivir. Ella, junto a mi abuela, nos criaron a mi, a mi hermano y a mis hermanas. Somos quienes somos gracias a ellas. Eres quien eres gracias a las mujeres de tu vida y probablemente a otras muchas que quizás ni siquiera conoces, o no recuerdes, y que han hecho mucho por ti y por todos nosotros.

Hoy, día en el que las calles se visten de malva, visualizamos esa lucha por la igualdad. Por si no lo recuerdas se rememora el incendio de una fábrica textil en Nueva York, en el que murieron 129 mujeres que, encerradas en su interior, luchaban por sus derechos.

Según dicen esas empleadas estaban trabajando con telas de color violeta y de ahí el asociar este color con el de la lucha feminista.

Otra versión, del porqué de este color como símbolo, dice que se elige al ser el resultado de la mezcla del azul y el rosa, considerándose así como el color de la igualdad.

Ahora que lo pienso es un color que me encanta, sobre todo por lo que puede significar.

Significado de la palabra VIOLETA

Sea como fuere, hoy 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer desde que en 1975 la ONU lo proclamara. Así que aquí les dejo este mi pequeño reconocimiento.

Gracias por leerme.

PD: Como en otras ocasiones te propongo que juegues conmigo y des tu propio significado a cada una de las letras de la palabra «VIOLETA». ¿Te atreves? ¿Qué significa para ti el violeta?

«Perfectos desconocidos, o de como perder la cabeza con el móvil»

Imagina que pierdes el móvil. Yo te aseguro que perdería la cabeza.

Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver la película «Perfectos desconocidos» en este link podrás saber algo más de ella—. Básicamente, trata de que en una cena de amigos surge la idea de ver qué pasaría si todos dejaran sus móviles encima de la mesa, al alcance de los demás. Todas las llamadas, SMS, Whatsapps, notificaciones de Instagram o Facebook, debían ser compartidas al instante en voz alta. Según ellos, aceptan el juego porque ninguno tenía nada que ocultar.

Como te podrás imaginar, al tratarse de una comedia, surgen un montón de situaciones que dejan al descubierto relaciones, sentimientos, secretos íntimos… Pero “tranqui” que si no lo has visto no te voy a revelar nada más, ni realizaré ninguna crítica a la misma. Sí te digo que me reí mucho. ¿La has visto? ¿Qué te pareció?

Esa película me llevó a reflexionar sobre el uso que le doy a mi móvil. ¿Te has planteado el que le haces tú? Desde entonces me fijo en lo que hacen otras personas y veo que muchas lo dejamos boca abajo, arpa que no se vea la pantalla. ¿No te da eso que pensar?

Mi smartphone guarda y lo uso para todo, imagino que como tú y como los protagonistas de la película. En él podrías descubrir:

  1. Fotos familiares y de amigos.

  2. Fotos comprometedoras. No mías, de otros.

  3. Videos de eventos increíbles.

  4. Vídeos de todo tipo. No míos, de otros.

  5. Conversaciones guardadas.

  6. Conversaciones comprometedoras. No mías, de otros.

  7. Borradores de textos pendientes de publicar.

  8. Textos sorprendentes. No míos, de otros.

Por si fuera poco, uso mi móvil, además de para llamar —cada vez somos menos los que usan esa posibilidad—, para: pagar, sacar dinero, comprar entradas, usarlas, redes sociales, escribir, leer… Sin él me vería manco. ¡Qué necesario se ha vuelto! Aquí ya hablé del “guasap”.

Como verás, y como dicen en un principio los protagonistas de la película, no tengo nada, o casi, que ocultar en mi móvil. Podría dejarlo encima de la mesa. Otra cosa es que lo haga desbloqueado.

¿Qué cosas guardas en tu móvil? ¿Te atreverías a enseñarlo abiertamente? ¿Que NO enseñarías?

Gracias por leerme.

«Preparando la adoración de Don Carnal»

¿Vas a salir algún día? ¿Tienes preparado tu disfraz?

Hace tanto que no salgo en los carnavales de Santa Cruzesta es la última vez que te lo conté—que no sé si estaré preparado para este fin de semana. Sí, amenazo con salir, y disfrazado, aunque primero necesito hacer un pequeño repaso a mis ideas.

Por lo que recuerdo de la tradición Don Carnal tenía fama de juerguista —esto ya me va sonando — y de gustarle la buena vida. Doña Cuaresma, por el contrario, era una mujer seria y muy religiosa, que odiaba los bailes y las celebraciones, por lo que el enfrentamiento entre ambos fue algo irremediable.

Según parece, Don Carnal resultó triunfador en la contienda y, tras la celebración de la victoria, Doña Cuaresma aprovechando un momento de debilidad, que imagino sería por culpa de la borrachera, para encerrarlo durante cuarenta días, hasta la llegada de la Semana Santa.

Durante el Carnaval, según parece, todo está permitido —esto no sé si lo recuerdo—, no existen los tabúes y hay libertad de acto y pensamiento. Así se celebra esta fiesta por todo el mundo, con disfraces y máscaras, alegría y desenfreno. Y en esas estoy, mentalizándome.

¿Me ayudas a revisar la lista de cosas que necesito?:

  • Disfraz (falda, camiseta, bolso, guantes y gorro). ✔️

  • Peluca.✔️

  • Maquillaje.

  • Colegas.✔️

  • Reserva para la cena.✔️

  • Bebidas.

Necesito tu ayuda que seguro que tienes mucha más experiencia que yo, o, al menos, la mantienes activada: ¿Me falta algo? ¿Algún imprescindible que notes que me falta? ¿Vas a salir? ¿Qué disfraz es el que crees que sería mi ideal? ¿y el tuyo?

Ya te contaré el resultado.

Gracias por leerme.

«Un aplauso a la superación»

Hay historias y sentimientos que hacen falta que alguien nos los enseñen.

(NOTA ACLARATORIA: El presente texto es presentado al Concurso historias de superación”, que con motivo de la celebración, del Día Mundial contra el Cáncer, el día 4 de febrero, es organizado por Iberdrola España, S.A.U. “@Iberdrola”, en colaboración con la página web www.zendalibros.com@zendalibros”. Por medio del presente, si el texto fuera elegido como ganador o finalista de dicho concurso, me comprometo a donar el importe económico del premio, a la “Asociación Niños con cáncer Pequeño Valiente” (@APUPeqValiente ‏). Creo que tus “Me gusta”, “Comentarios”, “tweets”,“retuits” y “…”, ayudarán. Puedes hacerlo usando el hashtag #historiasdesuperación).

Habían pasado muchas semanas desde que su padre no iba al colegio a recogerlo. Verlo aquella tarde allí, sin esperarlo, apoyado contra al muro, hablando con el resto de familiares, fue una grata sorpresa para él.

Salió corriendo para abrazarlo, sin mirar atrás, sin escuchar los comentarios de sus compañeros. Su madre, lo contuvo para que no se abalanzara a lo loco sobre él y lo quebrará. Acababan de darle el alta en el hospital y aún estaba muy débil.

A la mañana siguiente, más sonriente que nunca, Carlos entró por el patio del colegio. No entendía muy bien lo que pasaba, pero el resto de sus compañeros de clase, lo miraban y señalaban. Comenzaron a hacerle burlas.

—¡¿Qué pasa palillo?! —le dijo uno.

—¡Hola calvorotas! —saludó otro.

—Si viene un viento, seguro que tu padre sale volando —indicó un tercero.

Aquellas palabras eran cortantes. Se metían con él utilizando la profunda huella que la larga enfermedad había dejado en su padre. Cuando lo comprendió, salió corriendo hasta refugiarse en el cuarto de baño.

Uno de los profesores lo vio todo. Acudió en su ayuda y se sentó, para hablar con él, al otro lado de la cerrada puerta del servicio de chicos.

—¿Sabes que mi padre también pasó por la misma enfermedad que el tuyo? —le dijo para poder empezar a levantarle el ánimo—. Los niños son muy crueles. También lo fueron conmigo, Pero lo que en realidad pasa es que no saben lo que ocurre. Hablar de ello te ayudará y, lo que es más importante, ayudará a tu padre —aquellas palabras hizo que Carlos se sorprendiera— ¡Sal!, ya verás, te tengo una sorpresa.

El timbre que daba comienzo a las clases sonó en ese preciso instante y, sin saber muy bien porqué, Carlos hizo caso al docente que, ofreciéndole su mano, lo acompañó hasta el pequeño salón de actos del colegio.

Allí estaban reunidos todos sus compañeros y profesorado. No sabía qué estaba pasando, pues nadie se lo había dicho, pero su padre destacaba, con su reluciente y brillante calva —como a él le gustaba calificarla—, fruto de los efectos de la quimioterápia, presidiendo la mesa situada en lo alto del escenario.

La luz ya estaba apagada. Nadie lo vio entrar. Se sentó donde el profesor le dijo.

La charla duró cerca de una hora. Su padre narró cómo fue el proceso de su enfermedad desde que se le detectó, acompañando su exposición con infinidad de fotos.

El silencio reinante en la sala era abrumador. Carlos observaba las caras. Muchos lloraban, otros no podían ni pestañear, algunos mantenían la boca abierta sin poder tragar saliva.

Cuando terminó el salón parecía un erial. Todos los presentes mantenían el silencio. Ninguno se atrevía a moverse. El solitario aplauso de uno de los asistentes rompió el mutismo reinante en la sala. Pronto se le unió otro, y otro…, hasta que todos se pusieron en pie ofreciendo su reconocimiento con una gran ovación.

El maestro, que en todo momento había permanecido al lado de Carlos, lo empujó para que acudiera al lado de su padre. Sus compañeros, al verlo subir las escaleras al escenario, volvieron a estallar alentándolo entre vítores y piropos. Nunca más volvería a bajar la cabeza.

Gracias por leerme.