«Tras la fina niebla»

«Tras la fina niebla»
Despejar su niebla es tarea de cada cual-

Los días de verano, al menos en este valle del norte, se levantan con la fina presencia de la niebla que, a modo de sábana, cubre los sueños de todos los lugareños.

El calor que desprende el suelo, la suave brisa de las montañas y el mar, hace que todo el amanecer se vea cubierto de esta delicada capa. Tras ella, a lo lejos, hay una primera luz. 

Los vecinos comienzan a desperezarse. Abren sus ventanas y dan los buenos días a estas funestas mañanas, sabedores que, en apenas un par de cortas horas, el sol calentará el aire. En ese momento el velo que cubre la visión se despejará y las luces comenzarán a desaparecer con la sensación de haber cumplido su trabajo.

Los humanos intentaran superar un día más, algunos con remordimientos, otros buscando esa luz que no llega.

Ahora toca que cada cual supere sus propias nieblas.

Gracias por leerme.

«Soledad a días alternos»

Un sillón puede marcar una historia.

Sin saber muy bien el motivo se quedó parado en el centro del pequeño apartamento. Su mirada apuntó al destartalado asiento. 

Desde la pequeña distancia observó y recorrió el contorno de la única silueta que lucía el sillón, la suya propia.

Aquella estaba dibujada por el desgaste de la tela, al sentarse siempre en el mismo lugar. Contemplarla así, acompañado solo del sonido sordo de las cuatro paredes, le indicaba el día en el que estaba.

Tras la separación su hijo le visitaba a días alternos. Era cuando el pequeño llenaba de risas y fiesta la casa, y su alterna vida. Hoy no era uno de esos.

El eco del tic-tac del reloj le percutía la cabeza. El silencio le martilleaba el alma. Estaba solo. Se sentía solo.

Necesitaba encontrar una persona que le cambiara la vida, con la que compartir aquel sofá. Aunque solo fuera a días alternos.

Gracias por leerme.

«Raimundo y sus zuecos mágicos»

«Raimundo y sus zuecos mágicos»
Raimundo es así, original como sus zuecos.

Hay días distintos a otros. Desde que consiguió aquellos zuecos rojos, tan mágicos —todo sea dicho de paso— Raimundo es el hombre más feliz del mundo —válgame la redundancia o la rima— y para él hay jornadas que son irrepetibles. Hoy es una de ellas, si no fuera por un pequeño detalle.

Tras el ritual del desayuno, en el que nunca falta la avena, el zumo de limón, una rama de espinacas y una cucharadita de espirulina —por aquello de darle al cuerpo un poco de alegría Macarena—, Raimundo decidió que, para tener suerte, nada mejor que cambiar su ropa interior.

Aún siendo jueves —y aviso que no le tocaba hacer muda—, consideró que era un buen momento para dejar de lado su calzoncillo blanco «Boxer clásico», con suspensorio, que tan cómodo le parece y tan bien le sienta, para cambiarlo por el otro que tiene en el cajón, ¡el tanga!, ¡el de los sábados sabadetes! Al fin y al cabo, hoy, ya pasado el cuarenta de mayo, puede pasar cualquier cosa y cuando el cuerpo pide marcha, hay que estar bien pertrechado por si…

Fue a trabajar, como era habitual, en moto. Sabía que la gente lo miraba un poco raro por aquellos zuecos rojos mágicos —Frank Cuesta ira un ejemplo a seguir y si a Cenicienta le valió un zapato de cristal…, a él bien le servían aquellos—, pero ya estaba en un momento de su vida —y de bajada— que todo le daba un poco igual. 

«¡Que se mueran los feos, que aquí estoy yo!» decía al que le miraba con extrañeza y envidia.

El destino hizo que, mientras esperaba a que cambiara el semáforo, una rubia imponente —de esas que portan dos balones de silicona en el pecho— cruzará su mirada y realizara lo que a él le pareció una insinuadora mordida de labio inferior —sabía que aquellos zuecos mágicos con el apoyo de su tanga de leopardo funcionaban—. Los nervios hicieron el resto.

Su moto se cayó al suelo derramando gasolina. Al agacharse para asir el manillar, las judías de la cena anterior, hicieron su efecto químico, justo en el preciso instante en que un señor situado demasiado cerca encendía su mechero. 

El metano, en cantidad tan importante como aquella, es considerada arma bacteriológica por lo que saltaron todas las alarmas y una fuerte llamarada prendió fuego a la mota y a «las domingas siliconadas» de la susodicha. 

Raimundo, caballero como el que más, se abalanzó sobre ella para intentar apagar el incendió, con tan mala suerte que su ropa —comprada en una tienda de segunda mano e impregnada en aromas de barbacoas y restaurantes sin ventilación— prendió de inmediato.

El estropicio continuó en la gasolinera de la esquina, a la que llegó el efecto de la combustión. 

Todo el mundo gritaba. La gente corría, pero Raimundo siempre había escuchado que, en situación de emergencia, mantener la calma es una de las mejores acciones que se pueden hacer ante tal situación de crisis. 

Salió caminando, como un caballero —tal y como lo vemos—, admirando su templanza y lamentando que, el pequeño detalle de que suponía el color de las rayas de sus blancos calcetines no pegaran con el color de sus ojos.

«En el fondo, pocos somos tan perfectos.» 

Gracias por leerme. 

«Breve tratado: Las rutinas diarias, hilo de estabilidad»

«Breve tratado: Las rutinas diarias, hilo de estabilidad»
Mis listas forman parte de mis rutinas.

Siempre se ha dicho que los seres humanos somos animales de costumbres. Cierto. Las rutinas forman parte de nuestra naturaleza dando estabilidad, o procurando desequilibrios, según el carácter de las mismas. Es por ello que las rutinas tienen una importancia vital en nuestras vidas. Gracias a ellas podemos provocar los siguientes beneficios:

  1. Generar un ambiente tranquilo y estable en el que nos sentimos seguros.
  2. Nos aporta puntos de regularidad, constancia y perseverancia que son muy útiles en nuestra vida diaria.
  3. Nos dan la seguridad de saber realizar con certeza aquello que vamos a realizar, llevándolo a cabo en orden y minimizando el estrés.
  4. Es probable que incluso hagamos las mismas rutinas, en los mismos horarios, interiorizando  así las distintas acciones.
  5. Ahorramos energía mental, ya que tenemos las respuestas automatizadas y conocidas, de esta manera las rutinas nos ahorran trabajo.
  6. Mantenemos la concentración al ya tener asignado el orden en el que hacemos las distintas tareas, evitando así la dispersión.
  7. Son además una buena herramienta para manejar la impulsividad y los cambios de humor en niños y niñas que sufren trastorno negativista desafiante, comportamientos hostiles y desobediente.

En este periodo de confinamiento creo que lo que más nos costó al principio fue cambiar las rutinas que hacíamos: ir a tomar café a tal bar, quedar con «nosequiencito», pasear por el parque, ir a la playa o a la piscina…, pero con el paso del tiempo que ya llevamos en casa hemos puesto en marcha otras nuevas que nos han ayudado a superar estos momentos. 

En resumen, debemos recordar que las rutinas mantienen nuestra mente enfocada, mejora nuestra productividad y nos ayuda a generar autocontrol y estabilidad. En este sentido, debemos intentar repetir las actividades que nos gustan y la manera en que las hacemos, de forma que podamos perpetuar el bienestar que nos aporta, manteniéndonos física y mentalmente saludables.

Y sobre todo, y más importante es no olvidarnos de incluir entre nuestras rutinas: el deporte, la diversión, una cervecita o vino con amigos, una buena parranda… Sabes que son indispensables para nuestro buen estado de ánimo.

Entre mis rutinas, ya sabes, está esta publicación, de todos los jueves, mis lecturas, mis listas de tareas…, y, sobre todo esas ganas locas de verte. ¿Cuáles son las tuyas?, ¿alguna inconfesable?

Gracias por leerme.

«Mi indiscreta ventana»

«Mi indiscreta ventana»
¿O era una ventana indiscreta?

Corría el año 1954 cuando el genial Alfred Hitchcock presentaba «La ventana indiscreta», protagonizada, entre otros, por James StewartGrace Kelly

En mi opinión es una obra magnífica, que seguro habrás visto. Si no es así es el momento. A modo de resumen, muy resumido te comento que nos narra la historia de un fotógrafo profesional que está sentado en una silla de ruedas y con una pierna enyesada. Desde este privilegiado mirador espía a los vecinos convirtiéndose en testigo de un asesinato. Para darle un poco de intriga, que al fin y al cabo es lo que más le gustaba al director, solo te adelanto de que es descubierto.

Puedo confesar que hoy me siento un poco así, sentado tras mi ventana, protegido por mis persianas que impiden que ver de fuera para adentro, y observando al vecindario.

Esta ventana es desde la que escribo, desde la que observo sin ser visto, a los vecinos que hacen gimnasia en su salón, a la que toca el acordeón, a la que toma el sol en su balcón en toples, al que canta en la ducha, a todos los que salen a aplaudir, a la que cotillea lo que hacen los que viven en el bajo… O a aquellos hombres de gris, que hace tiempo pasearon mi calle, y que al final no eran lo que parecían ser. Ninguno de ellos, salvo los citados caballeros, o al menos eso creo yo, pueden imaginarse cómo sus vidas están siendo observadas.

En la película, como en la vida misma, la ventana es un interesante símil sobre aquello que queremos ver, aquello que nos gustaría alcanzar…, que se encuentra más allá de nuestro cristal, que a la vez de ser impedimento es protección, y que al final no podemos alcanzar, a no ser que hagamos algo para conseguirlo. 

Debes ver la película. Sin duda es una de las mejores en la que ahora me siento bastante identificado, sobre todo con una de las frases: «Nos hemos convertido en un raza de mirones». Debes observar por la ventana. Desde aquí veo al vecindario. Todos se observan, aunque no lo sepan. Unos se señalan y otros, como yo, callan protegidos por sus persianas. Espero no ver algo que no deba.

Gracias por leerme.

«Microrrelatos para escapar de las cuatro paredes»

Pues seguimos en esto de los retos, los desafíos y la realización de distintas actividades para poder ir matando el tiempo que estamos recluidos.

En este caso me he apuntado a uno de escritura de microrelatos que plantea La Esfera Cultural, en su canal de Twitter (@LaEsferaCultural).

Tal y como ellos mismos describen la idea es bastante simple. Bueno eso a primera vista. Te aseguro que escribir un microrrelato en un solo tuit, 280 caracteres —sí, en esa cuenta se incluyen los espacios, las comas, los puntos…—, no es nada fácil, sobre todo teniendo en cuenta que un microrrelato, como cualquier historia, tiene que tener una presentación, nudo y desenlace. Además, este último, para que surta efecto, deber ser del todo imprevisto. No siempre lo consigo.

¿Un ejemplo? 

«— Papá, ¿te acuerdas el cuento de la gallina de los huevos de oro? Dijiste que el granjero la puso en una cama de paja y todos los días le ponía un huevo de oro, pero como el hombre quería más, la mató, la abrió y vio que no tenía mas huevos. Pues este es gallo y yo tengo hambre.»

La organización es sencilla. Cada día publican una imagen y, a partir de ella, hay que inventar su historia. 

Microrrelato publicado el día 11 de abril
Microrrelato publicado el día 11 de abril

Al final de todo eso, los mejores microrrelatos formarán parte de un libro en papel con el que podemos recordar este confinamiento como algo productivo.

Microrrelato publicado el día 10 de abril
Microrrelato publicado el día 10 de abril

Yo agradezco la iniciativa, pues es un buen ejercicio para mantener la mente activa y la imaginación fuera de estas cuatro paredes.

Microrrelato publicado el día 9 de abril
Microrrelato publicado el día 9 de abril

Si te apetece leer alguno más, o todos los que llevo publicados hasta el día de hoy, puedes entrar, participar, apoyar la iniciativa compartiendo… Quizás escriba un microrrelato pensando en ti, porque no sé hasta cuando duraremos de esta manera. Pero mientras me entretenga…

Gracias por leerme.

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»

«Retos estúpidos para hacer durante el confinamiento»
El reto de la barba.

Una reunión. Dos horas, o casi, de cháchara. Tres amigos reunidos. Cuatro cervezas cada uno… Hay cosas que no cambian, aunque estemos en pleno confinamiento. Bueno sí, una sola, el cónclave es por videollamada. Las tonterías de las que hablan, y las que hacen, suelen ser las mismas que hacían hace algo más de veinte años.

—Venga, ¿a ver quién la tiene más larga?

—¡Qué necesidad!

—Es buen momento. Total nadie nos va a ver.

(Hay que avisar al lector que, cuando cuatro colgados se reúnen en una videollamada, sin nadie más que los observe, y con la confianza de los años, delante de las cámaras puede pasar cualquier cosa.)

—Pues yo ya llevo un par de días sin…, así que estoy con ventaja.

(De fondo se oyen aullidos.)

—Sí, pero…, para la mierda que tienes.

(De fondo se oyen risas.)

….

La historia fue más o menos así. En un momentito, los cuatro tontos se vinieron arriba, probablemente fruto del aburrimiento, no de las cuatro cervezas, y el estúpido reto quedó firmado con un brindis virtual. 

Así que en esas estamos. Con el reto más que aceptado. Esperando a ver quién aguanta más, quién la tiene más larga después de este confinamiento.

Si te digo la verdad hace días que me pica. No tengo por costumbre hacer estás cosas, más bien lo contrario pero, un reto es un reto, y en época de aburriendo, y con las cervezas encima, aquello parecía buena idea. Ahora empiezo a dudarlo, pero aquí me tienes, sin afeitar desde hace ya una semana, esperando a ver quién tiene la barba más larga. 

Como es natural para poder ganar este reto hay que aguantar sin pasarse la maquinilla, así que, ahora mismo, estoy a medio camino entre: Pierce Brosnan, en el rodaje de Spinning man —por lo canositos que asoman los pelos—, Tom Hanks, en el Náufrago —porque empiezo a hablar con Wilson—, y el oso Yogi, ¡hey, hey, hey!

Se de otras personas que ya están retándose para hacerse un mismo tatuaje; ir caminando a la Virgen de no se dónde; organizar una fiesta, de esas que hacen historia… ¿Has pensado en algún reto? ¿A qué me retarías? ¿Cómo llevas tu barba?

Gracias por leerme.

«Breve tratado: Hoy me quedo en chandal»

«Breve tratado: Hoy me quedo en chandal»
El chandal da mucho juego

Lo bueno que tiene esta esquina por la que ahora andas es que, al ser virtual, siempre te puedes dar un paseo para  cotillear y compartir estos pequeños momentos. 

¿Cómo llevas el encierro? Yo, en general muy bien. Aún no me estoy subiendo por las paredes ni tengo ganas locas y desenfrenadas de salir y, como además de teletrabajando, siempre estoy haciendo cosas, que me mantienen ocupado y entretenido, parece que el tiempo pasa más o menos rápido. Esto también puede ser debido a la comodidad con la que me siento. Nunca he pasado tanto tiempo en chandal como en estos estos días. 

Espero no equivocarme si digo que creo que a ti te pasa lo mismo, salvo que seas profe de Educación física. Estos juegan en otra liga, y lo extraño es verlos «vestidos de persona».

Esta prenda, en principio deportiva, tiene una historia curiosa. En este enlace te la dejo, por si te entra curiosidad. Pero un chandal, uno de esos de estar en casa, no es un chandal cualquiera. Mejor dicho, lo que vale es cualquiera, evidentemente con excepciones.

A priori puedo distinguir los siguientes tipos:

  1. Chandal desparejado. Este es el más típico para estar en casa. Da igual el color del pantalón y de su chaqueta. Puede ser de distinto tipo, marca, modelo o forma. Estar desteñido, agujereado, descosido, roto…, todo eso da igual. La única condición, que se cumple en todos los casos, es: el elástico no puede apretar.
  2. Chandal sudadera y pantalón. Aunque también suelen no corresponder, puesto que ambas piezas se compran por separado y de manera independiente, quien lo usa en casa lo hace combinando los colores y, por supuesto, cien por cien algodón, ya que la premisa sigue siendo la comodidad. Es común que la sudadera se cambie por un polar. Con este modelo, `se puede recibir´.
  3. Chandal de marca. De todo hay en la viña del Señor y para estar con comodidad en casa hay quien no lo concibe si no es con un chandal de marca y, por supuesto, bien emparejado. No se puede perder el glamour ni en casa. ¿y si viene alguien? ¿y si te ve el vecindario?…,`¡vamos ni loco!´.
  4. Chandal «me la trae del todo floja». Este modelo es muy difícil de definir. Se parece mucho al primer caso pero, en esta ocasión, el abandono supera la comodidad. El pantalón suele ser de una o dos tallas más, por aquello de que la cruz no apriete los correspondientes `arcos del triunfo´. La chaqueta no solo es de otra marca, año y modelo, incluso suele ser de otra persona u otra época ya pasada. Su uso se defiende bajo la frase `es que con el puesto estoy tan…´.
  5. Chandal tatuado. Este modelo ya no tiene parangón con ningún otro modelo. Es el mismo chandal que te regalaron cuando cumpliste los catorce años y todavía te sirve. Es el que usas desde entonces, el que lo miras poniéndole ojitos y dices `Pues me queda genial´ y `aún no está viejo´. Ya es parte de ti. Lo llevas pegado a tu piel.

Como hago en ocasiones ahora es tu turno de compartir tus pensamientos. ¿Qué chandal usas en casa? Dinos la verdad, desde que empezó esta cuarentena ¿te lo has cambiado alguna vez? ¿Con qué modelo te identificas más? ¿Qué otro modelo propondrías?

Gracias por leerme.

«Breve tratado sobre El Carajo. Un buen lugar donde reencontrarnos»

«Breve tratado sobre el carajo. Un buen lugar donde reencontrarnos»
¡Al carajo! Dicen eso y te mandan para allá arriba.

Espero que alguna vez te hayan mandado al carajo. Si no es así no tiene sentido que hoy pases por esta esquina. Igual te mando yo. Mira que últimamente tengo cierta facilidad. 

Pero, ya que te quedas, porque la curiosidad te pica, te cuento. El carajo y yo somos grandes conocidos. He estado de visita muchas veces. No me importa reconocerlo; pero también han sido muchas las ocasiones en las que he aumentado la población de tan, en principio, poco coqueto sitio. Una de ellas muy recientemente. Ayer.

Al parecer hay una pequeña teoría —y así puedes descubrirlo si navegas un poco por internet— que pretende situar el origen de «el carajo» en lo más alto del palo mayor de los barcos de vela. De esta manera, «el carajo» se convertiría en sinónimo de «cofa», es decir, el lugar en el que se colocaban los vigías en los antiguos navíos. Pero este aspecto no está recogido por el Diccionario de la Real Academia de la lengua y, tampoco aparece en el Diccionario marítimo de la Armada Española.  

Visto así, la definición de carajo está más encaminada a expresar el rechazo que se tiene por una persona, una idea, un comentario…, que a un sitio físico.

Aún de esta manera, y creo que puedes estar de acuerdo conmigo, «el carajo», parece tener longitud y latitud, aunque no con coordinadas exactas. Cuando mandamos a alguien al carajo, sabemos perfectamente dónde lo enviamos. Queremos perderlo de vista, alejarlo de nuestro campo visual, al menos por una temporada. Ya veremos si lo dejamos o no regresar.

Es por todo ello que «el carajo» debe, como manifestaba al comienzo, de no ser un lugar tan despreciable. Al fin y al cabo, hay mucha gente por allí y, aunque habrá de todo, y para todos los gustos, sin duda se deben de montar buenas parrandas, entre las gilipolleces que suelta una, las perogrulladas del otro y el pifostio —vale aún no está en el diccionario, pero sí se reconoce como término coloquial—, que entre todos organizan.

En fin, que me voy ya «pal carajo», antes de que empieces a reclamarme para que entre en detalle sobre la acepción que también le da la RAE —y por cierto en primer lugar— como término para definir el miembro viril.

¿Has mandado mucha gente al carajo? ¿Te han mandado alguna vez? ¿A que sienta bien mandar a alguien al carajo? 

Gracias por leerme.