«Aquella acertada decisión»

Hay veces en que parece que no sabemos si ir o ir. Yo que tú iría. Ya dirás adónde.

¿De qué decisión no te has arrepentido nunca?

Como sé que te gustan mis batallitas, hoy te voy a contar una, pero me gustaría que, a cambio, compartieras una de las tuyas.

El septiembre pasado hizo veinte años que pertenezco al glorioso Cuerpo de maestros —sí ya sabes, esos gladiadores de los que te hablaba en este post—. Saqué mis oposiciones tras trabajar durante un par de cursos en la enseñanza privada. Buenos años aquellos, pese al horario, al poco sueldo, la masificación del aula, la fiscalización constante que hacía el propietario del centro… Muchas cosas aprendí que, sin duda, me ayudaron a aprobar esas oposiciones a maestro.

Lo mejor de todo es cómo tomé la decisión de presentarme a los exámenes, que también explica porqué te traigo hoy está historia.

Recuerdo una cena que se organizó con el profesorado del colegio para celebrar el Día del Maestro —ahora diríamos Día del docente. Aunque hoy no es el día, el de verdad, es el que se usa para su celebración oficial, por eso tienes a tus hijos sin cole, y por eso te traigo a colación esta historia—. Como te decía, la cena se prolongó lo suficiente como para terminar tomando unas copas en un bar de La Laguna —ya cerrado y famoso por las parrandas que allí se montaban—.

Como te podrás imaginar, entre el vino consumido durante la comida, los licores para hacer la digestión y los cubatas que nos bebimos en el citado local, a algunos de los presentes se les aflojó bastante la lengua.

Uno de esos, con lengua de estropajo, resultó ser uno de los jefes. En un momento, de lo que yo pensé que era de «exaltación de la amistad», me cogió por banda y comenzó a darme la murga con lo importante que era el trabajo en equipo, lo contentos que estaban conmigo, la importancia de mantener en el espíritu del centro vivo, y bla, bla, bla. Pero cometí un error de concepto, aquel era otro momento, el que se conoce como la «sinceridad del borracho». El fulano me dejo de piedra cuando, después de tanto halago, me confesó que, pese a todo, me tendría como personal eventual tanto tiempo como le fuera posible. «¡Qué cabrón!» pensé en ese instante. En un periquete se me bajó el lote y el destrozó la noche. Pero aquel comentario, sin él pretenderlo ni yo saberlo, me enseñó mucho, colaborando a tomar una de las mejores decisiones de mi vida.

A la mañana siguiente, una vez pasada la resaca —en aquella época, como estaba entrenado en salidas nocturnas, la cosa no iba más allá de las 11:00 o 12:00 de la mañana—y con aquella sinceridad del borracho ya digerida, me fui a una academia y me matriculé, para empezar la preparación de las oposiciones, ese mismo lunes.

Cuando se convocaron las plazas una de mis compañeras más veteranas, que había sido testigo de aquella conversación con el jefe, cada vez que tenía oportunidad, por lo bajini, me repetía «Preséntate a las oposiciones. No hagas como nosotras, pero no se lo digas a nadie.». Yo la miraba, sonreía y decía: «Deja ver, deja ver, que entre el trabajo, la objeción de conciencia, la casa…». Siempre la dejaba hablar y yo, como un zorro, me callaba.

Cuando a los meses le dije que había aprobado y le di las gracias, su abrazo fue enorme uno de los más sinceros que recuerdo —también, por lo bajito me llamo cabronazo jejeje.

Pues aquí estoy, veinte años después, con aquellos «delitos» ya prescritos y recordando que, gracias a la borrachera de uno y a las palabras de la otra, esa fue una de las mejores decisiones de toda mi vida. Hay otras, pero esas las dejamos para otro ratito.

Ahora te toca a ti. ¿Me cuentas una batalla de las tuyas?

Gracias por leerme.

«Noche ideal para hacer una tontería»

«Tonto es el que hace tonterías»

Hoy tengo ganas de que compartamos una tontería. Para mí estos días están siendo de mucho trabajo, ya que tengo varios proyectos en marcha que me están absorbiendo bastante energía, por lo que llevo días dándole vueltas a la cabeza a este post de hoy y tres cosas me han venido a la memoria.

Por un lado el querido Forrest Gump y aquella célebre frase, «tonto es el que hace tonterías», que tanto nos emocionó allá por 1994 —aquí te dejo el link con un resumen de esos grandes momentos de la película—.

También, me he acordado de aquel post con el que tanto nos reímos, «Pepinos day» en el que te retaba a colgar una foto tuya con pepinos en la cara, a cuenta del comentario sobre actividades saludables que había publicado una amiga.

Por último me he acordado de un gran personaje que tengo como compañero de fatigas de siempre. Él ya tiene una mente muy despejada, no diré que es calvo, pero casi, y cada vez que nos reunimos nos hace reír colocándose una peluca que se encargó en uno de sus viajes. Ni que decir tiene que según avanza el día o la noche, la peluca va rodando de piojo en piojo.

Así que, mezclando un poco de aquí, y otro poco de allá, de nuevo, la propuesta es tan sencilla como estúpida. Te reto a que, así, sin venir a cuento, me acompañes en esta tontería y cuelgues una foto tuya en Facebook con una peluca o con lo que tú quieras.

Puedes usar el hashtag #peluca y ya veremos qué pasa. Por lo menos nos reiremos un rato.

¿Te atreves?

Como tonto es solo el que hace tonterías, me adelanto, que ya tengo hecho el curso.

Gracias por leerme y jugar conmigo.

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

Sí, estoy hasta los mismísimos de las colas mañaneras. Y lo digo así de claro, pero pidiéndote perdón porque al fin y al cabo tu no eres responsable del asunto y, además hoy, me he sentado un poco protestón.

Hace justo un año, publiqué en este misma esquina un post —aquí te dejo el enlace—, una pequeña historia en la que trataba de comparar una serpiente con lo que ocurre en la autopista del norte todas las mañanas —dicen que en la del sur es peor, lo lamento—. Mis compañeros de coche me acusan de que en aquella ocasión fui blando. Tienen razón.

Desde hace unos días hemos tenido que adelantar la hora de salida desde La Orotava. Pese a tener cierta flexibilidad horaria, nos gusta fichar a las 7:00, por varios motivos:

  1. De esta manera salimos a las 14:30 y llegamos a casa sobre las 15:00 (si el tráfico lo permite).
  2. Compartimos coche. Somos cuatro, con el mismo horario y el compromiso de salir a nuestra hora, por lo que solo conducimos una semana al mes. Las ventajas que esto supone te las puedes imaginar (ahorro, compañía…).
  3. Tenemos aparcamiento en el edificio. Si llegamos a la hora claro, los días de mucha cola… no te digo.
  4. Al entrar tan temprano podemos preparar el día, responder correos, sacar tareas atrasadas…, tomar café con los compañeros (esto también es trabajo, aunque a veces no lo creas).

En el argot del trasporte somos lo que se denomina un Vehículo de Alta Ocupación (VAO).

El problema está en que, para poder llegar a las 7:00 debemos salir a las 6:10, para hacer un trayecto de no más de 30 minutos, como mucho. Pero intentamos ser felices los cuatro, como en la canción.

Otra vez, te comenté que nos da por hacer cosas —aquí te dejo el enlace— para no aburrirnos. Hemos hecho una estadística, que de fiable tiene lo que yo de peludo. La conclusión del estudio, sobre el número de pasajeros a esa hora de la mañana, es que: «EN EL 80% DE LOS COCHES VA UNA SOLA PERSONA». Así no hay manera de mejorar la situación.

El cabildo habla de premiar a los VAO. ¡GENIAL! —por fin nos toca algo bueno—. Según parece y cito textualmente parte del artículo que aquí te dejo: «(…) se les abonará dinero por kilómetro recorrido en el monedero electrónico de la tarjeta ‘tenmás’, que después se podrá intercambiar por otros transportes o servicios de la corporación (…)». ¡FUERTE CAPULLADA! Espera que ahora te lo explico.

Otro estudio que hemos hecho, es que a esas horas de la mañana, NO HAY NI UNA SOLA GUAGUA en la autopista. ¡¿Para qué coño quiero yo dinero en un monedero virtual a usar en un medio de transporte?! Seguro que ya entendiste la capullada.

Nos hablan de un carril especial, de un tren, de cambiar horarios… Osea AÑOS PARA QUE SE ARREGLE este problema, que es de ahora y que está empeorando por momentos. Un pequeño inciso, lo siento, pero me alegro de que los examinadores del carnet de conducir estén en huelga. Esto disminuye el tráfico.

¿Alguien ha pensado que igual es más fácil, más barato, más ecológico, genial para disminuir el paro, menos accidentes…, hacer cómo en las grandes urbes de medio mundo y PONER GUAGUAS?

De verdad que deberían estudiarlo. Si de cada municipio del norte salieran guaguas DIRECTAS, sin paradas, cada 10 o 15 minutos, rumbo a Santa Cruz o a La Laguna, la autopista sería otra cosa. así sí que se podrían plantear tarjetas de dinero virtual, para usarlas en el transporte público. Seguro que el número de coches disminuirían, y el estrés, y los accidentes, y la contaminación… Por experiencia sé que no hay nada más cómodo que viajar acompañado, sentado tranquilamente, con tu música, tu lectura…, y saber que llegas a tiempo al trabajo, a tu cita médica, a recoger a tus hijos… No nos importaría hacerlo en guagua. Seguro que así tampoco.

Bueno, para terminar, solo hacer un pequeño inciso. Si eres político, o de los que trabaja para el Cabildo o para el Gobierno de Canarias, o tienes algo que ver con las carreteras, olvídate de mis disculpas y ponte a trabajar ¡ya!, que somos muchos los que estamos sufriendo esta lacra.

Si estás conmigo, haz que este post circule sin atascos. También puedes firmar esta petición que anda circulando por www.chage.org.

Gracias por leerme—lástima que el Cabildo de Tenerife no lo haga.

«Los GLADIADORES y su parecido con la profesión docente»

El gladiador comienza con un saludo: Ave Cesar, los que van a morir te saludan.

Los gladiadores de la antigua Roma empezaban su espectáculo con una frase: «Ave, Caesar, morituri te salutant». Hace unos días se publicó en el periódico La Provinciaaquí te dejo el enlace— un magnífico artículo de la periodista Marisol Ayala, en el que se definía al profesorado como auténticos gladiadores, aunque empezaba de otra manera y no con la célebre frase.

El texto es impecable y estoy muy de acuerdo con el concepto y los calificativos que nos atribuye: indignados y gladiadores. Por el contrario estoy disconforme con los motivos que utiliza la autora para argumentar dichos apodos.

Si lees su artículo, y te recomiendo que lo hagas, verás que se centra en utilizar una serie de tareas, listadas fuera de contexto, que, junto con otras que no cita pero que existen, forman parte del quehacer diario de las personas que nos dedicamos a la docencia. Si escogemos otra profesión también es posible hacer esa lista tediosa de actividades y responsabilidades.

Como decía al principio sí que estoy muy de acuerdo con los adjetivos utilizados. Sinceramente creo que, además, podríamos incluir otros muchos ya que un maestro o maestra —discúlpame, a partir de aquí escribiré en genérico por economía del lenguaje y tamaño del texto— se comporta como un gladiador porque también es:

  1. Relaciones públicas: Mantenemos las buenas relaciones dentro del aula, en el centro y con las familias.

  2. Entrenador: Sabe que trabajar en equipo es clave.

  3. Gestor de espacios y tiempos: Sabemos que una clase bien organizada mejora el aprendizaje.

  4. Capitán de barco: Organiza la vida a bordo, siendo capaz de sacar adelante un curso completo, por numeroso y diferente que sean sus tripulantes.

  5. Ingeniero: hace maravillas para que de tiempo para hacer todas las tareas y proyectos propuestos.

  6. Artista: Dibujamos, pintamos, esculpimos…, momentos maravillosos para atender a la diversidad de las personas que tenemos delante, atendiendo a cada una en su singularidad.

  7. Agente social: Aconsejamos a las familias de nuestro alumnado a mejorar, conseguir sus propósitos, superar barreras…

  8. Albañil: Si hay que pintar, se pinta; si hay que arreglar una ventana, se arregla; si hay que colgar un mural, se cuelga…

  9. Psicólogo: Detectamos y acompañamos a nuestro alumnado en sus malos momentos, intentando aportarles nuestra experiencia y ayuda.

  10. Juez: Dictamos sentencias, siempre lo más justas posibles.

  11. Inventor: Buscamos nuevas formas de motivar y metodologías con las que involucrar a nuestro alumnado.

  12. Enfermero: Curamos pequeños golpes, arañazos, heridas… No solo físicas.

  13. Jugador: Buscamos la manera de compartir canchas, tableros y alegrías.

  14. Animador: Siempre estamos motivando, ilusionando e intentando sacar lo mejor de cada uno de nuestros alumnos para que intenten conseguir los retos que planteamos.

  15. Moderador: Permitimos los debates intentando que cada uno exprese sus opiniones y aprenda a respetar las de los demás.

Hay más. Muchas más. Pero creo que la que más me gusta es que todo docente debe ser, ante todo, APRENDIZ. Todos los días debemos dejarnos sorprender por nuestro alumnado y nuestros iguales para así poder seguir creciendo, como personas y como profesionales.

Como ves, y coincidiendo con el artículo de Marisol Ayala, tenemos una profesión difícil, compleja y desafiante, pero LA MÁS BONITA DEL MUNDO. Por suerte, para ello, actuamos como verdaderos GLADIADORES, sin que la lucha diaria nos desmotive.

Gracias a Marisol por su artículo. Gracias por leerme

«Breve tratado de la nalgofilia en los chats»

Quizás no estabas pensando en este culo, pero también cuenta.

La nalgofilia está de moda en el chat, de esas maestras «de mente sucia», que no paran de enviar fotos de nalgas masculinas. Como es de suponer, los pocos chicos que estamos activos contraatacamos con el material que disponemos en nuestros teléfonos, que no es poco.

Según parece la nalgofilia es una de esas pequeñas «perversiones» sexuales que sufrimos muchas personas, hombres y mujeres, por la que se nos van los ojos hacía los glúteos (culo, trasero, nalgas, cachas, posaderas…) de los demás. Según sean estos ya nos encargaremos de admirarlos, criticarlos…, morderlos, sobarlos, azotarlos…

De manera tradicional siempre se ha considerado que lucir unas buenas caderas y un buen culo, era un eminente símbolo de fecundidad. Muchas culturas idolatraban figuras femeninas con estas características físicas. También cabe penssar que por nuestra herencia animal, en la que recordemos la pareja es abordada desde atrás, tenemos latente ese deseo.

Caminar por la calle y fijarnos en los culos es algo habitual, aunque no lo reconozcamos. De ahí que se utilicen tanto como reclamo en distintas campañas publicitarias, haciendo notar las distintas formas tamaños, firmeza…

¿Existe alguna clasificación oficial de culos?

Por lo que he intentado averiguar no la hay, así que puestos a clasificar y a realizar listas, veamos qué podemos hacer.

  1. Culo respingón.
  2. Culo fofo.
  3. Culo cuadrado.
  4. Culo melón.
  5. Culo plano.
  6. Culo prieto.
  7. Culo gordo.
  8. Culo peludo.

Según este pequeño listado hay culos para todos los gustos. Si me permites un consejo, elige el que más te guste —me refiero al de otra persona, el tuyo se arregla en el gimnasio o el quirófano. Te puedo pasar contacto de ambos—, pero antes, y si te dejan, te recomiendo que lo observes de distintos ángulos, ya que no conviene precipitarte, ver el resto del cuerpo y cabeza que lo acompaña…, antes de tomar la decisión. Si aún así tienes dudas, siempre puedes acudir a un palpador profesional, que para eso estamos los amigos.

Retomando lo que decía al principio el chat se vuelve loco con tanto culo, fotos y fotos, así qué, como estoy seguro de que has leído con atención este post —admítelo, ¡te gusta un buen culo! —, lo que espero ahora es que te retrates y digas lo que piensas:

¿Qué tipo de culos te gusta más? ¿Estás a gusto con el tuyo? Para ti, ¿qué es un buen culo? ¿Podrías definir, al menos uno, de los culos de la lista citada?

Gracias por leerme.

«No hablaré del process, prefiero el fútbol»

Prefiero hablar de fútbol antes que del process

En otro momento hablaría del gobierno, o del process, o de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI)…, pero como estos temas está lo suficientemente caldeados, y seguro que tú también estás un poco hasta los cullons, he decidido que hoy hablaré de fútbol, que me gusta menos, pero que creo que es bastante acertado.

En un partido del deporte rey de este país, en el que se enfrentan dos clubes rivales, la mayoría de las luchas no está en el campo de juego, sigo que se acomete en las gradas. Ambas aficiones exhiben su poderío con sus peñas de aficionados, sus cánticos, banderas…

En toda casa en la que hay forofos, las discusiones en las reuniones terminan por prohibirse, ya que el uno siempre pretende imponer su voluntad o forma de ver las cosas, sobre el otro. En todas ellas todos los afectados conocen y discuten el reglamento, que es el mismo para todos, aunque cada uno lo interprete de forma distinta.

En todos los partidos los árbitros y jueces, de linea, tienen la obligación de hacer cumplir la norma e interpretarla. Si, por ejemplo, se saca una tarjeta amarilla, las protestas —del público, de los jugadores y del banquillo— suelen ser sonoras, pero la misma queda registrada. Si hay una tarjeta roja, la expulsión es inmediata, se protestará, se discutirá…, pero en ese momento, la decisión arbitral, se acata. Lo mismo ocurre si hay faltas, se lanzan; si hay penaltis, se tiran; si hay fuera de juego, se anulan los goles…

Los árbitros, en estas situaciones pueden equivocarse, ¡claro que sí!, pero en ese momento se hace lo que ellos dicen, ya que son la autoridad competente en el campo, y si no se está de acuerdo se eleva la protesta a los organismos superiores, los que, con el reglamento en la mano y estudiando cada caso, solventan las diferencias. Agotadas las vías la norma se cumple. En los bares, los gimnasios, las casas, los clubes, la televisión… se seguirá protestando, pero la liga sigue y al final siempre llega la copa.

La pena es que el fútbol es solo deporte, que si lo pudiéramos extrapolar…, como decían los grandes Tip y Coll, «otro día hablaremos del gobierno». ¿Te apetece?

Gracias por leerme

«Una comida familiar o la llegada del Apocalipsis»

Cargando el apocalipsis

Cuando se convoca una comida familiar y toda, o casi toda, la familia se reúne en torno a un mantel, se sabe cómo se empieza pero no cómo, ni cuándo se acaba.

El libro del Apocalipsis habla de cuatro jinetes, que montados sobre cuatro caballos de diferentes colores, son liberados poco a poco sobre la Tierra originando distintos acontecimientos. De igual manera, una comida familiar puede ser azotada por dichos jinetes que en sus caballos pueden ejercer su oficio. De esta manera y comparando las dos citaciones anteriores, nos podemos encontrar con que:

1.- Montados sobre CABALLO BLANCOel jinete de la victoria—, los patriarcas, que orgullosos de que la familia estuviera junta colaboraba en reunirnos a todos en casa de «la madrina» de los más pequeñajos de la casa.

2.- Sobre el CABALLO BERMEJOel jinete de la guerra,«la madrina», que con lenguaviperina aprovecha la más mínima oportunidad para atacar a todo bicho viviente —incluso se atrevió a retarme sobre este blog—, levantando polvo mientras aireaba historias de su juventud, y la de otras, en las que las gallinas parecían tener cierta relevancia.

3.- Los que galopaban sobre el CABALLO NEGROel jinete del hambre—, como la ingente cantidad de comida fue abrumadora, estos no tuvieron mucha suerte, aunque si se les notó el intentó de hacer de las suyas colocando obstáculos para que la barbacoa encendiera, sin tener que llegar al extremo de avisar a los bomberos por la cantidad de humo que se acumuló en el porche, o sirviendo el buen vino en vasos de plástico ¡habrase visto!, menos mal que el consorte sufridor y buena persona —o casi— dotó de copas —todas distintas, eso sí—, a tan nutrida y selecta concurrencia. Referencia especial al selecto ron, traído de tierras cubanas, según se informó, pero embotellado, por lo menos, en Casteldefels, según se descubrió en la etiqueta, que teía un sabor que se dejaba querer.

4.- Desbancada sobre la silla del CABALLO BAYO el jinete de la muerte—, quedó «lamadrina», que intento tras intento al final logró, pero en esta ocasión por otros motivos, que su comadre se desplomara sobre un sofá superada por la presencia de sangre y dolor.

Al final, terminamos semialcoholizados, pero queriéndonos y abrazándonos más que nunca, con la serie proposición de no dejar pasar tanto tiempo para repetir una de estas, esta vez en el norte, que Invernalia también existe y además de jinetes del apocalipsis, podemos aportar trolls y otros animales salvajes.

¿Cómo son tus reuniones familiares? ¿También se desbocan los caballos? ¿Algún consejo?…

Gracias por leerme.

«Desayuno compartido en un gallinero»

DESAYUNO COMPARTIDO EN UN GALLINERO

El desayuno compartido, al igual que el resto de las comidas que se toman a bordo, es uno de los momentos considerados por las agencias de viajes, como una fabulosa oportunidad que se les brinda a los cruceristas para conocer a otras personas —en este post encontrarás más de mi cruceroPersonaje novelero que soy, no me lo iba a perder, así que decidí que quería vivir que se siente, sentado en una mesa con totales desconocidos.

Como soy madrugador, una de esas mañanas de navegación, acudí al comedor compartido. Muy amable el maître me dio los buenos días, me preguntó si estaba solo y me acompañó a una de esas mesas compartidas.

Fui el último en llegar, por lo que todas las miradas y saludos se dirigieron a mi persona. «Hello guys» Acerté a decir con mi oxidado inglés madrugador y de medianías. ¡Ups! quizás no fue del todo apropiado echando un primer ojo a mis compañeros de mantel.

Empezando por mi derecha las cuatro clásicas señoras de color, made in USA, con sus pelucas, sus grandes senos, su kilo y medio por centímetro cuadrado de maquillaje…, que me sonrieron muy amablemente, mientras me escrutaban de arriba a abajo. No pararon de cotorrear y de comer ingentes cantidades de todo.

A su lado, una cacatúa con pinta de ricachona viuda y ojos lascivos, que enseguida se lanzó a tenderme la mano para presentarse, o enseñarme sus grandes anillos y reloj de oro, y sacarme hasta el número del DNI desde el primer asalto «Hello, my name´s… I´m from Utah. Where do you from?». Y yo sin tomar café, que va. Contesté como pude, antes de sentarme. Esta comía en plan sanote: fruta, avena, zanahoria cruda…

Los siguientes eran una pareja de gays, de los que vivieron la movida de los 80 a tope en San Francisco, se les notaba el casque de sus cuerpos, con sus plumas al cuello y todo. El tembleque de sus manos apenas les dejaba comer. Hasta que se lanzaron el tercer Bloody Mary, a partir de ahí se convirtieron en otra cosa. No veas como me reí. Hasta bailaron y cantaron a duo.

Por último una pareja, española ella con acento de película del oeste, y de Dallas el, con sombrero vaquero y todo, que les dio por bendecir la mesa. Imagínate la cara de todos los demás, ya con la fruta —bueno la viuda la tenía entre los labios operados, mientras me miraba, para mí que… (esa puede ser otra historia)—, o los huevos, o los pancakes, o todo junto en la boca, como las cuatro chicas de oro. Que va…

Total que me pido un típico desayuno yankie, con mantequilla de cacahuete y todo, y allí estaba yo. intentando desayunar mientras que el personal intentaba sonsacarme el porqué desayunaba solo, cómo era posible que un canario estuviera en aquel barco, qué había visitado, qué iba a visitar… y yo sin tomar café. Que va…

Tras más de hora y media en aquella mesa, la barriguita llena, pero la cabeza como un bombo, no esperé a que el resto terminara. Esto de conocer gente debe de hacerse de otra manera, o yo no estoy preparado para tanta novelería. Necesitaba despejarme y relajarme así que me fui a la barra del bar a tomarme un café solo, doble y repensar que esto de compartir manteles con tanto gallinero puede ser, más que aconsejable, un verdadero suplicio del que no tengo necesidad. Paso del café, tráigame dos bloody Mary.

Gracias por leerme.Desayuno

«Advertencia gubernamental y cabañuelas con el dedo»

Así llovía, así así…

Hace unos días se publicó en un periódico local la advertencia gubernamental de que este invierno puede que llegue algún temporal o tormenta tropical del calibre de aquel DELTA que ya nos golpeó hace tiempo y que comenté brevemente en este post. Yo enseguida me imaginé a todo el “staff” del gobierno, asomado por la ventana manifestando su opinión al respecto y cantando aquello de: “Que llueva, que llueva, la virgen en la cueva…”. Tranquilidad. Al parecer es solo un aviso para que los ayuntamientos se vayan organizando, limpien barrancos…, en previsión de la llegada de lluvias, pero sin decir ni cuando, ni cantidad… ¡Caray! Así seguro que aciertan.

En mi opinión esto de la meteorología es una quiniela. Seguro que tú también lo has pensado alguna vez. ¿Cuántas veces has bromeado con el número de aciertos de las predicciones?, ¿cuántas veces te has puesto las sandalias, esperando un sol radiante, y te has mojado los pinreles? ¡Confiesa! ¿Cuántas veces no te has depilado por vagancia, te has puesto pantalón, esperando frio, y se te ha guisado hasta el …?

Pues como en la meteorología todo es un adivina, adivinanza, durante el mes de agosto, a mis compañeros de coche y a mi, nos dio por sacar el dedo por la ventanilla, a fin de medir la humedad, temperatura, dirección del viento… y crear nuestra propia predicción. Calculamos las cabañuelas para el año 2018.

Tabla de observación.

Para hacerla, como ves, nos fuimos fijando en el tiempo que, a simple vista, hacía en el mes de agosto en La Orotava y fuimos completando esa tabla. ¿No hacen eso los del telediario? ¿No hizo lo mismo “el staff”? Solo nos faltó cantar la cancioncita.

Comparto solo la previsión calculada para el medio día, ya que es la que me parece más fiable, ya veremos en qué queda. Total, acertar, lo que se dice acertar…

¿Conoces alguna técnica para predecir el tiempo? ¿Sabías que cuando las palomas están posadas sobre los cables de luz en pleno día es que lloverá? ¿Conoces el significado del refrán “Cielo empedrado, suelo mojado? Tú, mantente con la depilación bien hecha y carga con el paraguas, por si…

Gracias por leerme.

«Modo tío sufridor activado»

Modo tío activado, pero no soporto los llanto

El modo «tío sufridor» es una aplicación gratuita que he tenido que descargarme recientemente. A modo de resumen te comento que consiste en permitir que tu hermana y cuñado te la metan doblada, haciéndote creer que eres la persona ideal para quedarte con sus hijos de uno y cuatro años, durante un fin de semana, ¡sí!, durante todo un fin de semana (viernes, sábado y domingo), para ellos poderse ir de farra a una boda.

Desde el primer momento tuve que haber sospechado que aquello era un malware. Sobre todo cuando te dicen: «¡Tranquilo!, yo te preparo las cosas, te las meto en mi coche y ya te quedas con él, y de fondo, como de música ambiente, se escucha una suave risa.»

No veas como iba el coche. Parecía un carromato de los que salían rumbo al oeste americano: dos sillas de retención infantil, una sillita de paseo, mochila para transporte a cuestas de niño, bolso de ella, bolso de él —no te cuento lo que llevaban los bolsos porque me quedo sin espacio— , patineta para ella…

Una vez montados en el burro, ¿qué haces? Pues nada, ¡arre burro! Le di al play de la app y todo para delante, que ya saldrá el sol por algún lado. La citada aplicación comenzó entonces su cuenta particular.

Minuto 1: Cuando los niños se dan cuenta de que soy yo el que conduce y que su madre escabulle el bulto, a la sordina, comienza el llanto. ¿Tengo que pasar así 36 kilómetros? —se oyen risas— suerte que están recién salidos del cole, agotados, y que no hayan dormido siesta ayuda. Se duermen.

30 minutos más tarde: Llegamos a casa. Se despiertan. Llanto. El pequeñajo se calla si está en brazos. Amen ¿quieres brazos? ¡toma brazos!, pero no llores. ¡A ver cómo bajo todo esto y no me quedo baldado! Escucho unas risas. 

Esa tarde: Nos vamos de paseo. En el coche llanto. Paseando por la calle se calla. ¡Venga hoy haremos kilómetros! Las risas vuelven a sonar.

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. —Risas? ¿Quién ríe?— Me habían avisado de que el pequeño se despertaba a las 3:00 para tomarse el biberón —que resulta repetir el ciclo: vómito = llanto = brazos = más risas (esto empieza a preocuparme ¿de verdad las escucho?— pero no que la niña tenía el síndrome “mamá te echo de menos y por eso llora a cada hora para recordarlo”.

Sábado: Amanecida. 6:00 y ya en la tele sentado. Llanto, brazos, biberón, brazos, vómito, risas, llanto, brazos, risas, brasos, brazos, brazos… kilómetros, kilómetros… Así todo el día, para qué cansarte. Lo de las risas se vuelve preocupante. ¿Soy el único que las escucha?

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. Las risas siguen. El biberón se adelanta es la 1:00. Vómito = llanto = brazos = más que risas ya es descojono. A las 3:00 se repite todo, no me extraña el pobre no ha comido. Preparo el biberón —vómito = llanto = brazos = más risas ¡Ahora sí!, miro el móvil, creo que la aplicación es la que emite esas risas. ¿Se ríe de mí?— La niña sigue recordando a sus padres a cada hora: las dos, las tres, las cuatro… Las risas van acorde.

Domingo: “Sí mi amor, mamá y papá vienen hoy.” Ahora el que se ríe soy yo. Para evitar los llantos ya lo tengo claro, brazos, brazos, brazos… Los vómitos también los evito, ¡Hoy a dieta! Según Aena el avión llega a las 15:30. A las 15:00 recibo un mensaje de mi hermana: “El vuelo se ha adelantado, cosa rara. Ya estoy en el aeropuerto. Te esperamos.”. Mi respuesta es clara: “Yo también estoy en el Aeropuerto”.

En menos de lo que sale un vómito, entrego niña, niño y pertrechos a sus desconsolados propietarios. Aún no se han montado en el coche cuando nosotros ya estamos en la autopista camino de casa. Esa tarde ninguno de los cuatro dijo uno sola palabra. Silencio total.

A día de hoy, todos somos felices. Me he borrado la aplicación del móvil y tengo una orden judicial que me libera durante, al menos, diez años y un día, de volver a quedarme con mis sobrinos, a no ser que el pago sea sustancioso. Las voces desaparecieron, llegué a la conclusión de que, o era una enfermedad mental transitoria, o mi propia estampa la que se reía de mi y de lo gilipollas que soy. El niño, el pobre que no tiene culpa de nada, fue a su pediatra y de ahí a un especialista y le han diagnosticado una enfermedad celíaca, que decidió debutar en mi casa, por aquello de descojonarse del mundo. A día hoy está en fase de recuperación y los vómitos han remitido.

Gracias por leerme.

PD. Enano, nada de esto importa, te queremos.