«Aquella acertada decisión»

Hay veces en que parece que no sabemos si ir o ir. Yo que tú iría. Ya dirás adónde.

¿De qué decisión no te has arrepentido nunca?

Como sé que te gustan mis batallitas, hoy te voy a contar una, pero me gustaría que, a cambio, compartieras una de las tuyas.

El septiembre pasado hizo veinte años que pertenezco al glorioso Cuerpo de maestros —sí ya sabes, esos gladiadores de los que te hablaba en este post—. Saqué mis oposiciones tras trabajar durante un par de cursos en la enseñanza privada. Buenos años aquellos, pese al horario, al poco sueldo, la masificación del aula, la fiscalización constante que hacía el propietario del centro… Muchas cosas aprendí que, sin duda, me ayudaron a aprobar esas oposiciones a maestro.

Lo mejor de todo es cómo tomé la decisión de presentarme a los exámenes, que también explica porqué te traigo hoy está historia.

Recuerdo una cena que se organizó con el profesorado del colegio para celebrar el Día del Maestro —ahora diríamos Día del docente. Aunque hoy no es el día, el de verdad, es el que se usa para su celebración oficial, por eso tienes a tus hijos sin cole, y por eso te traigo a colación esta historia—. Como te decía, la cena se prolongó lo suficiente como para terminar tomando unas copas en un bar de La Laguna —ya cerrado y famoso por las parrandas que allí se montaban—.

Como te podrás imaginar, entre el vino consumido durante la comida, los licores para hacer la digestión y los cubatas que nos bebimos en el citado local, a algunos de los presentes se les aflojó bastante la lengua.

Uno de esos, con lengua de estropajo, resultó ser uno de los jefes. En un momento, de lo que yo pensé que era de «exaltación de la amistad», me cogió por banda y comenzó a darme la murga con lo importante que era el trabajo en equipo, lo contentos que estaban conmigo, la importancia de mantener en el espíritu del centro vivo, y bla, bla, bla. Pero cometí un error de concepto, aquel era otro momento, el que se conoce como la «sinceridad del borracho». El fulano me dejo de piedra cuando, después de tanto halago, me confesó que, pese a todo, me tendría como personal eventual tanto tiempo como le fuera posible. «¡Qué cabrón!» pensé en ese instante. En un periquete se me bajó el lote y el destrozó la noche. Pero aquel comentario, sin él pretenderlo ni yo saberlo, me enseñó mucho, colaborando a tomar una de las mejores decisiones de mi vida.

A la mañana siguiente, una vez pasada la resaca —en aquella época, como estaba entrenado en salidas nocturnas, la cosa no iba más allá de las 11:00 o 12:00 de la mañana—y con aquella sinceridad del borracho ya digerida, me fui a una academia y me matriculé, para empezar la preparación de las oposiciones, ese mismo lunes.

Cuando se convocaron las plazas una de mis compañeras más veteranas, que había sido testigo de aquella conversación con el jefe, cada vez que tenía oportunidad, por lo bajini, me repetía «Preséntate a las oposiciones. No hagas como nosotras, pero no se lo digas a nadie.». Yo la miraba, sonreía y decía: «Deja ver, deja ver, que entre el trabajo, la objeción de conciencia, la casa…». Siempre la dejaba hablar y yo, como un zorro, me callaba.

Cuando a los meses le dije que había aprobado y le di las gracias, su abrazo fue enorme uno de los más sinceros que recuerdo —también, por lo bajito me llamo cabronazo jejeje.

Pues aquí estoy, veinte años después, con aquellos «delitos» ya prescritos y recordando que, gracias a la borrachera de uno y a las palabras de la otra, esa fue una de las mejores decisiones de toda mi vida. Hay otras, pero esas las dejamos para otro ratito.

Ahora te toca a ti. ¿Me cuentas una batalla de las tuyas?

Gracias por leerme.

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

«¡Hasta los mismísimos de las colas de la mañana!»

Sí, estoy hasta los mismísimos de las colas mañaneras. Y lo digo así de claro, pero pidiéndote perdón porque al fin y al cabo tu no eres responsable del asunto y, además hoy, me he sentado un poco protestón.

Hace justo un año, publiqué en este misma esquina un post —aquí te dejo el enlace—, una pequeña historia en la que trataba de comparar una serpiente con lo que ocurre en la autopista del norte todas las mañanas —dicen que en la del sur es peor, lo lamento—. Mis compañeros de coche me acusan de que en aquella ocasión fui blando. Tienen razón.

Desde hace unos días hemos tenido que adelantar la hora de salida desde La Orotava. Pese a tener cierta flexibilidad horaria, nos gusta fichar a las 7:00, por varios motivos:

  1. De esta manera salimos a las 14:30 y llegamos a casa sobre las 15:00 (si el tráfico lo permite).
  2. Compartimos coche. Somos cuatro, con el mismo horario y el compromiso de salir a nuestra hora, por lo que solo conducimos una semana al mes. Las ventajas que esto supone te las puedes imaginar (ahorro, compañía…).
  3. Tenemos aparcamiento en el edificio. Si llegamos a la hora claro, los días de mucha cola… no te digo.
  4. Al entrar tan temprano podemos preparar el día, responder correos, sacar tareas atrasadas…, tomar café con los compañeros (esto también es trabajo, aunque a veces no lo creas).

En el argot del trasporte somos lo que se denomina un Vehículo de Alta Ocupación (VAO).

El problema está en que, para poder llegar a las 7:00 debemos salir a las 6:10, para hacer un trayecto de no más de 30 minutos, como mucho. Pero intentamos ser felices los cuatro, como en la canción.

Otra vez, te comenté que nos da por hacer cosas —aquí te dejo el enlace— para no aburrirnos. Hemos hecho una estadística, que de fiable tiene lo que yo de peludo. La conclusión del estudio, sobre el número de pasajeros a esa hora de la mañana, es que: «EN EL 80% DE LOS COCHES VA UNA SOLA PERSONA». Así no hay manera de mejorar la situación.

El cabildo habla de premiar a los VAO. ¡GENIAL! —por fin nos toca algo bueno—. Según parece y cito textualmente parte del artículo que aquí te dejo: «(…) se les abonará dinero por kilómetro recorrido en el monedero electrónico de la tarjeta ‘tenmás’, que después se podrá intercambiar por otros transportes o servicios de la corporación (…)». ¡FUERTE CAPULLADA! Espera que ahora te lo explico.

Otro estudio que hemos hecho, es que a esas horas de la mañana, NO HAY NI UNA SOLA GUAGUA en la autopista. ¡¿Para qué coño quiero yo dinero en un monedero virtual a usar en un medio de transporte?! Seguro que ya entendiste la capullada.

Nos hablan de un carril especial, de un tren, de cambiar horarios… Osea AÑOS PARA QUE SE ARREGLE este problema, que es de ahora y que está empeorando por momentos. Un pequeño inciso, lo siento, pero me alegro de que los examinadores del carnet de conducir estén en huelga. Esto disminuye el tráfico.

¿Alguien ha pensado que igual es más fácil, más barato, más ecológico, genial para disminuir el paro, menos accidentes…, hacer cómo en las grandes urbes de medio mundo y PONER GUAGUAS?

De verdad que deberían estudiarlo. Si de cada municipio del norte salieran guaguas DIRECTAS, sin paradas, cada 10 o 15 minutos, rumbo a Santa Cruz o a La Laguna, la autopista sería otra cosa. así sí que se podrían plantear tarjetas de dinero virtual, para usarlas en el transporte público. Seguro que el número de coches disminuirían, y el estrés, y los accidentes, y la contaminación… Por experiencia sé que no hay nada más cómodo que viajar acompañado, sentado tranquilamente, con tu música, tu lectura…, y saber que llegas a tiempo al trabajo, a tu cita médica, a recoger a tus hijos… No nos importaría hacerlo en guagua. Seguro que así tampoco.

Bueno, para terminar, solo hacer un pequeño inciso. Si eres político, o de los que trabaja para el Cabildo o para el Gobierno de Canarias, o tienes algo que ver con las carreteras, olvídate de mis disculpas y ponte a trabajar ¡ya!, que somos muchos los que estamos sufriendo esta lacra.

Si estás conmigo, haz que este post circule sin atascos. También puedes firmar esta petición que anda circulando por www.chage.org.

Gracias por leerme—lástima que el Cabildo de Tenerife no lo haga.

«Los GLADIADORES y su parecido con la profesión docente»

El gladiador comienza con un saludo: Ave Cesar, los que van a morir te saludan.

Los gladiadores de la antigua Roma empezaban su espectáculo con una frase: «Ave, Caesar, morituri te salutant». Hace unos días se publicó en el periódico La Provinciaaquí te dejo el enlace— un magnífico artículo de la periodista Marisol Ayala, en el que se definía al profesorado como auténticos gladiadores, aunque empezaba de otra manera y no con la célebre frase.

El texto es impecable y estoy muy de acuerdo con el concepto y los calificativos que nos atribuye: indignados y gladiadores. Por el contrario estoy disconforme con los motivos que utiliza la autora para argumentar dichos apodos.

Si lees su artículo, y te recomiendo que lo hagas, verás que se centra en utilizar una serie de tareas, listadas fuera de contexto, que, junto con otras que no cita pero que existen, forman parte del quehacer diario de las personas que nos dedicamos a la docencia. Si escogemos otra profesión también es posible hacer esa lista tediosa de actividades y responsabilidades.

Como decía al principio sí que estoy muy de acuerdo con los adjetivos utilizados. Sinceramente creo que, además, podríamos incluir otros muchos ya que un maestro o maestra —discúlpame, a partir de aquí escribiré en genérico por economía del lenguaje y tamaño del texto— se comporta como un gladiador porque también es:

  1. Relaciones públicas: Mantenemos las buenas relaciones dentro del aula, en el centro y con las familias.

  2. Entrenador: Sabe que trabajar en equipo es clave.

  3. Gestor de espacios y tiempos: Sabemos que una clase bien organizada mejora el aprendizaje.

  4. Capitán de barco: Organiza la vida a bordo, siendo capaz de sacar adelante un curso completo, por numeroso y diferente que sean sus tripulantes.

  5. Ingeniero: hace maravillas para que de tiempo para hacer todas las tareas y proyectos propuestos.

  6. Artista: Dibujamos, pintamos, esculpimos…, momentos maravillosos para atender a la diversidad de las personas que tenemos delante, atendiendo a cada una en su singularidad.

  7. Agente social: Aconsejamos a las familias de nuestro alumnado a mejorar, conseguir sus propósitos, superar barreras…

  8. Albañil: Si hay que pintar, se pinta; si hay que arreglar una ventana, se arregla; si hay que colgar un mural, se cuelga…

  9. Psicólogo: Detectamos y acompañamos a nuestro alumnado en sus malos momentos, intentando aportarles nuestra experiencia y ayuda.

  10. Juez: Dictamos sentencias, siempre lo más justas posibles.

  11. Inventor: Buscamos nuevas formas de motivar y metodologías con las que involucrar a nuestro alumnado.

  12. Enfermero: Curamos pequeños golpes, arañazos, heridas… No solo físicas.

  13. Jugador: Buscamos la manera de compartir canchas, tableros y alegrías.

  14. Animador: Siempre estamos motivando, ilusionando e intentando sacar lo mejor de cada uno de nuestros alumnos para que intenten conseguir los retos que planteamos.

  15. Moderador: Permitimos los debates intentando que cada uno exprese sus opiniones y aprenda a respetar las de los demás.

Hay más. Muchas más. Pero creo que la que más me gusta es que todo docente debe ser, ante todo, APRENDIZ. Todos los días debemos dejarnos sorprender por nuestro alumnado y nuestros iguales para así poder seguir creciendo, como personas y como profesionales.

Como ves, y coincidiendo con el artículo de Marisol Ayala, tenemos una profesión difícil, compleja y desafiante, pero LA MÁS BONITA DEL MUNDO. Por suerte, para ello, actuamos como verdaderos GLADIADORES, sin que la lucha diaria nos desmotive.

Gracias a Marisol por su artículo. Gracias por leerme

«Breve tratado de la nalgofilia en los chats»

Quizás no estabas pensando en este culo, pero también cuenta.

La nalgofilia está de moda en el chat, de esas maestras «de mente sucia», que no paran de enviar fotos de nalgas masculinas. Como es de suponer, los pocos chicos que estamos activos contraatacamos con el material que disponemos en nuestros teléfonos, que no es poco.

Según parece la nalgofilia es una de esas pequeñas «perversiones» sexuales que sufrimos muchas personas, hombres y mujeres, por la que se nos van los ojos hacía los glúteos (culo, trasero, nalgas, cachas, posaderas…) de los demás. Según sean estos ya nos encargaremos de admirarlos, criticarlos…, morderlos, sobarlos, azotarlos…

De manera tradicional siempre se ha considerado que lucir unas buenas caderas y un buen culo, era un eminente símbolo de fecundidad. Muchas culturas idolatraban figuras femeninas con estas características físicas. También cabe penssar que por nuestra herencia animal, en la que recordemos la pareja es abordada desde atrás, tenemos latente ese deseo.

Caminar por la calle y fijarnos en los culos es algo habitual, aunque no lo reconozcamos. De ahí que se utilicen tanto como reclamo en distintas campañas publicitarias, haciendo notar las distintas formas tamaños, firmeza…

¿Existe alguna clasificación oficial de culos?

Por lo que he intentado averiguar no la hay, así que puestos a clasificar y a realizar listas, veamos qué podemos hacer.

  1. Culo respingón.
  2. Culo fofo.
  3. Culo cuadrado.
  4. Culo melón.
  5. Culo plano.
  6. Culo prieto.
  7. Culo gordo.
  8. Culo peludo.

Según este pequeño listado hay culos para todos los gustos. Si me permites un consejo, elige el que más te guste —me refiero al de otra persona, el tuyo se arregla en el gimnasio o el quirófano. Te puedo pasar contacto de ambos—, pero antes, y si te dejan, te recomiendo que lo observes de distintos ángulos, ya que no conviene precipitarte, ver el resto del cuerpo y cabeza que lo acompaña…, antes de tomar la decisión. Si aún así tienes dudas, siempre puedes acudir a un palpador profesional, que para eso estamos los amigos.

Retomando lo que decía al principio el chat se vuelve loco con tanto culo, fotos y fotos, así qué, como estoy seguro de que has leído con atención este post —admítelo, ¡te gusta un buen culo! —, lo que espero ahora es que te retrates y digas lo que piensas:

¿Qué tipo de culos te gusta más? ¿Estás a gusto con el tuyo? Para ti, ¿qué es un buen culo? ¿Podrías definir, al menos uno, de los culos de la lista citada?

Gracias por leerme.

«Una comida familiar o la llegada del Apocalipsis»

Cargando el apocalipsis

Cuando se convoca una comida familiar y toda, o casi toda, la familia se reúne en torno a un mantel, se sabe cómo se empieza pero no cómo, ni cuándo se acaba.

El libro del Apocalipsis habla de cuatro jinetes, que montados sobre cuatro caballos de diferentes colores, son liberados poco a poco sobre la Tierra originando distintos acontecimientos. De igual manera, una comida familiar puede ser azotada por dichos jinetes que en sus caballos pueden ejercer su oficio. De esta manera y comparando las dos citaciones anteriores, nos podemos encontrar con que:

1.- Montados sobre CABALLO BLANCOel jinete de la victoria—, los patriarcas, que orgullosos de que la familia estuviera junta colaboraba en reunirnos a todos en casa de «la madrina» de los más pequeñajos de la casa.

2.- Sobre el CABALLO BERMEJOel jinete de la guerra,«la madrina», que con lenguaviperina aprovecha la más mínima oportunidad para atacar a todo bicho viviente —incluso se atrevió a retarme sobre este blog—, levantando polvo mientras aireaba historias de su juventud, y la de otras, en las que las gallinas parecían tener cierta relevancia.

3.- Los que galopaban sobre el CABALLO NEGROel jinete del hambre—, como la ingente cantidad de comida fue abrumadora, estos no tuvieron mucha suerte, aunque si se les notó el intentó de hacer de las suyas colocando obstáculos para que la barbacoa encendiera, sin tener que llegar al extremo de avisar a los bomberos por la cantidad de humo que se acumuló en el porche, o sirviendo el buen vino en vasos de plástico ¡habrase visto!, menos mal que el consorte sufridor y buena persona —o casi— dotó de copas —todas distintas, eso sí—, a tan nutrida y selecta concurrencia. Referencia especial al selecto ron, traído de tierras cubanas, según se informó, pero embotellado, por lo menos, en Casteldefels, según se descubrió en la etiqueta, que teía un sabor que se dejaba querer.

4.- Desbancada sobre la silla del CABALLO BAYO el jinete de la muerte—, quedó «lamadrina», que intento tras intento al final logró, pero en esta ocasión por otros motivos, que su comadre se desplomara sobre un sofá superada por la presencia de sangre y dolor.

Al final, terminamos semialcoholizados, pero queriéndonos y abrazándonos más que nunca, con la serie proposición de no dejar pasar tanto tiempo para repetir una de estas, esta vez en el norte, que Invernalia también existe y además de jinetes del apocalipsis, podemos aportar trolls y otros animales salvajes.

¿Cómo son tus reuniones familiares? ¿También se desbocan los caballos? ¿Algún consejo?…

Gracias por leerme.

«Secando la mojama»

La mojama es una delicatessen culinaria hecha con lomos de atún, en salazón y secada al sol, que bien vale la pena una parada en nuestras ajetreadas vidas para disfrutarla (Aquí tienes alguna receta).

Tras el verano, además de poder degustarla acompañada con un par de cañas, me asombra ver por la calle la cantidad de personas que aprovechando las recomendaciones para la elaboración de tan preciado alimento, o han querido parecerse a él plenamente conscientes o se han disparatado y no saben lo que tienen entre manos.

Yo, que en la playa tiendo a pasar las horas a la sombra de la sombrilla o de los pinos, me asombra ver a esas personas que, como digo, aprovechando que son conocedores del proceso de elaboración de la mojama, exponen al sol sus suculentos lomos, como si de los del atún se tratara, los lavan en las saladas aguas de nuestros mares, a fin de cubrirlos de sal, para posteriormente prensarlos bien contra la suavidad de las toallas tendidas sobre la arena o la tumbona de turno.

Me asombra mucho ver como así, de esa guisa, se pasan no solo horas, sino varios días depende del tamaño de las piezas y de las vacaciones, tostando y secando al sol, sus lomos. Cuando la cosa empieza a oler a chamusquina se vuelven a lavar y vuelta a dejar secar, enviando documentos gráficos (exóticas piernas depiladas o peludas, bellos dedos gordos, exóticos lunares…) por las redes sociales del momento.

Durante este proceso, tanto las piezas de atún como las carnes humanas, cambian de color, pasando del tono natural al rojo, denotando así la pérdida de agua e iniciándose el proceso ue hace que la carne se encoja y arrugue.

Y por ahí van. Caminando con la cabeza alta, aunque no puedan ni pestañear a causa del escozor que les produce su actual estado, mientras otros, desde los privilegiados miradores en los que convertimos las terrazas de los chiringuitos, disfrutamos de un buen aperitivo.

¿Eres de dejarte hacer mojama o de sombrita? ¿Has probado la mojama pregunto por la del atún, mente sucia?

Gracias por leerme.

«¿Quién manosea mis toallas?»

¿Quién es esta toalla?

Lo más sorprendente de decirle a mis amistades y conocidos que en las pasadas vacaciones he estado de crucero es que todo el mundo me pregunta lo mismo «¿Qué animales te hicieron con las toallas?». Así que todo el muno parece conocer que con un par de toallas de baño, o de manos, los incansables tripulantes asignados a los camarotes son capaces de representar una serie de animales, como si de pobladores del arca de Noé se tratara.

Al parecer es una tradición del todo extendida en este tipo de vacaciones, ya que personas que han viajado con distintas navieras relatan el mismo acontecimiento. Por si no lo sabes, la cosa es que, normalmente a tu regreso al camarote tras la cena, el espectáculo, la visita al casino, el paso por el pub y las copas tomadas, sobre tu cama te sorprende la representación de un animal.

El encuentro puede ser bastante guasón. Todos, los adultos primero, nos lanzamos a la caza y captura de la foto del susodicho espécimen antes de que se desarme por completo. Por norma general puedes encontrar todo tipo de animales: cangrejos, elefantes cisnes…, y un largo etcétera que te sorprenderá (si tienes más curiosidad aquí te dejo el enlace a un video de cómo hacer alguno de esos bichos).

Sí, no negaré que es curioso, pero lo que más me sorprende es la aparente amabilidad con la que los asistentes de camarotes, aún con la práctica que tienen por la fuerza de la costumbre, realizan tal adorno, ya que les lleva tiempo e imagino que hartura, sobre todo cuando tienes tantos camarotes que limpiar y ordenar, por la mañana, para volver a preparar para la noche; «perder el tiempo» en hacer esos animalejos, con el fin de caer bien, sorprender al inquilino en cuestión para poder ganarse una propina no debe resultar tan gracioso como nos parece a nosotros encontrarlo.

En fin, que como de todo se aprende, veo que las toallas, además de su parecido con las calculadoras —¿no conoces el chiste de en qué se parecen una calculadora y una toalla?, ¡ups! pincha aquí, pero te aviso que es muy basto—, sirven para más cosas, aunque estas sean entretener a unos míseros cruceristas, que además ya viajan con las propinas pagadas.

¿Has hecho algún crucero? ¿Conocías esto de las toallas? ¿Qué animales te hicieron? ¿Qué te parece esta «tradición»?…

P.D. Las toallas manoseadas no son las mismas con las que te secas. Lo digo para conocimiento de las personas escrupulosas que pasean por esta esquina. :)

Gracias por leerme.

«Un estuche cargado de ilusión»

Estuche

No hace falta que te lo recuerde. Lo sé. Pero no puedo resistirme. Ya casi llevas una semana en el cole y dentro de pocos días llegarán, cargados de energía, entre otras cosas, tus verdaderos compañeros de viaje.

Sé que has cumplido algunas de las recomendaciones que escribí para el verano (puedes repasarlas en este post) pero ahora, que ya tienes la clase limpia y ordenada, empiezas a ver de cerca la cruda realidad, has de plantearte que debes enfrentarte a todo un curso escolar. Para ello nada mejor que cargar tu estuche con los mejores materiales escolares que puedas encontrar:

  1. UNA TIJERA: para poder recortar todos los malos rollos y entrar en clase feliz y contento. En buena medida de eso dependerá tu existencia.

  2. CUADERNO DE NOTAS: donde puedas tener todo registrado. Empiezas a tener una edad en la que más vale tener maña que falta de memoria.

  3. BOLÍGRAFO VERDE: para reforzar lo positivo frente a lo negativo. Si no conoces la “Técnica del bolígrafo verde” puedes consultarla aquí.

  4. ROTULADORES (al menos 24 colores): para llenar la clase de colorido, alegría y entusiasmo, en todas las tareas y proyectos que acometas.

  5. PLASTILINA DE COLORES: que te ayude a modelar confianza.

  6. REGLA: todo tu alumnado es genial. Trátalos iguales, con el mismo rasero.

  7. AFILADOR CON DEPÓSITO: para sacar la mejor punta a todo lo que hagas y no desperdiciar nada.

  8. LÁPICES DE COLORES: para ayudar a colorear la mejor de las sonrisas entre todos los docentes con los que compartes tantas cosas maravillosas.

  9. SOBRES: que abran vías de comunicación con la familia. Son una parte esencial de tu trabajo y sin ellas no puedes existir.

  10. CERAS DE COLORES, PEGAMENTO DE BARRA, BLOC DE MANUALIDADES y BLOC CARTULINAS: Con los que animar a tu alumnado a realizar grandes creaciones llenas de emociones positivas, sueños e ilusión.

La lista continúa. De eso estoy seguro. Ayúdame a hacerlo. ¿De qué me olvidado? ¿Cuál sería tu imprescindible? ¿Qué aportarías? Espero tus respuestas.

FELIZ CURSO 2017/2018.

Gracias por leerme.

«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

Este pasado fin de semana, por fin, tuve tiempo para empezar a organizar lo que será una de mis aficiones para cuando me jubile.

Llámame loco. No pasa nada, ya sé que lo estoy. Seguro que dirás que soy un exagerado y que aún me queda mucho tiempo, tampoco pasa nada, pero es que estoy convencido de que los buenos planes hay que irlos construyendo con tiempo y cariño.

Tengo una gran lista de cosas que hacer en mi tiempo libre (montañismo, escribir, hacer deporte…, las otras locuras que ya conoces) y lo que quiero es irlas perfeccionándolas y organizándolas poco a poco para que, cuando llegue el momento, tenga tiempo para todo y no se me quede ningún sueño por cumplir. Así que, ¿por qué no empezar ahora?

Si me conoces lo suficiente, y si no te voy a revelar uno de mis secretos, soy un fanático de los Playmóbil, aunque no llego a rozar es estatus de friki. Sí, de esos maravillosos y pequeños muñequitos semiarticulados que rememoran profesiones, deportes, momentos de la historia… De hecho llevo siempre uno colgado en mi mochila, ¿no te habías dado cuenta?

Me crié con ellos, solo jugaba con ellos. Tenía cientos y como me gustan mucho, cuando fui padre seguí comprando alguno más para mis hijos. Ahora que ya ellos se hacen mayores las cajas se están apilando en una esquina llenándose de polvo.

Unido a todo ello, hace un par de meses, mi madre, que como todas las madres es casi perfecta, sabedora de mi devoción, descubrió en casa una bolsa que guardaba, como quien atesora una reliquia familiar, una bolsa con algunos de ellos. Cuando abrí aquel empaque mis ojos se pusieron como platos y a mí volvieron recuerdos de la infancia, momentos de luchas y batallas vividas con aquellos pequeños esbirros. Todos recuerdos y momentos muy felices. En ese momento decidí cual iba a ser el futuro de esos pequeños supervivientes.

Por fin tengo la vitrina y por fin, e empezado a limpiarlos, armarlos y colocarlos en el lugar de honor que, por historia y cariño, les corresponde en mi salón.

Por ahora será solo una colección discreta de los mejores, los más originales, los que encuentre de colección, los que pueda ir tuneando, pero, en un futuro no muy lejano, cuando me jubile, se convertirán en auténticos dioramas que representen momentos de la historia…

Ahora, cuando me siento en el sofá y miro para aquella esquina, mi cara se ilumina, me sonrío yo solo. El niño que está atrapado en el reflejo de esa vitrina disfruta de lo que ve y, con ese sentimiento, mi camino del día a día se hace más feliz y agradable. Hoy toca compartirlo contigo.

Gracias por leerme

«Los docentes y sus tareas de verano»

Lista de tareas veraniegas para docentes.

Ahora que los docentes han —ahora mismo no puedo incluirme entre ellos— terminado el curso escolar 2016/2017, quiero en estas líneas reivindicar la gran labor que hacen mis compañeras y compañeros de profesión.

Son muchos los que dedican gran esfuerzo en dar lo mejor de sí, son muchas las que pierden horas de sueño para preparar clases innovadoras y atrayentes para su alumnado, son muchos los que se desviven por solucionar los conflictos que surgen en las aulas, son muchas las que colaboran con las familias para que los niños y niñas, que habitan sus aulas, sean felices… Todos estos docentes se merecen una buena lista de tareas para este verano, rememorando aquellas que envío un profesor italiano a su alumnado, hace ya algún tiempo, y que deberían ser de obligado cumplimiento:

1. Levántate sonriéndole a la vida, toma algo y sal a dar una caminata (en mi caso del despacho al bar, a la cafetería, a los grandes almacenes…). El aire fresco y el ejercicio reactiva las neuronas. Te ayudará a ser feliz.

2. Estudia algo. Esta profesión es vocacional y está cambiando rápidamente, no podemos seguir siendo profesionales manteniendo estilos propios del SXIX. Tenemos que actualizarnos, renovar nuestra manera de dar clase. Utiliza para ello todas las opciones que las redes sociales (estoy enganchado al Twitter, Facebook, Instagram, Flipboard…) nos facilita. ¡Verás qué cosas tan increíbles hacen en otras escuelas, institutos…, e incluso en nuestro propio centro!

3.- Sal de tu casa. Organiza todas las excursiones, visitas y viajes que puedas (jejeje en esto sí que tengo un grado). A nuestro alrededor, no hace falta irnos muy lejos, hay lugares mágicos que merecen ser conocidos.

4. Lee tanto como puedas. El verano tiene mucho tiempo y da para todo. Dedícale un rato a vivir aventuras y sueños entre las letras escritas por otros (la pila en mi mesita de noche se tambalea de libros en cola), para que tu mente y alma se llene de nuevas vivencias.

5.- Sal con tus amigos y amigas. Con los nuevos, con los de siempre y con los de antes. Dedícale un poco de tu tiempo a ponerte y ponerlos al día y así vivirás momentos felices rodeado de la gente interesante, no interesada, que te quiere por lo que eres.

6.- Ríe, baila, canta y disfruta. No tengas vergüenza (¿Cuidado que te escucho, ¿sinvergüenza yo? ¡que va!). El verano puede ser muy divertido y está lleno de oportunidades para pasarlo bien.

7.- Haz una locura (o dos). Por pequeña que sea. Una de esas cosas que siempre has pensado que no podrías hacer (cambiar el color del pelo, raparte, tirarte en parapente, una fiesta loca, escalada…). ¡Llegó el momento!

8.- Evita las cosas, situaciones y personas que no te gusten, y, por el contrario, busca cosas agradables (las rebajas es buen momento), situaciones estimulantes (quizás una aventura) y la compañía de otras personas (o solo, que a veces es mejor que estar mal acompañado)

9.- Escribe. Quizás es buen momento para empezar a plasmar por escrito, aunque sea como terapia (ya te he comentado lo que me ahorro en psicoterapia con este blog), todos esos sentimientos maravillosos, nuevas ideas y preguntas sin respuestas que agitan tu corazón y tu mente.

10.- Sueña con un nuevo curso. Tenemos una gran profesión que nos llena y nos hace felices, plantéate y programa nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas locuras que hacer (¿me dejas que te cuente un secreto? Ya estoy pensando en regresar a mi aula). Crea una actitud positiva y mantén vivo el entusiasmo por nuestra vocación.

¿Qué te parecen estas tareas? ¿Las harías? ¿Propondrías alguna otra? ¿Te atreverías a compartir conmigo alguna de ellas?

Gracias por leerme