«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

Este pasado fin de semana, por fin, tuve tiempo para empezar a organizar lo que será una de mis aficiones para cuando me jubile.

Llámame loco. No pasa nada, ya sé que lo estoy. Seguro que dirás que soy un exagerado y que aún me queda mucho tiempo, tampoco pasa nada, pero es que estoy convencido de que los buenos planes hay que irlos construyendo con tiempo y cariño.

Tengo una gran lista de cosas que hacer en mi tiempo libre (montañismo, escribir, hacer deporte…, las otras locuras que ya conoces) y lo que quiero es irlas perfeccionándolas y organizándolas poco a poco para que, cuando llegue el momento, tenga tiempo para todo y no se me quede ningún sueño por cumplir. Así que, ¿por qué no empezar ahora?

Si me conoces lo suficiente, y si no te voy a revelar uno de mis secretos, soy un fanático de los Playmóbil, aunque no llego a rozar es estatus de friki. Sí, de esos maravillosos y pequeños muñequitos semiarticulados que rememoran profesiones, deportes, momentos de la historia… De hecho llevo siempre uno colgado en mi mochila, ¿no te habías dado cuenta?

Me crié con ellos, solo jugaba con ellos. Tenía cientos y como me gustan mucho, cuando fui padre seguí comprando alguno más para mis hijos. Ahora que ya ellos se hacen mayores las cajas se están apilando en una esquina llenándose de polvo.

Unido a todo ello, hace un par de meses, mi madre, que como todas las madres es casi perfecta, sabedora de mi devoción, descubrió en casa una bolsa que guardaba, como quien atesora una reliquia familiar, una bolsa con algunos de ellos. Cuando abrí aquel empaque mis ojos se pusieron como platos y a mí volvieron recuerdos de la infancia, momentos de luchas y batallas vividas con aquellos pequeños esbirros. Todos recuerdos y momentos muy felices. En ese momento decidí cual iba a ser el futuro de esos pequeños supervivientes.

Por fin tengo la vitrina y por fin, e empezado a limpiarlos, armarlos y colocarlos en el lugar de honor que, por historia y cariño, les corresponde en mi salón.

Por ahora será solo una colección discreta de los mejores, los más originales, los que encuentre de colección, los que pueda ir tuneando, pero, en un futuro no muy lejano, cuando me jubile, se convertirán en auténticos dioramas que representen momentos de la historia…

Ahora, cuando me siento en el sofá y miro para aquella esquina, mi cara se ilumina, me sonrío yo solo. El niño que está atrapado en el reflejo de esa vitrina disfruta de lo que ve y, con ese sentimiento, mi camino del día a día se hace más feliz y agradable. Hoy toca compartirlo contigo.

Gracias por leerme

«Los docentes y sus tareas de verano»

Lista de tareas veraniegas para docentes.

Ahora que los docentes han —ahora mismo no puedo incluirme entre ellos— terminado el curso escolar 2016/2017, quiero en estas líneas reivindicar la gran labor que hacen mis compañeras y compañeros de profesión.

Son muchos los que dedican gran esfuerzo en dar lo mejor de sí, son muchas las que pierden horas de sueño para preparar clases innovadoras y atrayentes para su alumnado, son muchos los que se desviven por solucionar los conflictos que surgen en las aulas, son muchas las que colaboran con las familias para que los niños y niñas, que habitan sus aulas, sean felices… Todos estos docentes se merecen una buena lista de tareas para este verano, rememorando aquellas que envío un profesor italiano a su alumnado, hace ya algún tiempo, y que deberían ser de obligado cumplimiento:

1. Levántate sonriéndole a la vida, toma algo y sal a dar una caminata (en mi caso del despacho al bar, a la cafetería, a los grandes almacenes…). El aire fresco y el ejercicio reactiva las neuronas. Te ayudará a ser feliz.

2. Estudia algo. Esta profesión es vocacional y está cambiando rápidamente, no podemos seguir siendo profesionales manteniendo estilos propios del SXIX. Tenemos que actualizarnos, renovar nuestra manera de dar clase. Utiliza para ello todas las opciones que las redes sociales (estoy enganchado al Twitter, Facebook, Instagram, Flipboard…) nos facilita. ¡Verás qué cosas tan increíbles hacen en otras escuelas, institutos…, e incluso en nuestro propio centro!

3.- Sal de tu casa. Organiza todas las excursiones, visitas y viajes que puedas (jejeje en esto sí que tengo un grado). A nuestro alrededor, no hace falta irnos muy lejos, hay lugares mágicos que merecen ser conocidos.

4. Lee tanto como puedas. El verano tiene mucho tiempo y da para todo. Dedícale un rato a vivir aventuras y sueños entre las letras escritas por otros (la pila en mi mesita de noche se tambalea de libros en cola), para que tu mente y alma se llene de nuevas vivencias.

5.- Sal con tus amigos y amigas. Con los nuevos, con los de siempre y con los de antes. Dedícale un poco de tu tiempo a ponerte y ponerlos al día y así vivirás momentos felices rodeado de la gente interesante, no interesada, que te quiere por lo que eres.

6.- Ríe, baila, canta y disfruta. No tengas vergüenza (¿Cuidado que te escucho, ¿sinvergüenza yo? ¡que va!). El verano puede ser muy divertido y está lleno de oportunidades para pasarlo bien.

7.- Haz una locura (o dos). Por pequeña que sea. Una de esas cosas que siempre has pensado que no podrías hacer (cambiar el color del pelo, raparte, tirarte en parapente, una fiesta loca, escalada…). ¡Llegó el momento!

8.- Evita las cosas, situaciones y personas que no te gusten, y, por el contrario, busca cosas agradables (las rebajas es buen momento), situaciones estimulantes (quizás una aventura) y la compañía de otras personas (o solo, que a veces es mejor que estar mal acompañado)

9.- Escribe. Quizás es buen momento para empezar a plasmar por escrito, aunque sea como terapia (ya te he comentado lo que me ahorro en psicoterapia con este blog), todos esos sentimientos maravillosos, nuevas ideas y preguntas sin respuestas que agitan tu corazón y tu mente.

10.- Sueña con un nuevo curso. Tenemos una gran profesión que nos llena y nos hace felices, plantéate y programa nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas locuras que hacer (¿me dejas que te cuente un secreto? Ya estoy pensando en regresar a mi aula). Crea una actitud positiva y mantén vivo el entusiasmo por nuestra vocación.

¿Qué te parecen estas tareas? ¿Las harías? ¿Propondrías alguna otra? ¿Te atreverías a compartir conmigo alguna de ellas?

Gracias por leerme

«Breve tratado sobre las personas tóxicas»

Admito haber descubierto el concepto «Personas tóxicas» de pura casualidad —ya lo afirmaba el maestro Yoda: «Desequilibrio un, en la fuerza tendrás»—, tras una experiencia personal en la que no me quise ver envuelto y de la que aún estoy intentando zafarme. Suerte que tengo este blog, y a ti al otro lado, para contar mis cuitas y descargar, a modo de catarsis, mis sentimientos, vivencias…

Como soy muy curioso por naturaleza —a veces entrometido— me ha dado por investigar un poco más sobre este término así que, por si fuera de tu interés, hoy te traigo este pequeño análisis que, a modo de resumen, viene a descifrar el concepto. Espero que puedas aportar algo más.

Se entiende por «Persona tóxica» aquella que utiliza sus relaciones interpersonales, y por lo tanto su entorno más cercano (pareja, familia, amistades…) para alimentar su propio ego a base de provocar en el otro desgaste, intimidación, cosificación, culpa, ningunéo…

Por lo que he estado leyendo —y seguro que las expertas en psicología que me siguen podrán corregirme si estoy equivocado— todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, podemos usar alguno de esos rasgos. ¡Caray!, somos humanos, cometemos errores y tenemos defectos. No hablo de eso. Me refiero a aquellas personas que habitualmente se comportan de esta manera, que ahora detallo, para su propio beneficio.

En su defensa diré que es común que muchas de esas personas no se reconozcan como tales y, por lo tanto, no sean capaces de corregir esos comportamientos.

En psiquiatría y psicología (ver DSM), las personas tóxicas son aquellas que pueden ser incluidas en los perfiles narcisistas —ya me corregirán, de nuevo, las expertas, si mantengo mi error—, ya que entre sus características y rasgos de personalidad se ve con claridad que:

  1. Tienen sentimientos de grandeza y prepotencia. Exageran sus logros y talentos. Todo lo saben.
  2. Creen que son especiales y únicas, por lo que intentan relacionarse con otras personas especiales o de alto estatus.
  3. Demuestran una permanente necesidad de admiración.
  4. Buscan privilegios y tratamientos favorables.
  5. Explotan las relaciones interpersonales, se aprovechan de los demás para sus fines.
  6. Carecen de empatía.
  7. Con frecuencia envidian a los demás o creen que éstos sienten envidia de él.
  8. Muestran comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Siempre hemos compartido espacio con personas tóxicas. Algunas las soportamos y a otras no. Todo dependerá del daño que nos hagan. Para identificarlas lo más común es que usemos otros calificativos que seguro que reconocerás más fácilmente e incluso que los asociarás a alguna persona de tu entorno, ya que todos conocemos alguna persona que sea…

  1. Envidiosa: Aquel al que le angustian los logros de los demás y lo único que le calma es descalificar. No se alegra ni comparte los éxitos de las personas de su entorno.
  2. Criticona: Normalmente personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás.
  3. Manipuladora: Utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema.
  4. Infeliz: Su modo de pensar y ser les impide vivir en paz, en armonía con los demás y su alrededor.

Tras llegar aquí comprenderás que las personas tóxicas son como «vampiros emocionales» que te chupan la energía. Para estas personas tú no eres más que una herramienta que utilizarán mientras les seas útil. Después buscarán otro «huésped» al que pegarse como un parásito.

Sin que te des cuenta, una persona tóxica se apropiará y aislará de tu entorno, se adueñará de tu autonomía, decidirá por ti, cambiará tu personalidad. Te fagocitará.

Permíteme un consejo: si te identificas, si te encuentras con personas así en tu entorno ¡¡¡HUYE!!! Igual yo soy una de ellas.

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«En memoria de Don Juan Goytisolo»

En memoria

Solo puedo escribir en su memoria, pues reconozco que mis hábitos lectores nunca me han llevado a cruzar sus letras con mis entendederas, que son más bien escasas. Como siempre he hecho en los momentos en los que uno de los considerados grandes cultivadores de letras son llevados a publicar relatos en otras latitudes no palpables en esta dimensión, jugaré con algunos de los títulos de sus obras para intentar escribir algo, que tenga pies y cabeza, con lo que lograr invitarte, a conocer como ahora lo haré yo, la gran obra que, Don Juan Goytisolo, nos deja como legado:

«Entre aquellos “Juegos de manos” comenzó el “Duelo en el paraíso” mientras que en “El circo” se comenzaban las grandes “Fiestas” que llevaban a la población a pasar, de aquella manera, “La resaca” necesaria “Para vivir aquí” en “La isla”.

El evento, como siempre, lo organizaba Doña María, conocida como “La Chanca”, que siempre imponía el “Fin de Fiesta” para todos aquellos que no mostrarán sus “Señas de identidad” como “Reivindicación del conde don Julián”.

En esas estaban cuando ocurrió que “Juan sin Tierra”, junto a su amiga “Makbara”, enseñara los “Paisajes después de la batalla” y “Las virtudes del pájaro solitario” a “La cuarentena” de personas que formaban parte de “La saga de los Marx”.

Estaban todos preparados en “El sitio de los sitios” esperando a que pasaran “Las semanas del jardín” cuando la “Carajicomedia” que siempre montaba “Don Julián” hizo que el “Telón de boca” que tejían “Los hombres cigüeña” enseñaran el “Tríptico del mal: Señas de identidad; Don Julián; Juan sin tierra” y las otras “Novelas” a todos los asistentes.

Parecía mentira pero con esa sencillez con la que sucedieron los hechos, la “Profecía, asedios y apocalipsis” hicieron que “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” terminará con la “Trilogía de Álvaro Mendiola” y cerrar, por fin, “El erial y sus islas”, volviendo, para siempre, al fondo de las letras moribundas.»

He decidido empezar a leer “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” por culpa de este artículo de El País. ¿Me acompañas?

Gracias por leerme. Gracias por dejarnos sus letras.

«Otra historia para “El flautista de Hamelín”»

Sacada desde mi móvil en la Calle Castillo.

¿Recuerdas la historia de «El flautista de Hamelín»?: “Cuentan que hace mucho tiempo, había un hermoso pueblo llamado Hamelín, en el que sus habitantes vivían muy felices. Un día sucedió algo muy extraño, todas las calles fueron invadidas por miles de ratones que iban arrasando con toda la comida. Ante la gravedad de la situación, los gobernantes de la ciudad, convocaron al Consejo y ofrecieron cien monedas de oro a quien nos libre de aquella plaga de ratones.

El joven se ofreció a ayudarles. Armado con su flauta mágica empezó a pasear por las calles haciendo sonar una hermosa melodía que parecía encantar a los ratones. Los ratones empezaron a salir de sus escondrijos para seguirle. El flautista se alejó de la ciudad hasta llegar a un río, donde todos los ratones perecieron ahogados...”.

El otro día paseaba por Santa Cruz cuando el sonido de una flauta me atrajo hacia ella cual ratón. El resto de los ratones, ahora convertidos en caminantes atareados en sus gestiones, sus móviles, sus prisas y sus agobios, parecían no escuchar aquella música. Todos seguían de largo. Yo, en cambio, tenía tiempo para parar cinco minutos y observar.

El personaje realmente tocaba mal aquel instrumento, pero el esfuerzo que estaba haciendo para intentar sacar unos euros, era realmente poderoso. Sus ropas, su pelo y la suciedad que lo rodeaba tampoco le ayudaba demasiado en su recolecta. Hasta que un grupo de niños, atraídos por la música, pararon para deleitarse.

El grupo de padres y madres que los acompañaba, quince o veinte metros más atrás, distraídos con sus charlas y bromas, al llegar a la altura del flautista, les alentaron para continuar la marcha. Los niños y niñas solicitaron monedas para lanzar sobre la pequeña manta que presidía el suelo, a modo de alfombrilla de entrada al hogar. Los adultos aportaron el canon. Los niños dicharacheros depositaron las más que probables pequeñas cantidades en el lugar indicado. El hombre agradeció el gesto.

El grupo continuó su camino y yo quedé con la foto para mi INSTAGRAM y la entrada para este blog, mientras pensaba que la historia de Hamelín fue otra, aunque le podemos encontrar cierto parecido y distinto final.

Gracias por leerme.

«El coñazo de los replicantes»

Replicantes

Lo siento pero son una verdadera lata. Los replicantes son aquellos «escritores/as» que, a fin de estar presentes, a toda costa, en las redes sociales, repiten una y otra vez contenidos suyos y, en muchos casos, de otros.

Como sé que no me entiendes, me explico.

Llegué a esta esquina de casualidad, con las mismas pretensiones que tengo ahora, escribir, más mal que bien, pero escribir. Porque me divierte y relaja.

Con el tiempo de presencia que llevo acumulado en las redes sociales todos los días aprendo cosas y «siguiendo» a otras personas, que según parece saben mucho sobre todo esto de la SEO, el marketing, la visibilidad…, sigo aprendiendo muchas más. Lástima que muchas de ellas son auténticas ¡FANTOCHADAS!

Según estos “escritores/as” este mundo virtual se mueve a base de tuits y retuits. Lo importante es estar siempre presente para que otros te vean, te sigan, te retuiteen…, para que así puedas hacerte algo más famoso y vender un par de libros más.

Lo cierto, por lo que he visto, es que consiguen estar presentes pero no por sus relatos, que es lo que se espera de alguien que pretende ser escritor/a, sino porque para poder hacerlo, se dedican a replicar/discutir/opinar artículos de ellos mismos o de otros.

Las técnicas que usan son varias:

  1. El truco más usado es el de repetir sus artículos, con la excusa de que aún son válidos, una y otra vez. Esto lo hacen gracias al uso de una aplicación que los escoge al azar y los vuelve a lanzar a las redes de manera automática. Ni siquiera se preocupan de elegirlos.
  2. Siguen a mucha gente y gracias a ello son seguidos. Pero no saben ni quiénes son, ni qué hacen. No nos engañemos, tampoco les importa. Aquí lo importante es que los sigan a ellos. Acumular seguidores, me gusta y retuits… para intentar vender.
  3. La envidia les corroe por dentro. Si @menganita propone un juego, o un concurso, o un grupo de Facebook, @fulano lo hace también. Que @ciclanito regala un libro,@marujo una foto; que escribiremos 300 palabras a la semana, pues conmigo escribirás durante 30 minutos…
  4. Son tan buenos escritores que se dedican a dar consejos sobre qué, cómo, cuándo… escribir. Pero no creas que saben tanto. Igual que antes se copian unos a otros. Que @pepinillo habla de los personajes principales pues @lechuguina versará sobre los secundarios…
  5. Cuando no saben qué hacer retuitean las artículos de sus allegados, se nombran y se dan palmaditas en la espalda unos a otros, se felicitan…
  6. Defienden la autopublicación. Es decir ponen la pasta para publicar y van a una imprenta, porque no han conseguido que ninguna editorial les publique. Muy bien, sin duda es una opción.
  7. Aprovechan el entusiasmo de las personas que quieren empezar a escribir, para venderles conocimientos en formas de píldoras informativas, pequeños tutoriales, cursos… Pero lo único que quieren es cobrar y parecer grandes personajillos de la farándula de las letras y los teclados.

Y a todas estás ¿qué escriben? ¿Cuentos? ¿Terror? ¿Novela histórica, erótica de aventuras,…? ellos y ellas se reconocen como de un género o de otro, pero lo cierto es que no muestran nada.

Como verás, el caso es estar presente de cualquier modo en las redes sociales. Muchos dicen que son escritores, pues me alegro, oiga.
Lo siento pero lo voy a decir claro: ESTA GENTE ME CANSA. Son un coñazo.

Entro en mis redes (Twiter, Facebook, Instagram…) y veo lo mismo una y otra vez. Así que he decidido dejar de seguirles, sobre todo porque hacen mucho ruido y tengo la sensación de que, entre sus tuits, retuits y fantochadas, me estoy perdiendo lo importante.

Un consejo: si quieres escribir, ESCRIBE Y LEE, pero sigas a esta panda de replantes o perderás el tiempo.

Gracias por leerme.

«El hombre de las nieves»

Entre los misterios y leyendas que se oyen en las montañas, es sabida la que narra la existencia de un bípedo gigante conocido, entre otros nombres, por el de «El hombre de las nieves».

Según viajes a un sitio u a otro, el misterioso ser recibe diferentes denominaciones: Yeti, Bigfoot, abominable hombre de las nieves…

Como bien sabes —y si no lo haces ahora— estos pasados carnavales los pasé, como suelo hacer en los últimos diecitantos años, en la nieve.

El otro día, perdido por esas montañas penínsulares, estaba esperando en el punto de reunión, a que llegara la monitora de la pequeña de la casa cuando mi hija me hace fijarme en el ser que se aproximaba hacia nosotros. Me llamó mucho la atención. Su presencia me hizo asemejarlo a ese extraño personaje.

El que yo he encontrado por esos lares, no tiene mucho que ver con los otros bípedos que he comentado, salvo por la cantidad de nieve que, a modo de experiencia, tiene acumuladas entre los pliegues de las arrugas, este, sin duda, es humano.

Por lo que me pude imaginar era un señor que debía acosar los ochenta inviernos. Con pelos y arrugas del mismo color del manto que tenemos bajo nuestros pies.
Iba todo vestido de negro, con botas impermeables de alta gama, abrigo, gorro de montañero, mochila a la espalda y dos bastones sobre los que sostenerse.

Su paso lento, muy lento. Parece que luchaba contra una ventisca inexistente, más que en su propio cuerpo, que no le deja avanzar más rápido. Pero ahí va, paso a paso sobre la nieve, seguro.

Lo vemos acercarse poco a poco, casi en cámara lenta, pero de una manera decidida y sin levantar los ojos del suelo. Sin duda disfruta del paseo, de ver a la juventud, de la nieve, del momento… Mi hija aprieta mi mano.

Los esquiadores pasan por su lado a toda velocidad, lo rodean, él no les hace caso y sigue en su avance sin importarle nada.

Al llegar a nuestro lado Sara dice que le da pena verlo así. Él, como si la hubiera oído, gira la cabeza para sonreírle. No se para, sigue caminando. Pero yo, lo tengo decidido, cuando sea mayor quiero ser como él. Quiero convertirme en un hombre de las nieves.

Gracias por leerme

«Telepatía mientras escribo»

Telepatía

Hace unos días, por pura casualidad o por una fuerza superior, en forma de tuit, descubrí un libro, del que jamás había oído hablar, «Mientras escribo», del gran maestro del suspense Stephen King. Lo devoré en un par de días. Solo comentarte de que, fuera de la temática de misterio o terror a la que nos tiene acostumbrado, éste es un relato biográfico en el que nos cuenta su proceso escritor. Aprendí muchísimo.

Una de las ideas que define con mucha claridad es la relación existente entre el escritor y el lector. Para él, ese vínculo, se basa en la telepatía, ya que, lo que escribo eres capaz de verlo en tu cabeza, mientras lo lees.

De esta manera, para que te hagas una idea aproximada de cuál es mi situación actual, bastará con contarte que, mientras el resto de la casa ya está en silencio, yo estoy encerrado en el cuarto en el que escribo. Todas las luces están encendidas, pero las que de verdad alumbran este momento están conectadas en mi cabeza ordenando rápidos movimientos a unos torpes dedos, que se equivocan con cierta frecuencia, en el traqueteo sobre los blancos botones de mi teclado. Ya con el pijama puesto y sentado frente a la pantalla de mi ordenador, transcribo este momento para que tú, que estás al otro lado, recibas este mensaje y dibujes en tu mente, gracias a esa telepatía que decía Stephen King, mi situación.

Pero creo que el gran autor, pese a tener toda la razón, en el momento en el que escribió el libro, desconocía la capacidad actual que tenemos los que escribimos —iba a decir escritores, pero se me hace grande— de estar en dos sitios a la vez.

Sí, además de la telepatía, tenemos el poder de la bilocación, que como sabes es la capacidad para estar en dos sitios a la vez. ¿Me imaginaste escribiendo este post? Pues si me conoces sabrás donde me encuentro estos días y te confieso que, gracias a la tecnología, puedo jugar contigo, con mis escritos y teletransportarme a otro lugar algo más frío y blanco que mi teclado. Lastima que no estés aquí.

Gracias por leerme

«ANCOR»

En mi pasada carta a los Reyes Magos y a ti, entre otras cosas, te contaba que una de mis sueños para este nuevo año era ver publicado mi cuento. Pues bien. Este es el momento en que el quiero anunciarte —los suscriptores de este blog ya lo saben desde hace un par de semanas, pues lo recibieron como primicia— que «ANCOR» ya está aquí.

En primer lugar decirte que es la reedición de mi primera historia, pero esta vez publicada por Diego Pun Ediciones e ilustrada de manera exquisita por Nareme Melian Mahugo.

Se trata de un cuento para ser leído a niños y niñas de 0 a 99 años en el que aprenderemos la historia de un pueblo narrada desde los ojos y las vivencias de un niño.

Sí, narra la vida de Los Guanches, esa raza de hombres y mujeres «primitivos» que habitaron en las Islas Canarias antes de su conquista por los castellanos en 1496, y que tenían una organizada sociedad, con sus variantes según isla o territorio, con una gran riqueza en cuanto a cultura, costumbres, lengua, tradiciones…, que han llegado hasta nuestro días con muchas dificultades.

Como maestro, siempre he tenido la sana obsesión de transmitir a mi alumnado la ilusión por la lectura y la chispa de la curiosidad por descubrir nuestro entorno, nuestra historia y el amor a la naturaleza que nos rodea.

Me animé a escribir esta historia, fusión de esas ideas anteriores, al descubrir que mis alumnos y alumnas desconocían muchas cosas de Los Guanches, y que, para engancharles, necesitaba enseñarles un mundo mágico, lleno de aventuras y emociones que les atrajera y así llevarles al conocimiento de parte de nuestra historia, que para mí era importante transmitirles.

Con «ANCOR» viajaremos a través del tiempo y aprenderemos una serie de palabras y costumbres de la época a la vez que disfrutamos de sus aventuras.

De la misma manera, con el afán de hacer la lectura atractiva para niñas y niños, reconozco que no todas las partes de esta historia son necesariamente reales, aunque sí lo son muchas de las situaciones, nombres de los Menceyes, lugares… Dejo a elección del lector o lectora decidir cuáles.

Como ya he dicho, este cuento está escrito pensando en niños y niñas, pero seguro que, aunque seas algo mayor, en cuanto empieces a leer y conectes con tu infantil interior, descubrirás que esta historia te va a atrapar desde el comienzo. Te aseguro que disfrutas hasta el último capítulo y sobre todo, desearás que no acabe.

Pronto te contaré dónde la presentaremos —esto es también una sorpresa que los suscriptores de este blog recibirán en primer lugar— y dónde adquirirlo. Mientras me quedo repasándola un poco.

Gracias por leerme.