«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

A la fecha en la que estamos ya he decidido convertirme en un aprendiz de agricultor e imitar las artes y labores que por esta época hay que acometer.

En aquellos pagos en los que se cultiva cereal, durante todo el verano se cuida del campo. Los agricultores quitan, a mano, una a una, las malas hierbas; observan hojas y brotes, para evitar plagas, enfermedades…; y, como no, adoran al sol, que les dará el calor que sus plantas y cultivos necesitan para crecer y madurar sanos y fuertes, a fin de que todo transcurra convenientemente, durante este periodo estival, para que en septiembre se pueda dar comienzo a una nueva época de cosecha.

Como te decía, y en contra de lo que pueda pensar o hacer la mismísima señora Cifuentes, yo necesito tomarme unas vacaciones y dedicar mi tiempo a las labores, citadas anteriormente, de mantenimiento y cuidado de esta finca. Imagino que tú también necesitas descansar de mis desvaríos y locuras, aunque sin duda tu solución tiene mas fácil remedio. Yo me he encabezonado a seguir con este página y salga el sol por donde salga, lo seguiré intentando, hasta que me canse o se me ocurra alguna otra idiotez en la que invertir las noches de los jueves.

Me marcho hasta septiembre. Te dejo con la promesa de traer nuevas historias, algunos proyectos y muchas ganas volver a verte pasear y detenerte un rato en esta esquina.

¿Planes de verano? Como ya te medio conté en este post, entre mis tareas para el verano, ya tengo varias actividades decididas que, sin duda, serán una buena fuente de alimentación para esta surtida esquina. Otros planes menos importantes simplemente dejaré que surjan y espero que muchos, atractivos y divertidos, me vayan sorprendiendo por el camino.

Lo dicho, disfruta mucho tú también y nos vemos el 7 de septiembre, que es el primer jueves del mes, al que acudiré sin falta a nuestra cita. XOXOXOX

GRACIAS POR LEERME.

«Sueños y deseos por cumplir»

Editada desde mi móvil

Aunque parecía increíble, y llevaba tiempo trabajando en aquella biblioteca, Óscar veía por primera vez aquel libro. Había limpiado y ordenado varias veces la estantería «Libros extraordinarios» pero no recordaba haber visto jamás aquel ejemplar.

De duras y grandes tapas marrones se le notaba el tiempo de existencia, por lo ajado y sucio que lucía su cuerpo. Era imposible que él no lo hubiera visto antes. Oscar estaba convencido de que alguien lo había puesto allí, adrede, para que pudiera ser encontrado.

Lo asió con cuidado, pues era pesado y aparentaba delicado, llevándolo a su mesa de trabajo. Con un paño limpió de polvo la cubierta. Un magnífico grabado acabado en pintura de oro y azul imperial, adornaba las letras del título: «Sueños y deseos por cumplir».

No pudo evitar las ganas de abrirlo. El primer folio, marcado por la humedad del paso del tiempo, liberó un aroma hasta ahora nunca percibido en otro libro. Entonces se percató del extraño sonido que empezaba a llegar a sus oídos. Al pasar la segunda página una explosión de color inundó la sala. Se liberaron infinidad de sueños que, con cuerpo de mariposas de colores, significaban cada uno de los deseos que Óscar tenía atrapados en su ser. El libro estaba en blanco, pero él sabía que había encontrado permiso para escribir su propia historia.

Laura, observándolo escondida tras la sombra de una de las estanterías, sonrió y le mandó un beso volado que él nunca supo que había recibido.

Gracias por leerme

«Sueño cumplido con sabor a fresa y nata»

Jugar con las fresas y nata

La cena, como cada vez que el grupo se reunía, era la algarabía que todos esperaban. Entre risas y bromas, gritos y retos, terminaron jugando con las fresas y la nata que acompañaban, a modo de decoración, los platos de los postres, activando ciertos sentimientos y miradas ya casi olvidadas. Fuera llovía. Lo hacía con ganas, así que la ronda de chupitos, que suavizaba la llegada de la cuenta, se convirtió en algo más larga de lo esperado. Uno, dos, tres…

Alguno de los asistentes, los que tenían familia en casa esperando, o el coche más cerca, se despidieron con cierta desazón, todo aparentaba que la cosa no iba a terminar ahí. Quedó la cuadrilla de siempre.

Alguien propuso ir a tomar copas a una cafetería cercana, aunque con el palo de agua que caía, era obligatorio ir en los coches. Ellos dos decidieron ir juntos. Él no había bebido casi nada y ella, según sus propias palabras, necesitaba un poco de aire. El alcohol se le había subido, un poco, a la cabeza.

A mitad del camino una llamada alertaba de que la otra mitad de los que quedaban, habían decidido retirarse. Quedaron los dos solos.

—¿Qué hacemos?, ¿dónde vamos? —consultó él.

—A mí así no me dejas. No puedo coger el coche. Necesito que se me pase un poco. Vamos donde tú quieras.

Sin tener muy claro adónde ir, giró el volante para internarse en las calles de la urbanización. A lo lejos había un descampado desde el que se divisa el paisaje, ahora velado por la constante cortina de agua. La música que sonaba en la radio parecía ir acorde al ritmo que la lluvia marcaba.

Nada más parar el motor del coche, ella, sin mediar palabra, lo aferró del cuello, atrayéndole hasta sus labios y su cuerpo. No podía contar las veces que habían soñado con aquella situación.

Gracias por leerme.

«ANCOR»

En mi pasada carta a los Reyes Magos y a ti, entre otras cosas, te contaba que una de mis sueños para este nuevo año era ver publicado mi cuento. Pues bien. Este es el momento en que el quiero anunciarte —los suscriptores de este blog ya lo saben desde hace un par de semanas, pues lo recibieron como primicia— que «ANCOR» ya está aquí.

En primer lugar decirte que es la reedición de mi primera historia, pero esta vez publicada por Diego Pun Ediciones e ilustrada de manera exquisita por Nareme Melian Mahugo.

Se trata de un cuento para ser leído a niños y niñas de 0 a 99 años en el que aprenderemos la historia de un pueblo narrada desde los ojos y las vivencias de un niño.

Sí, narra la vida de Los Guanches, esa raza de hombres y mujeres «primitivos» que habitaron en las Islas Canarias antes de su conquista por los castellanos en 1496, y que tenían una organizada sociedad, con sus variantes según isla o territorio, con una gran riqueza en cuanto a cultura, costumbres, lengua, tradiciones…, que han llegado hasta nuestro días con muchas dificultades.

Como maestro, siempre he tenido la sana obsesión de transmitir a mi alumnado la ilusión por la lectura y la chispa de la curiosidad por descubrir nuestro entorno, nuestra historia y el amor a la naturaleza que nos rodea.

Me animé a escribir esta historia, fusión de esas ideas anteriores, al descubrir que mis alumnos y alumnas desconocían muchas cosas de Los Guanches, y que, para engancharles, necesitaba enseñarles un mundo mágico, lleno de aventuras y emociones que les atrajera y así llevarles al conocimiento de parte de nuestra historia, que para mí era importante transmitirles.

Con «ANCOR» viajaremos a través del tiempo y aprenderemos una serie de palabras y costumbres de la época a la vez que disfrutamos de sus aventuras.

De la misma manera, con el afán de hacer la lectura atractiva para niñas y niños, reconozco que no todas las partes de esta historia son necesariamente reales, aunque sí lo son muchas de las situaciones, nombres de los Menceyes, lugares… Dejo a elección del lector o lectora decidir cuáles.

Como ya he dicho, este cuento está escrito pensando en niños y niñas, pero seguro que, aunque seas algo mayor, en cuanto empieces a leer y conectes con tu infantil interior, descubrirás que esta historia te va a atrapar desde el comienzo. Te aseguro que disfrutas hasta el último capítulo y sobre todo, desearás que no acabe.

Pronto te contaré dónde la presentaremos —esto es también una sorpresa que los suscriptores de este blog recibirán en primer lugar— y dónde adquirirlo. Mientras me quedo repasándola un poco.

Gracias por leerme.

«Por un mensaje»

CARTEL DE LA AUTOPISTA

Hecha con mi móvil. CARTEL DE LA AUTOPISTA. 

Le había bastado ver la foto que él había mandado por WhatsApp, con el mensaje que aquella semana lucia el cartel de la autopista, para imaginar qué quería hacer nada más verlo. ¿Se atrevería? Sabía que él la había compartido como una broma, como una de tantas, pero ella no quería perder aquella oportunidad y, por primera vez, ser la que diera el primer paso.
Habían quedado para salir. Él pasaría a recogerla. El acuerdo era verse debajo de la puerta de su casa. Nada más llegar hizo una llamada perdida, según lo pactado, y espero. Al instante, con la excusa de ir con retraso, un mensaje de texto lo invitaba a subir.
Cuando la puerta del piso se abrió ella no se cortó. Lo miró directamente a los ojos despojándose del albornoz que cubría su cuerpo. La cara de él fue todo un poema, era para haberla grabado. Se había quedado parado. Jamás se hubiera esperado aquello. Ella tragó en seco. Jamás pensó que se atrevería ha hacer una cosa así. Con una voz tenue rompió el hielo:
—Me dijiste que si te necesitaba que…
Él no espero a que terminara la frase. Con una de sus manos la atrajo hacia sí para besarla, mientras que con la otra cerraba la puerta tras de sí. Y es que hay historias que nacen por un mensaje.
Gracias por leerme.

 

«Deseo cumplido»

Uno de mis deseos alza el vuelo

¿Te acuerdas cuando compartí contigo mi carta a los Reyes Magos y a ti —por si acaso no lo leíste, lo tienes en este post—? Seguro que te acuerdas, ya que es verdad que hace poco tiempo, no quiero que pienses que creo que estás perdiendo la memoria. En ella te adelantaba una lista de deseos. Pues bien, uno de ellos ya está a medio cumplir —solo falta mejorarlo—, listo para ser enseñado y esperando que aportes ese granito de arena que te pedía en ese post anteriormente citado.

Lo que hoy te traigo es la presentación oficial de mi nueva web «laesquinadeguille.com» que, como verás, guarda mucha similitud con el anterior blog —al menos la esencia—, en la que podrás releer todas las entradas anteriores y a mi me va a permitir algo más de juego en cuanto a la publicación de todas esas historias, aventuras, desventuras y resto de gilipolleces, que te cuento cada semana.

Reconozco que aún está por mejorar. Todavía estoy aprendiendo a usar esta plataforma, así que me queda mucho camino por recorrer. Es este el momento en el que puedes intervenir.

Como te decía al principio, espero que aportes tus sugerencias y recomendaciones en cuanto al formato, estilo o en el tema o temas que consideres sobre el que tengo que escribir. Te advierto que ya son muchas las personas que me piden algo más de erotismo, así que…

Para tu comodidad, y a fin de que no te pierdas nada, recuerda que puedes suscribirte, y así te llegará a tu buzón de correo electrónico, todas las entradas, para que no te pierdas nada, además de alguna sorpresa solo pensada por y para suscriptores.

Espero verte por esta mi nueva esquina. Que la misma sea de tu agrado y que cada vez que pases por ella, que es la tuya, dejes tu huella, a modo de comentario.

Gracias por leerme.

«El hombre pájaro»

Pasear entre las sombras de los árboles en otoño, entre los largos caminos de un parque, cubierto de una alfombra de hojarasca reseca, es siempre uno de los grandes placeres de mi vida y de los que disfruto, sin prisa, en cada viaje que hago.
No hace mucho iba tirando de mi agotada sombra por uno de esos senderos, en los que la gran ciudad que lo rodea no logra fagocitarlo, absorto en mis pensamientos y en el disfrute del paisaje, con los ojos bien abiertos y los sentidos en pleno uso, cuando aquella alargada y triste figura llamó poderosamente mi atención.
El hombre pájaro estaba inmóvil en mitad de la senda, con un brazo estirado y su cuerpo embutido en su típica chaqueta de tweed. Una bandada de periquitos y otros pájaros revoloteaban a su alrededor posándose por todo su cuerpo. El hombre apenas hacía algún movimiento, parecía momificado en aquella incómoda posición, mientras miraba y disfrutaba de cada una de aquellas aves. Parecía que les susurraba. Solo en los breves instantes en los que movía su mano para recargarla de la comida que guardaba en uno de los bolsillos, los más asustadizos revolotean unos metros, para después, raudos, volver a posarse.
El individuo al descubrir mi inmóvil presencia tras su espalda aprovechó uno de esos instantes para girarse y dirigirme apenas tres palabras: I´m dreaming. Sin decir nada más volvió a su tarea y me ignoró.
No supe qué decir. Me aseguré de no hacer ruido, para no ahuyentar su compañía y, con cuidado, le robé la foto que acompaña este texto. Al momento continué mi camino para no molestarlo. Nada más recorrer cien metros, sentí la necesidad de girarme para volver a contemplarlo una última vez. Ya no estaba. Había volado como sus pájaros y con él, mi sueño de disfrutar de cada momento, se hizo más patente.
Gracias por leerme.

«Carta a los Reyes Magos y a tí»

 

Queridos Reyes Magos:
Este año como me he portado bien —me refiero que en mi línea, como siempre—, he decidido compartir mi lista de deseos con toda la panda de paseantes de esta esquina, por si alguno de ellos —pero sobre tú, que sé que me estás leyendo—, pudiera colaborar o aportar un granito de arena, en el cumplimiento de la misma:
1.- Lo que más deseo, y por eso lo pongo en primer lugar, es seguir riéndome y aprendiendo de la vida. Es algo que no me gusta hacer solo así que ya sabes, espero que me acompañes.
2.- Vivir nuevas experiencias. Hay muchas cosas que me quedan por probar y otras que me gustaría repetir. Han sido testigos de muchas de ellas, ¿se animan a acompañarme?
3.- Seguir encontrando tiempo para todo. ¡Puf! qué difícil es esto. Ir sin reloj en la muñeca me ayuda a organizarme y priorizo bien mis necesidades y la de los míos.
4.- Pasar más tiempo junto a ti. Siempre he sido «amigo de mis amigos» y me gusta cumplir y estar con todos ellos, en los momentos buenos, pero más en los difíciles. Espero que nos sigamos reuniendo por mucho tiempo.
5.- Terminar mi nueva novela y ver publicado mi cuento. La primera ya la llevo encaminada pero me hace falta algo más de energía y tranquilidad para centrarme en ella. El cuento está en camino, pronto recibirás la feliz noticia y podrás acompañarme en su presentación. ¿Ya has comprado/leído/regalado los libros anteriores? (Ahora hablo bajito para que nadie nos escuche: Si eres maestr@ te sorprenderemos con otro proyecto que en forma de revista ya está cogiendo cuerpo).
6.- Este blog necesita un lavado de cara. También estoy en ello. Espero que, en breve, puedas ver el cambio y darme tu opinión.
7.- Seguir haciendo kilómetros. ¿Correr? ¡Ni de coña! Me cansa y hacerlo solo es un rollo, que además machaca mis rodillas. Hablo de viajar. Programado el verano que viene,  ya tengo un par de ideas para después. ¿Te apuntas?
Esta noche me iré pronto a la cama, después de la cena con la familia y las copas con mis hermanas. Espero que mis deseos sean algo más que soñarte y podamos compartirlos.
Gracias por leerme.