«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

Este pasado fin de semana, por fin, tuve tiempo para empezar a organizar lo que será una de mis aficiones para cuando me jubile.

Llámame loco. No pasa nada, ya sé que lo estoy. Seguro que dirás que soy un exagerado y que aún me queda mucho tiempo, tampoco pasa nada, pero es que estoy convencido de que los buenos planes hay que irlos construyendo con tiempo y cariño.

Tengo una gran lista de cosas que hacer en mi tiempo libre (montañismo, escribir, hacer deporte…, las otras locuras que ya conoces) y lo que quiero es irlas perfeccionándolas y organizándolas poco a poco para que, cuando llegue el momento, tenga tiempo para todo y no se me quede ningún sueño por cumplir. Así que, ¿por qué no empezar ahora?

Si me conoces lo suficiente, y si no te voy a revelar uno de mis secretos, soy un fanático de los Playmóbil, aunque no llego a rozar es estatus de friki. Sí, de esos maravillosos y pequeños muñequitos semiarticulados que rememoran profesiones, deportes, momentos de la historia… De hecho llevo siempre uno colgado en mi mochila, ¿no te habías dado cuenta?

Me crié con ellos, solo jugaba con ellos. Tenía cientos y como me gustan mucho, cuando fui padre seguí comprando alguno más para mis hijos. Ahora que ya ellos se hacen mayores las cajas se están apilando en una esquina llenándose de polvo.

Unido a todo ello, hace un par de meses, mi madre, que como todas las madres es casi perfecta, sabedora de mi devoción, descubrió en casa una bolsa que guardaba, como quien atesora una reliquia familiar, una bolsa con algunos de ellos. Cuando abrí aquel empaque mis ojos se pusieron como platos y a mí volvieron recuerdos de la infancia, momentos de luchas y batallas vividas con aquellos pequeños esbirros. Todos recuerdos y momentos muy felices. En ese momento decidí cual iba a ser el futuro de esos pequeños supervivientes.

Por fin tengo la vitrina y por fin, e empezado a limpiarlos, armarlos y colocarlos en el lugar de honor que, por historia y cariño, les corresponde en mi salón.

Por ahora será solo una colección discreta de los mejores, los más originales, los que encuentre de colección, los que pueda ir tuneando, pero, en un futuro no muy lejano, cuando me jubile, se convertirán en auténticos dioramas que representen momentos de la historia…

Ahora, cuando me siento en el sofá y miro para aquella esquina, mi cara se ilumina, me sonrío yo solo. El niño que está atrapado en el reflejo de esa vitrina disfruta de lo que ve y, con ese sentimiento, mi camino del día a día se hace más feliz y agradable. Hoy toca compartirlo contigo.

Gracias por leerme

4 pensamientos en “«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

  1. Lo mío eran los indios y vaqueros de plástico, no articulaban, pero tenían de todo, hasta el lazo para atrapar al “malo”; los soldaditos de plomo, era cosa de niños riquines.
    Con los años mi primer sobrino, sin él saber por dónde venía, me devolvió con “tus muñequitos” a una segunda infancia. Mucho barco pirata, granja, estación y no sé cuántas cosas más, de Playmobil claro, llegué a “armarle” el día de todos los reyes. De cuando el Nöel no era más que una anécdota.
    En fin, mardito roedó, me acabas de devolver a 35 o 40 años atrás.
    Gracias…

  2. Muy bueno Guille. Aún no lo había leído. A mi también me encantan, aunque nunca jugué con ellos. Era uno de los regalos que tenía siempre en mente para mis sobrinos. En casa mis hermanos fueron más de los Madelman. ¡Que bueno que aún los conserves y genial la idea de la vitrina con todos ellos!

    • Son una pasada!!!!, así que ya sabes, si quieres sorprenderme… Y el salón qeuda genial con la vitrina, digan lo que digan el resto de habitantes.jejejeje

    • Son una pasada!!!!, así que ya sabes, si quieres sorprenderme… Y el salón queda genial con la vitrina, digan lo que digan el resto de habitantes.jejejeje

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