«La caja de bombones. Un solitario cuento de Navidad»

«La caja de bombones. Un solitario cuento de Navidad»
¿Te apetece un bombón? llámame jejeje

Son muchas las veces que María abrió aquella caja de bombones sin tocar ninguno de ellos. Cada vez que lo hacía recordaba a Forest Gump repitiendo la célebre frase: «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar». 

Pero era Navidad. Estaba deprimida. Necesitaba algo que la estimulara para olvidar su soledad y aquella triste estancia en el salón, del pequeño apartamento ocupado, en la planta baja de la casa de sus padres. Se decidió. Al fin y al cabo los bombones eran de ella y siempre dicen que el chocolate le sube el ánimo a cualquiera.

El primer bombón que se llevó a la boca le sorprendió. Le supo a beso. A esos labios cálidos que andaba buscando y que, hasta el momento, no se había atrevido a descubrir. No se conformó.

Cogió otro de aquellos bombones. Lo disfrutó sobremanera ya que, al estar relleno de crema de cacahuete, le rememoró un potente abrazo. Ese que llevaba tiempo deseando y que, por su indecisión, no había recibido. Quería más.

Tras media caja devorada, descubrió que el siguiente de aquellos bombones le sabía a lujuria. El siguiente bombón que tomó, le supo a deseo. Otro a desenfreno. El otro a… Cerró los ojos y disfrutó de aquello lo que, en persona, no se había atrevido a solicitar. Al fin y al cabo, era Navidad.

Volvió en sí tras encenderse las luces del árbol, gracias al interruptor programable que tenía colocado.

Tras terminar toda la caja, saciada de bombones, con el estómago lleno, descubrió que el protagonista de la película tenía razón, los chocolates estaban llenos de sorpresas. Pero ella seguía sin encontrar la fuerza que necesitaba para coger el teléfono y llamar al bombón que le faltaba para empezar a sonreír y pasar una verdadera Navidad. Aquel año seguiría sola, aunque entre sus deseos de año nuevo

Gracias por leerme. 

«En plan latiguillo castigador»

«En plan latiguillo castigador»
En plan esperando a que pase el tiempo

Hoy estoy en plan criticón. Es decir que tengo ganas de no sé, ponerme en plan pesado o solo en plan…, ya sabes…, juguetón con las palabras.

Esta muletilla, «en plan», que parece ser la más usada actualmente, en plan para todo, me tiene muy cansado. Se escucha por todos lados, no solo a los adolescentes que la usan en plan genérico, sino también a los adultos que se les empieza a pegar, en plan gracioso, y que repiten en plan sin darse cuenta, hasta la saciedad.

Mis hijos la usan. Mi alumnado la usa. Ayer fui a una charla y una parte del público participante también la usaba en plan comodín, en cada frase, daba igual si era al comienzo como al final, en plan, no sé que decir y necesito ganar tiempo para pensar, pero en plan, no tengo nada que decir y digo en plan.

Lo mejor de todo es que, estudiada un poco más a fondo, en plan intentando entender la expresión, vemos que “en plan” puede significar “o sea” en un vago intento de explicar lo que el interlocutor está diciendo, en plan aclaratorio, como si utilizara unas comillas. De la misma forma, «en plan», también puede utilizarse para poner énfasis o relieve, en plan destacar algo que se quiere decir…

De cualquier manera, debo afirmarte, por si aún no te habías dado cuenta, de que esta muletilla me pone un poco de los nervios, en plan sacarme de mis casillas del todo, por lo que te ruego que si alguna vez escuchas que la utilizo, en plan un par de veces seguidas, cojas el latiguillo, y me refiero al otro, no al sinónimo de muletilla, y me azotes en plan duro con él. Sabes que me gusta, pero en plan castigo verdadero hasta ahora no lo han hecho. Mientras seguiremos viendo pasar el tiempo a ver sí ocurre algo, en plan emocionante.

Gracias por leerme.

«El arte prerrenacentista. Boberías y otras ocurrencias en su nombre»

El arte prerenacentista
«El Cristo burlado», de Cimabue. FUENTE ABC

Hoy casi no acudo a esta cita semanal. No te preocupes, no he tenido ningún percance. Estoy llegando de revisar el alborotado trastero, en el que tengo guardadas todas las cosas de mi abuela. ¿El motivo? Sabes que yo, en esto del arte ando más bien algo cortito —no creo que te haga falta que te recuerde esta entrada—, pero ayer me enteré que una señora francesa acaba de vender un cuadro, atribuido a un tal Cimabue, al parecer uno de los pintores prerrenacentistas más importantes del S. XIII —famoso en su casa a la hora del almuerzo—, por seis millones de euros, ¡que barbaridad! 

Según leí en la prensa —si tienes curiosidad aquí tienes más información—, la señora en cuestión lleva años con el cuadro, pintado sobre madera —vaya cosa fea—, en su casa, decorando la cocina, o el pasillo situado entre el salón y la cocina, según otras informaciones. Al parecer ni ella misma sabe cómo llegó a ella, ni el valor que el mismo tenía, aunque sí que me extraña que lo haya llevado a tasar a una casa de subasta.

Así que, pensando que a lo mejor había suerte, empecé a abrir cajas para ver qué contenían, e intentar batir todos los récords habidos sobre la subasta de artículos ingeniosos de época prerrenacentista, o casi.

1.- La escupidera del abuelo. Es de metal, bastante oxidado. ¿Igual también es prerrenacentista? Por lo que recuerdo el viejo ya era viejo…

2.- La chancla del pie derecho de mi abuela. Solo estaba esa. La del pie izquierdo recuerdo que, siendo yo niño, salió por la ventana, en una ataque de ira. Era con la que me sacudía cuando hacía alguna diablura. ¿Esta otra tendrá algún valor? ¿Pasa por una del S. XIII? Aquí sí que tengo mis dudas.

3.- Una copa menstrual. A priori no sé qué hace esto aquí, pero si la Pedroche las ha puesto de moda será por algo, así que esta, que por lo menos tiene sus cincuenta años…, me la quedé. Lo sé no tiene mucha pinta de prerrenacentista pero oye, ¡vaya usted a saber!, que la madera está bastante oscurilla.

4.- ¡Un cuadro! Esta sí que es la joya de la corona y `pá mi´ que sí da el pego de prerrenacentista. ¡Pintado sobre madera! esto sí es la bomba… Espero que no importe que sea de la Virgen de Candelaria, no sé, igual el tal Cimabue, también estuvo por aquí y… ¿Crees que colará?

5.- Un juego de pañales de tela. Tienen mis iniciales, algo borradas. Con un poco de suerte los hago pasar por los que usó Guillermo Cabrera Infante, que no es prerrenacentista, pero sí famoso. Están algo amarillentos, imagino que del tiempo y no de la pesada carga que tuvieron que aguantar.

Bueno, he encontrado más cosas que seguro tienen valor. No voy a comentarlas todas. Mañana mismo les saco foto y las mando a la casa de subastas Sotheby’s o a la Christie’s de Londres, que, como son la competencia, les saco un pellizco. Ya te contaré. 

Gracias por leerme

«Volver, volver… ¡volver!»

Recuerdo con claridad la letra de esta maravillosa canción, creo que ranchera, que inmortalizó de manera majestuosa Vicente Fernández (Aquí puedes escucharla). No se me ocurre versos mejores para retomar mis paseos por esta esquina:

«(…) Nos dejamos hace tiempo,

pero me llegó el momento,

de perder.

Tú tenías mucha razón,

le hago caso al corazón,

y me muero por volver (…)»

Con la vuelta al cole, con la retorno a la rutina, en muchos sentidos, empiezo a recuperar mi orden habitual, dejando atrás un verano cargado de emociones dispares que me han ayudado a seguir aprendiendo (tribunal de oposiciones —este fue el culpable de salir corriendo, sin previo aviso, a principios de junio—, curso de formación, playa, montaña, escapadas, cincuenta cumpleaños, fiestas, aventuras locas más allá del mar, conocer personas maravillosas…), todas ellas dignas de tener un rinconcito dedicado en esta esquina, que poco a poco iré completando.

Pero ¿volver?, ¿volver a qué?, ¿por qué hacerlo?

Siempre he escuchado la idea de que la vida es como el mar que, una vez tras otra, nos devuelve a su orilla, en donde la confusión es patente. Basta con separarnos de donde rompen las olas para empezar a descubrir la calma, o el devenir del mar, o la calidez de la arena…, eso depende de dónde quiera situarse cada uno. Otros los compararían con un juego de mesa y retornarían a la casilla de salida. Pero nada de esto es cien por cien cierto. No creo que haya un comienzo y un final. Hay una evolución, unas etapas que vamos cumpliendo con las que nos vamos formando como personas, parejas, amistades…

Ya hace unos días que comencé una de estas nuevas etapas, algunos, incluso yo mismo, he usado el término «volver», pero para nada lo interpreto como una segunda parte, como si retomara algo ya pasado, sino como esa continuidad que el mar produce al llegar a la arena.

¿Sabes lo mejor? Que entre las personas que están en la playa se que estás tu. Así que por eso canto:

“(…) Y volver volver, volver

a tus brazos otra vez,

llegare hasta donde estés

Yo se perder, yo se perder,

quiero volver, volver, volver.”

Pero sobre todo quiero que recuerdes que, un poco en el sentido que dice la canción, ¡me muero de ganas por volver a verte! Espero que quieras seguir acompañándome.

Gracias por leerme.

«En memoria de Eduard Punset»

«En memoria de Eduard Punset»
El poder de un genio.

Tristemente ayer falleció este gran pensador y comunicador. Me caía bien. Siempre que lo veía en la televisión me llamaba la atención y paraba un rato a escucharlo. Me parecía muy simpática la forma que tenía de hablar, con su acento catalán cerrado y tan característico, que a veces me costaba entender —normal con mis pocas luces—; me hacía mucha gracia verlo con esos pelos de sabio, genialidad que después demostraba nada más abrir la boca. Me parecía una persona locuaz, clara de ideas por complejas que estas fueran. Sin duda un personaje curioso, inteligente con el que podrías estar de acuerdo o no con sus argumentaciones, pero con el que, al menos yo, me hubiera gustado haber compartido una buena botella de vino, para dejarme embriagar de su sabiduría

Tal y como he hecho otras veces, con su permiso —es posible que pueda dármelo. El afirmaba que no estaba demostrado que fuera a morir, ya que las personas somos átomos y los átomos nunca desaparecen—, hoy invento un relato con los títulos de alguna de sus obras, por si te inspira y te animas a leer alguna. 

Con «La Salida de la Crisis», «La España impertinente: Un país entero frente a su mayor reto», esta España mía, esta España nuestra —que cantara Cecilia—, comenzó a «Adaptarse a la marea: la selección natural en los negocios» mirando «Cara a cara con la vida, la mente y el universo»

Por fin, con «El viaje a la felicidad: las nuevas claves científicas» se comienza a pensar que «El alma está en el cerebro: radiografía de la máquina de pensar» temiendo —o al menos eso esperamos unos cuantos— «El cambio climático» ya que muchos, los poderosos, los que pueden solucionarlo, siguen dando «Excusas para no pensar: cómo nos enfrentamos a las incertidumbres de nuestra vida» y así, así, no hay manera. 

Si seguimos dejando la gran pregunta sin resolver «¿Por qué somos como somos?», sino le damos ya respuesta, seguiremos en la disyuntiva de ser una «España: Sociedad Cerrada, Sociedad Abierta», un país que sigue vagando, a la espera del «Manual para sobrevivir en el siglo XXI. Galaxia Gutemberg»

Gracias por leerme. DEP.

PD: Más info sobre este genio, pinchandoen su entrada de Wikipedia o eneste interesante artículo de El País.

«Consejos para la declaración de la renta»

La declaración de la renta, ¡qué gran momento!

La declaración de la renta, junto con la muerte, es de esas cosas de las que los mortales no podemos escapar. Para más inri, hacer la declaración de la renta, siempre está en la lista de tareas que no nos apetece hacer, justo por encima de madrugar un domingo, para limpiar la casa después de una juerga el sábado por la noche y por debajo de atender a los niños que a las tres de la madrugada cuando se despiertan con vómitos y diarreas.

Otro año más la campaña de la declaración de la renta llegó cargada de noticias, chistes e infinidad de consejos y tutoriales que intentan facilitar la labor de todos aquellos que, por suerte, no tenemos que hacerla en Panamá, ni en Andorra, ni en…

Como somos pocos los que tenemos un amigo asesor fiscal que te haga la declaración de la renta como tiene que ser, muchos vamos buscando recibir buenos consejos. Por el momento, lo mejor que he escuchado es aquel que afirma «No hagas caso de los consejos de barbacoa, barra de bar y máquina de café…». En todos esos lugares se oye aquello de «…no hombre, que no pasa nada», «Para qué incluyes eso», «Pero si ni la miran», «Acepta el borrador y ya está»…

Mientras eso ocurre, y como entiendo que cabe la posibilidad de que pretendas ir a que te hagan la declaración de la renta a una asesoría, a la propia hacienda, al banco…, es importante pensar de qué manera tienes que ir vestido. 

Un contable, te recomendaría ir desaliñado, para que piensen que estás en la ruina. Si haces la consulta a tu abogado te dirá lo contrario. Creo que te diría algo así como: «No dejes que te intimiden, usa tu mejor traje y la corbata más elegante que tengas, de esta manera darás buena presencia y darás credibilidad». 

Si me lo preguntas a mi, te recordaría la historia de la recién casada que hablaba con su esposo tras veinte años de matrimonio: 

«Cuando estaba a punto de casarme contigo, le pregunté a mi madre qué ponerme en la noche de bodas. Ella me dijo: 

—Ponte una bata gruesa, de franela, que te llegue hasta los tobillos, eso hará que te respete.

Pero cuando le pregunté a mí mejor amiga, me dio el consejo opuesto:

—Ponte la ropa interior más pequeña, transparente y sensual que tengas, hará que te desee.»

Puede que aún no hayas entendido la moraleja de esta historia, pero si lo piensas detenidamente verás que, en una noche de bodas, como en la declaración de la renta, no importa cómo te vistas o los consejos que te den por ahí, sin duda te van a fundir —por decirlo finamente y no usar otro verbo que empieza con «f»— de igual manera. 

Gracias por leerme.

PD. Yo ya presenté la mía y me salió a devolver (2,47 euros). Estoy que lo flipo.

«Entre luces, sombras y el contoneo de tu cintura»

Entre luces y sombras disfruto del juego de mi imaginación. (Foto sacada con mi móvil)

El juego de luces y sombras que se conjugan en este pasillo poco iluminado, siempre produce un efecto alucinante en lo que estamos mirando; ese efecto es aún mayor si lo que vemos es fruto de nuestra imaginación. Al menos eso me pasa cada vez que te veo avanzar por el pasillo.

En muchas ocasiones, como la de hoy, tú no me ves. No sabes que te estoy mirando, pues tu paso está siguiendo esas luces y esas sombras que te llevan en dirección opuesta a la que yo estoy. Pero estoy, apoyado en mi esquina, acariciando la incipiente barba, imaginando que en el siguiente sonido de tu tacón te vas a dar la vuelta para buscarme. Estoy, esperando y disfrutando de ese breve momento de disfrute que me da observarte.

Con mi mirada, deseosa de encontrarse con la tuya, admiro el contoneo de tu cintura y solo puedo ponerme a silbar tus pasos, siempre al ritmo que acompasan tus caderas. Cuando ya te pierdo de vista —al final las sombras son más que las luces—, con la musiquilla que he creado en mi cabeza, sigo mi camino, como tú, entre mis propias luces y mis propias sombras.

Quién sabe, quizás, algún día, logremos caminar en el mismo sentido, apagando y encendiendo esas luces y esas sombras que hoy nos separan.

Gracias por leerme. 

«¿Un exorcismo? ¿Lo está diciendo en serio?»

Todo exorcismo necesita su propia luz.

Hay varios motivos por los que no creo en la religión. Pero que no cunda el pánico. Hoy no voy a realizar un tratado sobre mi apostasía, pero sí me gustaría contar mi última experiencia eclesiástica y así intentar hacerme entender. Fui a un bautizo y resultó tratarse de un exorcismo. Me explico.

Es alucinante como, en pleno SXXI, todavía hayan curas que esgriman el miedo al diablo, al exorcismo por una posesión infernal, al purgatorio, a la condenación del alma…, al más puro estilo de la Edad Media, como arma arrojadiza, contra todo su auditorio, sean o no habituales en su parroquia. Imagino que lo hace para que los habituales no se descarríen y que los foráneos, perpetuos pecadores, bajemos las orejas, viéndole los dientes al lobo, y corramos como corderos asustados para abrazar su verdad. Nada más lejos de la realidad.

Aquel día escuché como, entre sus propios feligreses, se criticaban sus palabras, su actitud prepotente, abyecta y arcaica; compartí, con los que pasábamos por allí, por complicidad social y afecto personal a las personas que nos habían convidado a compartir con ellas aquel momento especial, las risas, comentarios y el estupor al escuchar las palabras del hombre de la sotana. Sobre toda aquella cadena de lindezas, que manaban de su boca, cabe destacar las que insistían, una y otra vez, en el bautismo como exorcismo, presentándolo como en la más terrorífica de las películas del género.

Es cierto que el bautismo incluye un exorcismo. Pero también es cierto que este se entiende como una acogida a la fe cristiana y una limpieza del supuesto «pecado original», no, como quiso vender ese cura, con la intervención del demonio en una criatura de apenas unos días. 

Si eres creyente, y mis palabras te han molestado, créeme que lo siento. No es mi intención herir tus sentimientos, ni tus creencias… Las respeto, pero no las comparto. Podría entender una Iglesia abierta, con hombres y mujeres haciendo la función de sacerdotes, libres, compartiendo el día a día con sus parroquianos, sus problemas conyugales, los de sus hijos e hijas, viviendo su sexualidad… Podría comprender una Iglesia que, de verdad, se preocupe por el bienestar de las personas, y no de sus fincas, campos y tierras de cultivo, que mantienen a su nombre… Podría aceptar una Iglesia que condene el machismo, a los maltratadores, a los pedófilos… Pero para nada puedo entender que hayan curas como el que comento, parroquianos que los amparen e iglesia que los sostenga.

Igual es que soy raro, distinto, evangelista, o luterano, o judío, o musulmán, o rastafari, o…; pero no, tampoco soy nada de eso. Soy yo, y creo en las personas, no en estas historias, pero te dije al principio que no pretendía hacer un tratado de mi escasez de religiosidad, así que, aquí lo dejo. «Gracias a Dios» cada uno es libre de sacar sus propias conclusiones.

Gracias por leerme.

P.D. Este mismo cura ya me acusó de estar poseído, hace algo más de veinte años. Igual necesito un exorcismo, pero te aseguro que no será en sus manos.

Otra P.D. Hace tiempo traté de otra posesión, de otro exorcismo. Fue simpático, así que vale la pena recordarlo, si pinchas aquí.

«La llegada de Ángela»

¡A ver!, ¿en qué quedamos? ¿Los ángeles tienen sexo o no? No sé qué opinarás tu, pero por lo que hemos vivido en la familia estas últimas horas, ¡no tengo la menor duda! de que, al menos esta preciosidad, lo tiene, y muy bien puesto.

Hasta donde yo sé —wikipedia así lo corrobora—Ángela es un nombre femenino de origen griego cuyo significado es el de «mensajera de Dios». Un nombre con significado precioso para una niña, opinión personal, por supuesto, aún no siendo creyente.

Acaba de llegar a nuestras vidas, como un halo de luz, alegría y energía positiva, haciendo crecer la familia, y acercándonos su mensaje de felicidad solo con verla —como el médico «súrfer» y «bioenergético» me lea, seguro que me da la razón. No te cuento más, este puede ser el protagonista de otra historia.

Que quieres que te diga, la niña apunta maneras. El tiempo me dará la razón. Ha luchado por estar aquí, eso sí, a su ritmo, pero solventando las muchas dificultades que el camino, nada más empezarlo, ya le estaba poniendo. Sin duda, las connotaciones y presagios que evoca su nombre, como sensible y agradable con los demás, pero perseverante y autosuficiente —como su madre—, una luchadora, que marcará su futuro y a nosotros nos tendrá a su lado para guiarla, ayudarla y apoyarla en todo lo que se proponga.

Bienvenida a tu vida, a nuestras vidas, ÁNGELA, te queremos.

Aquí está Ángela, en pleno uso de sus poderes.

Gracias por leerme.

«La presbicia cabalga de nuevo»

Gafas de presbicia, ¿cuál me compro?

Mi cita anual con el oftalmólogo es obligatoria. Lo es desde que era pequeño y es que, sin gafas, ¡veo menos que Rompetechos! Algunas han sido más exitosas que otras y es que, como en botica, en todos lados se cuecen habas. Una muy simpática fue está. Al que voy ahora, además de amigo, es  de lo más profesional y seria —visita su web.

Por aquello de la edad —que todo sea dicho de paso no se me nota nada—, parece que la presbicia empieza a hacer pequeños estragos. Ya llevaba tiempo ajustando la mirada cuando intentaba leer el móvil, o alejando los papeles para poder enfocar o cerrando los ojos de vez en cuando para descansarlos. Lo cierto es que sabía que mi presbicia había aumentado así que tocó revisión y con ella cambio de gafas.

Recuerdo una compañera de cole que se resistía a admitir su presbicia y sucumbir a la utilización de las gafas de presbicia, por falta de glamour. Ella afirmaba que para utilizar mejor sus órganos, hacía «lectura vaginal», colocando los papeles a esa altura para poder enfocar adecuadamente y leer, con más penas que gloria, lo que pretendía.

Yo en cambio no me imagino sin gafas, básicamente porque en el espejo no me veo con claridad. 

Lo más gracioso de todo es que ahora que me decido a cambiar mis gafas de presbicia, van los del teléfono, y sin yo decirles nada, me hacen la letra del móvil más grande. Para mi que lo han hecho por joder.

Por suerte el mundo de las ópticas ha cambiado y aquí estoy, más mareado que un yoyó, sobre todo cuando subo y bajo la cabeza con rapidez, pero estrenando nitidez y claridad, con mis nuevas gafas progresivas, especiales para presbicia, con cristal reducido, montura a juego con mis ojos, cristales antireflejantes, antioxidantes y antidepresivos —de esto no estoy muy seguro—,  wifi, bluetooth, sonido envolvente y alguna pijada más —o eso creo—, la bomba en el mundo de las gafas de presbicia. «¡Deja que te acostumbres pá que veas!» así me dijo la de la óptica. Pues oiga, que veo, así que, cuando quieras, nos vemos. Sobre todo si quieres descubrir cuál de todos los modelos que pongo en la foto elegí. 

Gracias por leerme.