«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

A la fecha en la que estamos ya he decidido convertirme en un aprendiz de agricultor e imitar las artes y labores que por esta época hay que acometer.

En aquellos pagos en los que se cultiva cereal, durante todo el verano se cuida del campo. Los agricultores quitan, a mano, una a una, las malas hierbas; observan hojas y brotes, para evitar plagas, enfermedades…; y, como no, adoran al sol, que les dará el calor que sus plantas y cultivos necesitan para crecer y madurar sanos y fuertes, a fin de que todo transcurra convenientemente, durante este periodo estival, para que en septiembre se pueda dar comienzo a una nueva época de cosecha.

Como te decía, y en contra de lo que pueda pensar o hacer la mismísima señora Cifuentes, yo necesito tomarme unas vacaciones y dedicar mi tiempo a las labores, citadas anteriormente, de mantenimiento y cuidado de esta finca. Imagino que tú también necesitas descansar de mis desvaríos y locuras, aunque sin duda tu solución tiene mas fácil remedio. Yo me he encabezonado a seguir con este página y salga el sol por donde salga, lo seguiré intentando, hasta que me canse o se me ocurra alguna otra idiotez en la que invertir las noches de los jueves.

Me marcho hasta septiembre. Te dejo con la promesa de traer nuevas historias, algunos proyectos y muchas ganas volver a verte pasear y detenerte un rato en esta esquina.

¿Planes de verano? Como ya te medio conté en este post, entre mis tareas para el verano, ya tengo varias actividades decididas que, sin duda, serán una buena fuente de alimentación para esta surtida esquina. Otros planes menos importantes simplemente dejaré que surjan y espero que muchos, atractivos y divertidos, me vayan sorprendiendo por el camino.

Lo dicho, disfruta mucho tú también y nos vemos el 7 de septiembre, que es el primer jueves del mes, al que acudiré sin falta a nuestra cita. XOXOXOX

GRACIAS POR LEERME.

«Los docentes y sus tareas de verano»

Lista de tareas veraniegas para docentes.

Ahora que los docentes han —ahora mismo no puedo incluirme entre ellos— terminado el curso escolar 2016/2017, quiero en estas líneas reivindicar la gran labor que hacen mis compañeras y compañeros de profesión.

Son muchos los que dedican gran esfuerzo en dar lo mejor de sí, son muchas las que pierden horas de sueño para preparar clases innovadoras y atrayentes para su alumnado, son muchos los que se desviven por solucionar los conflictos que surgen en las aulas, son muchas las que colaboran con las familias para que los niños y niñas, que habitan sus aulas, sean felices… Todos estos docentes se merecen una buena lista de tareas para este verano, rememorando aquellas que envío un profesor italiano a su alumnado, hace ya algún tiempo, y que deberían ser de obligado cumplimiento:

1. Levántate sonriéndole a la vida, toma algo y sal a dar una caminata (en mi caso del despacho al bar, a la cafetería, a los grandes almacenes…). El aire fresco y el ejercicio reactiva las neuronas. Te ayudará a ser feliz.

2. Estudia algo. Esta profesión es vocacional y está cambiando rápidamente, no podemos seguir siendo profesionales manteniendo estilos propios del SXIX. Tenemos que actualizarnos, renovar nuestra manera de dar clase. Utiliza para ello todas las opciones que las redes sociales (estoy enganchado al Twitter, Facebook, Instagram, Flipboard…) nos facilita. ¡Verás qué cosas tan increíbles hacen en otras escuelas, institutos…, e incluso en nuestro propio centro!

3.- Sal de tu casa. Organiza todas las excursiones, visitas y viajes que puedas (jejeje en esto sí que tengo un grado). A nuestro alrededor, no hace falta irnos muy lejos, hay lugares mágicos que merecen ser conocidos.

4. Lee tanto como puedas. El verano tiene mucho tiempo y da para todo. Dedícale un rato a vivir aventuras y sueños entre las letras escritas por otros (la pila en mi mesita de noche se tambalea de libros en cola), para que tu mente y alma se llene de nuevas vivencias.

5.- Sal con tus amigos y amigas. Con los nuevos, con los de siempre y con los de antes. Dedícale un poco de tu tiempo a ponerte y ponerlos al día y así vivirás momentos felices rodeado de la gente interesante, no interesada, que te quiere por lo que eres.

6.- Ríe, baila, canta y disfruta. No tengas vergüenza (¿Cuidado que te escucho, ¿sinvergüenza yo? ¡que va!). El verano puede ser muy divertido y está lleno de oportunidades para pasarlo bien.

7.- Haz una locura (o dos). Por pequeña que sea. Una de esas cosas que siempre has pensado que no podrías hacer (cambiar el color del pelo, raparte, tirarte en parapente, una fiesta loca, escalada…). ¡Llegó el momento!

8.- Evita las cosas, situaciones y personas que no te gusten, y, por el contrario, busca cosas agradables (las rebajas es buen momento), situaciones estimulantes (quizás una aventura) y la compañía de otras personas (o solo, que a veces es mejor que estar mal acompañado)

9.- Escribe. Quizás es buen momento para empezar a plasmar por escrito, aunque sea como terapia (ya te he comentado lo que me ahorro en psicoterapia con este blog), todos esos sentimientos maravillosos, nuevas ideas y preguntas sin respuestas que agitan tu corazón y tu mente.

10.- Sueña con un nuevo curso. Tenemos una gran profesión que nos llena y nos hace felices, plantéate y programa nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas locuras que hacer (¿me dejas que te cuente un secreto? Ya estoy pensando en regresar a mi aula). Crea una actitud positiva y mantén vivo el entusiasmo por nuestra vocación.

¿Qué te parecen estas tareas? ¿Las harías? ¿Propondrías alguna otra? ¿Te atreverías a compartir conmigo alguna de ellas?

Gracias por leerme

«Breve tratado sobre las personas tóxicas»

Admito haber descubierto el concepto «Personas tóxicas» de pura casualidad —ya lo afirmaba el maestro Yoda: «Desequilibrio un, en la fuerza tendrás»—, tras una experiencia personal en la que no me quise ver envuelto y de la que aún estoy intentando zafarme. Suerte que tengo este blog, y a ti al otro lado, para contar mis cuitas y descargar, a modo de catarsis, mis sentimientos, vivencias…

Como soy muy curioso por naturaleza —a veces entrometido— me ha dado por investigar un poco más sobre este término así que, por si fuera de tu interés, hoy te traigo este pequeño análisis que, a modo de resumen, viene a descifrar el concepto. Espero que puedas aportar algo más.

Se entiende por «Persona tóxica» aquella que utiliza sus relaciones interpersonales, y por lo tanto su entorno más cercano (pareja, familia, amistades…) para alimentar su propio ego a base de provocar en el otro desgaste, intimidación, cosificación, culpa, ningunéo…

Por lo que he estado leyendo —y seguro que las expertas en psicología que me siguen podrán corregirme si estoy equivocado— todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, podemos usar alguno de esos rasgos. ¡Caray!, somos humanos, cometemos errores y tenemos defectos. No hablo de eso. Me refiero a aquellas personas que habitualmente se comportan de esta manera, que ahora detallo, para su propio beneficio.

En su defensa diré que es común que muchas de esas personas no se reconozcan como tales y, por lo tanto, no sean capaces de corregir esos comportamientos.

En psiquiatría y psicología (ver DSM), las personas tóxicas son aquellas que pueden ser incluidas en los perfiles narcisistas —ya me corregirán, de nuevo, las expertas, si mantengo mi error—, ya que entre sus características y rasgos de personalidad se ve con claridad que:

  1. Tienen sentimientos de grandeza y prepotencia. Exageran sus logros y talentos. Todo lo saben.
  2. Creen que son especiales y únicas, por lo que intentan relacionarse con otras personas especiales o de alto estatus.
  3. Demuestran una permanente necesidad de admiración.
  4. Buscan privilegios y tratamientos favorables.
  5. Explotan las relaciones interpersonales, se aprovechan de los demás para sus fines.
  6. Carecen de empatía.
  7. Con frecuencia envidian a los demás o creen que éstos sienten envidia de él.
  8. Muestran comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Siempre hemos compartido espacio con personas tóxicas. Algunas las soportamos y a otras no. Todo dependerá del daño que nos hagan. Para identificarlas lo más común es que usemos otros calificativos que seguro que reconocerás más fácilmente e incluso que los asociarás a alguna persona de tu entorno, ya que todos conocemos alguna persona que sea…

  1. Envidiosa: Aquel al que le angustian los logros de los demás y lo único que le calma es descalificar. No se alegra ni comparte los éxitos de las personas de su entorno.
  2. Criticona: Normalmente personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás.
  3. Manipuladora: Utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema.
  4. Infeliz: Su modo de pensar y ser les impide vivir en paz, en armonía con los demás y su alrededor.

Tras llegar aquí comprenderás que las personas tóxicas son como «vampiros emocionales» que te chupan la energía. Para estas personas tú no eres más que una herramienta que utilizarán mientras les seas útil. Después buscarán otro «huésped» al que pegarse como un parásito.

Sin que te des cuenta, una persona tóxica se apropiará y aislará de tu entorno, se adueñará de tu autonomía, decidirá por ti, cambiará tu personalidad. Te fagocitará.

Permíteme un consejo: si te identificas, si te encuentras con personas así en tu entorno ¡¡¡HUYE!!! Igual yo soy una de ellas.

Gracias por leerme.

«Prostituirnos para vender. Una curiosidad del ser escritor»

Presentación de ANCOR en la Carpa Rafael Arozarena

Hay escritores, yo el primero, que necesitamos prostituirnos y aposentar nuestro cuerpo, colocándolo a la venta en las esquinas de las casetas, y otros, como Fernando Aramburu, que lo hacen de otra manera, al haber vendido más de 300.000 ejemplares de su obra «Patria», y que ya no necesitan demostrar nada a nadie. Su fantástica escritura habla por él.

Como bien sabes estos días he estado paseando, y prostituyendo, mi cuerpo, mente y alma por la XXIX FERIA DEL LIBRO DE SANTA CRUZ, gracias a la genial organización y gestión de DIEGO PUN EDICIONES y a la participación de las librerías colaboradoras (Agapea, Barco de papel, El Cándil e Ifara). Estoy muy contento. «Ancor» se está vendiendo muy bien y todas las personas que lo han leído nos manifiestan sus felicitaciones.

Lo que más me ha sorprendido de esta feria, y de alguna otra a la que también he asistido, es que en cada caseta había un autor o autora, a la caza del lector despistado, y claro, cada uno se vende como puede.

Muy simpático el que acude a esta cita vestido con bermudas, chaqueta y corbata, portando un casco de obra cubriendo su testa y que no se quitaba ni para descansar.

Guapísima la escritora de literatura romántica, que protegía la blanca y delicada piel de su rostro con una gran pamela color rojo bermellón.

Algo borde el compañero al que le molestó compartir mesa con nosotros y levantó su campamento en busca de mejores lindes.

Siempre simpática, activa e inigualable la gran Ana González Duque de la que siempre hay algo que aprender.

Extraño el que se acercó para intentar colocar su texto erótico, aún no nato, y del que iba mostrando una copia encuadernada en anillas por todas las casetas.

Infantil aquella que iba llamando a todo bicho viviente menor de 12 años para colocarle un sello en la mano y contarle la vida de su animal protagonista.

(…)

¡Qué gran esfuerzo han hecho! Sinceramente espero y deseo que les vaya muy bien en este difícil camino.

Como verás, hay escritores y escritoras para todos los gustos. Basta con abrir un poco los ojos y mirar a nuestro alrededor para recoger datos y ponerse a escribir.

Pedirles perdón a todos los que he nombrado y no he identificado. Con mis prisas y mis cosas solo los observé de lejos y no me quedé ni con sus nombres ni con los títulos de sus obras. Ya lo haré.

A Fernando Aramburu felicitarlo por su libro, su genialidad y su buen estar. ¡Siga así! Sin duda ya es una referencia para los que estamos tragando el polvo del camino.

A tí, que ahora me lees, gracias por compartir estos momentos conmigo, pero necesito un poco de tu ayuda: ¿Viste o conoces a alguno de los escritores que te he comentado? ¿Sabrías decirnos sus nombres o los títulos de sus obras, para así salvar mi falta de conocimiento y detalle? ¿Qué te parece su estrategia de ventas? ¿Me recomiendas alguna?

Gracias por leerme.

«Historia de una donación de sangre»

Tocó donar sangre

Desde hace mucho tiempo la donación de sangre me parece un tema realmente apasionante. Me sorprende que aún, en la época en la que vivimos, muchos de nosotros nos resistimos, quizás por ignorancia o quizás por miedo —nos imaginamos vampiros hambrientos, gladiadores bañándose en ella para coger fuerza, antaños tratamientos con sanguijuelas para liberar males…—, a pasar por el banco de sangre para permitir que nos saquen ese medio litro del rojo elemento, que tanto puede ayudar a salvar a otra persona.

El pasado martes me tocó. Hacía un par de meses que me habían rechazado, por estar terminando un proceso gripal, y lo había dejado pendiente, pero en esta ocasión no me dejaron escapar.

Los pasos a seguir son sencillos, pero sujetos a ciertos condicionantes que te recomiendo que tengas en cuenta:

  1. La amabilidad del personal. En general se puede decir que todas las personas que trabajan ahí son muy agradables. Ella lo era tanto que llegué a pensar que me tiraba los tejos: me sonreía, me ponía la mano en el hombro y la dejaba deslizarse… Pero no, al rato te das cuenta de que se lo hace a todos, es así de cariñosa. No te vengas arriba.
  2. Rellenar el cuestionario. En principio parecen preguntas sencillas, como para cubrir el expediente y recabar información básica. Según lo que pongas te descartarán o pasarás al siguiente nivel, como si del Tetris se tratara. Ojo, hay alguna pregunta trampa y otras para inteligentes. Alguna dejé en blanco.
  3. La entrevista. Tras la sonrisa y la invitación a cerrar la puerta e indicarme de que podía tomar asiento, la enfermera ojeó el cuestionario, abrió sus grandes pestañas y atacó directa a la yugular:
    —¿Mantiene usted relaciones sexuales periódicas? —Algún mundo tragué. Esto no me lo esperaba. Ahora sí tengo claro de que me tira los tejos.
    —¡Bueno mujer! —respondí amablemente y colocando mi sonrisa picarona—, ¿qué tal si primero me invitas a tomar una copa o a un «dancing» o a…? —Se descojonó.
  4. El humor. Es fundamental no perderlo nunca. Para eso es importante ir desayunado. Ella se ve que esta acostumbrada ya que tras reponerse, intentó seguir con el tema, pero no la dejé, e hice mis propias preguntas:
    —Necesito que me diga, para usted, que son relaciones sexuales periódicas: ¿Una vez a la semana? —pufffff.— ¿Al mes? —jejeje ¡ojalá!— ¿Al año? —parece que no nos parecemos mucho.
  5. La extracción. Ahora es cuando viene lo bueno. (Nota aclaratoria: para leer lo siguiente necesito que pongas voz tipo Chiquito de la Calzada) ¡Llega la tía y «zaca eze peazo de abuja»! (Nota aclaratoria: ya puedes dejar de poner esa estúpida voz)… y todavía me dice que esté tranquilo, que no es nada. Que se ve que tengo buenas venas. Y venga a bombear sangre.
  6. La recuperación. Tras sacar la cantidad de garrafón y medio de sangre, aproximadamente, parece que no tengo mareos ni nada parecido, pero la miro con ojos de cordero degollado y le digo:
    —¿Si me mareo me puedes dar la mano?
    Ella vuelve a partirse la caja de risa. Me larga un zumo de melocotón en la mano, así, a lo bruto, y antes de salir por la puerta me mira y dice:
    —Mira que eres bandido. Me has alegrado el último día de trabajo, mañana me jubilo. Te llego a coger con cuarenta años menos y…

Bromas y aventuras aparte, cuéntame: ¿Eres donante? ¿Cómo vives tú la donación? ¿Eres de los que no se atreve? Permíteme que insista en que lo hagas. Es un gesto, que no nos cuesta nada y que ayudará a mucha gente. Más info en la web del Instituto Canario de Hemodonación.

P.D.: El famoso bocadillo de choped ni lo olí, imagino que es porque así gano puntos para la próxima que me lo darán de tortilla o de pollo con todo. Sí me tomé un zumo de melocotón, a cuenta de la sangre. ¡Menudo cambio!, pero al menos he bajado de peso.

Gracias por leerme.

«El vestido ideal para una ocasión especial»

El día era especial y se había despertado como mandan los cánones, lloviendo. Se miró al espejo impaciente y noto como algo le revoloteaba dentro de su estómago. Estaba muy nerviosa.

Se acercó al vestidor y dejó hacer. Por fin tenía compañía y se les veía muy dispuestos a ayudarla para enfundarse en aquella vestimenta.

El traje era auténtico, seguro que de los más caros del mercado. Ideal para la ocasión. Lo miró de reojo admirando lo blanco y radiante que aparentaba. Por su posición no puedo contemplarlo bien, pero parecía tener adornos que colgaban por los lados y en la parte posterior. Al parecer, por los comentarios que oía del personal, le quedaba perfecto.

Estaba tan nerviosa que no podía ver la cola. Siempre había soñado con lucir una cola larga y llena de pedrerías. Sabía que allí estaba, y que aquellos que la rodeaban, con esos intensos tirones que le daban, se estaban encargando de ajustar y colocar todo en su sitio. Iba a estar radiante. Eso seguro. Deseaba que terminaran y poder mirarse en el espejo, pero debía esperar para estar perfecta.

Alguien dijo que el coche había llegado. Era el momento.

Quizás por culpa de los nervios o por lo apretada que se notaba no podía mover sus manos. Las sentía como ajustadas a su cuerpo. Ellos la empujaban. La llevaban casi en volandas.

Al pasar frente el espejo, la imagen devuelta no era la esperada. Gritó.

—¡Nooooooooooooooo!¡Yo no estoy locaaaaaaaaaaaaaaaa!

Gracias por leerme.

«Como si de la Cenicienta se tratara»

En esas ocasiones en las que la casa amanece como si de una leonera se tratara, me acuerdo de la buena de la Cenicienta, que siempre estaba hacendosa y no paraba de trabajar, limpiar y ordenar el hogar de su madrastra.

El pasado fin de semana, tras llegar cargado con la compra realizada en el supermercado y descargar en la cocina las cinco o seis bolsas grandes, las dos garrafas de agua, una de detergente para lavadora y otra de aceite tuve esa comentada sensación, sobre todo cuando miré para el fregadero y pude ver la pila de copas, vasos, calderos, sartenes…, fruto de la cena/baile acontecida la noche anterior en el salón de casa. que allí se acumulaban.

Como estaba solo nada mejor que poner un poco de rock en el equipo de música y comenzar la lidia.

En primer lugar colocar la compra; latas de atún, café, fruta, verduras… En mi cabeza retumbaba la musiquilla de mi época como maestro de Educación Infantil: “A recoger, a ordenar, cada cosita en su lugar…”

Como segunda tarea toca ordenar lavavajillas, como si de un “juego de Tetris” se tratara, en un vago intento de que quepan más cosas. Menos mal que lo tengo. ¡En marcha! Trabajo que me ahorro.

Copas de vino, agua y combinados tocan hacerlas a mano. Para ello nada mejor que colocar, tal y como me enseñó mi santa madre, un paño sobre el poyo de la cocina y así poder aumentar la zona de sacado sin peligro de choques y roturas.

La cuarta fase de la operación limpieza y orden, se inicia con los calderos y sartenes, que por aquello de no perder la capa de antiadherente, o por manía de viejo que empiezo a tener, prefiero limpiar también a mano. Todos colocados boca abajo.

Tras algo más de una hora, ya te dije que aquella cocina parecía otra cosa menos cocina, solo falta barrer, así que pillado infragante llegó el resto de la tribu, justo en el momento en que todo parecía estar terminado. ¡Que oportunos!, seguro que estaban esperando a que terminara.

Ahora el paisaje es otro. Así que nada más apagar la música que tanto colaboró en mantener el ritmo de trabajo y regresar a la cocina para regocijarme en el trabajo bien hecho, descubro dentro del fregadero, ¡y sin lavar! la cafetera que alguien dejó allí con clara intención, como diciendo: “Ceniciento, ya que estás, ¡toma!, no te creas que has terminado”. ¡Ya le vale a la madrastra!

Gracias por leerme.

«Enganchado a las series»

Ordenador, cotufas, gintonic…

En estos últimos días en casa, nos hemos vuelto a enganchar a otra serie. En esta ocasión lo hice sin querer, como atrapado por un maleficio, como un zombi que camina sin conocer ni su destino ni su propia esencia. ¡Ay!, ¿quién me mandaría a mí?

Pues sí, lo digo con cierto arrepentimiento, será porque estamos en Semana Santa, pero sin intención de hacer ningún acto de constreñimiento para expiar mi culpa. Me temo que seguiré “pecando”, hasta que termine el último capítulo, si es que engancharse a una serie puede considerarse como tal, que viendo tal y como piensan, es probable que lo sea.

Cuando empezamos a verla, mi hijo y yo, era viernes noche. Tras una larga semana de trabajo, de gimnasio, actividades infantiles, de actos de libros… parecía muy buena idea servirme un gintonic, unas cotufas (palomitas) y recostarme en el sofá para desconectar. Ahora la cosa ha cambiado.

Ese sentimiento de culpa me viene dado porque acabo de ser consciente de que este nuevo vicio me está robando tiempo para escribir mi nueva novela e incluso para cumplir, en tiempo y forma, con este post. Pero ¡allá pena! Como escribiendo este blog me ahorro una pasta en psicoanálisis y terapias, aunque igual alguna visita tendré que programar, voy a ser lo posible por combinar las dos cosas. Creo que la mejor opción es reducir la dosis a un capítulo diario y varios, tres o cuatro seguidos, los fines de semana. Total, la programación de la televisión es una mierda, y creo que ya he visto todas la películas que ponen, incluidas las codificadas.

Ya he visto “Vikingos”, “Juego de tronos”, “Homeland”, “Anatomía de Grey”…, “Cristal”, “Friends”, “Bewerly Hills”.

¿Qué series te gustan? ¿Cuál me recomendarías? ¿Cuál no admitirías que sigues? ¿Cuál verías conmigo?

Sí, es algo asquerosa y… Pero mola.

Así que nada, en lo que contestas, yo seguiré vagando por este mundo de la escritura y por el otro, como caminando entre muertos, como en “The Walking dead”, ¡que gran serie!

Gracias por leerme.

«Ese mensaje está dedicado para mi»

Hay carteles, mensajes, frases… que cuando las recibimos, o vemos por la calle, parece que están hechos y/o destinados para nuestra persona. En esta ocasión no les hablo del «Cartel de la autopista», que mucha gente, al pasar y leerlo, coincide en que se colocó pensando en ellos, ya que refleja perfectamente, cómo se sienten en ese momento o en ese día determinado. Hoy me quiero referir a un cartel que recibí el otro día por «guasap».

Sin duda hay días que tengo, como seguro que los tienes tú, más tontos, más activos o más deprimentes, que otros. A principios de semana me enfrenté a una tarde así —tonto y deprimente, quiero decir—, y fue, en el preciso momento en el que estaba dándole vuelta a mi cabeza, cuando llegó el susodicho mensajito que, sin dudarlo, pensé que estaba dirigido a mí, ya que reflejaba perfectamente cómo me sentía, aunque fuera enviado en uno de esos grupos de más de treinta personas en los que se envía y reenvía los mismos mensajes, sin nombrar ni citar a nadie, que te llegan por otro grupo de similares características, pero con distintos componentes.
Le tengo que dar toda la razón del mundo. Estoy seguro de que de este listado puede que necesite una parte o el pleno al quince, aunque me declino más por esto último que por otra cosa.

Al final, ese día, no me decidí por ninguna de ellas. Me serví una copa de vino tinto, lo mantuve en la pantalla de mi móvil durante largo rato, para poder releerlo y reírme de mi estampa, mientras mi cabeza ideaba este post, y lo compartí con otro grupo, pensando en que también podía reflejar el estado de ánimo y situación de otras personas.

¿Tu que opinas? ¿Te atreves a recomendarme alguna de las opciones? ¿Te identificas con ese mensaje? ¿Cuál de las opciones necesitas tú?, igual me animo y te ayudo a conseguirla —me da miedo poner esto ante las posibles respuestas de «las mentes sucias» que se pasean por esta esquina.

Gracias por leerme.

«Yo soy yo y mis circunstancias»

Ya lo decía Ortega y Gasset, que de esto sabía mucho, «Yo soy yo y mis circunstancias». Según su frase más celebre, o al menos la que a mí me ha quedado grabada, las personas no solo somos lo que mostramos, sentimos, demostramos… sino que tenemos un componente externo que nos influye y condiciona. En la medida en que queramos ser nosotros debemos dominar/aceptar esas circunstancias que nos rodean y que no siempre podemos controlar.

En el momento actual mis circunstancias se apelotonan a mi alrededor y aquí estoy, intentando poner orden en aquellas en las que puedo intentar organizar, aunque no siempre lo consiga.

Entre manos tengo el cumplimiento de otro de los deseos que pedía en mi «Carta a los reyes magos y a tí» ¿te acuerdas? Pues bien, ahí vamos, lanzados de cabeza pero con la salvaguarda del buen trabajo realizado por Diego Pun Ediciones, a la batuta, y Nareme Melián Mahugo, a las ilustraciones. Espero verte por allí. Adjunto la invitación por si aún no la has visto.

Esto lleva aparejado otro listado de eventos, que te comento por si te vienen mejor , y de las que te iré informando, a modo de recordatorio, por si te vienen mejor: 24, 28 de marzo; 2 y 29 de abril; 23 y 30 de mayo

Además ando metido en otro proyecto, una revista de educación —que si te digo la verdad me está quitando más tiempo del que esperaba—, que me trae por el camino de la amargura, ya que es aquí donde veo que se están dando muchas «circunstancias» no controlables que afectan, de manera clara, poder cumplir el objetivo. en fin, intentaremos ir dando pasos cortos.

Mi nuevo libro. Sí, ¿ese que llevo por el capítulo seis, desde hace unos meses?. Bien gracias, ¿y usted? Pues nada, que más parado que en la cola de el paro. No he logrado sacar tiempo, ni fuerzas, para ocuparme de él. Pero lo tengo en la lista de buenas intenciones, apartado: muy importante. Así que espero que, como tarde, a mediados de abril, pueda retomarlo con fuerza.

Además de todo lo anterior, por supuesto, están las cosas más importantes: la familia, los amigos, el deporte… ¿Y el trabajo?, bueno ese también, pero para esta reflexión ese no cuenta ya que tiene su espacio y momento definido y no hay nada que lo perturbe, mas que el mismo, claro.

Sé que tu pregunta es, ya que yo mismo me la hago muchas veces, ¿cómo tienes tiempo para todo? Pues la respuesta creo que la tiene el propio Ortega y Gasset. mis circunstancias son mías y yo las he aceptado así que, me organizo como puedo, intentando hacer siempre primero lo importante, de esta manera pocas cosas se convierten en urgentes. Como no puedo separarme de mis circunstancias, de lo que me rodea, apechugo con humor y buen rollito.

Por favor, no me propongas nada más, que ya tengo bastante, que en un momentito me vengo arriba y me dejo liar. Aunque pensándolo bien: ¿Tienes alguna propuesta interesante que hacerme?

Gracias por leerme.