«Sueño cumplido con sabor a fresa y nata»

Jugar con las fresas y nata

La cena, como cada vez que el grupo se reunía, era la algarabía que todos esperaban. Entre risas y bromas, gritos y retos, terminaron jugando con las fresas y la nata que acompañaban, a modo de decoración, los platos de los postres, activando ciertos sentimientos y miradas ya casi olvidadas. Fuera llovía. Lo hacía con ganas, así que la ronda de chupitos, que suavizaba la llegada de la cuenta, se convirtió en algo más larga de lo esperado. Uno, dos, tres…

Alguno de los asistentes, los que tenían familia en casa esperando, o el coche más cerca, se despidieron con cierta desazón, todo aparentaba que la cosa no iba a terminar ahí. Quedó la cuadrilla de siempre.

Alguien propuso ir a tomar copas a una cafetería cercana, aunque con el palo de agua que caía, era obligatorio ir en los coches. Ellos dos decidieron ir juntos. Él no había bebido casi nada y ella, según sus propias palabras, necesitaba un poco de aire. El alcohol se le había subido, un poco, a la cabeza.

A mitad del camino una llamada alertaba de que la otra mitad de los que quedaban, habían decidido retirarse. Quedaron los dos solos.

—¿Qué hacemos?, ¿dónde vamos? —consultó él.

—A mí así no me dejas. No puedo coger el coche. Necesito que se me pase un poco. Vamos donde tú quieras.

Sin tener muy claro adónde ir, giró el volante para internarse en las calles de la urbanización. A lo lejos había un descampado desde el que se divisa el paisaje, ahora velado por la constante cortina de agua. La música que sonaba en la radio parecía ir acorde al ritmo que la lluvia marcaba.

Nada más parar el motor del coche, ella, sin mediar palabra, lo aferró del cuello, atrayéndole hasta sus labios y su cuerpo. No podía contar las veces que habían soñado con aquella situación.

Gracias por leerme.

«Por un mensaje»

CARTEL DE LA AUTOPISTA

Hecha con mi móvil. CARTEL DE LA AUTOPISTA. 

Le había bastado ver la foto que él había mandado por WhatsApp, con el mensaje que aquella semana lucia el cartel de la autopista, para imaginar qué quería hacer nada más verlo. ¿Se atrevería? Sabía que él la había compartido como una broma, como una de tantas, pero ella no quería perder aquella oportunidad y, por primera vez, ser la que diera el primer paso.
Habían quedado para salir. Él pasaría a recogerla. El acuerdo era verse debajo de la puerta de su casa. Nada más llegar hizo una llamada perdida, según lo pactado, y espero. Al instante, con la excusa de ir con retraso, un mensaje de texto lo invitaba a subir.
Cuando la puerta del piso se abrió ella no se cortó. Lo miró directamente a los ojos despojándose del albornoz que cubría su cuerpo. La cara de él fue todo un poema, era para haberla grabado. Se había quedado parado. Jamás se hubiera esperado aquello. Ella tragó en seco. Jamás pensó que se atrevería ha hacer una cosa así. Con una voz tenue rompió el hielo:
—Me dijiste que si te necesitaba que…
Él no espero a que terminara la frase. Con una de sus manos la atrajo hacia sí para besarla, mientras que con la otra cerraba la puerta tras de sí. Y es que hay historias que nacen por un mensaje.
Gracias por leerme.