«Una vida encajada»

ENCAJAR NUESTRA VIDA ES ALGO QUE PUEDE COMPLICARSE

Ya te había avisado en este post que la temporada de vacaciones de esta esquina me había servido para muchas cosas. Una de ellas era organizar algo más esta esquina, por la que nos vemos todos los jueves, y otra hacer la mudanza de casa y, por lo tanto, encajar mi vida.

Por lo que he leído por ahí, a muchas personas mudarse les causa estrés. Estoy totalmente de acuerdo. Meter tu vida en cajas es realmente un proceso complicado. Es más, añadiría que es un verdadero coñazo. Por suerte, tal y como ya te he contado en otras ocasiones, con este blog yo me ahorro una pasta en psicoanálisis, así que el estrés me lo paso por el arco del triunfo y el coñazo te lo doy a ti que te atreves a leerme.

En referencia a los sentimientos y cosas a tener en cuenta para una mudanza creo que destacaría los siguientes:

1.-Emoción vs tristeza: No cabe duda que empezar en una nueva casa trae consigo muchas ganas por decorarla, pintarla, amueblarla… —ganas y gastos—. Por algún motivo te mudas y, a no ser que sea porque te enchironan, a todos nos apetece mucho dejar las cosas viejas atrás y comprar nuevas. Por cierto ya te comentaré cosas de esa tienda de muebles nórdica tan divertida.

La tristeza también es evidente ya que en la casa vieja has vivido momentos y situaciones de todo tipo y en cada esquina hay un recuerdo que te de pena dejar.

2.-Dudas: No hay nada mejor que pisar la casa nueva y empezar a desear moverte por el barrio. Aquí empiezan los titubeos ya que el supermercado cercano no es al que sueles ir y claro, los productos…; el de la cafetería vieja ya me conoce, ya sabe lo que tomo, explicarle ahora a este señor mi café…; los niños estaban acostumbrados a entrar y salir, hacían solos pequeños recados, iban y venían de las extraescolares, de la casa de los vecinos, sus hijo venían a la mía —bueno esto es un alivio que ya no pase más—…

3.-¿Cómo la hago? Ya he hecho varias. En esta ocasión, y muy probablemente porque uno va tiende una edad, contratamos una empresa de mudanza. Que quieres que te diga, es lo mejor. ¿Tú sabes lo que es cargar la nevera, el congelador, el sofá, la cama de la niña que además tiene un arcón… Ahora, eso sí, yo lo de encajar mi vida, meterla en cajas, de eso nos encargamos nosotros, por aquello de que no estén manoseando tus cosas o viendo los juguetes que guardas en la mesita de noche…

4.-Momento cajas: Sin duda es la bomba. ¿Cómo es posible que guardemos tantas cosas? Pues sí, lo es. Las cajas es el cuento de nunca acabar. Pero no pienses que hacerlas es malo, deshacerlas es peor. y hay algunas que así quedarán. Lo mejor es señalar bien lo que contienen. Igual así tardas menos en abrirlas.

5.-Kit primera noche: Esto es super importante. En el tendrás que guardar el cepillo de dientes, el pijama, las sábanas, la ropa del siguiente día… Debes tener en cuenta de que cuando llegas a la casa nueva, todo estará patas arriba. La empresa de mudanza irá dejando las cajas donde tú les digas y estás comenzarán a apilarse de manera asombrosa, así que será difícil encontrar las cosas. Yo tardé tres días en encontrar este kit de la primera noche, Igual en otra entrada te cuento cómo superé el trance.

Comenzar en una casa nueva es algo fantástico. Es encajar todo de nuevo, como un puzle. Sin duda es renovar el espacio en el que vives y quedarte con las cosas necesarias, o al menos intentarlo, haciendo limpia de todo aquello que ya no te satisface, no te sirve, no te hace feliz…

¿Te has mudado muchas veces de casa? ¿Qué consejo darías a alguien que estuviera a punto de hacerlo? ¿Qué cosas simpáticas te pasaron en tu mudanza? ¡VENGAAAAA! cuenta algo.

Gracias por leerme.

«Por el color de la igualdad»

Un día para recordar que todas las personas somos iguales.

Parece mentira que tras toda una eternidad de existencia de esta humanidad, todavía hoy en día, y quizás este año con más fuerza que nunca, haya que dedicar ríos de tinta, esfuerzos y gritos a luchar por la igualdad de la mujer ante los hombres.

La vida de cada uno de nosotros, sin importar que seamos hombres o mujeres, siempre ha estado guiada y rodeada de mujeres. Aún así, nuestra casposa sociedad, es incapaz de establecer normas y leyes que, por otro lado no deberían ser necesarias, nos igualen como personas.

Nada más nacer necesité del abrazo, del pecho y del calor de mi madre para sobrevivir. Ella, junto a mi abuela, nos criaron a mi, a mi hermano y a mis hermanas. Somos quienes somos gracias a ellas. Eres quien eres gracias a las mujeres de tu vida y probablemente a otras muchas que quizás ni siquiera conoces, o no recuerdes, y que han hecho mucho por ti y por todos nosotros.

Hoy, día en el que las calles se visten de malva, visualizamos esa lucha por la igualdad. Por si no lo recuerdas se rememora el incendio de una fábrica textil en Nueva York, en el que murieron 129 mujeres que, encerradas en su interior, luchaban por sus derechos.

Según dicen esas empleadas estaban trabajando con telas de color violeta y de ahí el asociar este color con el de la lucha feminista.

Otra versión, del porqué de este color como símbolo, dice que se elige al ser el resultado de la mezcla del azul y el rosa, considerándose así como el color de la igualdad.

Ahora que lo pienso es un color que me encanta, sobre todo por lo que puede significar.

Significado de la palabra VIOLETA

Sea como fuere, hoy 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer desde que en 1975 la ONU lo proclamara. Así que aquí les dejo este mi pequeño reconocimiento.

Gracias por leerme.

PD: Como en otras ocasiones te propongo que juegues conmigo y des tu propio significado a cada una de las letras de la palabra «VIOLETA». ¿Te atreves? ¿Qué significa para ti el violeta?

«Convertirme en la bruja Lola y mis poderes premonitorios

Lo que me falta es comprarme una de estas.

Mi madre siempre nos ha dicho que tiene ciertos poderes adivinatorios. Hace tiempo que empiezo a pensar no solo en que tiene razón, sino que además éstos se heredan.

Un mes atrás me acordaba  por pura casualidad de (M) cuando, al abrir el Facebook, me enteré que le habían detectado algo y que ya estaba en vías de solución. Hoy, casualidades o premonición, (M) lo ha recordado, también en su Facebook, celebrando ese mes de éxito, y que ya está dando la lata, como siempre ha hecho.

He aquí el motivo por el que traigo a colación este post. La conjunción de dos acontecimientos de parecida índole, que me han llevado a pensar sobre este extraño embrujo que poseo.

El segundo de los casos es que, en la tarde de ayer, sin venir a cuento, mi pensamiento se fue a la búsqueda de mi gran amigo y hermano (F), del que hacía algún tiempo que no sabía nada. Llamé un par de veces por teléfono sin suerte lo que me produjo cierto mal estar. Cuando me cogió la llamada, sin más palabras, me llamó «brujo», como si de un insulto se tratara. Lo hacía mientras se reía porque hace tiempo que sospecha de mis poderes de bruja Lola. Estaba recién operado y no había dicho nada a nadie —o casi, todos sabemos que le gusta hacerse un poquito la víctima y es un poco llorona—. Todo le ha salido bien.

Hablamos un rato, nos reímos de la vida, de nuestras sombras y, en seguida, me acordé de aquella vez que en Los Abrigos, una señora nos paró para informarnos que ella tenía «poderes mentales e incluso curativos» —fue la expresión que usó—, y que a mí me señaló con el dedo diciendo «y lo sabes» —al más puro estilo Juli—, dando a entender algo que yo, en ese momento no entendí. Ahora creo que hablaba de nuestras semejanzas adivinatorias, aunque yo de curativo….

Total que como estoy en esas, ahora me he acordado de otras personas: (A), (B), (C), (D) y (E). Tranquilos, sé que todos están bien.. De (G), (H), (I) y (J) jamás he pensado en ellas; no sé si eso es bueno o malo. Pero ahí están. Mañana les llamo que al final no cuesta nada hacerlo y mantener a las amistades activas es siempre un placer. Tú también podrías mandarme un mensaje, más que sea dentro de una botella.

En cuanto a (P), siempre la sueño; a (X), rara vez la veo; a (M) y a las (S); las cosas les van rodadas. A los demás, que no he citado, prefiero ni hacerlo, por si las moscas.

Bueno, ya sabes, si estás en la lista que he citado estate tranquila que estás a buen recaudo, que lo mío siempre es para bien, pero si no eres de los que he citado, cuídate mucho, que nunca se sabe si estos poderes son ciertos.

Gracias por leerme.

P.D.: Entre otros de mis poderes quiero destacar el de servir ginebras, ¡qué quieres que te diga, las hago buenas de verdad!

¡Te toca a ti!: ¿Tienes algún poder? ¿Crees en ellos? ¿Cuál te gustaría tener?

«Un aplauso a la superación»

Hay historias y sentimientos que hacen falta que alguien nos los enseñen.

(NOTA ACLARATORIA: El presente texto es presentado al Concurso historias de superación”, que con motivo de la celebración, del Día Mundial contra el Cáncer, el día 4 de febrero, es organizado por Iberdrola España, S.A.U. “@Iberdrola”, en colaboración con la página web www.zendalibros.com@zendalibros”. Por medio del presente, si el texto fuera elegido como ganador o finalista de dicho concurso, me comprometo a donar el importe económico del premio, a la “Asociación Niños con cáncer Pequeño Valiente” (@APUPeqValiente ‏). Creo que tus “Me gusta”, “Comentarios”, “tweets”,“retuits” y “…”, ayudarán. Puedes hacerlo usando el hashtag #historiasdesuperación).

Habían pasado muchas semanas desde que su padre no iba al colegio a recogerlo. Verlo aquella tarde allí, sin esperarlo, apoyado contra al muro, hablando con el resto de familiares, fue una grata sorpresa para él.

Salió corriendo para abrazarlo, sin mirar atrás, sin escuchar los comentarios de sus compañeros. Su madre, lo contuvo para que no se abalanzara a lo loco sobre él y lo quebrará. Acababan de darle el alta en el hospital y aún estaba muy débil.

A la mañana siguiente, más sonriente que nunca, Carlos entró por el patio del colegio. No entendía muy bien lo que pasaba, pero el resto de sus compañeros de clase, lo miraban y señalaban. Comenzaron a hacerle burlas.

—¡¿Qué pasa palillo?! —le dijo uno.

—¡Hola calvorotas! —saludó otro.

—Si viene un viento, seguro que tu padre sale volando —indicó un tercero.

Aquellas palabras eran cortantes. Se metían con él utilizando la profunda huella que la larga enfermedad había dejado en su padre. Cuando lo comprendió, salió corriendo hasta refugiarse en el cuarto de baño.

Uno de los profesores lo vio todo. Acudió en su ayuda y se sentó, para hablar con él, al otro lado de la cerrada puerta del servicio de chicos.

—¿Sabes que mi padre también pasó por la misma enfermedad que el tuyo? —le dijo para poder empezar a levantarle el ánimo—. Los niños son muy crueles. También lo fueron conmigo, Pero lo que en realidad pasa es que no saben lo que ocurre. Hablar de ello te ayudará y, lo que es más importante, ayudará a tu padre —aquellas palabras hizo que Carlos se sorprendiera— ¡Sal!, ya verás, te tengo una sorpresa.

El timbre que daba comienzo a las clases sonó en ese preciso instante y, sin saber muy bien porqué, Carlos hizo caso al docente que, ofreciéndole su mano, lo acompañó hasta el pequeño salón de actos del colegio.

Allí estaban reunidos todos sus compañeros y profesorado. No sabía qué estaba pasando, pues nadie se lo había dicho, pero su padre destacaba, con su reluciente y brillante calva —como a él le gustaba calificarla—, fruto de los efectos de la quimioterápia, presidiendo la mesa situada en lo alto del escenario.

La luz ya estaba apagada. Nadie lo vio entrar. Se sentó donde el profesor le dijo.

La charla duró cerca de una hora. Su padre narró cómo fue el proceso de su enfermedad desde que se le detectó, acompañando su exposición con infinidad de fotos.

El silencio reinante en la sala era abrumador. Carlos observaba las caras. Muchos lloraban, otros no podían ni pestañear, algunos mantenían la boca abierta sin poder tragar saliva.

Cuando terminó el salón parecía un erial. Todos los presentes mantenían el silencio. Ninguno se atrevía a moverse. El solitario aplauso de uno de los asistentes rompió el mutismo reinante en la sala. Pronto se le unió otro, y otro…, hasta que todos se pusieron en pie ofreciendo su reconocimiento con una gran ovación.

El maestro, que en todo momento había permanecido al lado de Carlos, lo empujó para que acudiera al lado de su padre. Sus compañeros, al verlo subir las escaleras al escenario, volvieron a estallar alentándolo entre vítores y piropos. Nunca más volvería a bajar la cabeza.

Gracias por leerme.

«Hace un frío de mil pares de…»

¿Pelete? Pues no sé porqué lo dices.

Hoy, que acabo de llegar del dentista, y con el frío que hace, no estoy para muchas invenciones, así que, como sé que te gustan mis locuras y pequeños disparates te traigo un nuevo reto, en la línea del que hacíamos hace ya algún tiempo, a partir de una peluca o el que hicimos, mucho más atrás, con un pepino. ¿Los recuerdas? ¿Te atreves a jugar, de nuevo, conmigo?

Pues imagínate, tras estar un buen rato soportando todos esos artilugios, hurgando en mi dentadura, estoy con la boca hinchada y con bastantes molestias. Como todos sabemos, el frío es bueno para bajar las inflamaciones, así que decidí salir un rato a la terraza para ver si el aire fresco me ayudaba un poco y le aliviaba mis dolores.

Al ver cómo quedé, por culpa del «pelete» que hace, que hasta las lágrimas se congelan, se me ocurrió esta tontería.

El juego que hoy te propongo es sencillo. Cuelga una foto tuya aquí, o en Facebook, o en Twiter, en la que el hielo, junto a tu singular personalidad, sea el protagonista. No es difícil y según cómo te lo montes puede ser muy divertido, sobre todo si los demás hacemos comentarios y aportaciones, igual de estúpidas que este juego. ¿Te atreves? Estoy esperando.

PD: Ya que saqué la hielera del congelador, aprovecho y me sirvo un gin-tónic. Mejor dos. ¿Quieres?

Gracias por leerme, y jugar conmigo.

«En el día de Reyes»

Hay fechas muy señaladas. El 5 de enero es una de ellas.

Para Mario, igual que para otros muchos, el cinco de enero es el día más especial del año. No solo por ser la Noche de Reyes, sino porque también es el aniversario de la muerte de su padre.

Cada año, regresa al sitio del accidente y recuerda, casi a la perfección, lo que ocurrió aquel día.

Con añoranza rememora como, el niño que era entonces, se había quedado en casa con su madre, mientras su padre iba al supermercado. Eso le habían dicho. Esperaba ansioso su retorno, con el aliento pegado al cristal, pues sabía que, nada más llegar él, irían a ver la Cabalgata de los Reyes Magos.

De lejos lo vio acercarse con paso ligero, cargado de bolsas, apurado como siempre iba. No miró al cruzar y, Mario, testigo tras el cristal, contempló como una furgoneta lo arroyó.

Cree que chilló, no está seguro, pero sabe que sin demora salió corriendo escaleras abajo y pudo compartir con su padre sus últimas palabras.

—No te preocupes cariño —recuerda que le dijo el moribundo—, algún día, los Reyes Magos, te traerán ese soldado de plomo tan especial que pediste en tu carta.

Treinta años después, como cada año, Mario vuelve, a la misma hora en la que ocurrió aquello, a la misma esquina de su antiguo barrio. Cumple con su tradición.

A su espalda, un brillo, en una tienda de cosas de segunda mano, llama su atención. Cuando se acerca y mira por el escaparate. Una mezcla de sentimientos y recuerdos bombardean su cabeza al reflejar su imagen en el cristal. Acaba de verse de niño, arrodillado frente a su padre; las cajas, paquetes, regalos…, todo tirado por el suelo; su madre llorando abalanzándose sobre su marido muerto, los vecinos… En un suspiro vuelve en sí.

Sin motivo alguno entra en la tienda y va directo a la estantería de la que parecía provenir el brillo. Bajo un espejo descubre una pequeña caja de madera. La recuerda, aquella tarde estaba tirada a los pies de su padre.

Nada más abrirla descubre un amarillento y bien doblado papel, que, como si de una manta se tratara, da cobijo a una réplica en plomo del General Custer.

No logra entenderlo. Esa era su carta a los Reyes Magos y aquel su regalo más preciado. Por fin, su padre, cumplió la palabra dada y la magia de la noche de reyes vuelve a repetirse.

Gracias por leerme.

«No hablaré del process, prefiero el fútbol»

Prefiero hablar de fútbol antes que del process

En otro momento hablaría del gobierno, o del process, o de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI)…, pero como estos temas está lo suficientemente caldeados, y seguro que tú también estás un poco hasta los cullons, he decidido que hoy hablaré de fútbol, que me gusta menos, pero que creo que es bastante acertado.

En un partido del deporte rey de este país, en el que se enfrentan dos clubes rivales, la mayoría de las luchas no está en el campo de juego, sigo que se acomete en las gradas. Ambas aficiones exhiben su poderío con sus peñas de aficionados, sus cánticos, banderas…

En toda casa en la que hay forofos, las discusiones en las reuniones terminan por prohibirse, ya que el uno siempre pretende imponer su voluntad o forma de ver las cosas, sobre el otro. En todas ellas todos los afectados conocen y discuten el reglamento, que es el mismo para todos, aunque cada uno lo interprete de forma distinta.

En todos los partidos los árbitros y jueces, de linea, tienen la obligación de hacer cumplir la norma e interpretarla. Si, por ejemplo, se saca una tarjeta amarilla, las protestas —del público, de los jugadores y del banquillo— suelen ser sonoras, pero la misma queda registrada. Si hay una tarjeta roja, la expulsión es inmediata, se protestará, se discutirá…, pero en ese momento, la decisión arbitral, se acata. Lo mismo ocurre si hay faltas, se lanzan; si hay penaltis, se tiran; si hay fuera de juego, se anulan los goles…

Los árbitros, en estas situaciones pueden equivocarse, ¡claro que sí!, pero en ese momento se hace lo que ellos dicen, ya que son la autoridad competente en el campo, y si no se está de acuerdo se eleva la protesta a los organismos superiores, los que, con el reglamento en la mano y estudiando cada caso, solventan las diferencias. Agotadas las vías la norma se cumple. En los bares, los gimnasios, las casas, los clubes, la televisión… se seguirá protestando, pero la liga sigue y al final siempre llega la copa.

La pena es que el fútbol es solo deporte, que si lo pudiéramos extrapolar…, como decían los grandes Tip y Coll, «otro día hablaremos del gobierno». ¿Te apetece?

Gracias por leerme

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.

«En memoria de Don Juan Goytisolo»

En memoria

Solo puedo escribir en su memoria, pues reconozco que mis hábitos lectores nunca me han llevado a cruzar sus letras con mis entendederas, que son más bien escasas. Como siempre he hecho en los momentos en los que uno de los considerados grandes cultivadores de letras son llevados a publicar relatos en otras latitudes no palpables en esta dimensión, jugaré con algunos de los títulos de sus obras para intentar escribir algo, que tenga pies y cabeza, con lo que lograr invitarte, a conocer como ahora lo haré yo, la gran obra que, Don Juan Goytisolo, nos deja como legado:

«Entre aquellos “Juegos de manos” comenzó el “Duelo en el paraíso” mientras que en “El circo” se comenzaban las grandes “Fiestas” que llevaban a la población a pasar, de aquella manera, “La resaca” necesaria “Para vivir aquí” en “La isla”.

El evento, como siempre, lo organizaba Doña María, conocida como “La Chanca”, que siempre imponía el “Fin de Fiesta” para todos aquellos que no mostrarán sus “Señas de identidad” como “Reivindicación del conde don Julián”.

En esas estaban cuando ocurrió que “Juan sin Tierra”, junto a su amiga “Makbara”, enseñara los “Paisajes después de la batalla” y “Las virtudes del pájaro solitario” a “La cuarentena” de personas que formaban parte de “La saga de los Marx”.

Estaban todos preparados en “El sitio de los sitios” esperando a que pasaran “Las semanas del jardín” cuando la “Carajicomedia” que siempre montaba “Don Julián” hizo que el “Telón de boca” que tejían “Los hombres cigüeña” enseñaran el “Tríptico del mal: Señas de identidad; Don Julián; Juan sin tierra” y las otras “Novelas” a todos los asistentes.

Parecía mentira pero con esa sencillez con la que sucedieron los hechos, la “Profecía, asedios y apocalipsis” hicieron que “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” terminará con la “Trilogía de Álvaro Mendiola” y cerrar, por fin, “El erial y sus islas”, volviendo, para siempre, al fondo de las letras moribundas.»

He decidido empezar a leer “El exiliado de aquí y allá: la vida póstuma del Monstruo del Sentier” por culpa de este artículo de El País. ¿Me acompañas?

Gracias por leerme. Gracias por dejarnos sus letras.