«La niña guerrera del prado verde»

El prado verde puede que oculte algo no tan agradable.

El prado verde que la rodeaba era inmenso. Cerró los ojos y se imaginó al otro lado de aquel imponente horizonte. El traqueteo comenzó. Ella permanecía acostada, tal y como le habían ordenado. Así que decidió seguir soñando.

Imaginaba encontrarse libre de aquella pertinaz situación, que parecía repetirse. Los hombres que ahora la llevaban, también vestidos de verde y con sus caras tapadas, ya habían lacerado su cuerpo en otra ocasión. Al parecer sin mucho éxito. Tal y como le habían dicho, esperaban que esta fuera la última vez. Para bien o para mal. Solo quería que el dolor y el sufrimiento terminara para siempre.

El transporte paró. Las drogas que utilizaron para inmovilizar su cuerpo ya hacían efecto y apenas podía despegar los párpados. Una potente luz le cegó los ojos. Fue lo último que vio. En su mente siguió vagando por el prado verde que se había imaginado en busca de aquel santo grial que la librara del sufrimiento. Nada era lo que parecía. ¿Cómo había llegado hasta allí?

En lo alto de una de las lomas aparecieron varios jinetes vestidos de negro. Desde la lejanía la increpaban y amenazan con sus armas. Querían matarla. Ella corrió en dirección opuesta.

El martilleo en su cabeza era constante. El galope de los potentes caballos de guerra parecía cada vez más cercano. Sonaban fuertes, potentes, rítmicos, como los tambores que marcan la boga  de los remeros en las galeras. La tierra se estremecía cada vez que una de aquellas pezuñas machacaba el suelo. Eran los esbirros de la misma muerte.

La niña guerrera continuó su huida hacia delante. El bosque estaba cercano y sabía que si lo alcanzaba tendría una oportunidad de salvar su vida. Eso era lo que le había dicho Beatriz. Esa era la esperanza a la que estaba aferrada, la que empujaba sus piernas para seguir corriendo.

Apenas quedaban cincuenta pasos para llegar a la masa forestal. A su espalda sentía que las cabalgaduras estaban a punto de alcanzarla. Trastabilló. En ese instante, una cortina de haces de colores recorrieron el cielo hasta alcanzar la posición de los cuatro jinetes. Estos pararon en seco. La niña, rápida como era, se levantó de un salto y continuó su carrera. En el borde de la espesura le pareció volver a escuchar que Beatriz la llamaba por su nombre. Volvió a caer, esta vez sintió un fuerte dolor en la cabeza.

Le costó despertar. Un breve murmullo, como el de olas del mar en calma que rompen suaves contra la arena, empezó a acariciar sus oídos. No lograba diferenciar las palabras, aunque en su fuero interno reconocía la lengua en la que se decían. La llamaban por su nombre. Diferenció la voz de su madre y la de su salvadora.

—La operación ha sido un éxito —dijo la doctora Beatriz—. Hemos extirpado todo el tumor de su cabeza. En unos días volverá a ser la misma niña guerrera de siempre. Ya la trasladan a su habitación y empezaremos a dejar atrás este verde quirófano, para siempre.

La niña, por dentro, sonrió. Pronto lo haría por fuera.

NOTA ACLARATORIA: Este relato participa en el concurso «Cuentos de aventuras» organizado por Zenda e Iberdrola (mas info aquí), por lo que difundirlo en las redes sociales (Facebook o Twitter) mediante el hashtag #ZendaAventuras igual ayuda a darlo a conocer.

Gracias por leerme.

«ANCOR»

En mi pasada carta a los Reyes Magos y a ti, entre otras cosas, te contaba que una de mis sueños para este nuevo año era ver publicado mi cuento. Pues bien. Este es el momento en que el quiero anunciarte —los suscriptores de este blog ya lo saben desde hace un par de semanas, pues lo recibieron como primicia— que «ANCOR» ya está aquí.

En primer lugar decirte que es la reedición de mi primera historia, pero esta vez publicada por Diego Pun Ediciones e ilustrada de manera exquisita por Nareme Melian Mahugo.

Se trata de un cuento para ser leído a niños y niñas de 0 a 99 años en el que aprenderemos la historia de un pueblo narrada desde los ojos y las vivencias de un niño.

Sí, narra la vida de Los Guanches, esa raza de hombres y mujeres «primitivos» que habitaron en las Islas Canarias antes de su conquista por los castellanos en 1496, y que tenían una organizada sociedad, con sus variantes según isla o territorio, con una gran riqueza en cuanto a cultura, costumbres, lengua, tradiciones…, que han llegado hasta nuestro días con muchas dificultades.

Como maestro, siempre he tenido la sana obsesión de transmitir a mi alumnado la ilusión por la lectura y la chispa de la curiosidad por descubrir nuestro entorno, nuestra historia y el amor a la naturaleza que nos rodea.

Me animé a escribir esta historia, fusión de esas ideas anteriores, al descubrir que mis alumnos y alumnas desconocían muchas cosas de Los Guanches, y que, para engancharles, necesitaba enseñarles un mundo mágico, lleno de aventuras y emociones que les atrajera y así llevarles al conocimiento de parte de nuestra historia, que para mí era importante transmitirles.

Con «ANCOR» viajaremos a través del tiempo y aprenderemos una serie de palabras y costumbres de la época a la vez que disfrutamos de sus aventuras.

De la misma manera, con el afán de hacer la lectura atractiva para niñas y niños, reconozco que no todas las partes de esta historia son necesariamente reales, aunque sí lo son muchas de las situaciones, nombres de los Menceyes, lugares… Dejo a elección del lector o lectora decidir cuáles.

Como ya he dicho, este cuento está escrito pensando en niños y niñas, pero seguro que, aunque seas algo mayor, en cuanto empieces a leer y conectes con tu infantil interior, descubrirás que esta historia te va a atrapar desde el comienzo. Te aseguro que disfrutas hasta el último capítulo y sobre todo, desearás que no acabe.

Pronto te contaré dónde la presentaremos —esto es también una sorpresa que los suscriptores de este blog recibirán en primer lugar— y dónde adquirirlo. Mientras me quedo repasándola un poco.

Gracias por leerme.