“Un cuento tibetano”

En un tiempo lejano decían que había un mar inmenso que cubría todo el planeta. Solo un pequeño trozo de tierra estaba fuera del alcance del mar y era allí donde vivían todos los animales, agrupados en manadas. Estos parajes eran de extraordinaria belleza y los seres vivían en armonía.

Pero un día, del fondo del mar, salió un enorme dragón. Su imagen era aterradora: tenía el cuerpo lleno de escamas y era de color blanco intenso. Tenía cinco cabezas, que no paraba de mover mirando a todos lados. La fuerza del monstruo era colosal y cada vez que se movía provocaba grandes olas en el mar y vientos huracanados. Cuando estos llegaban a tierra firme, devastaban todo cuanto se les ponía por delante, acabando con las praderas y bosques donde vivían los animales.

Estos ya no sabían qué hacer y estaban perdiendo las esperanzas cuando de repente en el cielo se formaron cinco nubes de múltiples colores que iban cambiando de forma sin parar. Estas formaron remolinos, que se concentraron transformándose en cinco hadas benéficas. Se llamaban Fushou, Quiyan, Shenhui, Guanyong y Shiren.

Las hadas hicieron frente al dragón y lograron detenerlo e inmovilizarlo en la playa. Cuando lo consiguieron, el mar se tranquilizó y el viento paró de soplar. Todos los seres vivos se postraron ante las hadas para agradecerles su ayuda y un portavoz se dirigió a ellas:
– Oh, hadas, nos habéis salvado del monstruo con vuestro inmenso poder. Os lo agradeceremos mucho. Por favor, seguid velando por nuestra seguridad a partir de ahora.

Las hadas accedieron a esta petición y decidieron hacerles un regalo. Ordenaron al mar que se retirara e hicieron aparecer en Oriente una frondosa selva. En Occidente aparecieron fértiles campos, que acababan al Sur en preciosos jardines llenos de flores multicolores. En el Norte, las estepas llegaban hasta donde alcanzaba la vista.

Para cumplir con la promesa que les habían hecho, y velar por los seres vivos del planeta, las cinco hadas se convirtieron en los cinco picos más altos del Himalaya, que en tibetano significa “Tierra de Hielo y Nieve”. El hada Fushou, se encargó del mantenimiento de la alegría y la longevidad; el hada Shenhui de velar por las tierras de labranza; el hada Gaunyong, fue la responsable de la prosperidad y riquezas en la tierra y el hada Shiren de proteger la actividad ganadera. Por último, el hada Quiyan, encargada de la sabiduría de todo lo que vive, se transformó en el pico más alto de todos, que aquí conocemos como Everest y que los nativos llaman el “Pico de la Diosa”. Por eso la leyenda dice que, mientras el mundo exista, las cinco hadas seguirán velando por el pueblo tibetano y por todos los seres vivos desde las alturas. «

4 comentarios en ““Un cuento tibetano”

  1. Como siempre mi cartuchonte, me emocionas, como ya te he dicho desde hace mucho tiempo eres el mejor cuenta cuentos, te acuerdas de aquellas noches en esa caseta de campaña, La Ñoñi, tu y yo, desde entonces que te lo decía (para las mentes calenturientas no es lo que piensan, seguro, que quiero mucho a la Merche hombre!!!). Me encantan tus cuentos. Y sabes lo mucho que te quiero, besos. La Dama de Elche

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