«Un día de pesca muy especial»

¿Has ido alguna vez de pesca?

Con los pies a remojo, mientras pescaban, continuaban hablando de sus cosas, a la vez que intercalaban miradas, sonrisas y saludos con los transeúntes que se paraban para observarles con curiosidad. 

Los tímidos peces se acercaban para olisquear el engodo y, poco a poco, irlo mordisqueando. Ellos movían con suavidad sus anzuelos.

—¿Tú estás seguro de que esto se hace así?

—Pero por supuesto, llevo años pescando en río y no puede haber mucha diferencia.

—¿Y porqué la gente nos mira y se ríe?

—Imagino que la envidia debe corroerlos. ¡Ya verás!, ¡no les hagas caso!, debemos mantener la calma para no asustar a los peces. Tu sonríe y que sigan su camino. ¡Pedazo guiso haremos con éstos pequeñines una vez los cojamos a todos!

—Buenos días caballeros —dijo una voz femenina que se les acercó—, soy la encargada del negocio, ¿saben ustedes que esto es un establecimiento de pedicura? 

Gracias por leerme.

5 pensamientos en “«Un día de pesca muy especial»

  1. Sí, en mis primeros años en esta tierra de promisión… con el tiempo entendí que yo era el que le daba de comer a los peces para que otro, otros, se lo llevaran, y me dediqué a la mejor pesca, saborear los que ellos pescaban… pero nunca se me ocurrió echar un lance en una pecera… pero… ¡como tiene que haber gente para todo!, pues eso… Lo que siempre me ha tenido mosca es que el menú siempre era el mismo, pez de la clase cao… ¡qué raro!

    • Tu, que procedes de tierras lejanas acostumbradas al espeto, sabes mejor que nadie que no hay nada como variar la dieta jajaja

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