«Una aparición inesperada»

«Una aparición inesperada»

Al parecer él no lo vio venir. Iba vestido con su traje de corbata de color oscuro y su sombrero Fedora, negro y de ala mediana, para más indicaciones. Cruzó la calle sin darse cuenta del coche que, a velocidad ordinaria, subía en dirección a la carretera general, hasta casi colisionar con él. Por suerte no lo hizo. El hombre miró al coche, no hizo ni un gesto de desaprobación o de enfado, tampoco infirió ningún exabrupto o gesto hiriente. Nada, como si no le hubiera importado, solo fijó la mirada en la acompañante del conductor.

Las luces de la noche apenas alumbran la calle. La escasez de estas hace que las sombras superen con creces los momentos de claridad. Conducir así no es fácil.

Tras el grito que dio la acompañante el conductor no tuvo más remedio que frenar. Lo hizo en seco, a lo bruto, en un acto reflejo, sobresaltado por el chillido de su pareja.

No venía nadie detrás, ¡menos mal!, eso facilitó la inoportuna maniobra, que realizó bruscamente tras el susto recibido.

–¡¡Pero…, se puede saber por qué coño…!! –gritó altamente sorprendido.

–¿No lo has visto? –contestó ella con voz temblorosa.

–¿El qué?

–¡A mi padre!

–Pero, ¡qué coño dices!, ¡es que te has vuelto loca!…

El conductor, tras recuperar el aliento y asegurarse de que no venía ningún vehículo, se cayó. Volvió a encender el coche y arrancó, intentando recuperar la calma y la velocidad.

Ella miró hacia atrás. La carretera continuaba a oscuras, con apenas el reflejo de una farola que ahora se alejaba. Estaba segura de lo que había visto. Sus manos seguían temblando. Su estómago se había encogido. Estaba segura que aquel hombre que cruzaba la carretera y la había mirado era su padre. Solo que allí no había nadie y el hombre que suponía haber visto ya hacía más de cuarenta y cinco años que había fallecido.

Gracias por leerme.

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