«Una armadura para Alex»

«Una armadura para Alex»

Nada más levantarse de la cama, desayunar y asearse, Alex se coloca su armadura invisible para poder enfrentar el día que le espera por delante. 

Cuando se mira al espejo, suspira profundamente y desea que hoy este acero, oculto a los ojos de los demás, cumpla con su función y le proteja.

Con el paso del tiempo, y los devenires de su vida, el chico había aprendido a construir esa gran coraza invisible a los ojos de los demás, para protegerse de las heridas que el día a día y las personas podían infligirle. Aún así, se mueve por el mundo con cautela, siempre manteniendo una distancia segura de los demás, evitando que alguien pudiera ver a través de su fachada de seguridad. 

Un día, en una cafetería del centro de la ciudad, sus ojos se posaron en una chica llamada Laura. Ella era radiante, preciosa, delicada y fuerte como una mariposa, con una sorprendente sonrisa que iluminaba y abarcaba todo el local. Aunque Alex intentaba mantener su distancia, no pudo evitar sentir una conexión instantánea con ella. 

A pesar de sus intentos por mantenerse protegido, el destino tenía otros planes. Alex y Laura comenzaron a encontrarse con frecuencia en diferentes lugares y, cada vez que ella hablaba, sus palabras resonaban en el corazón de Alex de una manera que la armadura no podía contener. 

Laura, con su naturaleza amable y su personalidad vibrante, comenzó a desarmar poco a poco las defensas invisibles que Alex había erigido durante tantos años y tanto cuidado.

A medida que pasaba el tiempo, la conexión entre Alex y Laura se intensificaba. Sus conversaciones profundizaban, y sus miradas decían más que mil palabras.

Alex no podía evitar enamorarse de ella. La complicada danza entre la armadura y las palabras de Laura, que la desarmaban, se volvía más evidente con cada encuentro. 

En su lucha interna, Alex se encontraba dividido entre la necesidad de protegerse y el deseo de abrir su corazón a la posibilidad del amor.

Al regresar a casa después de cada encuentro con Laura, se enfrentaba a la tarea de reconstruir la armadura que ella había desmantelado con su presencia. Cada pieza caída era recogida con cuidado, cada grieta era reparada con esmero, en un esfuerzo desesperado por mantener a raya la vulnerabilidad. Hasta el mismo yunque en el que trabajaba se mostraba lleno de marcas, cicatrices, antiguas heridas y golpes.

Alex no podía evitar la esperanza de que ella pudiera ver a través de su armadura y apreciar la persona que se ocultaba detrás. 

El proceso de desarme y reconstrucción se volvió una rutina constante en su vida, una lucha entre la autenticidad y la autoprotección.

En este juego de emociones, Alex se dio cuenta de que el amor no siempre sigue el guión que uno espera. A veces, las barreras que construimos para protegernos pueden ser las mismas que nos impiden encontrar la felicidad. Y así, mientras seguía luchando con su armadura invisible, Alex continuaba su viaje, preguntándose si algún día encontraría la valentía necesaria para dejarla completamente atrás y permitir que el amor floreciera en su vida.

Gracias por leerme.