«Yo te quiero con limón y sal»

«Yo te quiero con limón y sal»

Lo más bonito de las ciudades costeras como la mía es que allá donde vayas el sol acaricia las olas y el aroma a sal impregna el aire. Dicen que las personas que viven junto al mar son especiales, quizás por eso, Marta y Juanjo, dos almas aparentemente opuestas, se atraen como lo hacen el limón y la sal, cuando acompañan al paladar a un buen tequila.

Juanjo, es un artista, un soñador de las palabras. Llena de sentimientos y pasión escritos que dedica no se sabe muy bien a quién. En sus momentos de trabajo encuentra la  inspiración en cada rincón, en cada comentario, en sus observaciones o en sus ensoñaciones, grabando a mitad de la noche sus ideas en el teléfono móvil. 

Por otro lado, Marta, es una profesional que dedica su tiempo a entender y descifrar los misterios del universo, halla su fascinación en los números, tablas, pruebas, análisis y ecuaciones.

Sus mundos son distantes, pero ahora que estoy sentado tomando un café, puedo ver que el destino tiene un plan que incluso ellos desconocen.

Un día, durante una mesa redonda, en una pequeña librería, Juanjo presentó la obra titulada «Universo de Amor», mientras que Marta asistía a ella para relajarse después de horas de trabajo. 

El texto de Juanjo irradiaba colores vibrantes y frases, pero en su núcleo, había una conexión profunda con los sentimientos y emociones que a Marta tanto le gustaban. Fascinada por la obra, se acercó a Juanjo para expresar su admiración por la forma en que representaba la complejidad del amor en el universo.

A medida que compartían sus experiencias y perspectivas, descubrieron que, aunque sus enfoques eran diferentes, sus corazones latían al mismo ritmo. Juanjo veía la magia en los pequeños detalles, mientras que Marta encontraba la poesía en las ecuaciones que explicaban el funcionamiento del universo, de las personas.

En una tarde soleada, mientras paseaban por la playa, Marta sorprendió a Juanjo con una bebida especial, a base de limón y sal. Al ofrecérsela, pronunció las palabras que sellarían su unión: «Yo te quiero con limón y sal». Aquella mezcla de sabores tan distintos, pero que se complementaban a la perfección, simbolizaba la armonía que habían encontrado en su relación.

El amor entre Juanjo y Marta demostró ser tan vasto y complejo como el universo. Se dieron cuenta de que, al igual que las estrellas y los planetas siguen órbitas precisas, ellos también seguían un camino único que los conducía el uno al otro.

Con el tiempo, la frase resonaba en sus corazones: «Todo el universo obedece al amor». Descubrieron que, en su unión, encontraban la fuerza para enfrentar los desafíos y la belleza en cada experiencia compartida. 

Dos almas aparentemente opuestas se habían convertido en un universo en sí mismo, donde la diversidad y la armonía coexistían en perfecta sincronía.

Gracias por leerme.