«La sonrisa que producen tus labios»

«La sonrisa que producen tus labios»

Hoy regresaba con una sonrisa. Aquel final de la jornada no era igual que los demás. Aún así, nada más entrar por su casa, y saludar con un suave beso en las cabezas de su familia, Dulce fue directamente al baño. Era lo que hacía de manera habitual, pero en esta ocasión lo hizo más rápido. No quería perder aquella sensación.

Al cerrar la puerta con pestillo, colocó las dos manos sobre el lavabo, mantuvo su cabeza gacha. No se atrevía a mirarse al espejo. Su corazón se aceleró. Sonreía. Lo hacía por dentro y estaba segura que también por fuera. Era precisamente esa sonrisa, esa cara, esa sensación la que no quería perder. Deseaba poder guardar el sabor que portaban sus labios. 

Tras armarse de valor, decidió levantar la mirada para contemplarse en el espejo. Allí estaba aquella sonrisa bobalicona, la misma con la que había salido del trabajo.Se quedó lela. 

Su costumbre diaria, nada más llegar a casa, era entrar en el baño: orinar, desmaquillarse, lavarse los dientes…, todo lo necesario antes de darse una reparante ducha, para después poderse encargar de cenas, repaso de tareas pendientes, preparar uniformes de los niños para el día siguiente… Hoy no pudo. Hoy no quiso.

Logró quitarse el maquillaje de cara y ojos. Por suerte el carmín de sus labios estaba borrado y era, precisamente, eso lo que no quería borrar. Su cuerpo se estremeció. Notó el momento en el que él se acercó para robarle aquel beso y dejarle, para toda la tarde, aquella formidable sensación en sus labios, y en su lengua. Le volvieron a temblar las piernas, los nervios surgieron de nuevo, acompañados de aquel calor interno que sentía cada vez que él se colocaba a su lado para, como ella misma decía, descolocarla. 

Hoy él le había robado un beso. Ella quería volver a sentir su sabor. Se mordió el labio y paseó su lengua sobre sus labios, remarcando la tan apreciada sonrisa. Así daba gusto terminar un duro día de trabajo. Ya deseaba que fuera mañana. 

Gracias por leerme.

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