
Siempre hay un lugar en el que los soñadores encuentran refugio. A veces estos lugares vienen recubiertos de chocolate o con aroma a flores o a café, eso da igual. Tampoco tiene que ser un sitio idílico, ni silencioso. Cualquier espacio en el que las olas de sus sueños puedan surcar mundos u otros lugares, sirven para lo que han sido creados.
Alli estaba, tranquila, con un suave murmullo de conversaciones de fondo y su imaginación desbordante trabajando.
Desde hacía tiempo había estado obsesionada con la idea de peinar, de desenredar el cabello de alguien especial, como si cada pelo enredado contara una historia, un sueño, un deseo, un momento que ella anhelaba descubrir y, por ende, compartir.
Mientras se sumía en sus pensamientos observó a un hombre que estaba en aquel lugar. Todo él capturó su atención. Estatura mediana, bien vestido, perfumado, con pelo largo y despeinado, que parecía tener vida propia.
Nada más verlo ella sintió un impulso irrefrenable de acercarse a él, de ofrecerle su ayuda para desenredar esos cabellos que parecían enredados en un mundo de sueños.
Con una sonrisa tímida se presentó y, tras una breve conversación, le propuso una idea inusual: “¿Te gustaría que te desenredara el pelo? Podría ser como un ritual, un momento para relajarnos y compartir historias”. Intrigado y divertido por la propuesta, aceptó con una risa.
Se trasladaron a su casa, que ella definió como un espacio tranquilo, una especie de burbuja de aire, en el que la luz del sol de la tarde se filtraba, creando un ambiente mágico y tranquilo, dejando en su exterior todos los problemas y preocupaciones.
Él se sentó en el suelo, a los pies del sofá, ella detrás.
Con delicadeza, comenzó a cepillar y desenredar su cabello. Con cada tirón,suave y cuidadoso, parecía como si estuviera deshaciendo los nudos de sus propios pensamientos.
Mientras sus dedos se movían entre aquel pelo, ella se dio cuenta de que no solo estaba desenredando aquel cabello, sino también sus propias inseguridades. Cada nudo que deshacía era una historia compartida, un momento de conexión. Él hablaba de sus sueños, de sus miedos y de sus anhelos. Ella se sentía cada vez más atrapada en la magia de ese instante.
El momento era perfecto, así que se atrevió a preguntar: “¿Qué sueñas cuando cierras los ojos?”. Ella, con una sonrisa en los labios, respondió: “Sueño con encontrar a alguien que entienda mis enredos, tanto en el cabello como en la vida”.
Aquí estoy, dijo con calma, mientras que sus dedos siguieron entrelazando esos sueños compartidos creando un lazo eterno que prometía más historias por contar.
Gracias por leerme.