«El brazo de Don Miguel»

―¿Eres
el hombro del doctor? ―Me pregunta sonriente una joven señorita
uniformada de azafata justo delante de la oficina de calidad y
atención al cliente.
―No
―digo en tono algo seco―. Yo puede que sea un paciente que espera
para ser operado por el doctor, pero el hombro es mio, que para eso
lo llevo aguantando tanto tiempo ―por su forma de mirarme parece
que no le ha hecho gracia.
Ella
mira su carpeta con mi nombre escrito en grande por fuera y pregunta:
―¿Qué
hombro es?
¡Uf!,
mal empezamos.
―Usted
perdone ―recalco el usted― ¿ahí no lo pone? ―Vuelve a mirarme
atravesada. El día promete.
―Claro
que sí, solo era para asegurarme.
―Bueno,
usted ―insisto― tranquila, que el que tiene que estar seguro, por
suerte para mi, es el doctor.
Tras
darme un par de indicaciones escondida detrás de una sonrisita
irónica. Se marcha.
Ya
en manos del celador la cosa cambia. Vamos directos al quirófano. El
amigo Fer con su típico tono burlón reposa todo vestidito de verde:
―Je,
je, je ¿Qué pensabas que me lo iba a perder?
¡Oh,
no! Si hace unos segundos mis piernas temblaban de nerviosismo y por
la profesionalidad de la joven, ahora me temblequea hasta las
pestañas. La razón es que somos como niños ―pero sin el como― y con este aquí,
una vez dormido, temo por las fotos indiscretas, las pintadas en mi
cuerpo con rotulador permanente, el afeitado de vello púbico y otras
cuantas diabluras que, de buen seguro, yo también le haría a él.
Menos mal que el que manda en el quirófano no es de nuestra panda de
algarrobos, que si no…
Momentos antes de iniciar el remiendo con mi amigo, y hermano, Fernando.
El
despertar de la anestesia es paulatino. No siento nada y todo ha
salido bien.
Unos
cuantos días después la recuperación va avanzando: el hombro en su
sitio, los tornillos apretados, las grapas haciendo su trabajo, las
curas bien hechas, el brazo en cabestrillo… Ahora mis recuerdos
viajan hasta el pobre
de Cervantes que se le quedó inmóvil el brazo izquierdo tras
enfrentarse a los turcos en la famosa Batalla de Lepanto y aún así
escribió la obra más grande.
Yo,
ni soy Cervantes, ni me voy a enfrentar a nadie, ni jamás he estado
en Lepanto, pero lo del brazo izquierdo inmóvil… es otro cantar,
por lo que escribir este post con una sola mano, me ha resultado
complicado, sobre todo para las mayúsculas. Bendita pluma la del
maestro Cervantes.
¡Ah!,
¡me olvidaba!, lo del vello púbico… Bueno, mejor no lo cuento.
Gracias Fer.

9 comentarios en “«El brazo de Don Miguel»

  1. Oye, ¿y por fin fue niño o niña? Ja,ja,ja. Lo mejor sin duda, lo del vello púbico. Nunca imagíné una incisión tan larga para esa intervención. Como sé que todavía no atiendes muchas llamadas, te dejo en tu blog el mejor de los deseos de recuperación para tu hombro y próspero año 2013. La fuente informativa tacorontera (por Dios que no se entere) me tendrá al tanto de tu evolución. Saludos y a disfrutar lo mejor que puedas de las Navidades.

  2. VERO: Tu que nos ves con buenos ojos.

    JANE JUBILADA: En eso estoy.

    CARMEN: Es que si no me río yo…

    CUÑI: Ja, ja, ja ¡antisociallllll!

    JAVIER LORENZO: La incisión va acorde al tamaño del miembro ja, ja, ja. Un abrazo

  3. Hola Guillermo: Veo por tus comentarios que la operación ha ido bien y me alegro. Espero que te recuperes pronto y que vuelvas al senderismo. Muy divertido tu blog.
    Que pases una Feliz Navidad

  4. Pues nada, ese brazo te ha regalado esta entrada entretenida y divertida sobre todo con esa referencia a la mirada atravesada que tienen muchas enfermeras/os que son esos mr. y miss simpatías que pululan por nuestros hospitales.
    Te deseo un nuevo año a dos brazos y que la recuperación sea leve y rápida.
    besos de gofio.

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