«Por fin llegó»

EXTRAÍDA DE SAN GOOGLE

El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda. Lo hacía desde que una granada le segó el brazo derecho. Había sido francotirador, pero ahora, inválido, estaba convertido en el cartero y bufón del regimiento.

Su historia era peculiar: por un fallo administrativo, seguía en activo en el campo de batalla. Los oficiales habían solicitado su evacuación, pero no había manera. Él decía que no importaba, que no tenía a nadie, y que aquello de repartir cartas le daba motivos para seguir.
Ahí estaba, gritando el nombre del destinatario y haciendo algún comentario sagaz sobre la persona remitente:
—¡Soldado Mejías!, carta de mamá. Seguro que quiere que no saques ese cabezón de la trinchera.
Todos reíamos. Hasta el vilipendiado. Era parte del entretenimiento.
—¡Soldado Reims!, esta huele a tetas. ¡Auuuu!
—¡Cabo Hopkins! ¡La madre que me parió! Carta del minist… —Una bala enemiga acabó con su vida.

9 comentarios en “«Por fin llegó»

  1. Esta historia se parece con la del "trenzador de sueños" , sirven para ser mas humanos,humildes,…y entonces,…valoramos lo simple, lo pequeño,lo espontaneo.Quedó filosófico pero…..

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