«Al llegar a casa»

Se
entrenaban para estar muertos. Les gustaba pensar que eran una
fuerza de élite. Sus uniformes, sus cascos, sus armas…, su
actitud, así les señalaban. Cada tarde salían a correr.
En su
campo de adiestramiento se arrastraban por los pegajosos fangos,
saltaban vallas y muros, escalaban por cuerdas colgantes que no
llegaban a ningún sitio. Todo para estar en forma hasta la llegada
del día en el que les fuera encargada alguna misión especial.
Mientras
sufrían se les oía cantar. A escondidas lloraban. Solo una pena les
desilusionaba, seguían jugando a una guerra que nunca lucharían,
por lo que, al llegar a casa, un Cola-Cao caliente siempre les
reconfortaba.

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