«El amigo Palenque» (Viaje a Miami y Cartagena de Indias. Y 4)

Estoy convencido de que en todos los lugares del mundo, por poco que busquemos, podemos encontrar algún personaje singular. La ciudad de Cartagena de Indias y, en concreto la Playa de Bocagrande, no va a ser menos.
            En una entrada anterior ya nombré, muy por encima, la primera persona que me «asaltó» al pisar la playa para ofrecerme sus toldos ─para protegernos de la insolación─ y tumbonas ─para descansar los cuerpos─. Era el amigo Palenque, de nombre Willy. Un hombre moreno, tirando a negro, por el azote del sol día tras día. De unos cuarenta años, complexión normal, barba de tres o cinco días, un ojo a la funerala y gran  presumidor de sus cinco hijas y dos mujeres.
            Servicial y siempre «a la orden», como se manifiesta por aquellas latitudes, tras ubicarnos en uno de sus chiringuitos intentó entablar conversación, cuando el resto de los vendedores nos lo permitían, sobre el fútbol de España, las ganas que tenía de visitarnos…y, sobre todo, de su voluntad para que nos encontráramos a gusto en sus dominios.
            ─Patrón, ¡a la orden! ¿Le apetece algo?
            No mentía, bastó un leve gesto de mi mano para que acudiera raudo a mi presencia.
            ─¿Qué le sirvo?, ¿algo fresquito?
            Tras escuchar la amplia oferta nos decidimos por una Piña Colada. Como levitando sobre la ardiente arena, allá que sale corriendo el Palenque. No pude quitarle el ojo de encima. Así estuvo todo el día, de aquí para allá, atendiendo nuestras necesidades y las de los vecinos de tingladillo.
            Tras abonar los servicios, incluidos los diez mil pesos ─dos coma cuatro euros─ que me prestó para pagar unos dulces, porque la vendedora no tenía cambio, nos despedimos con el compromiso de que volveríamos y que preguntaríamos por él.
            A los dos días volvimos y cumpliendo con mi palabra sólo permití su asistencia. Mientras intentaba escribir unas ideas, el amigo Palenque se sentó a mi lado para darme conversación. Sin duda es un elemento singular, parece honesto, honrado y trabajador que se busca la vida, como puede. Ya tengo su número de celular ─o sea, de móvil─ así que si algún día viajas a Cartagena puedo ofrecerte este buen contacto que gustoso atenderá tus necesidades.

4 comentarios en “«El amigo Palenque» (Viaje a Miami y Cartagena de Indias. Y 4)

  1. Bueno, bueno, ya tenemos contactos en Cartagena, eso siempre viene bien en cualquier sitio. Te avisaremos para que pongas en funcionamiento la maquinaria!!! Cuñi.

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