El espejo de Luna

Entre las aguas tranquilas y plateadas, que lucen nuestros ríos y lagos, siempre aparece el resplandor de Luna; inmóvil, relajada, bella…, cada noche se asoma a este espejo para observar su esfera y lucir su brillo amable y tierno.

Cierta noche asomó su cuerpo por el balcón, para cumplir con su tradición nocturna, pero algo asombroso impidió su práctica, su espejo había desaparecido, las aguas no estaban, ¡era incapaz de verse! Ansiosa llamó a las nubes, las nubes al rocío, el rocío al viento, el viento a… Nadie pudo darle una explicación razonable de lo que ocurría, por lo que, nuestra presumida Luna comenzó a llorar.

El lamento se hizo intenso y de sus ojos brotaron caudales de lágrimas que poco a poco cayeron a la tierra.

Una voz, ronca y penetrante, acompañada de unos ojos oscuros y tiernos, rompió su sollozo:

─¿Porqué lloras? ¿Acaso dudas?

─¿Cómo?, ¿no ves lo que pasa? ¡No me veo!

─Pero eso no quiere decir que no estés, sino que no te ves. Ten paciencia, deja que el tiempo pase y… La voz, acompañada de sus ojos, desapareció.

Luna, tras seguir el consejo, veía como noche a noche, su cuerpo se transformaba hasta volver a ser ella misma. Siempre había sido ella, pero la oscuridad que la rodeaba le impedía descubrir su naturaleza.

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