«El monedero asiático»

Todas las mañanas tomamos café en el mismo bar y a la misma hora. Últimamente observo la llegada de un señor asiático, también más o menos a la misma hora, que, con la misma ropa, los mismos calcetines blancos enfundados en unos ajados zapatos marrones, a juego con la riñonera, entra en el bar sin levantar la cabeza.
No sé si mis compañeros de café se han percatado de su presencia, pero todos los días tiene la misma rutina: entra, se sienta en el taburete que está situado delante de la máquina tragaperras, saca una bolsa de plástico trasparente de su bolso, coge un puñado de monedas y empieza a meterlas, sin compasión, en la ranura correspondiente. 
En ocasiones, el tintineo y la música le acompañan la vomitada de dinero que emana por la gran boca inferior, pero en la mayoría de los casos, cuando vuelvo a mirar, ya no está en su sitio y descubro que ha abandonado sigilosamente el lugar. 
Según escuché al camarero se pasa la mañana así, de bar en bar, de máquina en máquina, recorriendo su «Vía Crucis» particular, y es que habemos personas con gustos para todos los colores. ¡A saber qué historia podría contarnos el buen hombre!
Hoy he decidido inaugurar esta nueva etiqueta. Ya son algunos los relatos de «Personajes y otros animales de compañía» que les he traído a esta esquina, así que creo que se merecen su propio espacio y, quién sabe, a lo mejor alguna de estás pequeñas historias te recuerdan a alguien, o a ti.

Gracias por leerme

2 pensamientos en “«El monedero asiático»

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