«Con una caricia»

Poco antes de que los domingos fueran tan grises y amargos, poco antes de que su último aliento de vida tuviera deseos de escapar por la comisura de los labios, Juan era feliz.
Entre sus mejores características cabía destacar que era buen estudiante, amable con las personas mayores, educado con sus amistades, cariñoso con sus familiares, agradecido con quienes lo cuidaban… Quizás por eso pedía y se le concedía. Tenía todo lo que un niño podía querer y necesitar, salvo la enfermedad, esa había llegado sin permiso. Era de las peores, de las que te debilita poco a poco. Quizás por eso pedía y se le concedía.

Como todos los domingos, su madre lo visitó en la zona de aislamiento del hospital, donde estaba ingresado. Él volvió a pedir: «Quiero ser una estrella». Ella, con todo su amor, en una caricia le cerró los ojos. El amargo deseo se concedió.
Gracias por leerme.

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