«La máquina sunsuneadora»

La
mente humana es muy calenturienta, pero gracias a eso, a algún
privilegiado mental se le ocurrió inventar un aparatejo cuyo
objetivo es obtener imágenes del interior del cuerpo de manera
indolora, para así poder descubrir las causas y diagnosticar los
diversos achaques que padecemos. Esta, al menos, es la teoría. El
aparato en cuestión es una Resonancia Magnética ―en
mi caso abierta que creo que la otra es una mezcla entre ataúd y
túnel de sadomaso.
Una
vez hecha mi primera experiencia en una de estas máquinas de
retratarse el interior del cuerpo, puedo afirmar que es cierto que
no duele, pero ¡acojona!, y eso que era la abierta, que la otra no
quiero ni pensarlo.
Imagíname
acostadito, callado y sin moverme. Con los piernas tiritando y ese
imán gigantesco a dos centímetros de mi cara. Todo un poema,
seguro. Me tiembla hasta el alma, que uno es muy valiente hasta que
el lobo enseña los dientes.
Cuando
logro controlar la respiración, y el comienzo de ataque de ansiedad,
siento como una voz de ultratumba me advierte de que voy a escuchar
un sonido constante. Por nada del mundo debo moverme. ¿Dijo sonido?,
¡estruendo! diría yo. Es horroroso. Un sun-sun constante va
penetrando en el coco. Pero yo como si nada, hierático, como los
dibujos de los faraones, con la cabeza de lado para no tropezarme con
la cosa que tengo sobre mi cabeza y poder coger un poco más de aire.
El
tiempo pasa y se me duerme hasta la uña del pie. Y aquello sigue
«sunsuneando»
sobre mi cabeza. Pasado un buen rato, quince minutos
dicen, escuchar de nuevo la voz de ultratumba informando de que ya
habíamos terminado, es un deleite. Más lo es el silencio cuando se
apaga.
―¿Y
esta es la abierta? ―Pregunto
cortésmente y en tono jocoso a la propietaria de la voz profunda.
―Sí
―contesta con una
hipócrita sonrisa en la cara―.
¿Verdad que es una maravilla?
―¡Fantástica!
―le espeto igual de hipócrita, que no voy a ser menos― pero si
puedo evitarla… 

7 pensamientos en “«La máquina sunsuneadora»

  1. CARMEN: jajaja puede ser eso.

    DRA JOMEINI: Uffffffff, pues no me lo puedo ni imaginar.

    JOSÉ GERARDO: Jajajaja, menos mal que ese día había comido judías, jajaja. No arregla, investiga.

    CUÑI: que me acongoja jajajaja.

  2. Soy ingeniero y trabajo en un gran hospital de Madrid en electromedicina, pienso colocar un link a tu entrada, que mis colegas tienen que leerlo ¡eres genial describiendo!
    Si es que nuestros "inventos" deberíamos mejorarlos …. ¡me cachis!

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