«Con la yema de sus dedos»

Sentir tus manos en mi nuca.

Sin decir ni una sola palabra, solo con el impulso ejercido con la yema de sus dedos, me pidió que echara mi cabeza hacia detrás y me recostara. Sin oponer resistencia cerré los ojos y permití que me guiara en el recorrido. En sus manos dejé mis pensamientos y mis deseos más íntimos.

Con cierta presión, y con calculada pasión, empezó a acariciar mi cuero cabelludo, permitiéndole a mis neuronas dejar por unos instantes su imparable actividad, hasta conseguir una ficticia desconexión.

Aquella chica sabía lo que necesitaba. Sus yemas se movían en círculo, abarcando toda mi cabeza, mientras su perfume, suave y embriagador, iba calando en mi, acompasando el abandono al que estaba siendo sometido.

Los deseos de que sus manos siguieran bajando por mi cuerpo se vieron satisfechos cuando rozó mis sienes, pero la llegada de un barbudo solicitando un retoque rompió aquel momento íntimo con mi peluquera.

Gracias por leerme

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