«Como si de la Cenicienta se tratara»

En esas ocasiones en las que la casa amanece como si de una leonera se tratara, me acuerdo de la buena de la Cenicienta, que siempre estaba hacendosa y no paraba de trabajar, limpiar y ordenar el hogar de su madrastra.

El pasado fin de semana, tras llegar cargado con la compra realizada en el supermercado y descargar en la cocina las cinco o seis bolsas grandes, las dos garrafas de agua, una de detergente para lavadora y otra de aceite tuve esa comentada sensación, sobre todo cuando miré para el fregadero y pude ver la pila de copas, vasos, calderos, sartenes…, fruto de la cena/baile acontecida la noche anterior en el salón de casa. que allí se acumulaban.

Como estaba solo nada mejor que poner un poco de rock en el equipo de música y comenzar la lidia.

En primer lugar colocar la compra; latas de atún, café, fruta, verduras… En mi cabeza retumbaba la musiquilla de mi época como maestro de Educación Infantil: “A recoger, a ordenar, cada cosita en su lugar…”

Como segunda tarea toca ordenar lavavajillas, como si de un “juego de Tetris” se tratara, en un vago intento de que quepan más cosas. Menos mal que lo tengo. ¡En marcha! Trabajo que me ahorro.

Copas de vino, agua y combinados tocan hacerlas a mano. Para ello nada mejor que colocar, tal y como me enseñó mi santa madre, un paño sobre el poyo de la cocina y así poder aumentar la zona de sacado sin peligro de choques y roturas.

La cuarta fase de la operación limpieza y orden, se inicia con los calderos y sartenes, que por aquello de no perder la capa de antiadherente, o por manía de viejo que empiezo a tener, prefiero limpiar también a mano. Todos colocados boca abajo.

Tras algo más de una hora, ya te dije que aquella cocina parecía otra cosa menos cocina, solo falta barrer, así que pillado infragante llegó el resto de la tribu, justo en el momento en que todo parecía estar terminado. ¡Que oportunos!, seguro que estaban esperando a que terminara.

Ahora el paisaje es otro. Así que nada más apagar la música que tanto colaboró en mantener el ritmo de trabajo y regresar a la cocina para regocijarme en el trabajo bien hecho, descubro dentro del fregadero, ¡y sin lavar! la cafetera que alguien dejó allí con clara intención, como diciendo: “Ceniciento, ya que estás, ¡toma!, no te creas que has terminado”. ¡Ya le vale a la madrastra!

Gracias por leerme.

7 pensamientos en “«Como si de la Cenicienta se tratara»

  1. Leo y veo, entendiendo, que estás hecho todo un «hombrecito de la casa», que lo sepas, no te tengo ninguna pena, es más… ¡bienvenido al club!
    Nada, chico, ánimo, que luego de la cafetera, seguro que aparece un vaso con café reseco en el fondo… nada, a por él, ¡que no se diga! achuchoncitos.

  2. Quitando unas cositas y poniendo otras, esa cocina podría ser la mía… ;-) Poco te duró la maravillosa sensación de limpieza y orden que trae el ponerse a las tan duras como necesarias labores del hogar, que son eso, los trabajos para hacer de un espacio tu propio y cálido espacio. Seguiré leyéndote, feliz Ceniciento.

    • Jejeje Tu sabes bien que siempre se puede quitar o poner cositas de un lado para otro. Me alegro que nos reencontremos en esta esquina. Un saludo

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