«La sonrisa que dibuja tu verano y mueve tu colegio»

El colegio hace un cierre momentáneo, pero que bien sienta.

Un colegio vacío es casi tan triste como tu cara sin esa sonrisa que tanto me gusta verte. Ha llegado el día en el que abandonas el aula para disfrutar del merecido descanso. Por un momento tu rostro dibuja esa ansiada sonrisa que significa «¡por fin!, ¡llegó el verano!». Me encanta verla. Pero vuelves la vista. Siempre vuelves la cabeza. La comisura de tus labios dibuja un sinfín de sentimientos. Allí los dejas, o eso crees tú.

Durante el curso seguro que has disfrutado de buenos y malos momentos, de tensiones en el claustro, de risas y fiestas con tus compañeros, de desencuentros, de acuerdos, de abrazos, de tristezas, del cansancio, de la fuerza aportada por sacar el grupo adelante, por hacer todo lo que está en tus manos, todo lo posible y a veces más… Tu sonrisa lo sabe.

Con tu alumnado te has enfado y reído a la vez, te ha sacado de tus casillas y les has demostrado amor eterno, pudiste impartir justicia en aquella pelea de patio, sentar a pensar para calmar los ánimos, acompañado en noviazgos rotos y sonreído al escuchar un piropo o una palabra agradable, abrazado momentos tristes… Tu sonrisa lo recuerda.

Las familias siempre han estado ahí, presentes, preocupadas, cercanas, esperando, dispuestas a todo o a nada, cada uno sabe lo suyo. Las has acompañado, aconsejado y escuchado… Esto del magisterio tiene muchos roles —¿Te acuerdas? algunas las narré en este post—, y tu sonrisa los dibuja.

Pero ha llegado el día que el colegio cierra. Tu miras atrás, moldeando en tu cara esa preciosa sonrisa en la que demuestras el orgullo de un trabajo bien hecho. Te marchas con ganas de descansar, de olvidar, de recargar pilas, de…, pero sabes que tus labios se mueven y los sentimientos citados, junto a otros muchos, dicen hasta septiembre, porque estudiaste magisterio, porque tu sonrisa es tu mayor ilusión y ésta mueve tu mundo, tu colegio.

¡Feliz verano!

Gracias por leerme.

P.D: Si aún te quedan ganas, no olvides repasar las recomendaciones que escribí para el verano (puedes repasarlas en este post)

«Amor inolvidable»

Hay sentimientos que no podemos olvidar

Era nuestro sueño inolvidable pasar la vida juntos, comprarnos aquella casa en las afueras de la ciudad, criar a nuestros hijos, viajar…, ser felices. Así nos lo habíamos prometido hace ya mucho tiempo.

Levanto la vista y veo la pared llena de fotos, en la que, como si fuera un expositor, todos esos recuerdos son mostrados a mi mente. ¿Lo conseguimos?

Ahora te miro. Siempre estás a mi lado, sentado en ese abombado y viejo sofá. No te reconozco. No sé si eres tú. No me acuerdo de tu nombre, y sé que a ti te pasa lo mismo, pero cada vez que coges mi mano y me sonríes, una mariposa recorre mi estómago.

Gracias por leerme.

«En este rincón, cuando no es Juana es la hermana»

Son asiduas a este rincón. ¿Conoces a alguna de las dos?

¡Pues sí!, lo sé. Llevo dos semanas sin aparecer por este rincón, pero te aseguro que ha sido del todo imposible, y eso que lo tengo como una de mis citas obligatorias de la semana, pero hay veces que todo se junta y no hay manera de cumplir. Ni con pastillita azul.

Las preguntas más repetidas que escucho, cuando tengo la suerte de hablar con alguno de ustedes es: «¿Cómo lo haces?», «¿Cómo te da tiempo para todo?»… Pero ya ves. Hay veces en las que no lo consigo.

Como te digo, en estas dos semanas se me ha juntado Juana —morena, metro noventa, ojos verdes…— y su hermana —que no la conozco de nada, pero la muy “hijadelagran…” le fue con el cuento a medio mundo y me he visto liado asistiendo a cursos, congresos, concursos, publicaciones, visitas escolares…, todo para poder disimular y decir que he estado trabajando duramente.

Lo bueno de no cumplir con mi cita durante este periodo, es que he tenido tiempo para pensar y recopilar material nuevo para varias semanas, así que prepárate porque la cosa sigue. Entre ellos contarte de que hay viejos proyectos que ya tienen forma si eres del grupo de maestras y maestros, en breve la tendrás en tus manos, que ya hace un año de le primera entrega—; si eres lector, ya has visto el par de cosas en las que he estado liado —además de Juana, claro—; y si estás entre las que les debo una ginebra, un cortado, una cena o un… ¿vuelta y vuelta?, que sepas que en cuanto me ponga al día quedamos.

De todas formas gracias por ser paciente, por esperarme y por pasearte por esta esquina cada vez que puedes.

Gracias por leerme.

«La segunda vida de un disco de vinilo»

Uno de mis vinilos preferidos.

Es increíble como hay días en los que pequeños detalles de la vida, como un viejo disco de vinilo,  regalan una sorpresa, una sonrisa y ofrecen una segunda oportunidad.

Uno de los protagonistas de la serie a la que estamos enganchados —ya comenté hace tiempo algo sobre las series en este post«Suits», un abogado de éxito de Manhattan, luce en su despacho una enorme estantería con una fabulosa colección de discos de vinilo y, como ya te puedes imaginar, mi pequeña colección de discos y la batalla siguiente han salido a relucir. 

Recuerdo perfectamente aquel viaje de fin de curso. Madrid, Toledo, Aranjuez… El típico trayecto que se hacía, a principio de los ochenta, con un grupo de niños y niñas de octavo de E.G.B.

Una de aquellas tardes paseábamos por los grandes almacenes de la capital del reino y allí lo encontré «Joe Coker live», ¡alucina! todo un doble LP que, sin saber muy bien cómo, me enganchó y consiguió que me gastara las dos mil pesetas que llevaba en el bolsillo, para comprarme algo de recuerdo de aquel viaje.

Un comentario de mi hijo hace unos días me dio la idea, así que, la tarde de ayer, me la pasé rebuscando en el trastero hasta encontrarla. 

La vieja caja perfectamente cerrada, tal y como la embalé hace años, estaba allí, guardando aquel precioso tesoro olvidado. La búsqueda vino acompañada por la carrera por conseguir un «tocadiscos», ya que el mío se rompió también hace años y nunca lo arreglé.

Hoy, después de tantos años, esa pequeña colección volverá a cobrar vida, pero ya no en mis manos, sino en las de una de las personas que más quiero en esta vida y que hoy celebra su diecisiete cumpleaños. 

A él le gusta la música, sigue con entusiasmo la serie, le asombra la colección de discos que luce Harvery Specter y creo que le hemos sorprendido con el que espero sea un hermoso principio para una colección con la que darle esa segunda oportunidad que todos nos merecemos y más, los discos de vinilo.

Gracias por leerme y ¡feliz cumpleaños!

PD: ¿Guardas tus discos de vinilo? ¿Los has vuelto a escuchar? ¿Cuál es tu favorito?

«Un, dos, tres, ¡al agua patos!»

Foto sacada, sin filtros, con móvil.

Acabo de darme cuenta de que no te he narrado la última aventura en la que me he involucrado. He comenzado a nadar. Pero será mejor que empiece por el principio.

Antes de terminar el pasado verano tuve una lesión que me separó de la cancha de padel y del gimnasio. En cuando corría un poco, la cadera me molestaba y no me encontraba con fuerza, ni con ganas de hacer nada. Después del periodo lógico de descanso y recuperación, con fisioterapia, aullidos a la luna y vinoterapia incluidos, llegó el momento de intentar volver a estar en forma.

Aprovechando la reapertura de una piscina cubierta y que mis hijos van a nadar allí, que los horarios son fantásticos y que el Pisuerga pasa por Valladolid, me llené de valor y ¡hala!, ¡al agua patos! (Nota: Yo voy con entrenador pero, por si te animas, aquí te dejo este plan para empezar)

Los primeros días los pasé con más penas que gloria. Llegaba al borde del agua perfectamente pertrechado con mi gorro de flores, mi bañador ajustado, las gafas de nadador último modelo y mucha ilusión. El flotador con forma de pato, las zapatillas, el albornoz, los manguitos y la dignidad, los dejaba por fuera. Ya había hecho el ridículo en esta otra actividad.

Tras algo más de un mes de actividad me encuentro genial. He mejorado bastante y cada día que pasa noto que nado con más ritmo y mejor estilo. El ánimo también ha mejorado, sobre todo cuando mis hijos —nadadores de otro nivel— me premian con comentarios positivos y motivantes del tipo:

—¿Cuánto hiciste hoy?

—Pues creo que cuarenta piscinas —para tu información la susodicha bañera es de 25 m. por lo que nadé un total de mil metros.

—¡Bien papá, bien!, vas mejorando —el comentario viene acompañado por unas palmaditas de ánimo en la espalda y una sonrisita sarcástica en la comisura de los labios, que me hace sospechar—; yo hice cinco mil metros.

No digo lo que pensé porque está feo pero…, él se fue descojonado al coche.

Gracias por leerme.

«Recordando una vieja historia de una rama de orégano»

Si es del campo tiene un sabor exquisito

Dar clase en una escuela unitaria tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Con el tiempo las cosas positivas pesan más en nuestra memoria y se reviven con alegría los pequeños acontecimientos del día a día.

Hace unos días me tropecé con uno de esos recuerdos. En mi aula estaba Miguel (nombre ficticio). Tenía 14 años y, de manera excepcional, estaba matriculado en sexto curso de Educación Primaria. Cuento esto para que te hagas una composición de cómo era. A esas edad, Miguel debería estar cursando 2.º de la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria), pero tenía un desfase tan grande que, aún sin ser diagnosticado como alumno de Educación Especial, no habría logrado ni leer ni escribir con soltura. Y no es que tuviera un retraso, o fuera, con perdón, más bobo que los demás, es que su entorno no era facilitador de estos aprendizajes.

La primera vez que lo vi supe con lo que iba a lidiar.

Era 1 de septiembre y yo me incorporaba a mi nueva escuela. Aparqué mi coche en la puerta del aula y de entre los brezos de mi derecha, puro monte, oí unos fuertes gruñidos, como los que emiten los osos en el Pirineo. Un jóven, sucio, descuidado, con camiseta raída y con más pelo que el que sería su docente, salió como animal enfurecido para averiguar quién era yo, y qué hacía allí.

—Soy el nuevo maestro —contesté bastante intimidado.

Pos yo soy eh Miguel ¡eh! —dijo dedo índice en alto— ¿Cuándo pega la escuela?

Me costó entender la frase. Él quería saber qué día empezábamos las clases. Tras indicarle desapareció de la misma manera, sin previo aviso, chillando como un poseso, para volver a refugiarse en el monte, como animal en celo.

Lo volví a ver el mismo día de comienzo de clase. Su madre lo traía a empujones por la calle. Llevaba ropa limpia y medio bote de gomina en la cabeza. El olor a Nenuco llegó antes que él. El resto de los niños rieron al verlo.

—Ya verá maestro —dijo una de ellas—, es más bruto que un arado y no sabe nada de nada.

La madre se presentó. El chico cabizbajo y totalmente dócil, no como la primera vez que nos encontramos, me tendió una bolsa plástica de supermercado, que en algún momento tuvo que haber sido de color blanco.

Tome maestro. Pá usté. E oriégano.

Mi cara tuvo que ser bastante clara ya que en seguida el muchacho aclaró.

Lo cojo ar lado de mi casa. ¡E naturá! Se cría solo con lluvia y meado de la perra.

Mi cara seguro que fué un poema. La madre cortó, con un cogotazo al chico, toda opción de réplica, obligándolo a entrar en el aula.

—No le haga caso maestro, ¡Es más bruto que un arado! ¡Este chico no sirve ni pa coger pinocha! Pá mi que es medio bobo…

Miguel terminó el curso con más pena que gloria. Fueron más los días que faltó a clase que los que acudió. Excusas para todos los gustos: recoger las papas, ir de cacería, recoger pinocha, ayudar en una obra… Ni que decir tiene que no tuve posibilidad de enseñarle a leer. No sé qué será de él. Solo espero que, tras este tiempo, siga criando productos ecológicos.

Seguro que tienes una historia parecida. O mejor. ¿Nos la cuentas? Si lo haces yo me animaré y me lanzaré con alguna otra.

Gracias por leerme.

«Por el color de la igualdad»

Un día para recordar que todas las personas somos iguales.

Parece mentira que tras toda una eternidad de existencia de esta humanidad, todavía hoy en día, y quizás este año con más fuerza que nunca, haya que dedicar ríos de tinta, esfuerzos y gritos a luchar por la igualdad de la mujer ante los hombres.

La vida de cada uno de nosotros, sin importar que seamos hombres o mujeres, siempre ha estado guiada y rodeada de mujeres. Aún así, nuestra casposa sociedad, es incapaz de establecer normas y leyes que, por otro lado no deberían ser necesarias, nos igualen como personas.

Nada más nacer necesité del abrazo, del pecho y del calor de mi madre para sobrevivir. Ella, junto a mi abuela, nos criaron a mi, a mi hermano y a mis hermanas. Somos quienes somos gracias a ellas. Eres quien eres gracias a las mujeres de tu vida y probablemente a otras muchas que quizás ni siquiera conoces, o no recuerdes, y que han hecho mucho por ti y por todos nosotros.

Hoy, día en el que las calles se visten de malva, visualizamos esa lucha por la igualdad. Por si no lo recuerdas se rememora el incendio de una fábrica textil en Nueva York, en el que murieron 129 mujeres que, encerradas en su interior, luchaban por sus derechos.

Según dicen esas empleadas estaban trabajando con telas de color violeta y de ahí el asociar este color con el de la lucha feminista.

Otra versión, del porqué de este color como símbolo, dice que se elige al ser el resultado de la mezcla del azul y el rosa, considerándose así como el color de la igualdad.

Ahora que lo pienso es un color que me encanta, sobre todo por lo que puede significar.

Significado de la palabra VIOLETA

Sea como fuere, hoy 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer desde que en 1975 la ONU lo proclamara. Así que aquí les dejo este mi pequeño reconocimiento.

Gracias por leerme.

PD: Como en otras ocasiones te propongo que juegues conmigo y des tu propio significado a cada una de las letras de la palabra «VIOLETA». ¿Te atreves? ¿Qué significa para ti el violeta?

«Convertirme en la bruja Lola y mis poderes premonitorios

Lo que me falta es comprarme una de estas.

Mi madre siempre nos ha dicho que tiene ciertos poderes adivinatorios. Hace tiempo que empiezo a pensar no solo en que tiene razón, sino que además éstos se heredan.

Un mes atrás me acordaba  por pura casualidad de (M) cuando, al abrir el Facebook, me enteré que le habían detectado algo y que ya estaba en vías de solución. Hoy, casualidades o premonición, (M) lo ha recordado, también en su Facebook, celebrando ese mes de éxito, y que ya está dando la lata, como siempre ha hecho.

He aquí el motivo por el que traigo a colación este post. La conjunción de dos acontecimientos de parecida índole, que me han llevado a pensar sobre este extraño embrujo que poseo.

El segundo de los casos es que, en la tarde de ayer, sin venir a cuento, mi pensamiento se fue a la búsqueda de mi gran amigo y hermano (F), del que hacía algún tiempo que no sabía nada. Llamé un par de veces por teléfono sin suerte lo que me produjo cierto mal estar. Cuando me cogió la llamada, sin más palabras, me llamó «brujo», como si de un insulto se tratara. Lo hacía mientras se reía porque hace tiempo que sospecha de mis poderes de bruja Lola. Estaba recién operado y no había dicho nada a nadie —o casi, todos sabemos que le gusta hacerse un poquito la víctima y es un poco llorona—. Todo le ha salido bien.

Hablamos un rato, nos reímos de la vida, de nuestras sombras y, en seguida, me acordé de aquella vez que en Los Abrigos, una señora nos paró para informarnos que ella tenía «poderes mentales e incluso curativos» —fue la expresión que usó—, y que a mí me señaló con el dedo diciendo «y lo sabes» —al más puro estilo Juli—, dando a entender algo que yo, en ese momento no entendí. Ahora creo que hablaba de nuestras semejanzas adivinatorias, aunque yo de curativo….

Total que como estoy en esas, ahora me he acordado de otras personas: (A), (B), (C), (D) y (E). Tranquilos, sé que todos están bien.. De (G), (H), (I) y (J) jamás he pensado en ellas; no sé si eso es bueno o malo. Pero ahí están. Mañana les llamo que al final no cuesta nada hacerlo y mantener a las amistades activas es siempre un placer. Tú también podrías mandarme un mensaje, más que sea dentro de una botella.

En cuanto a (P), siempre la sueño; a (X), rara vez la veo; a (M) y a las (S); las cosas les van rodadas. A los demás, que no he citado, prefiero ni hacerlo, por si las moscas.

Bueno, ya sabes, si estás en la lista que he citado estate tranquila que estás a buen recaudo, que lo mío siempre es para bien, pero si no eres de los que he citado, cuídate mucho, que nunca se sabe si estos poderes son ciertos.

Gracias por leerme.

P.D.: Entre otros de mis poderes quiero destacar el de servir ginebras, ¡qué quieres que te diga, las hago buenas de verdad!

¡Te toca a ti!: ¿Tienes algún poder? ¿Crees en ellos? ¿Cuál te gustaría tener?

«Preparando la adoración de Don Carnal»

¿Vas a salir algún día? ¿Tienes preparado tu disfraz?

Hace tanto que no salgo en los carnavales de Santa Cruzesta es la última vez que te lo conté—que no sé si estaré preparado para este fin de semana. Sí, amenazo con salir, y disfrazado, aunque primero necesito hacer un pequeño repaso a mis ideas.

Por lo que recuerdo de la tradición Don Carnal tenía fama de juerguista —esto ya me va sonando — y de gustarle la buena vida. Doña Cuaresma, por el contrario, era una mujer seria y muy religiosa, que odiaba los bailes y las celebraciones, por lo que el enfrentamiento entre ambos fue algo irremediable.

Según parece, Don Carnal resultó triunfador en la contienda y, tras la celebración de la victoria, Doña Cuaresma aprovechando un momento de debilidad, que imagino sería por culpa de la borrachera, para encerrarlo durante cuarenta días, hasta la llegada de la Semana Santa.

Durante el Carnaval, según parece, todo está permitido —esto no sé si lo recuerdo—, no existen los tabúes y hay libertad de acto y pensamiento. Así se celebra esta fiesta por todo el mundo, con disfraces y máscaras, alegría y desenfreno. Y en esas estoy, mentalizándome.

¿Me ayudas a revisar la lista de cosas que necesito?:

  • Disfraz (falda, camiseta, bolso, guantes y gorro). ✔️

  • Peluca.✔️

  • Maquillaje.

  • Colegas.✔️

  • Reserva para la cena.✔️

  • Bebidas.

Necesito tu ayuda que seguro que tienes mucha más experiencia que yo, o, al menos, la mantienes activada: ¿Me falta algo? ¿Algún imprescindible que notes que me falta? ¿Vas a salir? ¿Qué disfraz es el que crees que sería mi ideal? ¿y el tuyo?

Ya te contaré el resultado.

Gracias por leerme.

«Breve tratado sobre los efectos de la Luna»

¿Te afecta la luna de alguna manera? ¿Cómo?

Desde siempre, imagino que por su carácter enigmático y misterioso, la Luna ha estado presente en todas las culturas. En la mayoría de los casos con la creencia aparejada de que afecta a nuestro ánimo, comportamientos… y estados de locura transitoria. Si buscamos la palabra “lunático-a”, en el diccionario de la RAE, nos la define como «que padece locura, no continua, sino por intervalos». ¡Que casualidad! ¿Serán esos intervalos los mismos que las fases por las que pasa la Luna? ¿En qué intervalo estaré hoy? ¿Has leído el resto de mis breve tratados (aquí los tienes)?

Como bien sabemos, por lo menos los que estudiamos en la antigua EGB, la Luna tiene un ciclo de 28 días, al igual que los ciclos menstruales de las mujeres. Quizás venga de ahí la creencia de ese influjo que ya he comentado.

Puede que se me escape alguna, pero creo que la Luna nos afecta en:

  1. La Luna es un potente agente del romanticismo, continuamente es fuente de inspiración. Su cuerpo o su reflejo aparece reflejado y presente en historias, cuentos, poemas y canciones. Recuerdo parte de un poema, parte de una vivencia personal, de D. Miguel de Unamuno, que decía:

    «(…)Toda cabellos tranquilos,

    la Luna, tranquila y sola,

    acariciaba a la Tierra

    con sus cabellos de rosa

    silvestre, blanca, escondida (…)»

  2. Según nos cuentan las matronas, y la tradición de nuestras madres, la Luna también ejerce su influjo sobre las parturientas. Seguro que has dicho o escuchado, muchas veces, la frase: «Hoy hay luna, hoy te pones de parto».

  3. Bien conocida, quizás por ser hijo de marino, es la influencia que tiene sobre Las mareas, por la fuerza de atracción que ejerce la Luna sobre la Tierra. Esto sí es un hecho probado científicamente. (Aquí se describe bien el proceso).

  4. Según las creencias populares, la Luna, también afecta al clima, aunque no sé si esto está probado. Dos refranes me se al respecto: «La luna roja barrunta viento; la blanca sereno y se tiene jaldía, vientón de infierno» «Niebla en Lunada, por la tarde y no por la mañana».

  5. Con la Luna Llena siempre me acuerdo de mi abuela. Según me contaba siendo yo niño, atraía la buena suerte y el dinero, así que nos asomábamos a la ventana y, alzando una moneda, con una mano y sosteniendo, en la otra, un monedero abierto, recitábamos tres veces, el siguiente verso: «Luna lunera, cáscabelera, que tan llena como tu estás, llena me vea». Al terminar dejábamos caer la moneda dentro del monedero y lo cerrábamos rápidamente.

  6. Por supuesto no me puedo olvidar de relacionar a la Luna con la celebración de aquelarres, misas satánicas o la aparición de bestias antropomorfas: el hombre lobo, el hombre del saco…

  7. Con respecto a esto último, se piensa que en función de la fase en la que esté la luna, nos crecerá más rápido el pelo, al igual que en otras fases se nos caerá más. De ahí el mito del hombre lobo.

Por último concluir que, la Luna llena provoca euforia y alegría, la Luna menguante es tiempo de depuración y limpieza, la Luna nueva momento de inestabilidad e incertidumbre y la Luna creciente da lugar al crecimiento y ascenso.

Así que, asómate a la ventana y dime: ¿Cómo está la Luna? ¿En qué fase estamos hoy? ¿Como te encuentras anímicamente? ¿Te afecta la luna de alguna manera? ¿Cómo? ¿Qué tal vas de pelo?

Gracias por leerme.