«Hace un frío de mil pares de…»

¿Pelete? Pues no sé porqué lo dices.

Hoy, que acabo de llegar del dentista, y con el frío que hace, no estoy para muchas invenciones, así que, como sé que te gustan mis locuras y pequeños disparates te traigo un nuevo reto, en la línea del que hacíamos hace ya algún tiempo, a partir de una peluca o el que hicimos, mucho más atrás, con un pepino. ¿Los recuerdas? ¿Te atreves a jugar, de nuevo, conmigo?

Pues imagínate, tras estar un buen rato soportando todos esos artilugios, hurgando en mi dentadura, estoy con la boca hinchada y con bastantes molestias. Como todos sabemos, el frío es bueno para bajar las inflamaciones, así que decidí salir un rato a la terraza para ver si el aire fresco me ayudaba un poco y le aliviaba mis dolores.

Al ver cómo quedé, por culpa del «pelete» que hace, que hasta las lágrimas se congelan, se me ocurrió esta tontería.

El juego que hoy te propongo es sencillo. Cuelga una foto tuya aquí, o en Facebook, o en Twiter, en la que el hielo, junto a tu singular personalidad, sea el protagonista. No es difícil y según cómo te lo montes puede ser muy divertido, sobre todo si los demás hacemos comentarios y aportaciones, igual de estúpidas que este juego. ¿Te atreves? Estoy esperando.

PD: Ya que saqué la hielera del congelador, aprovecho y me sirvo un gin-tónic. Mejor dos. ¿Quieres?

Gracias por leerme, y jugar conmigo.

«¿Te encerrarías conmigo en un ascensor?»

Solo mirar este ascensor, tiemblo.

¿Sientes claustrofobia? ¿Alguna vez te has quedado encerrado o encerrada en un ascensor? ¿Qué es lo que te pasa en una situación así? ¿Te encerrarías conmigo en un ascensor?

Te confieso que tengo pánico a quedarme encerrado en uno. En situaciones normales subo y bajo las escaleras, las veces que hagan falta y los pisos que hagan falta, no me importa.

Como en todo, siempre hay una excepción. A primera hora de la mañana, cuando llego al trabajo y aparcamos el coche, en la planta menos dos, como reconozco que no tengo fuerzas para subir andando hasta la zona en la que tenemos el fichaje, me monto en él, eso sí, miro de reojo las luces del tablero de mando. Después sí que subo hasta la cuarta planta, a pata.

Intentar describir lo que siento en una crisis de claustrofobia no es fácil. Veamos:
«Cuando me he quedado encerrado mi cuerpo empieza a sentir un pequeño sudor, que va mojando mi frente. La respiración empieza a entrecortarse y parece que se me cierra la garganta, impidiendo la entrada de aire. El sudor continua espalda abajo y eriza mi vello. Mi mente se obnubila y soy incapaz de razonar. Las contracciones musculares se hacen visibles y no puedo parar de moverme. La respiración se acelera. El corazón cada vez palpita con más ritmo. Al principio, poco a poco, intentando mantener la compostura, me quito la chaqueta, me remango las mangas de la camisa…; después, con avidez, desabrocho los botones que me oprimen y el jadeo empieza a hacer su presencia. Mis manos no paran de tocar. Me descontrolo. Recuerdo chillar, aullar, gemir y, por último…».

¡Ups! yo quería hablar de las sensaciones de la claustrofobia, pero al parecer, las mentes sucias que están leyendo esto, despacio y en voz alta, están pensando en otra cosa.

Gracias por leerme.

«Verdades divinas»

Hay charlas con el Supremo que, quizás, es mejor no tener.

(Semana 1. «52 retos de escritura para el 2018» #52RetosLiterup)

Dios me puso en el paraíso y me acompañó de Eva. Nunca he tenido muy claro las razones de esto. Quizás no quería verme solo; quizás asombrado de lo bien que me hizo, quiso repetir su éxito; quizás fue para darme más sabiduría; quizás…

—¿Qué andas farfullando Adán?

—Hola Dios, no sabía que podías escuchar mis pensamientos.

—Hijo mío, yo lo lo puedo todo, aunque a veces Adán, a veces pienso que… Bueno, dime.

—¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Por qué hiciste a Eva tan agradable?

— Es evidente, para que te sintieras a gusto a su lado.

—¿Porqué la hiciste tan habladora?

—Para que sus palabras te hicieran compañía.

—Y, y…y, ¿por qué la hiciste tan sexy?

—Es evidente Adán, para que te enamoraras de ella.

—Dios, ¿Por qué parece tan tonta?

—¡Parece tonta dice!, ¡parece tonta!, ¡ja, ja, ja! ya te enterarás ya, ¡ja, ja, ja!…

—Dios no te marches, ¿Dios?, ¿Dios? ¿Porque ríes de esa manera? ¡Me estás asustando! ¡Diossssssssss!

Gracias por leerme.

«Como una puñetera cabra»

Como una puñetera cabra. Lo sé.

Semana 0 #52RetosLiterup

Siempre me lo has dicho, ¡estás como una puñetera cabra!, lo sé. en esta ocasión ya te estoy dando la razón.

Resulta que con esto del año nuevo me he venido arriba y he decidido apuntarme al reto literario «52 retos literarios para el 2018», que proponen los de LITERUP. A partir de ahora cada martes tendrás una nueva entrada en el blog. Ni que decir tiene que tus comentarios, «likes», «RT» y… son de agradecer.

La cosa va mas o menos así: Ellos proponen 52 temas o condiciones que cada semana debe cumplir el texto así que cada uno de ellos deberá cumplirlo. Además deberán estar identificados con el #52RetosLiterup.

Este post lo utilizaré a modo de índice —por eso aparece como semana 0—, colocando al lado de cada una de las propuestas semanales, un enlace para que puedas acceder a todos ellos sin necesidad de volverte tan majareta como yo.

Condiciones de los textos:

1. El argumento de tu relato es tu chiste preferido. (Aquí lo tienes)
2. ¿Recuerdas tu peor noche? Cuéntala desde el final hasta el principio.(Aquí lo tienes)
3. Piensa en tu libro favorito e imagina un fanfic, pero con animales. (Aquí lo tienes)
4. Crea un relato sin adjetivos. (Aquí lo tienes)
5. Te toca escribir un relato de fantasía épica. (Aquí lo tienes)
6. Vete a tu diario (papel o digital) favorito y busca una noticia rara. Escribe el relato como si fueras uno de los protagonistas.
7. Haz un relato ASMR para que tu lector se relaje leyéndolo. Suelen desarrollarse en entornos naturales, con cuentas atrás, descripciones muy detalladas y mucha sinestesia. Si estás un poco en blanco te recomiendo que entres en algún canal de ASMR como el de Luna Cántor para entender qué es.
8. Desarrolla un relato en el frente, en la Primera Guerra Mundial en concreto.
9. Tienes prohibido utilizar la palabra “locura” (y cualquiera de su familia). Tu relato se desarrollará en un manicomio.
10. Describe una pesadilla que hayas tenido, pero en tercera persona. Y sin expresar sentimientos. Ah, se me olvidaba: es de terror.
11. Esta semana tienes tema libre pero sin descripciones: solo diálogo (y acotaciones).
12. Esta semana toca un relato con una canción o poema como tema central de tu texto.
13. Alguien le deja anónimos a un profesor de primaria. Aparece el cadáver de un niño en el patio. Narra qué ha pasado.
14. Tu texto empieza con “si yo soy creyente, pero no he podido evitarlo” dicho a un policía.
15. Escribe un relato en que tres personajes mitológicos (no importa la cultura) son los protagonistas.
16. ¿Cuál es el personaje que más odias de la literatura? Narra una cita con él/ella en la que acabas muy enamorado/a.
17. Busca “objeto” en Google Imágenes. La penúltima foto te presentará al protagonista de tu relato.
18. Imagina pasar un día con la persona a la que más admiras del mundo.
19. Piensa en tu personaje de la infancia favorito (Anastasia, Ariel, Vaca y Pollo..) y haz que haya cometido un asesinato. Describe cómo ha llegado a matar.
20. Un relato que acabe con “Yo por mi hija MA-TO”.
21. Te damos una frase como punto de partida y lo demás lo añades tú:”¿¡Qué hay en la caja!?”
22. Un/a anciano/a tiene que rescatar a su nieto y solamente puede contactar con el secuestrador con un iPad. Nárralo en clave de humor.
23. Ponte un poco escatológico y cuenta un nacimiento.
24. Te han secuestrado y eres ciego. Tienes una hora para salir o estás muerto.
25. Piensa en tus tres novelas favoritas. Coge al protagonista de la uno y la dos y crea una historia con ellos en el universo de la tres.
26. ¿Qué pasaría si un dictador de tu elección fuera en realidad el bueno? Intenta ofrecer un relato irónico (por favor) sobre cómo se defendería ante el mundo.
27. Abre un diccionario (o un libro común en su defecto) y la primera palabra que te aparezca será el arma de Chèjov de tu relato.
28. Un relato que comienza en clave romántica, pero desde el punto de vista de un/a maltratador/a. Empieza “engañando” al lector y ve poco a poco creando esa atmósfera de acoso.
29. Mata al chico. Literal o figuradamente, mata a esa figura infantil que habita cerca de ti, Jon Nieve.
30. Enhorabuena, esta semana el tema es libre, pero sin utilizar una sola vez la “e”.
31. Escribe una escena de sexo, pero narrada por un mirón.
32. Un relato en que aparezcan las siguientes palabras: longevo, galeón, Whatsapp y uña.
33. Mata (en el papel) al profesor que más odiaste en tu vida estudiantil.
34. Tu protagonista tiene que ser una guerrera.
35. Imagina que eres un personaje histórico relevante y describe el día de tu muerte con su filosofía.
36. El aclamado apocalipsis zombi ha llegado. ¿A quién salvarás: tu madre, tu pareja o tu mascota? Solo puede quedar vivo uno.
37. Un asesino anda suelto por tu ciudad y tienes que ayudar a la policía a atraparle.
38. ¿Sabes lo que es la sinestesia? En tu texto tendrás que describir cambiando los receptores de los sentidos.
39. Pon la oreja en una conversación en la calle. Escríbela en forma de relato llenando los huecos.
40. Escribe en primera persona del plural en presente de indicativo un relato con tres tristes tigres como protagonistas. Puedes empezar con “Nosotros comemos trigo en un trigal…”
41. Lo siento, pero vas a tener que acabar un relato con “un sueño de Resines“.
42. Escribe el relato de una persona invisible que se cuela en su lugar favorito del mundo.
43. Toca un relato en clave de thriller redactado en segunda persona.
44. Escribe La Odisea, pero con un perro de protagonista. O cualquier otro animal, escoge sin miedo. Total, es tu cuento.
45. ¿Qué pasaría si uno de tus padres matase al otro? Escríbelo en futuro.
46. Imagina que fuera el último día de tu vida. Comienza en clave de humor, pero tienes que acabar provocando una lagrimita.
47. Relato de tema libre pero descriptivo, sin un solo diálogo.
48. Tu texto es el día a día de una persona atrapada en el cuerpo de otra. Lo sabe desde hace años y lo asume como algo normal, pero no olvida su vida de antes. Puedes darle un tono filosófico, psicológico, de terror, fantasía…, como quieras.
49. Para esta semana toca un cuento de piratas.
50. ¿Sabes lo que es la prosa poética? Pues será tu forma de narrar esta semana.
51. Reescribe el final de la última película que has visto.
52. Has matado a alguien y tienes que deshacerte del cadáver la noche del 31 de diciembre.

Como ves la oferta es muuuuuuuy variada. La locura en la que me veré envuelto está servida. Esta noche comienzo. Vamos a ver qué pasa.

¿Seré capaz de cumplir el reto? ¿Estaré a la altura de las circunstancias o me he meado fuera del tiesto? ¿Apoyarás esta locura mía?

Gracias por leerme.

 

 

 

«Aquella acertada decisión»

Hay veces en que parece que no sabemos si ir o ir. Yo que tú iría. Ya dirás adónde.

¿De qué decisión no te has arrepentido nunca?

Como sé que te gustan mis batallitas, hoy te voy a contar una, pero me gustaría que, a cambio, compartieras una de las tuyas.

El septiembre pasado hizo veinte años que pertenezco al glorioso Cuerpo de maestros —sí ya sabes, esos gladiadores de los que te hablaba en este post—. Saqué mis oposiciones tras trabajar durante un par de cursos en la enseñanza privada. Buenos años aquellos, pese al horario, al poco sueldo, la masificación del aula, la fiscalización constante que hacía el propietario del centro… Muchas cosas aprendí que, sin duda, me ayudaron a aprobar esas oposiciones a maestro.

Lo mejor de todo es cómo tomé la decisión de presentarme a los exámenes, que también explica porqué te traigo hoy está historia.

Recuerdo una cena que se organizó con el profesorado del colegio para celebrar el Día del Maestro —ahora diríamos Día del docente. Aunque hoy no es el día, el de verdad, es el que se usa para su celebración oficial, por eso tienes a tus hijos sin cole, y por eso te traigo a colación esta historia—. Como te decía, la cena se prolongó lo suficiente como para terminar tomando unas copas en un bar de La Laguna —ya cerrado y famoso por las parrandas que allí se montaban—.

Como te podrás imaginar, entre el vino consumido durante la comida, los licores para hacer la digestión y los cubatas que nos bebimos en el citado local, a algunos de los presentes se les aflojó bastante la lengua.

Uno de esos, con lengua de estropajo, resultó ser uno de los jefes. En un momento, de lo que yo pensé que era de «exaltación de la amistad», me cogió por banda y comenzó a darme la murga con lo importante que era el trabajo en equipo, lo contentos que estaban conmigo, la importancia de mantener en el espíritu del centro vivo, y bla, bla, bla. Pero cometí un error de concepto, aquel era otro momento, el que se conoce como la «sinceridad del borracho». El fulano me dejo de piedra cuando, después de tanto halago, me confesó que, pese a todo, me tendría como personal eventual tanto tiempo como le fuera posible. «¡Qué cabrón!» pensé en ese instante. En un periquete se me bajó el lote y el destrozó la noche. Pero aquel comentario, sin él pretenderlo ni yo saberlo, me enseñó mucho, colaborando a tomar una de las mejores decisiones de mi vida.

A la mañana siguiente, una vez pasada la resaca —en aquella época, como estaba entrenado en salidas nocturnas, la cosa no iba más allá de las 11:00 o 12:00 de la mañana—y con aquella sinceridad del borracho ya digerida, me fui a una academia y me matriculé, para empezar la preparación de las oposiciones, ese mismo lunes.

Cuando se convocaron las plazas una de mis compañeras más veteranas, que había sido testigo de aquella conversación con el jefe, cada vez que tenía oportunidad, por lo bajini, me repetía «Preséntate a las oposiciones. No hagas como nosotras, pero no se lo digas a nadie.». Yo la miraba, sonreía y decía: «Deja ver, deja ver, que entre el trabajo, la objeción de conciencia, la casa…». Siempre la dejaba hablar y yo, como un zorro, me callaba.

Cuando a los meses le dije que había aprobado y le di las gracias, su abrazo fue enorme uno de los más sinceros que recuerdo —también, por lo bajito me llamo cabronazo jejeje.

Pues aquí estoy, veinte años después, con aquellos «delitos» ya prescritos y recordando que, gracias a la borrachera de uno y a las palabras de la otra, esa fue una de las mejores decisiones de toda mi vida. Hay otras, pero esas las dejamos para otro ratito.

Ahora te toca a ti. ¿Me cuentas una batalla de las tuyas?

Gracias por leerme.

«Noche ideal para hacer una tontería»

«Tonto es el que hace tonterías»

Hoy tengo ganas de que compartamos una tontería. Para mí estos días están siendo de mucho trabajo, ya que tengo varios proyectos en marcha que me están absorbiendo bastante energía, por lo que llevo días dándole vueltas a la cabeza a este post de hoy y tres cosas me han venido a la memoria.

Por un lado el querido Forrest Gump y aquella célebre frase, «tonto es el que hace tonterías», que tanto nos emocionó allá por 1994 —aquí te dejo el link con un resumen de esos grandes momentos de la película—.

También, me he acordado de aquel post con el que tanto nos reímos, «Pepinos day» en el que te retaba a colgar una foto tuya con pepinos en la cara, a cuenta del comentario sobre actividades saludables que había publicado una amiga.

Por último me he acordado de un gran personaje que tengo como compañero de fatigas de siempre. Él ya tiene una mente muy despejada, no diré que es calvo, pero casi, y cada vez que nos reunimos nos hace reír colocándose una peluca que se encargó en uno de sus viajes. Ni que decir tiene que según avanza el día o la noche, la peluca va rodando de piojo en piojo.

Así que, mezclando un poco de aquí, y otro poco de allá, de nuevo, la propuesta es tan sencilla como estúpida. Te reto a que, así, sin venir a cuento, me acompañes en esta tontería y cuelgues una foto tuya en Facebook con una peluca o con lo que tú quieras.

Puedes usar el hashtag #peluca y ya veremos qué pasa. Por lo menos nos reiremos un rato.

¿Te atreves?

Como tonto es solo el que hace tonterías, me adelanto, que ya tengo hecho el curso.

Gracias por leerme y jugar conmigo.

«Breve tratado de la nalgofilia en los chats»

Quizás no estabas pensando en este culo, pero también cuenta.

La nalgofilia está de moda en el chat, de esas maestras «de mente sucia», que no paran de enviar fotos de nalgas masculinas. Como es de suponer, los pocos chicos que estamos activos contraatacamos con el material que disponemos en nuestros teléfonos, que no es poco.

Según parece la nalgofilia es una de esas pequeñas «perversiones» sexuales que sufrimos muchas personas, hombres y mujeres, por la que se nos van los ojos hacía los glúteos (culo, trasero, nalgas, cachas, posaderas…) de los demás. Según sean estos ya nos encargaremos de admirarlos, criticarlos…, morderlos, sobarlos, azotarlos…

De manera tradicional siempre se ha considerado que lucir unas buenas caderas y un buen culo, era un eminente símbolo de fecundidad. Muchas culturas idolatraban figuras femeninas con estas características físicas. También cabe penssar que por nuestra herencia animal, en la que recordemos la pareja es abordada desde atrás, tenemos latente ese deseo.

Caminar por la calle y fijarnos en los culos es algo habitual, aunque no lo reconozcamos. De ahí que se utilicen tanto como reclamo en distintas campañas publicitarias, haciendo notar las distintas formas tamaños, firmeza…

¿Existe alguna clasificación oficial de culos?

Por lo que he intentado averiguar no la hay, así que puestos a clasificar y a realizar listas, veamos qué podemos hacer.

  1. Culo respingón.
  2. Culo fofo.
  3. Culo cuadrado.
  4. Culo melón.
  5. Culo plano.
  6. Culo prieto.
  7. Culo gordo.
  8. Culo peludo.

Según este pequeño listado hay culos para todos los gustos. Si me permites un consejo, elige el que más te guste —me refiero al de otra persona, el tuyo se arregla en el gimnasio o el quirófano. Te puedo pasar contacto de ambos—, pero antes, y si te dejan, te recomiendo que lo observes de distintos ángulos, ya que no conviene precipitarte, ver el resto del cuerpo y cabeza que lo acompaña…, antes de tomar la decisión. Si aún así tienes dudas, siempre puedes acudir a un palpador profesional, que para eso estamos los amigos.

Retomando lo que decía al principio el chat se vuelve loco con tanto culo, fotos y fotos, así qué, como estoy seguro de que has leído con atención este post —admítelo, ¡te gusta un buen culo! —, lo que espero ahora es que te retrates y digas lo que piensas:

¿Qué tipo de culos te gusta más? ¿Estás a gusto con el tuyo? Para ti, ¿qué es un buen culo? ¿Podrías definir, al menos uno, de los culos de la lista citada?

Gracias por leerme.

«No hablaré del process, prefiero el fútbol»

Prefiero hablar de fútbol antes que del process

En otro momento hablaría del gobierno, o del process, o de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI)…, pero como estos temas está lo suficientemente caldeados, y seguro que tú también estás un poco hasta los cullons, he decidido que hoy hablaré de fútbol, que me gusta menos, pero que creo que es bastante acertado.

En un partido del deporte rey de este país, en el que se enfrentan dos clubes rivales, la mayoría de las luchas no está en el campo de juego, sigo que se acomete en las gradas. Ambas aficiones exhiben su poderío con sus peñas de aficionados, sus cánticos, banderas…

En toda casa en la que hay forofos, las discusiones en las reuniones terminan por prohibirse, ya que el uno siempre pretende imponer su voluntad o forma de ver las cosas, sobre el otro. En todas ellas todos los afectados conocen y discuten el reglamento, que es el mismo para todos, aunque cada uno lo interprete de forma distinta.

En todos los partidos los árbitros y jueces, de linea, tienen la obligación de hacer cumplir la norma e interpretarla. Si, por ejemplo, se saca una tarjeta amarilla, las protestas —del público, de los jugadores y del banquillo— suelen ser sonoras, pero la misma queda registrada. Si hay una tarjeta roja, la expulsión es inmediata, se protestará, se discutirá…, pero en ese momento, la decisión arbitral, se acata. Lo mismo ocurre si hay faltas, se lanzan; si hay penaltis, se tiran; si hay fuera de juego, se anulan los goles…

Los árbitros, en estas situaciones pueden equivocarse, ¡claro que sí!, pero en ese momento se hace lo que ellos dicen, ya que son la autoridad competente en el campo, y si no se está de acuerdo se eleva la protesta a los organismos superiores, los que, con el reglamento en la mano y estudiando cada caso, solventan las diferencias. Agotadas las vías la norma se cumple. En los bares, los gimnasios, las casas, los clubes, la televisión… se seguirá protestando, pero la liga sigue y al final siempre llega la copa.

La pena es que el fútbol es solo deporte, que si lo pudiéramos extrapolar…, como decían los grandes Tip y Coll, «otro día hablaremos del gobierno». ¿Te apetece?

Gracias por leerme

«Una comida familiar o la llegada del Apocalipsis»

Cargando el apocalipsis

Cuando se convoca una comida familiar y toda, o casi toda, la familia se reúne en torno a un mantel, se sabe cómo se empieza pero no cómo, ni cuándo se acaba.

El libro del Apocalipsis habla de cuatro jinetes, que montados sobre cuatro caballos de diferentes colores, son liberados poco a poco sobre la Tierra originando distintos acontecimientos. De igual manera, una comida familiar puede ser azotada por dichos jinetes que en sus caballos pueden ejercer su oficio. De esta manera y comparando las dos citaciones anteriores, nos podemos encontrar con que:

1.- Montados sobre CABALLO BLANCOel jinete de la victoria—, los patriarcas, que orgullosos de que la familia estuviera junta colaboraba en reunirnos a todos en casa de «la madrina» de los más pequeñajos de la casa.

2.- Sobre el CABALLO BERMEJOel jinete de la guerra,«la madrina», que con lenguaviperina aprovecha la más mínima oportunidad para atacar a todo bicho viviente —incluso se atrevió a retarme sobre este blog—, levantando polvo mientras aireaba historias de su juventud, y la de otras, en las que las gallinas parecían tener cierta relevancia.

3.- Los que galopaban sobre el CABALLO NEGROel jinete del hambre—, como la ingente cantidad de comida fue abrumadora, estos no tuvieron mucha suerte, aunque si se les notó el intentó de hacer de las suyas colocando obstáculos para que la barbacoa encendiera, sin tener que llegar al extremo de avisar a los bomberos por la cantidad de humo que se acumuló en el porche, o sirviendo el buen vino en vasos de plástico ¡habrase visto!, menos mal que el consorte sufridor y buena persona —o casi— dotó de copas —todas distintas, eso sí—, a tan nutrida y selecta concurrencia. Referencia especial al selecto ron, traído de tierras cubanas, según se informó, pero embotellado, por lo menos, en Casteldefels, según se descubrió en la etiqueta, que teía un sabor que se dejaba querer.

4.- Desbancada sobre la silla del CABALLO BAYO el jinete de la muerte—, quedó «lamadrina», que intento tras intento al final logró, pero en esta ocasión por otros motivos, que su comadre se desplomara sobre un sofá superada por la presencia de sangre y dolor.

Al final, terminamos semialcoholizados, pero queriéndonos y abrazándonos más que nunca, con la serie proposición de no dejar pasar tanto tiempo para repetir una de estas, esta vez en el norte, que Invernalia también existe y además de jinetes del apocalipsis, podemos aportar trolls y otros animales salvajes.

¿Cómo son tus reuniones familiares? ¿También se desbocan los caballos? ¿Algún consejo?…

Gracias por leerme.

«Desayuno compartido en un gallinero»

DESAYUNO COMPARTIDO EN UN GALLINERO

El desayuno compartido, al igual que el resto de las comidas que se toman a bordo, es uno de los momentos considerados por las agencias de viajes, como una fabulosa oportunidad que se les brinda a los cruceristas para conocer a otras personas —en este post encontrarás más de mi cruceroPersonaje novelero que soy, no me lo iba a perder, así que decidí que quería vivir que se siente, sentado en una mesa con totales desconocidos.

Como soy madrugador, una de esas mañanas de navegación, acudí al comedor compartido. Muy amable el maître me dio los buenos días, me preguntó si estaba solo y me acompañó a una de esas mesas compartidas.

Fui el último en llegar, por lo que todas las miradas y saludos se dirigieron a mi persona. «Hello guys» Acerté a decir con mi oxidado inglés madrugador y de medianías. ¡Ups! quizás no fue del todo apropiado echando un primer ojo a mis compañeros de mantel.

Empezando por mi derecha las cuatro clásicas señoras de color, made in USA, con sus pelucas, sus grandes senos, su kilo y medio por centímetro cuadrado de maquillaje…, que me sonrieron muy amablemente, mientras me escrutaban de arriba a abajo. No pararon de cotorrear y de comer ingentes cantidades de todo.

A su lado, una cacatúa con pinta de ricachona viuda y ojos lascivos, que enseguida se lanzó a tenderme la mano para presentarse, o enseñarme sus grandes anillos y reloj de oro, y sacarme hasta el número del DNI desde el primer asalto «Hello, my name´s… I´m from Utah. Where do you from?». Y yo sin tomar café, que va. Contesté como pude, antes de sentarme. Esta comía en plan sanote: fruta, avena, zanahoria cruda…

Los siguientes eran una pareja de gays, de los que vivieron la movida de los 80 a tope en San Francisco, se les notaba el casque de sus cuerpos, con sus plumas al cuello y todo. El tembleque de sus manos apenas les dejaba comer. Hasta que se lanzaron el tercer Bloody Mary, a partir de ahí se convirtieron en otra cosa. No veas como me reí. Hasta bailaron y cantaron a duo.

Por último una pareja, española ella con acento de película del oeste, y de Dallas el, con sombrero vaquero y todo, que les dio por bendecir la mesa. Imagínate la cara de todos los demás, ya con la fruta —bueno la viuda la tenía entre los labios operados, mientras me miraba, para mí que… (esa puede ser otra historia)—, o los huevos, o los pancakes, o todo junto en la boca, como las cuatro chicas de oro. Que va…

Total que me pido un típico desayuno yankie, con mantequilla de cacahuete y todo, y allí estaba yo. intentando desayunar mientras que el personal intentaba sonsacarme el porqué desayunaba solo, cómo era posible que un canario estuviera en aquel barco, qué había visitado, qué iba a visitar… y yo sin tomar café. Que va…

Tras más de hora y media en aquella mesa, la barriguita llena, pero la cabeza como un bombo, no esperé a que el resto terminara. Esto de conocer gente debe de hacerse de otra manera, o yo no estoy preparado para tanta novelería. Necesitaba despejarme y relajarme así que me fui a la barra del bar a tomarme un café solo, doble y repensar que esto de compartir manteles con tanto gallinero puede ser, más que aconsejable, un verdadero suplicio del que no tengo necesidad. Paso del café, tráigame dos bloody Mary.

Gracias por leerme.Desayuno