«Una de ganso»



(Extraída, sin permiso, de San google)



Un año más, el pasado sábado celebramos la ya tradicional cena anual del ganso, la «Weihnachtsgans».
Al parecer, y según cuenta la leyenda, el día en el que iba a tener lugar la elección de los nuevos obispos, San Martín se escondió en un establo ya que no deseaba ser nombrado. Un ganso le delató con sus graznidos, revelando su escondrijo. A partir de ese momento se dio pie para usar al animal como pago de tributo el día de su onomástica, por tanto, a partir del once de noviembre, y hasta finalizar febrero, los germanos tienen la costumbre de vestirse de gala y comer ganso.
Nosotros, en compañía de unos buenos amigos y aprovechando el origen alemán de la familia anfitriona, hacemos nuestro especial brindis a la amistad reuniéndonos en torno a este fabuloso guiso. 
La degustación resultó exquisita. El animal en su punto, por algo ha estado varias horas, colocado de lado, al abrigo del horno, y cambiado de posición tras cuarenta minutos, para repartir de forma armoniosa sus jugos y conseguir que la carne quede jugosa y la pechuga  crujiente.
Otro aspecto importante es el vino, ¡que une que ser tinto!, y no blanco como, por despiste, pretendía el anfitrión. Menos mal que la bodega está surtida y pudimos subsanar el error, aumentando la cantidad de alcohol en sangre.
Por suerte, los “no invitados”, que nos turbaron la fiesta el año pasado, no se presentaron y pudimos llegar, sin hacer el ganso,  sanos y salvos a casa.

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