«Y soplaré y soplaré, y la casita derrumbaré»

Si los tres cerditos, allá donde quiera que estén, levantarán la

Extraída, sin permiso, de San Google.

cabeza, creo que se quedarían totalmente estupefactos con lo que estos días pasados han vivido sus colegas de Filipinas. Los primeros, que vieron cómo volaban sus casitas —al menos la hecha de paja y la construida con madera— con el fuerte aliento de maese lobo, no encontrarían explicación, y mucho menos cobijo —ni en las casas de ladrillos— para tan tremenda destrucción.

Es impresionante como la naturaleza nos sorprende con sus demostraciones de fuerza pero, lo que me resulta aún más increíble es como nosotros, las personas, nos comportamos como auténticos gorrinos ­—sin pretender insultar a los tres hermanos y sus congéneres— ante una catástrofe de tremendas proporciones.
En una encuesta realizada por algún medio de comunicación francés entre sus ciudadanos, dio a conocer que más del sesenta por ciento de la población del educadísimo país vecino no está dispuesto a enviar ayuda a filipinas, con el fin de paliar, al menos un poco, los destrozos ocasionados por tremenda ventolera. Y es que las personas, en ocasiones, somos más cochinos que los mismísimos puercos.

5 comentarios en “«Y soplaré y soplaré, y la casita derrumbaré»

  1. ¿Qué esperabas del gabacho? y, y con ellos, otros tantos que merodean este mundo. Las ayudas siempre, casi siempre, o a lo mejor…, sólo salen de la gente que también necesita. El poderoso, vira la espalda…

  2. Habría que hacer encuesta en otros países, y no es defender a los franceses, para ver la disposición. Y luego están los que pierden la fuerza por la boca contando lo que van a hacer y no hacen.
    La condición humana se recubre a veces de
    miseria moral.
    Un beso.

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