«Contando ovejas»

Quizás había llegado la hora. Una, dos, tres… ¡imposible! Doy vueltas y más vueltas. Cuatro, cinco, seis… Cambio de postura, ¡mejor así! Es posible que esto de contar ovejas funcione ─siete, ocho, nueve─. ¡Uf! Esta tarde no logré terminar el escrito aquel que tenía que enviar al banco… ─diez, once, doce─. ¡Me cahis! Se me olvidó llamar a la oficina de mi hermano ─trece, catorce, quince─. Tampoco puedo olvidarme de comprar los libros de los niños, la carne, el queso ─dieciseis, diecisiete, dieciocho─, los tomates, ¡¿tomates?!, ¡joder, se me pasó sacar la salsa del congelador! ─diecinueve, veinte, veintiuno─. Me estoy poniendo de los nervios, será mejor que me concentre ─veintidos, veintitrés, veinticuatro─. Vuelta «pá quí», vuelta al otro lado ─veinticinco, veintiséis, veintisiete─ ¿Quién dijo que esto de contar ovejas ayuda a relajarse? Veintiocho, veintinueve y treinta. ¡Vale!, están todas. ¡Sultán! recójelas y volvamos a la granja, es hora de hacer la siesta. 

6 pensamientos en “«Contando ovejas»

  1. Más vale que te fiches a ese Sultán pal cole, no veas qué derechitos y en fila dejaría a los chicos…jejejeje…

    Como siempre…sorprendes al final.

    Myriam.

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