El atrapador de sueños

Jack y Ned andaban tranquilos por el campo; parloteaban, bromeaban, cambiaban impresiones sobre el paisaje… Era una costumbre que tenían desde hacía ya algunos años. Ellos, se tomaban el domingo de otra manera, a la par que disfrutaban de la charla y los sueños de su compañero.
El tiempo pasaba y, sin ellos darse cuenta, algo raro comenzó a ocurrir a su alrededor.
El mundo que ellos conocían, o al menos el que creían conocer, se desvanecía poco a poco, como succionado por un desagüe, bajo sus pies. Ambos se miraron y sonrieron. Ambos me miraron y sonrieron.
Yo, del otro lado de la historia, recogía la escena en mi pequeña caja mágica ─blanca, cúbica, inmaculada, personal e intrasferible, donde guardo, y a veces escondo, mis anhelos y quimeras─ mientras los admiraba complaciente por lo que les iba a ocurrir.
Al fin de cuentas todo era un sueño y además, era mío.

3 comentarios en “El atrapador de sueños

  1. Supongo que primero fue la imagen y luego la historia. Me encanta porque el absurdo es a veces tan real… A estas horas de la noche y aquí andamos actualizando blogs, es que… Milagros no nos deja tiempo pa naaaaa.

  2. En el fondo, los contadores de historias somos como los cucos, que nos adueñamos de lo que es de otros, vida, sueños, inquietudes, recuerdos o posibilidades. Solo que, a veces, es justo al revés, y son los otros los que nos llenan el nido con su material.
    Me ha encantado

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